Los únicos “valores” que sobreviven en el país son los de la Bolsa. En enero de 2010, en medio de la crisis económica, el Índice General de la Bolsa de Colombia (IGBC) alcanzó su máximo histórico desde julio de 2001, cuando fue creado. Durante el último año, el capital de los especuladores de la Bolsa obtuvo una rentabilidad de 52,9 por ciento, lo cual explica el apetito de los inversionistas por los títulos inscritos en la plaza bursátil colombiana. Ean un día de operaciones, las transacciones accionarias en la Bolsa suman alrededor de 120.000 millones. El anterior máximo registrado por el indicador, por debajo del actual en 2 por ciento, fue alcanzado en noviembre de 2007.
La Bolsa de Valores de Colombia S. A. es un establecimiento mercantil de carácter privado, constituido como sociedad anónima. Es el único mercado de acciones y otros valores organizado a través de la estructura de bolsa. Existen cuatro mercados principales de operación en la Bolsa de Valores de Colombia: i) El mercado de Renta Fija, donde se negocian principalmente bonos del Gobierno y bonos de empresas privadas, ii) El mercado de Renta Variable, en que se negocian acciones de compañías inscritas en el mercado público de valores, iii) El mercado de Divisas, donde se negocia el intercambio de la moneda colombiana frente al dólar estadounidense, y iv) El mercado de Derivados, donde se negocian futuros de tasa de cambio, futuros de tasa de interés entre otros.
Con relación a la historia del sistema mundo capitalista, las bolsas de valores emergen tardíamente en Colombia. La aparición de las bolsas de valores se remonta a finales del siglo XVI, época en que comenzaron las sociedades anónimas emisoras de acciones y valores en masa, actividad que las identificó como razón de ser del mercado bursátil. Las sociedades anónimas surgieron como consecuencia del dinámico crecimiento de la producción y el comercio mundial. En Colombia, la evolución del mercado de capitales está ligada al desarrollo de la economía del país. El proceso de industrialización ocurrido en Colombia en las primeras dos décadas del siglo XX, fruto del desarrollo del sector cafetero, intensificó el progreso en la tecnificación de sectores importantes para la economía del país, movilizando una corriente de capitales de gran importancia en regiones como Antioquia y Cundinamarca. Sin embargo, se necesitaron 20 años de intentos fallidos como el de la Bolsa Popular de Medellín en 1901, para consolidar finalmente la Bolsa de Bogotá, creada en 1928 con un capital social de $20.000.
En enero de 1961 se dio otro gran paso en la evolución del mercado bursátil: nació la Bolsa de Medellín, en una región colombiana caracterizada por ser un centro empresarial e industrial importante. Esta plaza bursátil se constituyó con un capital pagado de $522.000. La década de los 60 fue una época de desarrollo industrial, crecimiento en las exportaciones, expansión demográfica y urbanística, entre otros factores, lo cual permitió el indiscutible éxito de la Bolsa antioqueña. La presencia de los recintos bursátiles en la capital del país y en la región antioqueña se vio prontamente acompañada por el empuje y el crecimiento del occidente colombiano, en cuyo escenario nació, en marzo de 1983, la Bolsa de Occidente S.A., en Cali. El comienzo del siglo XXI coincidió con la necesidad para las bolsas de valores del país de imponerse un gran reto, consolidar el mercado de capitales colombiano, escenario que exigió concretar el actual proceso de modernización, internacionalización y democratización a través de la integración de las Bolsas de Bogotá, Medellín y Occidente, para darle paso, en julio de 2001, a la nueva y única bolsa de valores de Colombia, con capital inicial de 13.000 millones de pesos. Las utilidades de los rentistas, que especularon en el nuevo organismo del mercado de capitales, se vinieron en avalancha al conseguir unas ganancias de 50, 2 por ciento en 2002.
Si bien esta fusión representó un avance importante en el mercado de capitales, lo cierto es que el mercado accionario colombiano no tiene la misma profundidad ni la cobertura de las demás bolsas en el mundo. Son pocas las empresas que cotizan en la bolsa (lo que explica el peso de las acciones de Ecopetrol, que determinan el 50 por ciento de las variaciones del IGBC). El capital empresarial en Colombia es bastante cerrado y monopólico; los empresarios asocian la desconcentración bursátil con la pérdida de control en la toma de decisiones de nivel gerencial. Por tanto, para financiarse tienen que recurrir a sus propios recursos y asimismo a créditos bancarios, lo que les crea inconvenientes directos en el crecimiento económico de sus compañías. En el marco de la globalización, la estrategia elegida por la plutocracia del país fue fusionarse con grandes transnacionales (como el caso de Bavaria con la SABMiller), antes que intentar la democratización de su propiedad accionaria dentro de Colombia. Se trata de un fenómeno económico que tomó fuerza desde los umbrales del siglo XX. Unido a la privatización de las empresas del sector público, llegamos al escenario actual de total desnacionalización del aparato productivo nacional. El mercado bursátil no es para pequeños inversionistas, y en Colombia se encuentra altamente concentrado. Alrededor del 70 por ciento del capital de las 10 compañías no financieras más grandes pertenece solamente a tres de los accionistas de cada una de esas empresas. Y nueve de las 10 empresas más transadas pertenecen a uno de los cuatro grupos financieros dominantes: Santo Domingo, Ardila Lulle, Aval (Sarmiento Angulo) y Grupo empresarial Antioqueño.
El festín de los especuladores de la Bolsa de Valores en 2009, con tasas anuales de ganancia de 53 por ciento, sólo es compartido por los capitalistas financieros (cerca de 9 billones de pesos en ganancias, 35 por ciento más que en 2008), las transnacionales (sacaron en utilidades cerca de 6.000 millones de dólares) y la clase social que controla el Estado (sustrajeron 69 billones de pesos en impuestos, esto es, la tercera parte de la riqueza creada por la sociedad, con un 5 por ciento de crecimiento anual). En contraste, la economía global anda abatida. En 2009 no hubo crecimiento (por tanto, el ingreso promedio por persona cayó en 1,8 por ciento); la tasa de desempleo se elevó a 12,9. Según el Dane, la producción del sector fabril disminuyó en 6,1 por ciento, la ocupación laboral del sector se redujo el 6,2 por ciento y las ventas reportadas por los industriales en el último año, hasta noviembre, se redujeron en 5,9 por ciento respecto al mismo período de 2008, como consecuencia del debilitamiento de la demanda interna y externa. Además, se unen la acelerada concentración del ingreso y la riqueza, la destrucción continua de puestos de trabajo, el aumento en el precio de los alimentos, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y 15.800 homicidios ocurridos en 2009. Para 2010, resultado de todo lo anterior, tenemos un retorno de los niveles de pobreza e indigencia a las peores épocas.
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