Conocer el mundo es una pasión de la infancia que sólo muy pocos de quienes la alientan hasta la edad adulta pueden hacer realidad. Sustitutos escritos ha habido siempre. Hoy los antaño populares relatos de viajeros han sido sepultados por la escandalosa oferta de las novísimas tecnologías de la comunicación. Y la narración de los sucesos, acompañados desde finales del siglo xix por imágenes fotográficas, se han hecho abrumadoramente omnipresentes. En cambio los análisis de los mismos, desde diferentes ángulos, sin los cuales la geografía humana del mundo se nos escapa, siguen precisando del texto escrito. Esto fue lo que tuvo en cuenta Le Monde diplomatique desde su nacimiento.
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Los amos del mundo
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