Artculo publicado N133

Artculo publicado N133 (8)

Lunes, 19 Mayo 2014 18:09

La mquina de castigar

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La utopa europea se est transformando en una mquina de castigar. A medida que esta maquinaria afina su funcionamiento, se va instalando el sentimiento de que hay elites intercambiables que aprovechan cada crisis para endurecer sus polticas de austeridad e imponer su quimera federal (1). Este doble objetivo despierta la adhesin de los consejos de administracin y de las salas de redaccin. Pero ni siquiera sumando a este magro equipo a los rentistas alemanes, a algunos testaferros luxemburgueses y a la mayora de los lderes socialistas franceses, podremos ampliar demasiado la base popular del actual "proyecto europeo".

 

La Unin Europea no deja de amonestar a los Estados que no tengan como preocupacin primera la reduccin del dficit presupuestario, ni siquiera cuando se dispara la desocupacin. Como en general obedecen sin hacerse rogar, enseguida les impone un programa de rectificacin con objetivos cifrados en decimales y acompaado de un calendario de ejecucin. En cambio, cuando un nmero cada vez mayor de pacientes europeos tiene que renunciar a los servicios de salud por falta de recursos, cuando la mortalidad infantil crece y el paludismo vuelve a aparecer, como en Grecia, los gobiernos nacionales no tienen razones para temer las iras de la Comisin de Bruselas. Inflexibles cuando se trata de dficits y endeudamiento, los "criterios de convergencia" no existen cuando se trata de empleo, educacin y salud. Sin embargo, todo tiene que ver con todo: amputar el gasto pblico significa casi siempre reducir el nmero de mdicos en los hospitales y racionar el acceso a la salud.

 

Servidumbre voluntaria

 

Ms que "Bruselas", canalizador habitual de todos los descontentos, son dos fuerzas polticas las que han promovido voluntariamente serviles la metamorfosis de los dogmas monetaristas. En efecto, desde hace dcadas, socialistas y liberales se reparten el poder y los cargos en el Parlamento Europeo, en la Comisin y en la mayora de las capitales del Viejo Continente (2). Hace cinco aos, el ultra liberal y partidario de la guerra de Irak Jos Manuel Barroso fue reelecto presidente de la Comisin Europea por pedido unnime de los veintisiete jefes de Estado y de Gobierno de la Unin, incluidos los socialistas, aunque en ese entonces todos reconocieran la pasmosa mediocridad de su balance.


Actualmente compiten para sucederlo un socialdemcrata alemn, Martin Schulz, y un demcrata cristiano luxemburgus, Jean-Claude Juncker. El pasado 9 de abril, un debate televisado los "enfrent". Cul de los dos consider que "el rigor es necesario para recuperar la confianza"? Y quin le respondi que "la disciplina presupuestaria es inevitable"? Al punto incluso de que el primero, para quien las impiadosas "reformas" de su compaero Gerhard Schrder constituyen "exactamente el modelo" a seguir, dej escapar: "Yo realmente no s qu es lo que nos distingue". Seguramente no la voluntad de cerrar los cuarteles econmicos europeos.??


1 Vase Serge Halimi, "Federalismo con frceps", Le Monde diplomatique, edicin Colombia, julio de 2012.
2 El 7 de julio de 2009, el Partido Popular Europeo (PPE, de derecha) y los socialistas firmaron un "acuerdo tcnico", tras el cual el ultra conservador polaco Jerzy Buzek, presidi el Parlamento Europeo entre julio de 2009 y enero de 2012. Lo sucedi el socialdemcrata alemn Martin Schulz.

*Director de Le Monde diplomatique.

Traduccin: Gabriela Villalba

 

El pasado 13 de abril la muerte sorprendi a Ernesto Laclau en Sevilla Espaa, en momentos previos a una conferencia. Argentino, pero radicado por dcadas en Londres, este estudioso del marxismo siempre investig con sus ojos puestos en Latinoamrica. Sus ideas despertaron polmica y brindaron luces para nuevas reflexiones sobre la accin poltica.

 

El pensamiento de Ernesto Laclau (1935-2014), fue caracterizado como posmarxista, postestructuralista o postfundacionalista. Ciertamente, su obra se erige sobre la deconstruccin del marxismo, labor que hiciera junto con su compaera Chantal Mouffe y en la que son notables sus crticas a la visin teleolgica de la historia, que caracteriz cierta vertiente de la teora marxista, as como a la concepcin esencialista que anidaba en el reduccionismo de clase, entre otras cosas. Sin embargo, sus aportes no pueden reducirse a esa suerte de "puesta al da" de ciertos tpicos de la teora marxista, principalmente del concepto de hegemona.


Los desarrollos tericos de Laclau no se explican en lo fundamental como una lectura posmoderna de la tradicin hegemonista, que hara de su contribucin una reproduccin ms, cuando no una consecuencia lgica, del pensamiento europeo. Por el contrario, tanto los problemas de los que se ocup como las originales interpretaciones que produjo, slo son comprensibles en ese complejo intersticio formado entre la realidad poltica latinoamericana, representada en sus aos de militancia en la Argentina de los cincuenta y sesenta, y los desarrollos del pensamiento emancipatorio, a los que accede una vez se consagra a su carrera acadmica en el Reino Unido, a partir de 1969.


Es justamente su perspectiva latinoamericana la que posibilita modular diversas fuentes, desde la escuela althusseriana, el psicoanlisis lacaniano y el postestructuralismo francs, hasta el legado heideggeriano, la filosofa postanaltica y la corriente historiogrfica del marxismo ingls. Esa distancia, su carcter forneo, externo o ajeno a estas tradiciones, le permiti a Laclau concebir una composicin terica que difcilmente sera posible desde el interior de alguna de ellas.

 

De la poltica a la teora

 

La importancia de sus aos de militancia fue resaltada por Laclau en varias oportunidades. En una entrevista de fines de los aos ochenta lleg a afirmar: "...yo no tuve que esperar a leer los textos posestructuralistas para entender lo que es un "gozne", y un "himen", un "significante flotante" o la "metafsica de la presencia": lo aprend a travs de mi experiencia prctica de activista poltico en Buenos Aires" (1).


Como es bien sabido, Laclau milit desde 1958 en el Partido Socialista Argentino. Pero, debido a los complejos alineamientos polticos que sobre la izquierda de ese pas produjo el fenmeno del peronismo, desde 1963 pas a formar parte de una fraccin liderada por Jorge Abelardo Ramos, en el Partido Socialista de Izquierda Nacional. All fungi, hasta 1968, como director del peridico de este partido, Lucha Obrera, en cuyas editoriales llam la atencin sobre la necesidad de producir articulaciones polticas ms all del estrecho horizonte de la clase.


Esos aos de militancia dejaron en Laclau una impronta profunda del modo particular de funcionamiento de la poltica en Amrica Latina. Como continuamente recalcaba: "[es] difcil explicar a alguien en Gran Bretaa las divisiones polticas de la izquierda argentina de aquellos aos. Baste decir que la divisoria de aguas crucial, percibida intuitivamente por todos los activistas, no eran las alternativas clsicas como reforma/revolucin, o stalinismo/trotskismo, sino la actitud adoptada frente al peronismo". En efecto, en palabras de Laclau, la izquierda argentina estaba dividida en la "izquierda liberal", con los comunistas a la cabeza, quienes junto con liberales y conservadores constituan la oposicin al peronismo, y la "izquierda nacional", en la que estaba alineado su partido, cuya singular visin de la "revolucin permanente" se enfocaba en profundizar la revolucin nacional iniciada por el peronismo operando una "hegemonizacin socialista de las banderas democrticas".


Ahora bien, un rasgo permanente de esa forma de hacer poltica, convertida luego en el ncleo de las preocupaciones tericas de Laclau, sera precisamente la capacidad del peronismo para aglutinar tantas y tan diversas fuerzas polticas y de estructurar antagnicamente un panorama tan complejo: "En 1946 declara en la misma entrevista Pern haba sido elegido presidente por una coalicin de fuerzas heterogneas, que iba de la extrema izquierda a la extrema derecha, y que se basaba en el apoyo del ejrcito y los sindicatos. A esta alianza se opona otra coalicin de los partidos tradicionales, que iba de los conservadores a los comunistas". Sera esa enorme y desconcertante capacidad de articulacin hegemnica del peronismo la que nuestro terico poltico echara de menos cuando enfrentaba el reduccionismo clasista de la corriente predominante del marxismo.

 

Salir de la caverna platnica

 

Su primer libro, Poltica e ideologa en la teora marxista (1977) (2), constituye un trabajo de fundamentacin. En l trata de concebir el mtodo que hara posible entender el pensamiento de matriz simblica detrs de la fuerza articulatoria del peronismo, mediante una teora, comprendida sta en una matriz de pensamiento lgico analtico. Los artculos compilados en la obra intervenan en los debates fundamentales de aqul momento, la polmica sobre feudalismo y capitalismo en Amrica Latina alentada por A. G. Frank, la discusin sobre la especificidad de lo poltico y el Estado entre R. Miliband y N. Poulantzas, as como la teora del fascismo de ste ltimo.


Desde su perspectiva, el "pensamiento europeo" se haba empeado durante toda su historia en una tarea de purificacin de los conceptos propios de la doxa, cuya articulacin no se produce en funcin de principios lgicos sino que es de naturaleza connotativa, para descubrir sus relaciones esenciales y articularlos en una totalidad paradigmtica, lgica. A su entender, el problema con esta perspectiva vino cuando emergi el relativismo, que cuestion los paradigmas o metarrelatos y, como consecuencia, llev a una prdida de confianza en la posibilidad misma de conocer.


Como alternativa, Laclau planteaba la necesidad de mantener como tarea de la "prctica terica" la liberacin de los conceptos de sus articulaciones connotativas con las que aparecan revestidos en la doxa, pero renunciando a la posibilidad de rearticularlos en un paradigma. Ello implicaba asumir que no existan vnculos necesarios entre conceptos o que aquello que posteriormente denominara discurso no estaba formado por conceptos con articulaciones lgicas entre s; y que tampoco existan relaciones necesarias entre distintas estructuras conceptuales. Tal postulado le permitira, ms tarde, afirmar que las articulaciones de conceptos y de formaciones discursivas dependan de prcticas polticas, pero por el momento conclua que el conocimiento de lo concreto requera ms que inferencias o deducciones lgicas.


De esta manera no solo prefiguraba lo que sera su teora del discurso, sino que por esta va tambin pudo realizar una crtica al reduccionismo clasista en el que, a su juicio, haba cado el marxismo. Tal sesgo se explicaba por la suposicin de que entre las clases sociales existan relaciones paradigmticas, lgicas y para ms seas de "contradiccin", de lo cual se deduca lgicamente que no era necesario purificar las articulaciones connotativas producidas en el discurso poltico, las cuales se desconocan pese a ser fundamentales para la articulacin poltica, sino simplemente inferir lgicamente a partir de la contradiccin esencial. El problema es que esta orientacin no tena utilidad en el momento de convocar la heterogeneidad de los elementos de la clase obrera que, se supona, actuaran unidos por consecuencia lgica de la contradiccin de sus intereses objetivos con los de la burguesa. En otras palabras, esa aproximacin omita lo que para Laclau era parte fundamental de la poltica: el momento de la articulacin, de la construccin del sujeto poltico.

 

El posmarxismo

 

El problema de la articulacin tomara relevancia en Europa luego de 1968, con la emergencia de diversas identidades que desbordaban el paradigma clasista de la accin poltica, posteriormente enmarcadas como "nuevos movimientos sociales". En 1985, en medio de la "crisis del marxismo", aparece Hegemona y estrategia socialista (3), escrito con Chantal Mouffe, obra que tiene por objeto repensar la accin colectiva en ese contexto. Ello pasaba necesariamente por reformular el sujeto poltico, presentado en la sociedad industrial como una unidad de clase, pero que en el contexto del capitalismo contemporneo asuma una heterogeneidad irreductible cuya unidad, antes presupuesta, estaba librada a la contingencia. Por consiguiente, implicaba distanciarse de la centralidad ontolgica y la primaca poltica que la clase obrera tena en la teora marxista, de la concepcin de la revolucin como un acontecimiento fundante, de la teleologa y de la idea de un sujeto universal que volva innecesario el momento de la articulacin.


Su propuesta alternativa era la "democracia radicalizada y plural", que pasaba por la articulacin de las diversas luchas en contra de la opresin, dominacin y explotacin. Tal propuesta recupera el proyecto iluminista pero al mismo tiempo toma distancia de sus supuestos epistemolgicos asentados en el esencialismo y el racionalismo, y se traduce en una extensin progresiva de los efectos del igualitarismo de la "revolucin democrtica" a ms reas de lo social y la dislocacin del individualismo neoliberal-neoconservador del discurso democrtico. Pese a reconocerse como parte de la tradicin marxista (en la introduccin del libro afirmaban ser posmarxistas pero tambin posmarxistas) un aspecto inquietante es que Laclau cita muy pocas veces a Marx en el conjunto de su obra. An ms, la disputa de Laclau y Mouffe en ese libro es con el marxismo desde la Segunda Internacional pero no con Marx, quien nunca es citado.


La primera parte de la obra est centrada en una crtica al esencialismo en la tradicin marxista, a la creencia de que existe un lugar ontolgico, a priori o privilegiado para llevar a cabo la lucha por la emancipacin. Nuestros autores postulan que no existe un fundamento ltimo de la realidad social, como supona la dialctica entre relaciones de produccin y fuerzas productivas. Por consiguiente, el sujeto clase no es lgicamente privilegiado en esa lucha. De ah su empeo por invertir la relacin entre lo poltico y lo social que traa ese marxismo, con el objeto de erigir la poltica en un esfuerzo permanente por instituir lo social. Aqu no es la dialctica entre fuerzas productivas y relaciones de produccin lo que crea lo social, la "objetividad", la realidad y la historia, sino la poltica, entendida como el intento, siempre fallido y parcial, de dotar lo social de un fundamento.


Ese "posfundacionalismo" puede verse con claridad en su propuesta conceptual: el discurso es el terreno primario de constitucin de la objetividad, es decir, el terreno donde se constituye el ser de los objetos, y no se reduce a habla o escritura. Es el entramado de relaciones de significado construidas socialmente, concepto cercano al de "juego del lenguaje" de Wittgenstein, que liga el significado con las prcticas sociales. Dado que no se admite que la realidad social tenga un fundamento o una esencia, lo que existe son diversos intentos por dotar de significado, por instituir de alguna forma las relaciones sociales, las cuales constituyen la poltica: una lucha, entre distintas formaciones discursivas por encarnar, por representar ese fundamento, representacin que siempre ser parcial, siempre fracasa porque sucumbe ante la imposibilidad de una conciliacin definitiva o, en la terminologa de Laclau y Mouffe, ante el antagonismo. Lo social nunca va a ser "suturado" por una sola identidad, nunca habr una "sutura" total y, por tanto, toda identidad es parcialmente abierta y est sujeta a transformacin por medio de la poltica. En fin, no es un fundamento sino su ausencia lo que hace posible la poltica o, como ms tarde dira Laclau, un fundamento a la vez imposible y necesario (4).

 

El populismo

 

El argumento de Hegemona y estrategia socialista, estaba dotado de un aparato conceptual que posteriormente servira de base a la escuela del anlisis poltico del discurso en la Universidad de Essex. Las diversas luchas y formaciones discursivas que aparecan inconexas podan converger mediante una prctica poltica que denominan articulacin para formar una identidad colectiva. Ello era posible slo en la medida en que los diversos "elementos" o "significantes" constituyeran una "cadena equivalencial", lo que a su vez sera posible cuando esa formacin discursiva estableciera una frontera con aquellos elementos o significantes que no podan articularse, un antagonismo. El objeto de esa prctica poltica era conseguir la hegemona, concebida como el proceso mediante el cual uno de esos elementos particulares puede pasar a representar la totalidad de la cadena equivalencial.


Las posibilidades de articulacin quedan resumidas en las "luchas democrticas", en las cuales el espacio poltico se estructura en campos diversos, y las "luchas populares", caracterizadas por dividir el espacio poltico en dos. Es a esta ltima lgica poltica a la que Laclau consagra su libro La razn populista (2005)5, una propuesta interpretativa donde convergen todas sus influencias intelectuales. La preocupacin de fondo en la obra es por la formacin de las identidades colectivas. Laclau parte de una insatisfaccin con la forma como han explicado ese problema funcionalistas y pluralistas, pues ambos dan por sentado que existen grupos, es decir, omiten la pregunta por la formacin de la identidad colectiva, que l aborda a partir del populismo tomando la demanda como unidad bsica de anlisis.


Para el terico argentino, el populismo no obedece a una base social (agraria, urbana, o en transicin) puesto que ha tenido lugar en diversos contextos; tampoco puede aprenderse mediante la enumeracin simple de sus caractersticas, el papel central del lder carismtico o su carcter no revolucionario, por ejemplo, puesto que comparte muchas de ellas con otros fenmenos polticos; mucho menos corresponde a una ideologa, similar al liberalismo o el socialismo, porque ha habido populismos de izquierda, de derecha y liberales. No obstante, tambin es insatisfactoria la actitud que desecha el populismo como objeto de estudio por considerarlo demasiado vago. Laclau rechaza todas esas alternativas y plantea que para comprender el populismo hay que tomarse su vaguedad en serio, preguntarse cmo opera polticamente esa vaguedad. Para l, el populismo es una lgica poltica de institucin de lo social. Es decir, no es un fenmeno, es una forma de institucionalizar, de ordenar el conjunto de relaciones que forman lo social.


De esta manera, de lo que se trata es de estudiar cmo es la articulacin de las demandas para formar el grupo, en esa grieta entre el orden totalmente institucionalizado, donde todas las demandas son satisfechas, y un contexto de proliferacin extrema de demandas o de crisis. En este caso existen dos posibilidades: las demandas pueden ser "democrticas", cuando permanecen aisladas, o "populares", aquellas que estructuran cadenas de equivalencia y constituyen una identidad ms amplia. Esto ltimo pasa por una dicotomizacin del espacio poltico, donde todas las demandas son equivalentes porque confrontan al sistema institucional o a la oligarqua: erigindose en una plebs, una parte de la comunidad poltica, que aspira a constituirse en populus, representacin de la totalidad.


As pues, existen tres momentos analticamente diferenciados, presentados de manera simultnea: la articulacin de distintas demandas y la generacin de equivalencias entre ellas que atenan sus diferencias; la generacin de un antagonismo que hace posible esas equivalencias en tanto existe un adversario comn; y la hegemona, pues para que esas demandas se unifiquen en un todo, como lo es el pueblo, es indispensable que una de ellas represente la totalidad sin abandonar totalmente su significado particular.


La identidad colectiva, entonces, es el punto de encuentro entre la "lgica de la diferencia" y la "lgica de la equivalencia": si predominara la primera no existira posibilidad de articulacin porque las demandas no tendran nada en comn; pero si predominara la segunda, tampoco habra articulacin, ni poltica, pues existira entre las demandas una identidad total. Es la tensin entre ambas lo que hace posible la poltica, la lucha por conseguir la hegemona, por ocupar parcial y transitoriamente el lugar de representacin de la totalidad. Entre ms amplia sea la cadena de equivalencias, esa particularidad que representa el todo va a tender a ser ms vaga, a desprenderse de su significado particular y a convertirse en un significante vaco, porque esa es la condicin para representar la diversidad inconmensurable de las demandas, atenuar su contenido particular.


Ese lugar es el que, en el caso del populismo, va a representar muchas veces el lder. La vinculacin con ste no obedece a manipulacin, sino que est explicada porque l mismo es necesario para unificar simblicamente demandas muy diversas mediante un vnculo afectivo. Pero sobre todo su funcin simblica, su funcin en los procesos de significacin. De hecho, el lder es un significante sin significado o significante vaco. El desprenderse de su particular significado es condicin para representar la totalidad y ello depende de las luchas por la hegemona, por "llenar" provisional y transitoriamente, ese espacio vaco.


En suma, es esta compleja lgica lo que explicara por qu el panorama poltico de la Argentina en los aos cincuenta y sesenta, que vivi Laclau en su poca de militante, se ordenaba alrededor de Pern y era capaz de articular en su contra a los comunistas con liberales y conservadores, y a su favor tendencias de la izquierda nacional junto con corrientes de extrema derecha. Partiendo de un problema particular, la lgica que caracteriza la poltica en Amrica Latina en aquella poca y que segn distintos analistas hoy vuelve a estar a la orden del da, Laclau logra, finalmente, construir un pensamiento de alcance universal al explicar la lgica poltica de institucin de lo social. Por eso, tal vez, reconocerlo como un terico poltico latinoamericano sea un primer paso para comprender su obra y, quizs, reconstruir la sociognesis de su pensamiento. ?

 

1 "Teora, democracia y socialismo", en E. Laclau, Nuevas reflexiones sobre la revolucin de nuestro tiempo. Buenos Aires, Nueva Visin, 1993, pp. 207-254.
2 Laclau, E. Poltica e ideologa en la teora marxista. Capitalismo, fascismo, populismo. Madrid, Siglo XXI, 1980, pp. 1-9.
3 Laclau, E. y Mouffe Ch., Hegemona y estrategia socialista. Hacia una radicalizacin de la democracia. Madrid, Siglo XXI, 1987.
4 Laclau, E. Emancipacin y diferencia. Buenos Aires, Ariel, 1996.
5 Laclau, E. La razn populista. Buenos Aires, FCE, 2005.

 

Lunes, 19 Mayo 2014 17:59

Por qu el Llano est en llamas?

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La sequa que desde hace algunos meses afecta al departamento del Casanare, con la muerte, por miles, de variedad de especies que tienen estas tierras como su hbitat natural, recuerda a quienes habitan Colombia que despus de la India, el nuestro es el segundo pas en todo el mundo con ms conflictos ambientales 72, los que afectan a 7,9 millones de personas.


Lo ms terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.
(Silvio Rodrguez, "Cancin del elegido").

 

Retratos versus realidades

 

En El retrato de Dorian Gray, la popular novela de Oscar Wilde, los continuos y repetidos actos perversos del villano se van plasmando, en forma de horrendo deterioro esttico, en el retrato que un pintor ha hecho del infame personaje; al final de largas dcadas, el malestar queda trasladado al cuerpo del malvolo, quien acaba de un tajo con su vida.
Literatura y realidad. Hoy los mal llamados desastres naturales (que no son otra cosa que los errores humanos en materia de ocupacin y uso de la naturaleza), son tan plenos y abundantes que contrastan con cuadros fantasiosos (ficciones de crecimiento, desarrollo y prosperidad), desnudando la mentalidad rida de moral y sensibilidad que ostentan tanto tecncratas como los dirigentes polticos.


En el mundo en que vivimos, en particular en ese trozo de geografa privilegiada por la naturaleza llamada Colombia, podemos constatar y padecer un conjunto de horrendos deterioros y desastres ambientales: paisajes degradados hasta la casi destruccin en virtud de su extrema aridez, en departamentos norteos como Guajira, Crdoba y Cesar, gracias a la megaminera del carbn y del nquel all practicada desde hace varias dcadas; parajes dantescos, con aire y agua ftida y envenenada, en municipios que como Segovia y Marmato, cargan con varias generaciones de gente consagrada a la inclemente explotacin aurfera; cauces acuticos abortados para la construccin de represas como El Quimbo e Hidrosogamoso, destinadas para la generacin de energa elctrica; ros y selvas transformados en enormes cloacas, gracias a la masiva extraccin de oro por parte de mineros ilegales, informales y barequeros en el Choc, y as, sucesivamente, hasta culminar esta corta lista con el ultra-contaminado ro Bogot, los nevados del Tolima y del Ruiz con declinantes porciones de nieves perpetuas, y el dao ambiental de la ltima temporada: la sequa del Casanare.


De acuerdo con el ambientalista Manuel Rodrguez (1), la temporada seca del Casanare no es inusual, y son dos las causas principales del desastre: i) la deforestacin de bosques y pramos en donde nacen los ros del Casanare y de la Orinoquia; y el drenaje irresponsable de humedales en los llanos, al igual que la destruccin de morichales en aras de la agroindustria (cultivos de palma africana y teca) y ganadera; ii) la extraccin y transporte de petrleo.


Ocasionalmente sectores sociales, caracterizados por llevar vidas ms sanas, austeras, sencillas, aferradas al ritmo de la naturaleza (quienes expresan el denominado ecologismo de los pobres), deciden protestar y expresar sus voces de alerta, advertencia e inconformidad ante estas circunstancias que afectan en primera instancia a la naturaleza y en segunda instancia a quienes conviven con ella. Por desfortuna no todos los desastres ambientales son objeto de protesta ciudadana, y muchas veces la movilizacin social llega una vez el dao ambiental est consumado.
La informacin disponible procesada por acadmicos colombianos de la Universidad del Valle, y la organizacin Environmental Justice Atlas (http://www.ejatlas.org/) muestra que, despus de la India, Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo con ms conflictos ambientales: reportando 72 conflictos ambientales que afectan a unas 7.9 millones de personas; conflictos ocasionados por la reprimarizacin econmica del pas (poltica extractivista), principalmente en sectores como minera de carbn, petrleo, oro, y agroindustria (palma aceitera y caa de azcar).

 

El engaoso retrato del crecimiento y progreso ilimitados

 

El pensamiento moderno, cuyos cimientos fueron colocados por Bacon, Descartes, Galileo, Newton, Turgot, Smith y Locke, est basado en una fe en el progreso y crecimiento ilimitados, lo que contradice visiones del mundo profticas de futuros decadentes (como las expectativas de griegos y cristianos), y en contrava de la evidencia emprica que encuentran los estudiosos y observadores de la naturaleza. Las advertencias de Ricardo sobre la finitud de la tierra (al menos en su extensin) y de Malthus (sobre el crecimiento exponencial de la poblacin en relacin con el incremento aritmtico de los recursos naturales), rpidamente fueron olvidadas por legiones de economistas que profesan la fe del progreso ilimitado.


Ante esta constante, no puede olvidarse que vivimos en un mundo de apariencias y la tarea de conocer nos reta a despellejar la realidad misma, tal como hacen los fotgrafos honestos que captan las flagrantes imperfecciones de las divas tras bambalinas, o como hacen quienes ensean anatoma con cadveres disecados (la mundialmente publicitada exposicin our body).


Dentro de estas lgica, no hay que olvidar que los economistas modernos suponen la existencia de crecimiento, produccin y productividad porque enfocan, tramposamente, sus lentes en una dimensin del proceso econmico la cantidad de bienes y servicios, en forma de arsenales de mercancas, que resultan de la arbitraria posesin rentas y capital y del trabajo humano, pero sin tomar en cuenta los insumos naturales usados y transformados (degradados).
Justamente, el lente de la economa ecolgica cuestiona la existencia de crecimiento y productividad, pues permite examinar la cantidad de insumos (llamados recursos naturales renovables y no renovables) empleados y desgastados en el proceso productivo a lo largo del tiempo (2).


Los tecncratas del llamado mundo desarrollado, con economas intensas en industria (sector secundario) y servicios (ciencia y tecnologa ms que todo en informtica, robtica y biotecnologa), cuentan como produccin el arsenal de bienes y servicios que vomitan, con celeridad, sus industrias. Para el caso colombiano, la embotada tecnocracia local usa un cono de la revolucin industrial inglesa (la locomotora), y osa hablar de produccin minero-energtica para referirse al extractivismo (o reprimarizacin de la economa). Con torpeza interesada los tcnicos, polticos y opinadores criollos llaman produccin y crecimiento a lo que es su anttesis, esto es, al declive y deterioro ambiental causado por la extraccin sistemtica y acelerada de minerales y energas de los suelos nacionales.

 

Economa de vitrina e imperio de la abstraccin

 

De esta manera, basados en la teora neoclsica, los modernos tecncrata ofrecen un modelo de valoracin econmica funcional y armnico con los intereses de sus codiciosos empleadores, en los sectores pblico y privado e, indirectamente, las hordas de consumidores vidos de nuevos arsenales de mercancas. La totalidad de lo existente, sea artificial o natural, lo clasifican en conjuntos de bienes o servicios, claramente diferenciados (por ventaja competitiva), independientes y mutuamente excluyentes (abstrayendo los flujos e interacciones no internalizadas en el sistema de precios, y las llamadas externalidades). En este orden de ideas, el tomador de decisiones valora las mercancas (como si estas fuesen exhibidas, aisladamente en los anaqueles de gigantescas vitrinas), y su escogencia est programada por la infalible lgica de la utilidad marginal: altos valores para lo raro y escaso (aunque trate de mercaderas intiles o con nfimo valor de uso, como el oro) y bajos valores (si las mercancas en cuestin son en "extremo" abundantes ante sus ojos, aunque estas sean tan vitales como el agua y el aire).


De tan citadina, superficial y fatua valoracin econmica, existen tres ejemplos en nuestro medio:


Quienes disearon la actual Constitucin nacional, suponan que la naturaleza se podra cortar en metros sin consecuencias dramticas (como lo hacen los vendedores de telas) y, entonces, se podra separar el subsuelo (propiedad del Estado) del suelo (propiedad de los ciudadanos). Hoy, para efectos prcticos, tal diseo constitucional sirve a los intereses del gobierno de turno (que le apuesta a la minera) y a diversos gremios mineros, y deja los derechos ciudadanos al hbitat (y ordenamiento territorial autnomo) en el aire, como en la popular cancin "Te voy a hacer una casa en el aire". En los ltimos meses toma forma un pulso entre gobernantes y ciudadanos sobre este tema, que el investigador Csar Rodrguez interpreta as: "Si se estudia lo que decidi la Corte, la conclusin es que, antes de autorizar un proyecto minero, el Gobierno Nacional debe llegar a un acuerdo con las autoridades de los municipios del proyecto. Y los ciudadanos pueden transmitir su opinin a esas autoridades mediante consultas populares como las que se han hecho en Tauramena (Casanare) y Piedras (Tolima) y se estn planeando en otros lugares [...]." (3).


La Ministra de Ambiente, en pleno uso de sus facultades de pensamiento (utilitarista), no muestra preocupacin por la muerte de unos 20.000 chigiros en Casanare, pues tal especie "no est en va de extincin".


Ministros (no slo de minas y energa) sino, adems, polticos y opinadores, al abordar este tipo de problemticas incurren en dos aberrantes falacias: suponer que producimos minerales y energas (como quien emite estampitas o billetes) y, adems, que la extraccin de tales recursos no afecta la tierra o el agua, como si se tratara de tomar, de manera inofensiva, un artculo de la estantera de un centro comercial.

 

Con la extraccin minero energtica regalamos el agua (4)

 

Ms de un 70 por ciento del planeta est cubierto por agua, sin embargo 97.5 por ciento de esta es salada, y slo un 2.5 es agua dulce. Un 70 por ciento del vital lquido se encuentra congelada en los polos, y en profundos pozos (gran parte de los cuales no pueden aprovecharse por parte de los seres humanos). Menos de un 1 por ciento del agua dulce (el equivalente a 0.007 por ciento del total de sta en todo el planeta), es accesible para usos humanos: el agua de lagos, ros, reservorios y algunos subterrneos (5).


La extraccin de energas, al igual que la de minerales, depende de agua, sin tal lquido sera imposible la construccin y funcionamiento de hidroelctricas; tambin sera imposible extraer, procesar y transportar combustibles fsiles (carbn y petrleo); y, obviamente, no se podra proceder al cultivo de biocombustibles.


En materia de extraccin minero-energtica (como de otras actividades humanas como la agricultura, la construccin y el uso domstico), los flujos de agua sufren tres facetas: el flujo de agua retirada o extrada de su fuente (lago, ro, pozo, etctera); la cantidad de agua consumida (que no regresa ms a su fuente y, por lo tanto, ya no est ms disponible); y los retornos de agua que se devuelve a la fuente pero cargada de contaminacin y venenos, lo que tambin la convierte en recurso no disponible para consumo humano y animal.


En trminos agregados, para el 2010, la cantidad de agua retirada de su fuente para procesos de extraccin energtica se estim en 583 billones de metros cbicos (bcm), la cual es un 15 por ciento del total de agua retirada. De tal cantidad, el total de agua consumida fue de 66 (bcm).


En ciertas actividades extractivas, la casi totalidad de agua extrada es consumida cuando no cargada con contaminantes y venenos. As las cosas, para refinar y extraer petrleo se consumen 103 litros de agua por toe (medida equivalente a una tonelada convencional de petrleo).


Para cultivar biocombustibles basados en palma aceitera, soya, maz, y caa de azcar (los cuales se usan para mover motores y no para alimentar seres humanos), la cantidad de agua perdida oscila entre 104 y 107 litros por toe. Esto significa que los pases perdidamente extractivistas, como Colombia, regalan decenas de litros de agua por cada gramo de oro, litro de petrleo, libra de carbn, o arroba de biocombustibles que exportan.


El mundo al revs. En el inverosmil relato de Oscar Wilde, el malvolo Dorian Gray tuvo xito en su macabra empresa hasta cuando alguien descubri la magia de su encubrimiento. En el mundo real corresponde a los intelectuales indignados correr el velo y permitir al conjunto social observar el verdadero cuadro de su territorio, salpicando las pulcras y aspticas pginas de sus farragosos informes con el fango de la terrible realidad, destruyendo de esta manera el embeleco urdido por tecncratas, publicistas y polticos. ?

 

1 Rodrguez, Manuel. 2014. "Tragedia ecolgica en el Casanare". El Tiempo. Marzo 29: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/manuelrodriguezbecerra/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-13750897.html
2 Mayumi, Kozo. 2012. The Origins of Ecological Economics: the Bioeconomics of Georgescu-Roegen. Routledge Paperbaks.
3 Rodrguez, Csar. 2014. "Quin decide sobre la minera?". El Espectador. http://www.elespectador.com/opinion/quien-decide-sobre-mineria-columna-479969
4 Esta seccin se fundamenta en el informe: International Agency Energy. 2012. Water for Energy: Is energy becoming a thirstier resource: http://www.worldenergyoutlook.org/resources/watenergynexus/
5 Ver: http://www.globalchange.umich.edu/globalchange2/current/lectures/freshwater_supply/freshwater.html

* Profesor principal, Facultad de Ciencias Polticas y Gobierno, Universidad del Rosario

 

Lunes, 19 Mayo 2014 17:13

La demagogia de la ultra derecha europea

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Una cosa es segura: las elecciones europeas de fines de mayo se traducirn en un aumento notable del voto de extrema derecha. Y en la incorporacin al Parlamento Europeo de una considerable bancada de nuevos diputados ultraderechistas. Actualmente, stos se concentran en dos grupos: el Movimiento para la Europa de las Libertades y de la Democracia (MELD) y la Alianza Europea de los Movimientos Nacionales (AEMN). Entre ambos suman 47 eurodiputados, apenas el 6% de los 766 euroescaos (1). Cuntos sern despus del 25 de mayo? El doble? Sern suficientes para bloquear las decisiones del Parlamento Europeo y, por consiguiente, el funcionamiento de la Unin Europea (UE)? (2).


Lo cierto es que, desde hace varios aos y en particular desde que se agudiz la crisis social y la desconfianza hacia la UE, casi todas las elecciones en los Estados de la UE se traducen en un irresistible ascenso de las extremas derechas. Las recientes encuestas de opinin confirman que en los comicios europeos que se avecinan, podra aumentar considerablemente el nmero de los representantes de los partidos ultras: Partido por la Independencia del Reino Unido, UKIP (Reino Unido) (3); Partido de la Libertad, FP (Austria); Jobbik (Hungra); Amanecer Dorado (Grecia); Liga Norte (Italia); Verdaderos Finlandeses (Finlandia); Vlaams Belang (Blgica); Partido por la Libertad, PVV (Pases Bajos); Partido del Pueblo Dans, DF (Dinamarca); Demcratas Suecos, DS (Suecia); Partido Nacional Eslovaco, SNS (Eslovaquia); Partido del Orden y la Justicia, TT (Lituania); Ataka (Bulgaria); Partido de la Gran Rumania, PRM (Rumania), y Partido Nacional Demcrata, NPD (Alemania) .


En Espaa, donde la extrema derecha estuvo en el poder ms tiempo que en ningn otro pas europeo (de 1939 a 1975), esta corriente tiene hoy poca representatividad. En las elecciones del Parlamento Europeo de 2009, slo obtuvo 69.164 votos (0,43% de los sufragios vlidos). Aunque, normalmente, alrededor del 2% de los espaoles se declaran de extrema derecha. Lo que equivale a unos 650.000 ciudadanos. En enero pasado, los disidentes del Partido Popular (PP, conservador) fundaron Vox, un partido ubicado a "la derecha de la derecha" que, con jerga arqueolgica franquista, rechaza el "Estado partidocrtico", defiende el patriotismo, exige "el fin del Estado de las autonomas" y la prohibicin del aborto.


Asumindose como la extrema derecha tradicional, cuatro formaciones ultras Democracia Nacional, La Falange, Alianza Nacional y Nudo Patriota reunidas en la plataforma "Espaa en Marcha", firmaron un acuerdo, en diciembre de 2013, para presentarse a las elecciones europeas. Aspiran a conseguir un eurodiputado.


Pero el movimiento de extrema derecha ms importante de Espaa es Plataforma per Catalunya (PxC) que cuenta con 67 concejales. Su lder, Josep Anglada, define a PxC como "un partido identitario, transversal y de fuerte contenido social" pero con una fuerte posicin anti-inmigrantes: "En Espaa afirma Anglada aumenta da a da la inseguridad ciudadana y gran parte de ese aumento de la inseguridad y del crimen es culpa de los inmigrantes. Defendemos que cada pueblo tiene el derecho a vivir segn sus costumbres e identidad en sus propios pases. Precisamente por eso, nos oponemos a la llegada de inmigracin islmica o de cualquier otro lugar extraeuropeo".


En cuanto a Francia, en los comicios municipales de marzo pasado, el Frente Nacional (FN), presidido por Marine Le Pen, gan las alcaldas de una docena de grandes ciudades (entre ellas Bziers, Hnin-Beaumont y Frjus). Y a escala nacional, consigui ms de 1.600 escaos de consejeros municipales. Algo sin precedentes. Aunque lo ms inslito est quizs por venir. Las encuestas indican que, en los comicios del 25 de mayo, el FN obtendra entre el 20% y el 25% de los votos (4). Lo cual, de confirmarse, lo convertira en el primer partido de Francia, delante de la conservadora Unin por un Movimiento Popular (UMP), y muy por delante del Partido Socialista del presidente Franois Hollande. Una autntica bomba.

 

"Desdiabolizar" la imagen

 

El rechazo a la UE y la salida del euro son dos de los grandes temas comunes de las extremas derechas europeas. Y, en este momento, encuentran un eco muy favorable en el nimo de tantos europeos violentamente golpeados por la crisis. Una crisis que Bruselas ha agravado con el "Pacto de Estabilidad" (5) y sus crueles polticas de austeridad y de recortes, causas de enormes desastres sociales. Hay 26 millones de desempleados, y el porcentaje de jvenes de menos de 25 aos desempleados alcanza cifras espeluznantes (61,5% en Grecia, 56% en Espaa, 52% en Portugal). Exasperados, muchos ciudadanos repudian la UE (6). Crece el euroescepticismo, la eurofobia. Y el rechazo conduce en muchos casos a la convergencia con los partidos ultras.


Pero hay que decir tambin que la extrema derecha europea ha cambiado. Durante mucho tiempo se repudiaron su ideologa nazi-fascista de los aos 30, su parafernalia nostlgica y siniestra (uniformes paramilitares, saludo romano, odio antisemita, violencia racista...). Esos aspectos que an persisten, por ejemplo, en el Jobbik hngaro y el Amanecer Dorado griego han ido desapareciendo progresivamente. En su lugar han ido surgiendo movimientos que han aprendido a disimular esas facetas detestables, responsables de sus constantes fracasos electorales. Atrs qued el antisemitismo que caracterizaba a la extrema derecha. En su lugar, los nuevos ultras han hecho nfasis en la cultura, la identidad y los valores, en oposicin al incremento de la inmigracin y la "amenaza" percibida del islam.


Con la intencin de "desdiabolizar" su imagen, ahora abandonan tambin la ideologa del odio y adoptan un discurso variopinto y radical de rechazo del sistema, de crtica (ms o menos) argumentada de la inmigracin (en particular musulmana y rumano-gitana) y de defensa de los "blancos pobres". Su objetivo declarado es alcanzar el poder. Usan intensivamente internet y las redes sociales para convocar a manifestaciones y reclutar nuevos miembros. Y sus argumentos, como hemos dicho, cada vez encuentran mayor eco en los millones de europeos destrozados por el desempleo masivo y las polticas de austeridad.


En Francia, por ejemplo, Marine Le Pen ataca con mayor radicalidad que cualquier otro dirigente poltico de izquierda, el "capitalismo salvaje", la "Europa ultraliberal", los "destrozos de la globalizacin" y el "imperialismo econmico de Estados Unidos" (7). Sus discursos seducen a amplios fragmentos de las clases sociales trabajadoras azotadas por la desindustrializacin y las deslocalizaciones, que aplauden a la lder del FN cuando declara, citando a un ex secretario general del Partido Comunista francs que "hay detener la inmigracin; de lo contrario se condenar a ms trabajadores al desempleo". O cuando defiende el "proteccionismo selectivo" y reclama que se le ponga freno al librecomercio porque "pone en competencia a los trabajadores franceses con todos los trabajadores del planeta". O cuando reclama la "pertenencia nacional" en materia de acceso a los servicios de la seguridad social que, segn ella, "deben estar reservados a las familias en las cuales por lo menos uno de los padres sea francs o europeo". Todos estos argumentos encuentran apoyo y simpata en las reas sociales ms castigadas por el desastre industrial, donde durante dcadas el voto a las izquierdas era la norma (8).


Pero el nuevo discurso de la extrema derecha tiene un alcance que va ms all de las vctimas directas de la crisis. Toca de alguna manera ese "desarraigo identitario" que muchos europeos sienten confusamente. Responde al sentimiento de "desestabilizacin existencial" de innumerables ciudadanos golpeados por el doble mazazo de la globalizacin y de una Unin Europea que no cesa de ampliarse.

 

Crisis de representacin

 

Tantas certidumbres en diferentes campos como la familia, la sociedad, la nacin, la religin y el trabajo han vacilado estos ltimos tiempos, que mucha gente se siente desorientada. En particular las clases medias, garantes hasta ahora del equilibrio poltico de las sociedades europeas, las cuales estn viendo cmo su situacin se desmorona sin remedio. Corren peligro de desclasamiento. De caer en el tobogn que las conduce a reintegrar las clases pobres, de donde pensaban (por fe en el Progreso) haber salido para siempre. Viven en estado de pnico.


Ni la derecha liberal, ni las izquierdas han sabido responder a todas estas nuevas angustias. Y el vaco lo llenan las extremas derechas. Como afirma Dominique Reyni, especialista de los nuevos populismos en Europa : "Las extremas derechas han sido las nicas que han tomado en cuenta el desarraigo de las poblaciones afectadas por la erosin de su patrimonio material desempleo, poder adquisitivo y de su patrimonio inmaterial, es decir su estilo de vida amenazado por la globalizacin, la inmigracin y la Unin Europea" (9).


Mientras en las ltimas dos dcadas, las izquierdas europeas consagraban toda su atencin y energa a legtimas cuestiones sociales (divorcio, matrimonio homosexual, aborto, derechos migratorios, ecologa), al mismo tiempo algunas capas de la poblacin trabajadora y campesina eran abandonadas a su (mala) suerte. Sin tan siquiera unas palabras de compasin. Sacrificadas en nombre de los "imperativos" de la construccin europea y de la globalizacin. A esas capas hurfanas, la extrema derecha ha sabido hablarles, identificar sus desdichas y prometerles soluciones. No sin demagogia. Pero con eficacia.


Consecuencia: la Unin Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha ms poderosa que el Viejo Continente haya conocido jams desde la dcada de 1930. Sabemos como acab aquello. Qu esperan los demcratas para despertar?

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1 En las elecciones europeas de 2009, los partidos de extrema derecha obtuvieron el 6,6% de los votos.
2 Las encuestas ms serias indican que despus del 25 de mayo, el nmero de eurodiputados de extrema derecha pasara de 47 a 71. Vase : "Elections europennes 2014: vers 'une' extrme droite europenne ?", Fundacin Robert Schuman, www.robert-schuman.eu/fr/questions-d-europe/0309-elections-europeennes-2014-vers-une-extreme-droite-europeenne
3 Un sondeo realizado por la firma YouGov el 6 de abril de 2014 en Reino Unido le atribuye al Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), un 40% de las intenciones de voto y al menos 20 diputados europeos.
4 Segn un barmetro de la imagen del FN realizado en febrero de 2014 por el Instituto TNS Sofres, el nmero de franceses que adhieren a las ideas del FN es de 34%.
5 El "Pacto de Estabilidad y de Crecimiento" prohbe a los gobiernos europeos de la zona euro tener un dficit presupuestario superior al 3% del PIB.
6 El ltimo estudio Eurobarmetro, publicado en diciembre de 2013, revela que slo el 31% de los europeos tiene una imagen positiva de la UE (contra el 48% en marzo de 2008).
7 Vase "Nouveaux visages des extrmes droites", Manire de voir, N 134, Pars, abril-mayo de 2014.
8 Segn un sondeo publicado por Le Monde, la imagen de la presidenta del FN recibe cada vez ms opiniones favorables: el 56% de los encuestados cree que "entiende los problemas cotidianos de los franceses" y el 40% que "tiene nuevas ideas para resolver los problemas de Francia".
9 Dominique Reyni, "Populisme: la pense fatale", Plon, Pars, 2011.

*Director de Le Monde diplomatique, edicin espaola.

Le Monde diplomatique, edicin espaola

 

Por varios meses, da tras da, sin descanso en las grandes cadenas informativas la noticia central proviene de Venezuela. Ms all de la coyuntura econmica que vive el pas y de la disputa de poder en marcha, los calificativos de los creadores de opinin no faltan. Guerra psicolgica? Cmo funciona esta? Cules son sus caractersticas centrales y efectos? Aqu un acercamiento a esta realidad de tan malos recuerdos para la humanidad.

 

Poco se habla sobre las nuevas y sofisticadas armas de guerra de los Estados Unidos: estrategias de manipulacin mental a gran escala, instalacin del miedo en la cotidianidad de los habitantes escogidos como blanco de sus operaciones; siembra de sentimientos de odio, racismo, segregacin y venganza entre habitantes de un mismo pas; desestructuracin intelectual mediante inoculacin de imgenes que distorsionan la realidad; exacerbacin de sentimientos justificadores de la crueldad y hasta la manipulacin atroz de creencias espirituales a travs de incitadores de la muerte fsica o simblica de los que se consideran enemigos de la fe.


Todo un arsenal que conjuga distintas tcnicas y disciplinas del saber, que al ser implementadas ganan el nombre genrico de guerra psicolgica (gps). Ante el ataque desestabilizador que enfrenta el gobierno venezolano resulta oportuna e importante profundizar en los aspectos psico-socio-antropolgicos de este tipo de guerra, buscando ubicar sus elementos estructurales en cuanto forma de construccin ideolgica; lo mismo que los aspectos potenciales para su enfrentamiento y desestructuracin en tanto combate por la verdad histrica, la contra-manipulacin y la resistencia organizada frente a los montajes pulsionales diseados para la obediencia ciega y la sumisin.

 

La viuda negra

 

De acuerdo con la investigadora Eva Golinder (1), la fase ms reciente de las operaciones de gps contra este pas se remonta al ao 2006, cuando despliegan desde Washington y Bogot una estrategia abierta de sealamientos sobre la supuesta alianza de Hugo Chvez con las farc. En Colombia dicha campaa la asume cnicamente el expresidente lvaro Uribe, sobre el cual pesa infinidad de acusaciones en torno a sus vnculos con la estructura paramilitar que ha convertido al pas en una inmensa fosa comn (2).


Esta es apenas la cabeza visible de la gran maraa de trampas psicolgicas que busca captar mentes y corazones desprevenidos. Sobre todo, la voluntad de las clases medias que caen mgicamente en la telaraa de esta viuda negra, la cual no tendr ningn reparo en luego sacrificarlas para dar seguimiento a su cruel plan de ruptura de los intentos de cambio social y econmico en Venezuela. Un caso cercano puede verse en el intento de asesinato de Leopoldo Lpez por parte de los mismos sectores que lo impulsaron a liderar los desmanes y la violencia que tom cuerpo en algunas ciudades durante los pasados meses de febrero y marzo(3). Primero seducir para luego exterminar es uno de los principios del pensamiento psicolgico all impuestos, lo que incluye a los propios aliados necesarios de sacrificar, tal y como est demostrado a lo largo de la historia de la humanidad.


Veamos la matriz de la gps desplegada contra Venezuela en su doble perspectiva de ataque imperialista a la mayor reserva de petrleo en el mundo; y a la vez las posibles respuestas a la luz del derecho universal para la defensa de la dignidad y soberana de los pueblos. Grficamente puede esquematizarse de la siguiente forma:

 

Cuerpo fsico. En la gps contra el cuerpo fsico de los venezolanos encontramos la generacin masiva de terror a travs de operaciones de guerra sucia que tienen como intencin fundamental la construccin de un clima de miedo y sensacin total de vulnerabilidad que obligue a pedir ayuda internacional, tal como lo demuestra las 41 personas muertas y ms de seiscientos heridos desde febrero de 2014 hasta la fecha.(4)


Para el despliegue de esta tcnica de manipulacin y control, tiene que ocasionarse muertos y heridos que deben ser atribuidos al Gobierno y exhibidos de forma espectacular en prensa, televisin y redes sociales. La estrategia busca producir dolor fsico real en quienes son vctimas de los francotiradores, las guayas que decapitan a motociclistas, quemar a personas vivas en centros de salud y torturar mediante golpes a personas indefensas.


Cuerpo mental. Despus del dolor fsico atribuido al mandatario del pas, tiene que venir la expresin de tristeza, fatalismo y rabia social que movilice a la poblacin para el derrocamiento del gobierno legtimamente constituido. Dolor fsico primero, tristeza social luego y rabia irracional finalmente son los aspectos potenciados desde la gps contra el gobierno venezolano. Un ejemplo de ello puede evidenciarse en la campaa internacional de Mara Corina Machado, mostrando imgenes distorsionadoras de la realidad las que, incluso, le merecieron el rechazo en mbitos tan importantes como el Congreso brasileo, en donde la senadora Vanessa Grazziotin calific su video de "montaje grotesco" (5).


Cuerpo inconsciente. En el nivel del cuerpo mental las operaciones psicolgicas buscan la instalacin de imgenes distorsionadas de la realidad en la estructura intelectual y afectiva de las personas. Esto logra concretarse por la accin contina y repetitiva de los grandes medios de des-informacin que construyen un universo visual-auditivo para la aceptacin pasiva de la mentira. Esta situacin fue denunciada por la propia Defensora del Pueblo ante la ONU, como parte de una campaa meditica internacional de desprestigio contra Venezuela a travs de la cual buscan "difamar a las instituciones pblicas venezolanas, y as reflejar que se violan los derechos humanos de quienes protestan violentamente y propiciar la intervencin extranjera en ese pas(6).


Desde la perspectiva de la Psicologa de la Liberacin, este fenmeno puede denominarse como una especie de esquizofrenia social inducida va ocultamiento sistemtico de la verdad e instalacin de realidades paralelas, fantasiosas, detrs de las cuales habitan fantasmas, demonios y monstruos asesinos.


La gps penetra la subjetividad por medio de imgenes y discursos altamente ideologizados que logran instalar en la psique y una vez all adquieren vida propia, se auto-reproducen con el ms leve contacto de nuevas imgenes y/o nuevos mensajes provenientes de la matriz mgica del encantamiento fascista que infantiliza a gran escala.


Tal infantilizacin y embrutecimiento puede evidenciarse claramente en los hechos del asedio y agresin a la embajada cubana en Venezuela en el ao 2002 (Ver http://www.youtube.com/watch?v=WIliGGTn_Mc). Hombres y mujeres son inducidos de forma ciega a arremeter contra los vehculos de la misin diplomtica utilizando las partes ms frgiles de su cuerpo como las manos para destruir a golpes objetos claramente indestructibles con un simple golpe. La capacidad de raciocinio desaparece por completo para dar lugar al desborde emocional por medio de la imitacin y el contagio psicosocial. La habilidad humana para pensar utilizando herramientas y anticipando consecuencias es sustituida por el instinto animal que se moviliza nicamente por la va de la satisfaccin de necesidades primarias. Por ello a la masa es conducida como ovejas al rebao.


Cuerpo mgico. Lo anterior queda articulado de manera sincronizada con el campo del cuerpo mgico. All la gps tiene como funcin disparar una serie de dispositivos para la generacin de un cierto encantamiento psico-socio-antropolgico por medio del cual se apodera completamente de la voluntad de grandes grupos de seres humanos a nivel nacional e internacional. Como en las viejas pocas de fabulas y cuentos encantados, en la fase actual de la guerra contra Venezuela recurren a este antiguo mtodo de gps mediante el cual logran crear una percepcin social de la realidad totalmente falsa y acomodada a los intereses de poderosos grupos econmicos, polticos y militares. En la conciencia mgica el ser humano tiene una cierta nocin de lo que realmente sucede, pero es tal la efectividad del encantamiento que pierde por completo la capacidad de respuesta crtica frente a los hechos reales.


Una forma concreta de ver cmo opera este nivel de la gps contra el gobierno bolivariano puede observarse en la manera cmo condujeron un gran nmero de personas a un enfrentamiento con los simpatizantes chavistas que defendan el mandato legtimo de Hugo Chvez ante al intento fallido del golpe de Estado en abril 2002, episodio conocido como la masacre del puente Llaguno. Es obligatorio estar encantado para no advertir el peligro de muerte al que le conducen pues en ese momento se hablaba de francotiradores disparando a ambos lados de la multitud. Es necesario estar "embobado" para no darse cuenta que quienes promovan la masacre entre hermanos desaparecieron de all al mismo tiempo que propician los enfrentamientos (7).


El cuerpo mgico de la sociedad es uno de los ms lesionados con la gps, tcnicas con las cuales capturan y hechizan a grandes grupos humanos, llevndolos incluso a la muerte, la que puede ser fsica pero tambin psicolgica y espiritual. Es decir, que no slo se entrega la voluntad fsica de los seres humanos para su sacrificio, sino que entregan la voluntad psicolgica y espiritual que establece los lmites ticos y morales. Un ejemplo de ello es la forma como manejan las noticias por parte de la industria meditica establecida en pases como Colombia. Pareciera que medios como NTN, Caracol y RCN entienden como nico referente tico la distorsin total de la realidad de lo que sucede en el pas vecino (8).


Cuerpo espiritual. En este plano puede constatarse una poderosa manipulacin de las dimensiones ms sagradas del ser humano hasta llevarlo sin percatarse a situaciones de atrocidad como el gusto o el placer por/con la barbarie, la muerte, la tortura y la desaparicin del otro (9). La combinacin estratgica de mitos espirituales y/o religiosos con smbolos patriticos puede llevar a niveles de fanatismo en los que llega a transformarse el sentido formal de las creencias, reemplazadas sutilmente por otras cargadas de contenidos ideolgicos imperceptibles para la persona creyente. Quizs resulte duro aceptar esto, pero muchas veces utilizan elementos tan sagrados como la eucarista para incentivar a la guerra y el sacrificio de los propios hermanos.


Lo anterior puede evidenciarse en las misas ofrecidas por el sacerdote venezolano Pedro Freites en Bogot (ver foto). En el pulpito coloca la bandera de Venezuela, en la cual aparecen slo siete estrellas y no ocho como realmente est aprobada por la constitucin bolivariana, pues la octava estrella fue una iniciativa de Hugo Chvez retomando un decreto del propio libertador Simn Bolvar de 1817 en el que decreta incorporar la octava estrella como un reconocimiento a la independencia de la provincia de Guayana.


Un aspecto an ms importante tiene que ver con la entonacin del himno de Venezuela en el momento de la consagracin. All concreta esa combinacin perversa de simbologa religiosa y nacionalista con la que crean fantasmas diablicos a los que el deber cristiano llama a combatir: "Nosotros tenemos que estar claros que necesitamos una estructura democrtica contra un rgimen dictatorial y no hemos logrado obtener la luz [...] este evangelio de San Pablo me cae como anillo al dedo, al final nos dice, despierta t que duermes, levntate y ve la luz y no hemos logrado la luz"(10). La luz aparece como smbolo mesinico de la salvacin y como deber moral a seguir.


En palabras de Hinkelammert, "El imperio slo advierte maldades en los otros, acciones diablicas, y por eso entiende su propia poltica como un gran exorcismo"(11). La manipulacin de la espiritualidad y la religiosidad de los pueblos es una de las formas ms certeras de las operaciones psicolgicas.

 

Puede hacerse algo contra esta matriz?

 

Quien sufre este tipo de ataques debe analizar crticamente la forma de desenmascararlos: mostrar las verdaderas imgenes y repetir incesantemente el mensaje de la verdad. No se trata de mostrar o demostrar razones pues quienes han cado en este estado de encantamiento ideolgico no son capaces de discernir argumentos sino de dejarse conducir por sus emociones y espiritualidades sutilmente manipuladas. Esto fue demostrado brillantemente por Wilhelm Reich en Psicologa de las masas del fascismo: "Los discursos nacionalsocialistas de propaganda se caracterizaban por hacer hbiles llamadas a los sentimientos de los individuos integrados en la masa y por la renuncia, en la medida de lo posible, a toda argumentacin objetiva. En repetidas ocasiones subraya Hitler en su obra MeinKampf ("Mi lucha") que la buena tctica en materia de psicologa de masas reside en renunciar a toda argumentacin y en presentar a las masas solamente "la gran meta final".


No se trata de renunciar al nivel de la argumentacin. El reto es incorporar esos otros elementos estructurales de lo psicolgico, como lo emocional y lo espiritual, pues sobre estos es que est sostenida la guerra psicolgica implementada contra Venezuela. Ello implica crear mejores formas de comunicacin social a nivel interno y externo, con la presencia de psiclogos expertos en el tratamiento de montajes emocionales y espirituales, lo cual incluye edicin impresa, presencia constante en canales pblicos y privados de televisin, ofensivas comunicativas en redes sociales y, de ser posible, adquisicin de canales propios como Telesur para la educacin y concientizacin poltica.


Un reto urgente para este tipo de gobiernos. Al observar con atencin los discursos de la llamada oposicin en la mesa de dilogo para la paz (abril 10/2014), puede verse que all no haba un alto nivel de argumentacin sino ms bien un desborde emocional que pasaba de la risa irnica y burlona a las miradas de odio y desprecio hacia los representantes legtimos del gobierno. Incluso estrategias bien diseadas, como llamar por el nombre al presidente Maduro, tal como lo hizo Capriles, busca dejar una imagen de buen hombre, respetuoso y confianzudo que no sera capaz de pensar en hacerle dao a nadie. Ese nivel sutil de la gps es el que penetra profundamente en la estructura ideoafectiva de la masa.


Es en estos momentos en los que la Psicologa puede hacer sus verdaderas apuestas tico-polticas por la verdad histrica. El papel de psiclogos, psiquiatras y otros especialistas no puede permanecer funcional a la guerra, la tortura y la polarizacin psicosocial. Nuestro proceder tiene que servir a la sociedad en pleno sin someterse a las pequeas lites que histricamente han sometido pueblos a crueles condiciones de existencia material, psicolgica y espiritual. La gran misin de psiclogos por la verdad puede ser una forma de concrecin de este ideal humanista. ?

 

1 Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=81736&titular=operaciones-psicol%F3gicas-contra-venezuela%3A-washington-y-su-guerra-contra-la-revoluci%F3n-bolivariana
2 En el libro "Por las sendas del ubrrimo" de Ivn Cepeda y Alirio Uribe, estn documentadas las oscuras relaciones de lvaro Uribe Vlez con la estructura paramilitar colombiana, narcotraficantes y hasta delincuencia comn. All se habla de "276 denuncias radicadas ante la Comisin de Investigacin y acusacin de la Cmara de Representantes que comprometen al expresidente lvaro Uribe" (p.196).
3 Disponible en http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/02/18/opositores-desafian-al-gobierno-venezolano-con-marcha-sin-autorizacion-5676.html
4 Disponible en: http://albaciudad.org/wp/index.php/2014/04/conozca-los-26-fallecidos-a-un-mes-del-inicio-de-las-protestas-opositoras-la-gran-mayoria-son-victimas-de-las-barricadas/
5 Disponible en: http://www.correodelorinoco.gob.ve/politica/excelente-respuesta-senadora-brasilena-vanessa-grazziotin-a-maria-corina-machado-%E2%80%9Csu-video-es-un-montaje-grotesco%E2%80%9D/
6 Disponible en: http://www.telesurtv.net/articulos/2014/03/12/defensora-del-pueblo-denuncio-campana-mediatica-contra-venezuela-en-la-onu-5431.html
7 Esta forma de proceder est suficientemente documentado en el trabajo periodstico de ngel Palacios denominado "Puente Llaguno: claves de una masacre", disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=fkrAI72ct-I
8 Ver: http://www.avn.info.ve/contenido/yahoo-caracol-naci%C3%B3n-y-nt24-manipulan-palabras-nicol%C3%A1s-maduro-sobre-capitalistas-que-roban
9 Si se desea profundizar en este aspecto de la guerra psicolgica se puede consultar el libro "De los pjaros azules a las guilas negras: esttica de lo atroz. Psicohistoria del conflicto armado en Colombia", de Edgar Barrero Cuellar, editado por el Fondo Editorial Ctedra Libre en 2011, Bogot-Colombia.
10 Sacerdote Pedro Freites. Palabras pronunciadas en la celebracin de la misa en la Parroquia Santa Clara (Bogot) el 30 de marzo de 2014. A esta misa asisti el candidato uribista Oscar Ivn Zuluaga y la senadora Tania Vega, esposa del Coronel Luis Alfonso Plazas Vega, condenado a 30 aos por el delito de desaparicin forzada en el holocausto del Palacio de Justicia en 1985.
11 Franz Hinkelammert. El asalto al poder mundial y la violencia sagrada del Imperio. San Jos de Costa Rica, Editorial Departamento Ecumnico de Investigaciones (DEI), 2003.

* Psiclogo Social, Magster en Filosofa.
edgar_barrero@yahoo.es

 

 

La luz proveniente de la estrella polar del norte, dominante en el concierto mundial desde las primeras dcadas del siglo XX, y la ausencia de un proyecto soberano, encegueci a la sempiterna dirigencia nacional. Un siglo de unilateralismo y sometimiento les impide apreciar el pluralismo que hoy domina en las relaciones internacionales.

 

Transcurridos cien aos de la doctrina respicepolum (mirar hacia el Norte), planteada de manera abierta por Marco Fidel Surez en 1914, cuando participaba en la discusin del tratado Urrutia-Thomson que buscaba normalizar las relaciones Colombia-Estados Unidos (EU) interrumpidas a raz de la secesin de Panam, puede afirmarse que tal doctrina no qued limitada a ser una simple estrategia geopoltica asumida por las lites nacionales. En realidad qued convertida en su segunda piel, una cultura totalizante, naturalizada a tal grado que cuando perciben que alguien mira, as sea casualmente al Sur o al Oriente, lo consideran anormal. El monrosmo qued arraigado de tal forma entre nosotros, que no solamente las lites muestran con orgullo la participacin en la guerra de Corea, sino que an no reconocen como vergonzante la alineacin del pas con los EU y la Gran Bretaa en la guerra de Las Malvinas, que nos hizo acreedores al desdeoso apodo de "Can de Amrica".


Ahora, tras dcadas de este ejercicio poltico unidimensional en las relaciones internacionales, que pudo tener algn sentido prctico para los grupos dominantes en el pasado, es necesario preguntar si la misma mantiene alguna pertinencia en un mundo como el actual que deriva de forma acelerada haca el multilateralismo. Chile, por ejemplo, que desde la dictadura y a lo largo de los gobiernos de la Concertacin, fue considerado como uno de los campeones de las afinidades polticas con Estados Unidos, tan slo es superado por Cuba, situado en el otro extremo de la poltica, en el peso que tienen en su estructura de ventas al exterior las exportaciones hacia China (22,8 por ciento, frente a 11,1 hacia EU). Evidencia de que en el siglo XXI la diversificacin de mercados no es un pecado de lesa ideologa. En Colombia, por lo contrario, no slo refuerzan nuestra dependencia econmica sino que hacen gala de excesiva unipolaridad en todos los campos.

 

Mirando siempre haca afuera

 

No haban transcurrido dos semanas desde que fuera pblico que las comunicaciones de los negociadores de La Habana estaban interceptadas desde una sala de operaciones clandestina del ejrcito colombiano, cuando por un "error" de la Oficina de Prensa de las Fuerzas Armadas qued filtrada la agenda que el Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzn, deba cumplir en Washington a finales de febrero de este ao en el marco del Dilogo de Alto Nivel en Seguridad, sostenido con EU. Entre los aspectos que de forma tmida revel la prensa, llaman la atencin el compromiso del Estado colombiano de coordinar una mayor interaccin entre los ministerios de defensa de los pases de la Alianza del Pacfico, EU y Canad, as como la calificacin de amenazantes para la seguridad colombiana dada a las relaciones diplomticas y econmicas desarrolladas entre Venezuela-Nicaragua-Rusia-Irn, lo que significa, en pocas palabras, la oficializacin de nuestro pas como el pen local del ms reciente juego de la geopoltica mundial que EU ha planteado al orbe.


Para reforzar esta constante. Finalizando el 2013 el Washington Post public que el ataque al campamento de Ral Reyes haba tenido lugar con misiles guiados con GPS, en una operacin en la que la CIA habra participado de forma directa, ante lo cual, tanto las autoridades colombianas de la poca del ataque, como las actuales, reaccionaron afirmando que son de conocimiento pblico las "especiales" relaciones que el pas sostiene con los EU. El punto, sin embargo, es que la sujecin al gobierno norteamericano es tan slo una arista, as sea la ms importante, de una cultura poltica de la sumisin a los poderes extraterritoriales que trasciende todos los campos y los escenarios. La reciente prdida de mar con Nicaragua, ms all de la justeza o no de la posicin colombiana fue consecuencia, segn coinciden los expertos, de no renunciar a tiempo al Pacto de Bogot para no impedir la actuacin de la Corte Internacional de la Haya. Recurrir para todo a instancias internacionales parece ser uno de los ejercicios ms frecuentes de los gobernantes criollos.


En el reciente pulso entre la Presidencia y la Procuradura por la legitimacin de los dilogos de paz, Santos y Ordoez viajaron simultneamente, el primero a Washington buscando una declaracin pblica de apoyo a los dilogos de La Habana por parte de Barack Obama, y el segundo a la Haya intentado bloquear cualquier amnista o indulto a los guerrilleros en caso de firmarse la paz, y de esta manera sabotear cualquier acuerdo. De igual manera, el proceso de destitucin al que fue sometido el alcalde de Bogot, Gustavo Petro, puede tener tantos folios en Colombia como en Washington, sede de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a la que tienen que someterse tambin buena parte de los juicios por los delitos cometidos contra las vctimas del conflicto armado. Recientemente, tambin llevaron a esa institucin el caso del crimen del poltico conservador lvaro Gmez Hurtado.


Como es conocido, los delitos de narcotrfico ms importantes no los juzgan en Colombia sino en los EU, en virtud del tratado de extradicin vigente con ese pas. Pero, tambin se juzgan y penalizan all delitos polticos, como lo prueba la retencin del guerrillero Ricardo Palmera, y el ofrecimiento del gobierno norteamericano de una recompensa de cinco millones de dlares por la cabeza del jefe del secretariado de las farc. Y para que nada falte, tambin empiezan a juzgar allende nuestras fronteras los delitos comunes cometidos en el territorio nacional, como es el caso del proceso contra los taxistas que dieron muerte a un agente estadounidense en Bogot. Es posible acaso dudar que somos un pas ex-cntrico, absolutamente heternomo? Alguna otra nacin recurre con tanta asiduidad a tribunales extranjeros?

 

Inmovilidad y violencia

 

En las declaraciones previas a su encuentro con Obama, Juan Manuel Santos habl de que en el posconflicto las relaciones con los EU deben permitir una nueva alianza para el progreso y la paz, en un inequvoco paralelismo con la poltica de contencin al socialismo que aquel pas ejecut en Amrica Latina entre 1961 y 1970, como medida de freno a la influencia de la revolucin cubana. El lenguaje no es gratuito, y desnuda el deseo intenso de los grupos dominantes por el retorno a las condiciones de la Guerra Fra, que fueron desde la segunda mitad del siglo XX el hecho legitimador de las relaciones internacionales unipolares del pas. En mayo de 2010, el anterior gobierno protocoliz el regreso de los llamados Cuerpos de Paz, parte integral del programa estadounidense Alianza para el Progreso, y que por espacio de veinte aos (1961 y 1981), tuvieron carta libre para recoger informacin e intervenir en el pas. Revivir estas formas de neocolonialismo son pues los sueos de la lite de lograr el fin de las hostilidades entre ejrcito y guerrilla.


El eterno giro sobre un pasado seorial en el que muy pocas familias homogenizan el poder en todas sus manifestaciones permanece como constante, manifestada en la actualidad como metfora poltica en el hecho que la llave presidencial Santos-Lleras, que busca la reeleccin, procede en lnea directa de clanes de presidentes. Los candidatos de la oposicin tambin pertenecen, por consanguinidad, al mismo crculo de la plutocracia enquistada en el poder desde la misma independencia. Es curioso el caso de la candidata Clara Lpez, del Polo, el movimiento ms a la izquierda de los que participan en la contienda electoral, que es sobrina de un expresidente de la repblica, Alfonso Lpez, hijo de otro expresidente del mismo nombre, que en 1974 fue elegido luego de contender con lvaro Gmez y Mara Eugenia Rojas, tambin hijos de expresidentes.


Lorenzo Mara Lleras, ascendiente del actual candidato a vicepresidente, figura entre los conspiradores de aquel Septiembre, cuando intentaron asesinar al Libertador, y se le considera, como Secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Jos Mara Obando, de ser responsable de la entrega de vastos territorios nacionales a Brasil, cuando fueron definidos los lmites con el poderoso vecino. Anti-bolivarianismo cerril, cesin de la soberana poltica y territorial, y poder hereditario se suceden sin parar en un pas que parece detenido en el tiempo.


La repeticin de sucesos y de nombres, que denota una total inmovilidad poltica y social, es en realidad una forma de violencia, respondida con otros tipos de violencia. Por tanto, la idea, que en el ltimo medio siglo hizo carrera en Colombia, que la izquierda desarmada no progresa porque existe una guerrilla que le impide su legitimacin (y que buena parte de la misma izquierda avala), resulta de un razonamiento invertido, pues en realidad es el mantenimiento violento del statu quo poltico, como lo prueban los asesinatos de Rafael Uribe Uribe, Jorge Elicer Gaitn (y la subsiguiente violencia), y ms recientemente el genocidio contra la Unin Patritica y otras fuerzas sociales y polticas, la raz de la existencia de movimientos polticos armados. En otras palabras, si no contamos con una izquierda robusta no es porque haya guerrilla, sino que hay guerrilla porque los movimientos populares han sido ahogados en sangre o bloqueados mediante el fraude electoral (como en las elecciones de 1970) o el linchamiento meditico.

 

Cerebros y corazones negros

 

Desde siempre han afirmado que tras los sabotajes a los procesos de paz est escondida una "mano negra", presta a extender talanqueras de cualquier tipo a la reconciliacin, sin embargo, poca atencin merece lo evidente: que detrs de toda mano que acta existe un cerebro que la gua. Y ac bien vale la pena sealar que no se trata tan slo del cerebro que directamente dirige, sino tambin del que de forma mediata alimenta los corazones de la intolerancia.


La publicacin del libro de William Ospina Pa que se acabe la vaina, gener una reaccin vehemente en las columnas de la prensa por su visin "pesimista" de la realidad, as como por un supuesto "desconocimiento candoroso" de las "virtudes del progreso" (1). Del debate llaman la atencin dos cosas, de un lado, la total unanimidad en la posicin de los columnistas en contra de las tesis de Ospina, as como el tono de los comentarios, asimilable al de una condena dictada a un "infiel", que qued como una pequea muestra del totalitarismo de nuestro mundillo intelectual, y, del otro, el tratamiento de la nocin de progreso como realidad incontestable, cuando en el campo de la ciencia, hace lustros es considerada como parte del universo ideolgico. Los "optimistas", paradjicamente, defienden el mundo establecido y apuestan por su perpetuidad.


Desde que Gunter Stent, uno de los fundadores de la gentica molecular, visibilizara el debate sobre el "progreso de la ciencia" en su libro Las paradojas del progreso (1969), muy a tono con la inquietud que ya en esa poca despertaba la pregunta por los lmites de nuestra civilizacin, y que tendra en trabajos como el de los esposos Meadows Los lmites del crecimiento patrocinado por el Club de Roma, y en el de Brbara Wards y Ren Dubos Una sola tierra, expresiones de la misma inquietud, aunque en este caso sobre las probabilidades del agotamiento de los recursos, el concepto de progreso se torn problemtico. En biologa, que fue la profesin de Stent, la discusin fue lgida por la tendencia que asocia evolucin con Progreso, en el sentido de "mejoramiento"; y frente a los obstculos que empezaban a vislumbrarse por las implicaciones teleolgicas de la visin, algunos de los cultores ms destacados de esa profesin, tal el caso de Stephen JayGould, fueron enfticos en afirmar que: "El progreso es una idea nociva, culturalmente implantada, no comprobable, no operativa e intratable, que debe ser reemplazada si queremos comprender las pautas de la historia" (2). En el debate fue claro que la evolucin, entendida como transformacin o cambio, no era independiente de conceptos como catstrofe o ruptura de simetras, y que si bien en ciertos campos y en determinados perodos histricos, la direccionalidad de algunos procesos seala, inequvocamente, aumentos de la complejidad, entendida sta en el sentido restrictivo en el que fue definida por Murray Gell-Mann como la "longitud de la descripcin del sistema", de ello no se consider lcito concluir que complejidad y "mejor" son sinnimos.


De dnde, entonces, la animosidad contra Ospina, por sealar los riesgos y aspectos negativos de nuestra compleja sociedad? Quiz valga la pena recordar que en la discusin acerca del progreso, entre las posiciones que asumieron su defensa estaban las de Edward O. Wilson, asociadas a la emergencia de la Sociobiologa, que en su versin fuerte considera a la etologa como el campo en el que deben estudiarse las relaciones humanas, naturalizndose, por ejemplo, las estructuras sociales jerarquizadas. Las conclusiones de all desprendidas encajan con la visin de que "nos encontramos en el mejor de los mundos posibles", o en el nico posible, que es coincidente con el eslogan "no hay alternativa" (TINA-thereis no alternative) que esgrimi Margaret Thatcher en su defensa de la imposicin del ultraliberalismo.


No se discute que en el afn de convencer que estamos en la mejor poca de la humanidad, tengan el derecho de afirmar que las invasiones mongolas y trtaras a Occidente fueron ms crueles y sanguinarias que las polticas de exterminio nazi y que los holocaustos de Hiroshima y Nagasaki, si esa es su crencia, con la condicin, claro est, de no olvidar que se trata precisamente de creencias y no de verdades objetivas. As como tambin tienen el derecho de compartir con Steven Pinker las crticas a JayGould, Richard Lewontin y Steven Rose, en su intento de recomponer la Sociobiologa, ya que ese no es el problema, pues ste reside en la negacin de las posiciones contrarias como "acintificas" o "anticientficas" sobre la base de una supuesta evidencia de que no es posible la construccin de un mundo humano distinto.


La diversidad de posiciones y el disenso son el ambiente propio del mundo del pensamiento y la academia, de all lo preocupante del unanimismo y del espritu de posesin de la nica verdad, tan propio de la cultura cristiana radical que campea entre nosotros. La intolerancia que ha llevado a matarnos de forma sistemtica en guerras civiles y "pocas de violencia", es acaso independiente de ese sentimiento de cruzados que asoma cuando alguien osa romper la uniformidad? El logro de una verdadera paz no pasa por la conquista de un espectro amplio de formas variadas de pensar (paradigmas diversos)? No es necesaria una desmovilizacin de cerebros y espritus?

 

Ceguera y felicidad

 

Minimizar la gravedad de lo propio y mirar para otro lado, son otras de las caractersticas de nuestro discurrir mental. El uso reiterado de eufemismos como "falsos positivos" para denominar las ejecuciones extrajudiciales de personas del comn y contabilizarlas como bajas en combate, y ms recientemente llamar "casas de pique" a los sitios donde torturan y desmiembran seres humanos, no son asuntos sin importancia, estamos, sin duda, ante mecanismos sociales de negacin de una realidad que contradice el imaginario que se quiere tener de s mismo. La llamada banalizacin del mal puede ser todo lo inconsciente que se quiera, pero no por eso deja de tener un fin claramente identificable.


En ese mismo sentido acta la fijacin obsesiva en los problemas de los dems. En la semana que va del 17 al 23 de febrero de 2014, cuando recin estalla el escndalo de la corrupcin en las fuerzas militares colombianas, los columnistas del diario El Espectador dedicaron once columnas al problema venezolano (es conocido que el programa televisivo "La Noche" del canal RCN, est dedicado casi en su totalidad a satanizar el gobierno de Venezuela). Ese mismo mes, la revista Semana reseaba que el conflicto colombiano dejaba poco ms de seis millones de vctimas, entre las cuales 95 mil eran de asesinatos y cerca de 90 mil entre desaparecidos y sus familiares, pues en este tipo de delito los allegados son tan victimizados como las personas sobre las que se ejecuta el crimen, sin embargo, esto no fue tema de ninguno de los comentaristas obsesionados en "lamentarse" por la suerte de la nacin vecina, y vaya paradoja, expresaban su malestar por la indiferencia de los colombianos e incitaban a la intervencin en ese pas con el ridculo lema de "todos somos Venezuela".


En el entretanto, algunos intelectuales buscan el ahogado aguas arriba y esgrimen el imaginario que qued de la universidad de los setenta para sostener que "Hay franca censura contra las tendencias modernas de las ciencias sociales" (3), cuando ya desde las reformas de mediados de los ochenta en la Universidad Nacional, en Economa, por ejemplo, tan slo dos asignaturas, de las cuarenta que constituan el pensum, estudiaban la economa poltica. Nadie que conozca los actuales programas curriculares de las disciplinas sociales puede afirmar seriamente que estn sesgados o cegados por el marxismo, que es lo dicho cuando hablan de censura a lo moderno. No obstante, ese discurso queda sostenido como espantajo para defender lo indefendible, la total incapacidad de la academia para interpretar nuestra convulsa realidad. Qu son "tendencias modernas" en ciencias sociales? El paradigma neoclsico, en el caso de la economa? Si es eso ste reina ampliamente en nuestro medio desde hace ms de tres dcadas. Perminindonos preguntar si la academia ha tomado nota que los estudiantes de Harvard se retiraron de la clase del profesor Gregory Mankiw, autor connotado de textos convencionales, porque consideraban que lo aprendido no era lo suficientemente crtico y explicativo de las condiciones actuales. Es conocido suficientemente que los estudiantes franceses en el 2000 crearon el movimiento Post Autista, por las mismas razones que esgrimieron los de Harvard? Lo anterior busca esquivar las responsabilidades intelectuales con el mismo argumento que las polticas, esto es, que la izquierda, victimizada y en minora en todos los espacios, es la responsable de nuestro atraso terico, idea que tan slo cabe en los cerebros enfebrecidos de la lite de nuestro pas (4).


A raz de la reciente muerte del Nobel de literatura Gabriel Garca Mrquez, la parlamentaria Mara Fernanda Cabal reprodujo en las redes sociales una foto del escritor con el lder cubano Fidel Castro, y expresaba su alegra porque los dos personajes pronto estaran reunidos en el infierno. El hecho, que algunos reprocharon por su indelicadeza, pese a todo, terminaba compartido en espritu, pues incluso quienes decan llorar al artista, junto a las lamentaciones por el deceso, en tono de perdonavidas se permitieron exculpar al Maestro por su amistad con el revolucionario (5), como si Garca Mrquez alguna vez hubiera necesitado o solicitado permiso para elegir sus amigos. El creador de Cien aos de soledad, siempre fue explcito en considerar a Castro, el Che Guevara y Omar Torrijos, entre otros, como smbolos de los intentos ms logrados por pensar y construir Amrica Latina desde la autonoma de su particular realidad, asunto que provoca una reaccin visceral en el establecimiento intelectual y poltico colombiano. Y como era de esperarse, el exilio abrupto y forzado que sufri el Nobel, bajo el gobierno de Turbay Ayala, fue reducido a una ancdota ms.


Cuando Juan Manuel Santos ejerca como Ministro de Defensa, al oficializar la muerte del jefe guerrillero Manuel Marulanda, tambin se arrog el derecho de enviarlo al infierno, en una muestra adicional del espritu inquisidor y vengativo de nuestro cristianismo exacerbado. No puede ser una mera coincidencia que el actual Procurador, Alejandro Ordoez, representante de las posiciones ms retardatarias y miembro del lefebvrismo corriente conocida por su conservadurismo extremo, incursionara en la vida pblica quemando libros, y que tambin lo hayan hecho algunos integrantes del Nadaismo, movimiento autoconsiderado como el menos convencional de su poca. La hoguera, en todas sus formas, parece anidar en el espritu de ciertos grupos de colombianos, que parecen soar permanentemente con ella como mecanismo de purga de sus contradictores.


S aunamos las dos ltimas etapas internas de confrontaciones violentas, sumamos en Colombia alrededor de sesenta y cinco aos de conflicto, con un resultado de por lo menos 300 mil muertos. En las ltimas dcadas han sido desplazadas cerca de cinco millones de personas en el interior de su marco territorial y expulsado 4,7 millones fuera de sus fronteras. La institucionalidad permiti el asesinato de 2.800 sindicalistas, desde 1987 hasta hoy, y la desaparicin forzada de ms de doscientos en ese lapso. La desigualdad padecida sita la nacin como una de las ms asimtricas del subcontinente (tan slo superada por Paraguay y Bolivia), sin olvidar que ocupa el segundo lugar en el mundo en conflictos ambientales, con setenta y dos disputas que afectan a cerca de ocho millones de personas y que, adems, ostenta el quinto lugar en asesinatos de ambientalistas con cincuenta y dos casos, violacin de derechos fundamentales que no parece despertar preocupaciones dignas de la atencin de sus intelectuales, que sin embargo desbordan sensibilidad por los problemas de otras latitudes, como es el caso de la vecina Venezuela.


Somos poco o nada proclives a la autocrtica, banalizamos nuestra realidad, nos gusta cerrar los ojos permanentemente y cuando los abrimos miramos para otro lado, quiz buscando conservar el ttulo de ser uno de los pases "ms felices del mundo". Forma de ser que, dada nuestra situacin, no es para sentirnos orgullosos, pues ac parece adquirir sentido la frase atribuida al fundador del sicoanlisis, Sigmund Freud, de que "Existen dos maneras de ser absolutamente feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo realmente". Cul de ellas ser la que explica nuestra supuesta condicin de campeones de la felicidad? ?

 

1 Ver la Columna de Klaus Ziegler "William Ospina y el 'hombre de paja'" (El Espectador, 15-01-2014).
2 Citado por David Hull en "Progreso panglosiano" (En "El Progreso un concepto acabado o emergente?", compilacin de Jorge Wagensberg y Jordi Agust, editado por Metatemas).
3 Kalmanovitz Salomn, "Las finanzas de la universidades pblicas" (El Espectador, 06-04-2014)
4 "Ante esta situacin de penuria, las universidades pblicas no se ayudan. Impera en algunas de ellas el clientelismo de izquierda que burla los concursos docentes y excluye a los mejores candidatos, para enganchar a los afines ideolgicamente" (Ibid.).
5 "Garca Mrquez tuvo muchos amigos, algunos admirables, como Graham Greene; tambin se permiti uno impresentable, como Fidel Castro. Hay que perdonrselo, como se les perdona a otros escritores haber sido amigos de Bush o recibir condecoraciones de Pinochet", Hctor Abad Faciolince, "Gabriel Garca Mrquez, in memoriam" (El Espectador, 19-04-2014).

*Integrante consejo de redaccin Le Monde diplomatique, edicin Colombia.

 

Lunes, 19 Mayo 2014 16:07

Colombia, cartografa del voto en blanco

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En las pasadas elecciones legislativas el voto en blanco sum cerca de un milln y medio de votos, cifra para nada despreciable, la misma que marca en Colombia el desarrollo de una tercera ola de indignacin electoral en menos de doce aos, Tendr la fuerza necesaria este tipo de voto para ganarle a los candidatos del establecimiento? A qu est dispuesto el candidato-presidente para garantizar unos comicios sin la competencia de la indignacin en la urnas?


El desayuno permite vaticinar cmo ser el almuerzo; o lo que es lo mismo: siempre los inicios terminan por delinear los procesos. As es. Las elecciones del pasado 9 de marzo al Congreso no slo marcaron el retorno de la oposicin de derecha al legislativo sino que mostraron un ascendente factor: el voto en blanco, con el 5.33 por ciento de los sufragios en el Senado y el 6.68 en la Cmara de Representantes, cifras que en el conteo nacional aparentan debilidad, pero que al escudriarlas traslucen signos de latente indignacin en el pas nacional, marcando la tendencia para la primera vuelta presidencial del 25 de mayo.

 

 

El voto en blanco y el Congreso

 

En las elecciones parlamentarias de 2014, uno de cada dos colombianos no respondi al llamado a las urnas. Este proceder de un porcentaje nada desdeable de nuestra sociedad, conocido como abstencionismo, es una constante a lo largo de los ltimos sesenta aos, y muestra, de alguna manera, la renuncia pasiva de un significativo porcentaje de la poblacin nacional al sistema poltico y al juego electoral, poco o nada atractivo en su refrendacin; abstencionismo que no seala un punto de quiebre con el orden social colombiano, es un "no participar porque ya casi todo est definido".


A la abstencin consuetudinaria le acompaa de manera cercana en estas elecciones el voto en blanco, con 885.375 sufragios, que segn Carlos Ariel Snchez, Registrador Nacional, podran duplicarse con alrededor de la mitad de los votos nulos, algo ms de 750 mil, que debido a las complicaciones del tarjetn fueron doblemente marcados en las mltiples casillas que tiene este voto.


Es un resultado que no llega slo. La campaa por el voto sin rostro despeg desde inicios del ao 2014, al conformarse mltiples comits para su impulso e integrando nombres que van desde criticadas figuras como Gustavo Bolvar (director de telenovelas como "Los tres canes") y liderazgos de la izquierda como Daniel Libreros, hasta agrupaciones como la Coalicin de movimientos sociales y polticos de Colombia Comosoc- y el Partido Socialista de los Trabajadores. Comits y figuras que intentaron, sin lograrlo, ser el rostro de la campaa sin candidato. Entonces, cul es el trasfondo del voto en blanco?

 

Sus geografas

 

El recorrido nacional, a partir de los resultados electorales en las principales ciudades, y algunas regiones que fueron coordenadas del paro nacional agrario, nos permiten hacer una radiografa del voto en blanco.


Bogot: la capital est caracterizada como el epicentro del voto de opinin, y el territorio con mayora elector del pas, pese a ello slo votaron al Senado 4 de cada 10 capitalinos en condiciones de elegir, y 3 de cada 10 a la Cmara; la abstencin lleg al 65 por ciento y el voto en blanco al 9.94. Es decir, en la ciudad donde el poder poltico de la nacin est concentrado, la democracia formal no logr captar ni a la mitad de la poblacin habilitada para sufragar, y adicionalmente una parrilla de ms de 100 candidatos para las dos cmaras del poder legislativo no logr movilizar las sensibilidades ciudadanas. Una democracia ahogada en la principal ciudad del pas deja fluir factores histricos de descredito con los esquemas del sistema poltico, a la vez que seala comportamientos de castigo frente a la situacin de quiebre que signific la destitucin y la disputa jurdica del alcalde Gustavo Petro.


Medelln: Este territorio, con alto potencial electoral para el Uribismo, slo cont con el 41.15 por ciento de sufragantes. Aunque con una participacin mayor a la registrada en Bogot, el resultado fue tenue pues aqu reside uno de los fortines electorales del expresidente. El voto en blanco lleg al 7.48 por ciento en la Cmara y 7.42 para el Senado.
De los 2.501.213 habitantes de la ciudad de los cuales algo menos de milln y medio pueden votar apenas 204 mil acompaaron al Centro Democrtico, que con sus listas cerradas para el Senado fue el partido ms votado.


Cali: Si en Bogot la opcin por el blanco hizo parte de un claro castigo ciudadano por la destitucin de Petro y un rechazo a las mafias polticas instaladas en el Concejo que actuaron en alianza con Samuel Moreno, en Cali la capital del Valle, circulo de control de poderes oscuros regionales, este voto slo registr 6,8 por ciento en Senado y 7.7 en Cmara. Sin embargo, la abstencin lleg a una de las mximas cifras nunca antes registrada en capitales departamentales: 67,7 por ciento, es decir, apenas 3 de cada 10 caleos se dejaron embrujar por las urnas, denotando con claridad la fractura y el descrdito del poder poltico en una ciudad que en los ltimos 10 aos tuvo ms de 8 alcaldes, eso sin ahondar en la influencia de connotados parapolticos como Dylian Francisca Toro y Juan Carlos "el negro" Martnez en las definiciones de la circunscripcin de la capital del Pacfico colombiano.


Boyac: una de las regiones ms dinmicas en protestas agrarias durante el 2013, concret en estos comicios un quiebre con el Uribismo y con el Partido Verde, fuerzas punteras en la poltica de este departamento en el anterior perodo electoral. En los comicios del 9 de marzo alrededor del 47 por ciento de los boyacenses, relacionados dentro del censo electoral, ejercieron su derecho al voto, de los cuales alrededor del 9 por ciento decidieron marcar la casilla del voto en blanco, una cifra reducida que refleja la permanencia de potentes maquinarias polticas tradicionales que an conservan poder de atraccin sobre la poblacin.


Circunscripciones especiales: en las curules otorgadas para minoras indgenas y negras para el Congreso existe un patrn de voto que cuestiona la realidad del poder.


En la eleccin de la curul de los pueblos originarios al Senado el elegido fue Jess Chvez, anterior Concejero Mayor del Cric. El total de votos por candidatos a esta circunscripcin sumaron 171.281, pero a la vez los tarjetones marcados en blanco alcanzaron 138.716. Es decir, le ganaron a todos los candidatos y tuvieron una distancia de apenas 32 mil sufragios con el conjunto de votos para partidos polticos. A pesar de esta realidad las elecciones fueron refrendadas y no se repetirn. La Cmara, en esta circunscripcin especial, es menos preocupante, pero no por ello deja de alarmar: a la par de los 79.199 votos por candidatos indgenas existieron casi 38 mil en blanco. Realidad que podra ser ms alarmante de contarse con cifras de la abstencin electoral entre los pueblos indgenas.


Circunscripcin afrocolombiana. Con la polmica eleccin de los dos representantes a la Cmara de la fundacin bano de Colombia, ninguno afro, los dos Moiss Orozco Vicua y Mara Socorro Bustamante herederos de la parapoltica, queda abierta la discusin sobre el status y el mecanismo de verificacin de la participacin y representacin de las comunidades negras del pas.


A los 159.523 sufragios consignados por las listas de partidos afro los confrontan 77.538 en blanco, superando en ms de 43 mil a la mayor electora, Mara Bustamante. A pesar que ningn elegido se equipar con la popularidad de la casilla sin candidato, la curul fue otorgada, aadindole un cuestionamiento ms a esta circunscripcin.


El palo en las anteriores elecciones provino del Parlamento Andino. El espacio legislativo de la Comunidad Andina de Naciones Can obtuvo en Colombia 3.623.193 votos en blanco, 400 mil ms que la sumatoria de la totalidad de sufragios por partidos. Un castigo evidente para un espacio ms simblico que real. En este escenario reina la incertidumbre alrededor de la repeticin de la consulta. Hasta ahora la Registradura dilata su respuesta, amparada en el argumento de los costos econmicos de los nuevos comicios. Por su parte el Congreso an en funciones slo responde con una reforma legal que obliga a no realizar elecciones para tal parlamento en el prximo periodo electoral.


Ante su propio callejn. Desde la Constitucin de 1991 la democracia colombiana marca la consolidacin de su propio tope electoral. En los ltimos veinticuatro aos y de alargarse el ciclo, desde las elecciones que instalaron el Frente Nacional, el pas no alcanza porcentajes de participacin arriba del 50 por ciento; es decir, la que reina aqu es una democracia sin refrendacin popular.

 

La tercera ola de una indignacin

 

Realidad poltica. El voto en blanco refleja la tercera ola de indignacin expresada en las urnas colombianas. La primera y segunda fueron, en su orden: Carlos Gaviria y la Ola verde, las que pasaron por el apoyo de partidos de izquierda y de centro contrapuestos al establishment. En esta ocasin la indignacin electoral para la primera vuelta presidencial toma distancia del conjunto de candidaturas y partidos de la democracia criolla, podr movilizar el milln seiscientos mil colombianos, que supuestamente alcanz en las elecciones al Congreso?


Aparte de ser termmetro de la indignacin electoral, el voto en blanco puede tener efectos polticos? La polmica abierta tras los comicios del 9 de marzo describe a la perfeccin la confusa arquitectura del Estado colombiano: mientras la Registradura y el Ejecutivo asumen que este voto ganara en las elecciones solo si posee mayora absoluta 50 por ciento ms uno de los sufragrantes, expertos como Jaime Arajo expresidente de la Corte Constitucional sostienen que despus de la reforma constitucional de 2003, corroborada por un Acto legislativo de 2009, qued reglamentado que el voto en blanco resulta ganancioso obteniendo la mayora simple, o sea, ganndole a los candidatos as sea por un solo sufragio y sin tope alguno. De ser as los esculidos competidores por el atril de Bolvar, y los partidos que los respaldan, enfrentan aprietos, pues si llegase a ganar la casilla sin candidato no solo tendran que repetir las elecciones, sino que los candidatos tendran que cambiar, sin poder participar en los nuevos comicios los partidos que no superen el umbral.


Ante esta posibilidad, las reacciones del candidato-presidente y de los rganos mximos del poder electoral han pasado no slo por disputas de interpretacin legal, han llegado al extremo de obligar a que el Concejo de Estado se pronuncie alrededor de la no validez del efecto poltico del voto en blanco en la segunda vuelta, evidenciando la existencia de temor ante la posibilidad que la ola de indignacin electoral llegue a disputar la punta de la primera vuelta, y que llegue a ser el rengln puntero en la ronda final.


Ante estos escenarios, el pas tiene ante s (ms all de los tipos en blanco legales como les llaman a los artilugios jurdicos definidos segn la mirada del interpretador), un punto de quiebre del sistema de partidos y de los liderazgos personales de quienes ejercen la jefatura de Estado. Tendencia que podra profundizarse si en la consulta electoral de mayo las indignidades marcan una pauta de la rebelin ciudadana de las capas medias, que en verdad son quienes ms responden a este tipo de eventos. Tipo de indignidad, o de protesta, que sin duda alguna el rgimen tendr la posibilidad de sortear entre artilugios legales, lo que permite preguntar, est la sociedad colombiana ante los dolores de parto de un nuevo sistema poltico o simplemente ante una afliccin del pas poltico? ?

 

*Integrante del Consejo de Redaccin, Le Monde diplomatique, edicin Colombia.

 

Lunes, 19 Mayo 2014 15:35

Una generacin

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La reciente muerte de Gabriel Garca Mrquez retrotrae nuestra mirada a diversidad de temas, entre ellos memoria, violencia, impunidad, identidad, unos y otros retomados de manera reiterada por sus personajes a lo largo de su obra; pero tambin hacia una generacin que en esta ocasin no est limitada por el hecho biolgico.

 

No es para menos. Con el Premio Nobel deja de existir uno de los ltimos exponentes de una generacin de artistas e intelectuales, aquella que vivi el acrecentamiento de la violencia oficial en nuestro pas, y que con decisin recre, plasm y denunci lo que perciba. Letras, plstica, teatro, y de manera tarda el cine, fueron los recursos utilizados para exponer sus ideas y prolongarle a la sociedad los dolores despertados por todo aquello que enlutaba a la mayora.

 

Eran otros tiempos, cuando el artista, y en general todo intelectual de origen comn y unos pocos con ancestros acaudalados, no dudaban de su compromiso social, sin miramientos, deseando una realidad distinta para el pas que habitaban. Su accin estaba favorecida por los aires que recorran el mundo, los que traan consigo esperanza y renovacin con propuestas de ruptura en cada uno de los campos de las artes y de la accin poltica. Algunas de esas propuestas que rompan con lo heredado, provenientes en su mayora de Europa, tuvieron recepcin tarda entre nosotros: el monopolio de la cultura por parte de las lites, el poder de la Iglesia, la exclusin y la pobreza econmica, as lo determinaron. No es extrao, por tanto, el tratamiento que recibiera la obra de algunos de ellos, e incluso los propios artistas, sealados, negados, maldecidos, torturados, obligados al exilio. Entre estos no puede pasar sin memoria el nombre de FelizaBursztyn, sometida a tortura, como fue norma en el gobierno de Turbay Ayala, obligada en 1981 al exilio camino al que tambin llevaron a Garca Mrquez, a quien ahora pretenden constituir en referente institucional, para morir bajo profunda depresin a menos de un semestre de su salida forzada del pas (1).

 

Las rupturas no fueron pocas; por ejemplo, al reivindicar el cuerpo y la mujer, hasta entonces totalmente negados, desconocidos, enclaustrados, bien por su supuesta inferioridad, bien por el supuesto pecado que cargaban. Tambin rompan con el azul y el rojo, monopolio de los elementos legitimadores de una tradicin republicana que centraba el poder en Bogot y en unas cuantas familias. Pero tambin con la esttica oficial, donde no caba lo negro ni lo mestizo, as como comn o popular (pequeo, obeso, informal, mal hablado, etctera).

 

El tema inicial que rondar la obra de esta generacin ser el 9 de abril y sus ecos prolongados. All estn, entre otros, Garca Mrquez (La mala hora), Eduardo Caballero Caldern (El Cristo de espaldas, Siervo sin tierra), Jos Antonio Osorio Lizarazo (El da del odio), Manuel Zapata Olivella (Calle 10), Jorge Zalamea (El gran BurundnBurund ha muerto), Arturo Alape (Noche de pjaros, Las muertes de Tirofijo, Diario de un guerrillero, Guadalupe aos sin cuenta en coautora con el Teatro La Candelaria, quien luego la lleva a escena). En la plstica tambin quedan testimonios: Alipio Jaramillo (9 de abril, Masacre, Autodefensas), Dbora Arango (Masacre 9 de abril, La salida de Laureano), Pedro Nel Gmez (Le incendiaron el rancho), Alejandro Obregn (Masacre 10 de abril). Luis ngel Rengifo, Pedro Alcntara y Enrique Grau tambin fijarn su mirada sobre la violencia extendida desde aquella poca.

 

En estos escritos hay testimonio, denuncia, pero tambin memoria, la que en obras como La casa grande (lvaro Cepeda Samudio) y Cien aos de Soledad (Gabriel Garca Mrquez) centran su pluma en la Masacre de las Bananeras, suceso de profunda significacin nacional que marca con todo esplendor la sumisin que la justicia tendra respecto del poder y ste con respecto a las multinacionales.

 

Desde la sociologa tambin se retomar el suceso que parti en dos la historia nacional, y, con La Violenciaen Colombia, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaa y Germn Guzmn marcarn con letra indeleble el inmenso crimen cometido sobre miles de familias campesinas por parte de la institucionalidad. Investigadores como Ral Alameda y Luis Emiro Valencia tambin realizarn su aporte a la memoria y a la comprensin de la identidad nacional.

 

Aparecern tambin otros temas que concitarn la atencin de los artistas plsticos, como la protesta estudiantil, la cual motiva el testimonio de dgar Negret (Monumento al estudiante), Ignacio Gmez Jaramillo (Colombia llora a un estudiante), Dbora Arango (Huelga de estudiantes).

 

Esta generacin de escritores, artistas plsticos, investigadores, dejar marca indeleble en el pas. Muchos de ellos integraron la revista Mito, en la cual Garca Mrquez public por primera vez. En esta generacin tambin estn inscritos Jorge Gaitn Durn (La revolucin invisible) y lvaro Mutis. Y en las ciencias sociales Estanislao Zuleta, Mario Arrubla, Jorge Villegas. En el cine quedan cintas de grata recordacin como las de Julio Luzardo (El ro de las tumbas) y el documental de Pepe y Carlos Snchez sobre la resistencia de Marquetalia. En el teatro emergern creadores como Enrique Buenaventura y Santiago Garca. Hasta aqu algunos de los nombres y obras de estas generacin, la que logr que la memoria perdurara, pero como no se trata de escribir una genealoga nos excusarn por las omisiones quienes lean esta nota.

 

Caminos yuxtapuestos. Otra parte de la misma generacin, situada en la orilla opuesta, en el poder, pugn por lo contrario y hasta ahora logr distorsionar la raz de cada uno de los hechos representados, esculpidos, pintados, recreados en las letras. Estn relacionados en ella nombres como Carlos Lleras Restrepo, Alfonso Lpez Michelsen, Julio Csar Turbay Ayala, Belisario Betancur, lvaro Gmez Hurtado, Misael Pastrana Borrero, con sus cohortes de ministros, secretarios, asesores y militares; la Iglesia, con sus cardenales y obispos, as como empresarios y terratenientes beneficiarios de las medidas tomadas en el alto gobierno.

 

Tenemos aqu toda una plyade de apellidos enquistados y que, como oligarqua, impide que la sociedad haga el duelo necesario de sus muertos y desaparecidos, pero tambin de sus bienes y sueos, usurpados a fuerza de fusil. Una sociedad cargada de dolor que no logra que sus penas y sus rabias encuentren cauce, as como unas nuevas condiciones de vida, en dignidad. El luto es constante.

 

La impunidad y la historia manipulada logran desdibujar responsabilidades, por ejemplo, en sucesos cruciales para nuestra historia reciente como es el narcotrfico, tratado de manera manipuladora por los libretistas y productores de la televisin local (buenos y malos), lo que les permite exculpar al establecimiento de toda responsabilidad en el desangre prologando en el campo, y ahora en zonas suburbanas y urbanas, todo propiciado en sus ms crudas y crueles manifestaciones por una poltica imperial que encuentra campo abonado por la ausencia en Colombia de un proyecto autnticamente propio. Esa historia, contada de esa manera a las nuevas generaciones nacionales, termina por desvirtuar la realidad y complejizar cualquier intento de reconciliacin nacional.

 

De esa generacin, autores intelectuales y materiales del inmenso desangre nacional, sin excepcin, sus principales representantes han muerto en la tranquilidad de sus hogares, enterrados con honores. La impunidad es regla y pretenden extenderla en el tiempo.

 

Ahora, a propsito de los llamados dilogos de La Habana, ambas generaciones, a travs del debate sobre el origen del conflicto, causas y propiciadores, se confrontan de nuevo. De parte del establecimiento, retomando una dinmica continental, se instituye el Centro de la Memoria. Un primer acercamiento a esta parte de la historia nacional, con prolongaciones hasta nuestro tiempo, pretende situar al Estado como vctima y no como victimario, intento de historia oficial desplegada con anterioridad por el Frente Nacional y del cual surge una falsa reconciliacin que en nada contribuy a saldar la deuda histrica del establecimiento con las vctimas. El dolor, el duelo, pervive en miles de hogares hasta nuestros das; y quienes acumularon riqueza a partir de su dolor prologan su impunidad. En sus brazas an toma vida, alcanza algn grado de legitimidad o encuentra fortaleza l olencia que por varias dcadas ha marcado el destino del pas. Si la violencia perdura en forma constante y los usufructuarios del poder y la riqueza son las mismas familias, acaso los dos fenmenos, su raz, expresin y explicacin encuentran ac luces? Acaso los investigadores y acadmicos de las ltimas dcadas, al desconocer en sus publicaciones este entretejido, no contribuyen al florecimiento de una cultura del ocultamiento?

 

Para este debate, que durar aos, donde las artimaas del poder florecern desde lo jurdico, meditico, educativo, y un sinnmero de otros mecanismos, la sociedad ofendida cuenta, entre otros, con el testimonio del arte, cuyo poder reside en el potencial de romper el monopolio de la verdad establecida la del poder dominante para definir lo que es real (2).

 

Una generacin con dos caras. Puede el establecimiento ser juez y parte, como pretenden con sus comisiones de verdad y memoria?, o dnde estn los sujetos de esta memoria que permitir a la sociedad colombiana hacer duelo de un luto de ms de 60 aos, prolongado con nuevos dolores en el transcurso de estas dcadas?

 

1   Con FelizaBursztyn no slo castigaron su pensamiento rebelde y su condicin de mujer sino asimismo su arte transgresor (unas esculturas mviles que representaban camas movidas al ritmo del acto sexual), con el cual escandaliz a una sociedad pacata.  Su muerte, sin duda, es otro crimen de Estado.

2   Marcuse, Herbert, enArte y violencia en Colombia desde 1948. Museo de Arte Moderno, Grupo Editorial Norma, 1999, p. 143.

 

Le Monde Diplomatique Colombia.

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