El caso Epstein ilumina los engranajes de un mundo que prefiere la oscuridad. Las fortunas se consolidan entre pares, los favores circulan en silencio y la impunidad se naturaliza. Pierre Bourdieu afirmó: la oligarquía no necesita conspirar para funcionar como tal.
Jeffrey Epstein nació en 1953 en el seno de una familia judía humilde de Brooklyn, un barrio popular de Nueva York; su padre era jardinero municipal y su madre cuidadora de niños. Pero se hizo extremadamente rico y supo aprovechar los contactos sociales que fue acumulando a lo largo de los años (1).



