Desde la dictadura de Porfirio Díaz, los principales medios de comunicación y los gobiernos mexicanos renuevan una alianza de mutua conveniencia. El actual presidente, Enrique Peña Nieto, lejos de cumplir sus promesas de corregir este intercambio de favores, fortaleció a los grandes grupos, que le retribuyen el gesto con sus coberturas.

Lunes, 12 Septiembre 2016 23:02

Cuando el arte hace la pared

Tras largo tiempo de ser vilipendiados, los graffitis, tags y letreros han ganado sus cartas de nobleza. En agosto, los municipios de Seine-Saint-Denis, cerca de París, organizaron un recorrido guiado por "lo más bello del graffiti del 93". El reconocimiento en ocasiones lleva los artistas callejeros a abandonar todo atisbo de protesta, aunque la mayoría rechaza la apropiación de sus creaciones por parte del mercado.

Lunes, 12 Septiembre 2016 23:00

Cuando los canales se tragan a los diarios

De AT & T en los Estados Unidos SFR en Francia, un eslogan circula como la pólvora: la convergencia entre las telecomunicaciones y los medios de comunicación. Siguiendo esta estrategia, los propietarios de redes digitales y de telefonía están comprando periódicos o televisiones que luchan para llenar sus infraestructuras. Pero este tipo de operaciones a menudo están ocultas.

Martes, 12 Julio 2016 00:17

Cuando las excusas sí se televisan

Desde que llegó a la cima del Partido Comunista chino a fines de 2012, el presidente Xi Jinping no ha dejado de reforzar su poder en el aparato estatal mediante la instrumentalización de la justicia para fines políticos. Mientras tanto, la puesta en escena de la lucha contra la corrupción evoca la Revolución Cultural, en particular las confesiones ante las cámaras.

 

 

Frente a la indignación general, el gobierno de Manuel Valls se vió obligado a dar marcha atrás a su intentó de prohibir una manifestación sindical en Francia, algo nunca antes visto. Este giro autoritario se debe mucho al clima social de guerra que difunden los principales medios del país. Sometidos a la férula de sus propietarios, la prensa olvida su papel de defensor de las libertades políticas.

 

 

 

A pesar de que los pedidos a favor de su liberación se multiplican, Julian Assange continúa detenido en Londres por el único crimen de haber creado WikiLeaks y de haber develado secretos incómodos para algunas “democracias ejemplares” que hoy lo persiguen.

 

Se acaban de cumplir cuatro años desde que, el 19 de junio de 2012, el ciberactivista australiano Julian Assange, paladín de la lucha por una información libre, se vio obligado a refugiarse en Londres, en las oficinas de la embajada de Ecuador. Este pequeño país latinoamericano tuvo el coraje de brindarle asilo diplomático cuando el fundador de WikiLeaks se hallaba perseguido y acosado por el gobierno de Estados Unidos y varios de sus aliados (el Reino Unido, Suecia). La Justicia sueca exige que Assange acuda a Estocolmo a presentar su testimonio sobre las acusaciones de agresión sexual hechas por dos mujeres a las que él habría mentido sobre el uso de un preservativo. 

 

Julian Assange rechaza estas acusaciones y sostiene que las relaciones con estas dos demandantes fueron consentidas y afirma ser víctima de un complot organizado por Washington. El fundador de WikiLeaks se niega a ir a Suecia, a menos que la Justicia de ese país le garantice que no será extraditado a Estados Unidos, donde podría ser detenido, conducido ante un tribunal y, quizás, según sus abogados, condenado a pena de muerte por “delito de espionaje”.

 

En varias ocasiones, Assange propuso responder por videoconferencia a las preguntas de los encargados suecos de la investigación. Pero éstos han rechazado esa posibilidad, argumentando que él huyó de Suecia aunque sabía que había una investigación abierta contra él. El Tribunal Supremo sueco rechazó de nuevo, el 11 de mayo de 2015, su demanda para anular la orden de detención que pesaba sobre él.

 

La filosofía de WikiLeaks

 

En realidad, el único crimen de Julian Assange es haber fundado WikiLeaks. En todas partes ha habido acalorados debates acerca de si WikiLeaks hizo prosperar o no la causa de la libertad de prensa, si resulta bueno o malo para la democracia, si se debe o no censurar esta plataforma. Lo que es seguro es que el papel de WikiLeaks en la difusión de medio millón de informes secretos relativos a los abusos cometidos por militares en Afganistán y en Irak y de unos 250.000 comunicados enviados por las embajadas de Estados Unidos al Departamento de Estado constituye “un hito en la historia del periodismo” que ha marcado un antes y un después. WikiLeaks fue creada en 2006 por un grupo de internautas anónimos, con Julian Assange como portavoz, y asumió la misión de recibir y hacer públicas filtraciones de información (leaks) garantizando la protección de las fuentes (1).

 

Recordemos las tres razones que, según Julian Assange, motivaron su creación. “La primera, la muerte a escala mundial de la sociedad civil. Rápidos flujos financieros por transferencias electrónicas de fondos que se mueven más rápido que la sanción política o moral, destrozando la sociedad civil a lo ancho del mundo. […] En este sentido, la sociedad civil está muerta, ya no existe, y hay una amplia clase de gente que lo sabe y está aprovechando que saben que está muerta para acumular riqueza y poder. La segunda es que hay un enorme y creciente Estado de Seguridad oculto que se está extendiendo por el mundo, principalmente basado en Estados Unidos […]. La tercera es que los medios de comunicación internacionales son un desastre, […] el entorno de los medios internacionales es tan malo y tan distorsionador que nos iría mejor si no hubiera ningún medio, ninguno”.

 

Assange aporta una visión radicalmente crítica del periodismo. En una entrevista llega incluso a afirmar que “dado el estado de impotencia del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista. […] El mayor abuso fue la guerra [de Irak y de Afganistán] contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde vínculo con las fuentes gubernamentales”.

 

La filosofía de WikiLeaks se basa en un principio fundamental: los secretos existen para ser develados. Toda información oculta nace con vocación de ser revelada y puesta a disposición de los ciudadanos. Las democracias no deben ocultar nada; los dirigentes políticos, tampoco. Si las acciones públicas de estos últimos no son incompatibles con sus actuaciones privadas, las democracias no deberían temer la difusión de “información filtrada”. En este caso –y solo en este caso–, ello significaría que son moralmente ejemplares y que el modelo político que encarnan podría extenderse, sin obstáculo ético alguno, al conjunto del planeta. 

 

WikiLeaks ofrece a los internautas la posibilidad de hacer públicos, a través de su plataforma, grabaciones, videos o textos confidenciales, sin indagar en cómo han sido obtenidos, pero cuya autenticidad es verificada. WikiLeaks vive de las donaciones de los internautas y de fundaciones y no acepta ayudas públicas ni publicidad. Un buen número de instancias públicas ha reconocido la utilidad de su trabajo. En 2008 recibió el Index on Censorship Award que otorga el semanario británico The Economist, y en 2009, Amnistía Internacional le concedió el premio al mejor “medio de comunicación nuevo” por haber sacado a la luz, en noviembre de 2008, un documento censurado relativo a un caso de malversación de fondos efectuado por el entorno del antiguo presidente de Kenia, Daniel Arap Moi.

 

Desde su creación, WikiLeaks ha sido un festín permanente de secretos, una auténtica fábrica de primicias. Ha difundido muchas más revelaciones que muchos prestigiosos medios de comunicación en décadas. Entre los mayores escándalos que sacó a la luz se destacan: los documentos que denunciaban las técnicas utilizadas por el banco privado suizo Julius Baer para facilitar la evasión fiscal; el manual de procedimiento penal del Ejército estadounidense en la base de Guantánamo; la lista de nombres, direcciones, números de teléfono y profesiones de los miembros del Partido Nacional Británico (BNP, de extrema derecha) en la que figuraban policías; la lista de correos electrónicos intercambiados con el exterior por las víctimas de los atentados de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001; los documentos que probaban el carácter fraudulento de la quiebra del banco islandés The New Kaupthing; los protocolos secretos de la Iglesia de la Cienciología, sin olvidar los recientes “Panama Papers”, difundidos en abril.

 

Solidaridad internacional

 

Por todo eso, al igual que Edward Snowden y Chelsea Manning, Julian Assange forma parte de un nuevo grupo de disidentes políticos que luchan por un modo distinto de emancipación y son actualmente perseguidos y hostigados, no por regímenes autoritarios, sino por Estados que pretenden ser “democracias ejemplares”. 

 

El pasado mes de febrero, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que depende del Comité de Derechos Humanos de la ONU, determinó que Julian Assange se encuentra “detenido arbitrariamente” tanto por el Reino Unido como por Suecia. Los expertos independientes internacionales también señalaron que tanto las autoridades suecas como las británicas deberían “poner fin a su detención” y “respetar su derecho a recibir una justa compensación”. Según ese jurado internacional, Julian Assange ha sido sometido a diferentes formas de privación de libertad: “detención inicial en la prisión de Wandsworth en Londres” en régimen de aislamiento, “seguida del arresto domiciliario y, después, del confinamiento en la embajada de Ecuador”. Aunque el pronunciamiento del grupo de expertos internacionales de la ONU no es vinculante, supone una gran victoria moral en el campo de las relaciones públicas.

 

A este respecto, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, informó que su gobierno brinda asilo y protección al fundador de WikiLeaks porque “Assange carece de garantías de respeto a sus derechos humanos y a sus derechos en materia de Justicia”. Por su parte, el canciller ecuatoriano, Guillaume Long, declaró que Ecuador “mantiene preocupaciones legítimas sobre los derechos humanos de Assange” y que Quito considera que hay contra él algún tipo de “persecución política”, motivos por los cuales Ecuador le sigue otorgando asilo.

 

Para reclamar por la libertad de Julian Assange, sus amigos de todo el mundo organizaron, entre el 19 y el 24 del pasado mes de junio, en varias capitales del planeta (2), una serie de actos y conferencias que contaron con la participación de importantes personalidades y grandes intelectuales (Noam Chomsky, Edgar Morin, Slavoj Zizek, Ken Loach, Yanis Varoufakis, Baltasar Garzón, Emir Sader, Evgeny Morozov, entre otros). 

 

En Quito, el simposio fue organizado por el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) y contó con una intervención del propio Assange por videoconferencia. Durante cinco días se debatieron temas como: El caso Assange a la luz del Derecho Internacional y los Derechos Humanos, Geopolítica y Luchas desde el Sur, Tecnopolítica y Ciberguerra y De los Pentagon Papers a los Panama Papers.

 

El académico español Francisco Sierra, director del CIESPAL, declaró: “Creemos que, en realidad, el problema de Julian Assange es ese: el de la libertad de información. Cuando no hay libertad de información, de movimiento, ni de reunión, no hay derechos humanos. Y por lo tanto, el primer derecho, es el derecho a la comunicación, y hay que poner en evidencia que el caso Assange es un problema grave de derecho a la comunicación” (3).

 

Todos estos acontecimientos solidarios a lo ancho de la geografía mundial se fijaron dos objetivos. En primer lugar: reivindicar los derechos que le han sido negados a Julian Assange. Y en segundo lugar: recordar lo que representa WikiLeaks, es decir, el reto tan actual sobre la libertad de información y de comunicación en un mundo permanentemente vigilado.

 

1 Véase Ignacio Ramonet, La explosión del periodismo, Ediciones Le Monde diplomatique, edición Colombia, 2011.

2 www.freeassangenow.org

3 http://www.andes.info.ec/es/noticias/cuatro-anos-libertad-negada-julian-assange-seran-tratados-evento-academico-ciespal.html

 

*Director de Le Monde diplomatique, edición española.

© Le Monde diplomatique, edición española

 

 

Lunes, 15 Febrero 2016 20:54

Google lo sabe todo de ti

En nuestra vida cotidiana dejamos constantemente rastros que entregan nuestra identidad, dejan ver nuestras relaciones, reconstruyen nuestros desplazamientos, identifican nuestras ideas, desvelan nuestros gustos, nuestras elecciones y nuestras pasiones; incluso las más secretas. A lo largo del planeta, múltiples redes de control masivo no paran de vigilarnos. En todas partes, alguien nos observa a través de nuevas cerraduras digitales. El desarrollo del Internet de las cosas (Internet of Things) y la proliferación de objetos conectados (1) multiplican la cantidad de chivatos de todo tipo que nos cercan. En Estados Unidos, por ejemplo, la empresa de electrónica Vizio, instalada en Irvine (California), principal fabricante de televisores inteligentes conectados a Internet, ha revelado recientemente que sus televisores espiaban a los usuarios por medio de tecnologías incorporadas en el aparato.

 

Los televisores graban todo lo que los espectadores consumen en materia de programas audiovisuales, tanto programas de cadenas por cable como contenidos en DVD, paquetes de acceso a Internet o consolas de videojuegos... Por lo tanto, Vizio puede saberlo todo sobre las selecciones que sus clientes prefieren en materia de ocio audiovisual. Y, consecuentemente, puede vender esta información a empresas publicitarias que, gracias al análisis de los datos acopiados, conocerán con precisión los gustos de los usuarios y estarán en mejor situación para tenerlos en el punto de mira (2).

 

Esta no es, en sí misma, una estrategia diferente de la que, por ejemplo, Facebook y Google utilizan habitualmente para conocer a los internautas y ofrecerles publicidad adaptada a sus supuestos gustos. Recordemos que, en la novela de Orwell 1984, los televisores –obligatorios en cada domicilio–, "ven" a través de la pantalla lo que hace la gente ("¡Ahora podemos veros!"). Y la pregunta que plantea hoy la existencia de aparatos tipo Vizio es saber si estamos dispuestos a aceptar que nuestro televisor nos espíe.

 

Si lo juzgamos por la denuncia interpuesta, en agosto de 2015, por el diputado californiano Mike Gatto contra la empresa surcoreana Samsung, parece que no. La empresa fue acusada de equipar sus nuevos televisores también con un micrófono oculto capaz de grabar las conversaciones de los telespectadores, sin que éstos lo supieran, y de transmitirlas a terceros (3)... Mike Gatto, que preside la Comisión de protección del consumidor y de la vida privada en el Congreso de California, presentó incluso una propuesta de ley para prohibir que los televisores pudieran espiar a la gente.

 

Por el contrario, Jim Dempsey, director del centro Derecho y Tecnologías, de la Universidad de California, en Berkeley, piensa que los televisores-chivatos van a proliferar: "La tecnología permitirá analizar los comportamientos de la gente. Y esto no sólo interesará a los anunciantes. También podría permitir la realización de evaluaciones psicológicas o culturales, que, por ejemplo, interesarán también a las compañías de seguros". Sobre todo teniendo en cuenta que las empresas de recursos humanos y de trabajo temporal ya utilizan sistemas de análisis de voz para establecer un diagnóstico psicológico inmediato de las personas que les llaman por teléfono en busca de empleo...

 

Repartidos un poco por todas partes, los detectores de nuestros actos y gestos abundan a nuestro alrededor, incluso, como acabamos de ver, en nuestro televisor: sensores que registran la velocidad de nuestros desplazamientos o de nuestros itinerarios; tecnologías de reconocimiento facial que memorizan la impronta de nuestro rostro y crean, sin que lo sepamos, bases de datos biométricos de cada uno de nosotros... Por no hablar de los nuevos chips de identificación por radiofrecuencia (Rfid) (4), que descubren automáticamente nuestro perfil de consumidor, como hacen ya las "tarjetas de fidelidad" que generosamente ofrece la mayoría de los grandes supermercados (Carrefour, Alcampo, Eroski) y las grandes marcas (Fnac, el Corte Inglés).
Ya no estamos solos frente a la pantalla de nuestro ordenador. ¿Quién ignora a estas alturas que son examinados y filtrados los mensajes electrónicos, las consultas en la Red, los intercambios en las redes sociales? Cada clic, cada uso del teléfono, cada utilización de la tarjeta de crédito y cada navegación en Internet suministra excelentes informaciones sobre cada uno de nosotros, que se apresura a analizar un imperio en la sombra al servicio de corporaciones comerciales, de empresas publicitarias, de entidades financieras, de partidos políticos o de autoridades gubernamentales.

 

El necesario equilibrio entre libertad y seguridad corre, por tanto, el peligro de romperse. En la película de Michael Radford, 1984, basada en la novela de George Orwell, el presidente supremo, llamado Big Brother, define así su doctrina: "La guerra no tiene por objetivo ser ganada, su objetivo es continuar"; y: "La guerra la hacen los dirigentes contra sus propios ciudadanos, y tiene por objeto mantener intacta la estructura misma de la sociedad" (5). Dos principios que, extrañamente, están hoy a la orden del día en nuestras sociedades contemporáneas. Con el pretexto de tratar de proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades ven en cada ciudadano a un potencial delincuente. La guerra permanente (y necesaria) contra el terrorismo les proporciona una coartada moral impecable y favorece la acumulación de un impresionante arsenal de leyes para proceder al control social integral.

 

Y más teniendo en cuenta que la crisis económica aviva el descontento social que, aquí o allí, podría adoptar la forma de motines ciudadanos, levantamientos campesinos o revueltas en los suburbios. Más sofisticadas que las porras y las mangueras de las fuerzas del orden, las nuevas armas de vigilancia permiten identificar mejor a los líderes y ponerlos fuera de juego anticipadamente.

 

"Habrá menos intimidad, menos respeto a la vida privada, pero más seguridad", nos dicen las autoridades. En nombre de ese imperativo se instala así, a hurtadillas, un régimen de seguridad al que podemos calificar de "sociedad de control". En la actualidad, el principio del "panóptico" se aplica a toda la sociedad. En su libro Surveiller et punir, el filósofo Michel Foucault explica cómo el "panopticon" ("el ojo que todo lo ve") (6) es un dispositivo arquitectónico que crea una "sensación de omnisciencia invisible" y que permite a los guardianes ver sin ser vistos dentro del recinto de una prisión. Los detenidos, expuestos permanentemente a la mirada oculta de los "vigilantes", viven con el temor de ser pillados en falta. Lo cual les lleva a autodisciplinarse... De esto podemos deducir que el principio organizador de una sociedad disciplinaria es el siguiente: bajo la presión de una vigilancia ininterrumpida, la gente acaba por modificar su comportamiento. Como afirma Glenn Greenwald: "Las experiencias históricas demuestran que la simple existencia de un sistema de vigilancia a gran escala, sea cual sea la manera en que se utilice, es suficiente por sí misma para reprimir a los disidentes. Una sociedad consciente de estar permanentemente vigilada se vuelve enseguida dócil y timorata" (7).

 

Hoy en día, el sistema panóptico se ha reforzado con una particularidad nueva con relación a las anteriores sociedades de control que confinaban a las personas consideradas antisociales, marginales, rebeldes o enemigas en lugares de privación de libertad cerrados: prisiones, penales, reformatorios, manicomios, asilos, campos de concentración... Sin embargo, nuestras sociedades de control contemporáneas dejan en aparente libertad a los sospechosos (o sea, a todos los ciudadanos), aunque los mantienen bajo vigilancia electrónica permanente. La contención digital ha sucedido a la contención física.

 

Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos.

 

A veces, esta vigilancia constante también se lleva a cabo con ayuda de chivatos tecnológicos que la gente adquiere libremente: ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, abonos de transporte, tarjetas bancarias inteligentes, tarjetas comerciales de fidelidad, localizadores GPS, etc. Por ejemplo, el portal Yahoo!, que consultan regular y voluntariamente unos 800 millones de personas, captura una media de 2.500 rutinas al mes de cada uno de sus usuarios. En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario (8): el motor Google Search, por ejemplo, le permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome, un megachivato, envía directamente a Alphabet (la empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la Red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS (Domain Name System, o Sistema de nombres de dominio) de Google analiza los sitios visitados. YouTube, el servicio de vídeos más visitado del mundo, que pertenece también a Google –y, por tanto, a Alphabet–, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en el que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario... AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos, Google lo sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las autoridades estadounidenses...

 

En otras ocasiones, los que espían y rastrean nuestros movimientos son sistemas disimulados o camuflados, semejantes a los radares de carretera, los drones o las cámaras de vigilancia (llamadas también de "videoprotección"). Este tipo de cámaras ha proliferado tanto que, por ejemplo, en el Reino Unido, donde hay más de cuatro millones de ellas (una por cada quince habitantes), un peatón puede ser filmado en Londres hasta 300 veces cada día. Y las cámaras de última generación, como la Gigapan, de altísima definición –más de mil millones de píxeles–, permiten obtener, con una sola fotografía y mediante un vertiginoso zoom dentro de la propia imagen, la ficha biométrica del rostro de cada una de las miles de personas presentes en un estadio, en una manifestación o en un mitin político (9).

 

A pesar de que hay estudios serios que han demostrado la débil eficacia de la videovigilancia (10) en materia de seguridad, esta técnica sigue siendo refrendada por los grandes medios de comunicación. Incluso una parte de la opinión pública ha terminado por aceptar la restricción de sus propias libertades: el 63% de los franceses se declara dispuesto a una "limitación de las libertades individuales en Internet en razón de la lucha contra el terrorismo" (11).

 

Lo cual demuestra que el margen de progreso en materia de sumisión es todavía considerable... 

 

1 Se habla de "objetos conectados" para referirse a aquellos cuya misión primordial no es, simplemente, la de ser periféricos informáticos o interfaces de acceso a la Web, sino la de aportar, provistos de una conexión a Internet, un valor adicional en términos de funcionalidad, de información, de interacción con el entorno o de uso (Fuente: Dictionnaire du Web).
2 El País, 2015.
3 A partir de entonces, Samsung anunció que cambiaría de política, y aseguró que, en adelante, el sistema de grabación instalado en sus televisores sólo se activaría cuando el usuario apretara el botón de grabación.
4 Que ya forman parte de muchos de los productos habituales de consumo, así como de los documentos de identidad.
5 Michael Radford, 1984, 1984.
6 Inventado en 1791 por el filósofo utilitarista inglés Jeremy Bentham.
7 Glenn Greenwald, Sin un lugar donde esconderse, ediciones B, Madrid, 2014.
8 Véase "Google et le comportement de l'utilisateur", AxeNet (http://blog-axe-net-fr/google-analyse-comportement-internaute).
9 Véase, por ejemplo, la fotografía de la ceremonia de la primera investidura del presidente Obama, el 20 de enero de 2009, en Washington (http://gigapan.org/viewGigapanFullscreen.php?auth=033ef14483ee899496648c2b4b06233c).
10 "'Assessing the impact of CCTV', el más exhaustivo de los informes dedicados al tema, publicado en febrero de 2005 por el Ministerio del Interior británico (Home Office), asesta un golpe a la videovigilancia. Según este estudio, la debilidad del dispositivo se debe a tres elementos: la ejecución técnica, la desmesura de los objetivos asignados a esta tecnología y el factor humano". Véase Noé Le Blanc, "Sous l'oeil myope des caméras", Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2008.
11 Le Canard enchaîné, París, 15 de abril de 2015.

*Autor del libro "El Imperio de la vigilancia", editorial Clave Intelectual, Madrid, 2016.

 

Martes, 13 Octubre 2015 22:51

Hacer saltar el cerrojo

 

Los intentos de ruptura con las políticas neoliberales se multiplican. Tras la esperanza griega, la elección imprevista de Jeremy Corbyn en Reino Unido, tal vez mañana el despertar de España... Estos tries no siempre se convierten, como acaba de observarse en Atenas. Pero, de ahora en más, algunos de los obstáculos se encuentran bien identificados: los mercados financieros, las empresas multinacionales, las agencias de calificación, el Eurogrupo, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE), la política monetarista alemana y sus obsecuentes social liberales. El poder de estos agentes, así como la coincidencia de sus preferencias, explican en parte la prudencia y la capitulación de unos, el sufrimiento y la indecisión de otros. Aunque pertinente, un diagnóstico semejante resulta incompleto, ya que carece de un elemento decisivo, a menudo documentado en estas columnas, pero ampliamente ignorado en otras partes, en particular por las fuerzas políticas que deberían preocuparse por ello antes que nada.

 

El poder de los medios

 

Este elemento reveló su nocividad en Atenas cuando Syriza se resistía a las exigencias de la Unión Europea; se activó inmediatamente en Londres contra Corbyn, el nuevo dirigente laborista; se lo observará en Madrid si Podemos se impone en diciembre próximo. Finalmente, desde hace seis meses, se reconfigura metódicamente en París. ¿De qué se trata? Del perfeccionamiento de un cerrojo mediático susceptible de descalificar cualquier proyecto contrario al poder de los accionistas. 

 

En el fondo, ¿por qué sería de otro modo cuando los propietarios de los medios de comunicación son también, cada vez más, los arquitectos de las concentraciones industriales y los beneficiarios de gigantescas capitalizaciones bursátiles? En Francia, por ejemplo, seis de las diez principales fortunas nacionales –la primera, la quinta, la sexta, la octava, la novena y la décima– están actualmente en manos de propietarios de grupos de prensa (1). Uno de ellos, Patrick Drahi, acaba también de colocarse rápidamente a la cabeza de las fortunas de Israel (2). Sin embargo, en este sector clave, que condiciona a la vez la información pública, la economía, la cultura, el entretenimiento y la educación es difícil detectar la menor estrategia política destinada a enfrentar el peligro. Algo así como que uno dijera que lo veríamos llegado el caso, que hay otras prioridades, otras urgencias (3).

 

¿Lo veríamos? Ya lo vimos... Al asumir el poder en Atenas en enero pasado, el gobierno de Alexis Tsipras había previsto, un poco imprudentemente, que la solidaridad de los pueblos europeos, blanco de las políticas de austeridad, le permitiría resistir mejor la intransigencia alemana. Numerosas razones ligadas a la fragmentación y a la debilidad de los aliados continentales de Syriza, políticos y sindicales, explican que esta expectativa se viera frustrada. Sin embargo, no debería omitirse un elemento importante. Durante seis meses, el tratamiento mediático de la cuestión griega alteró los términos del debate en curso. E intentó exacerbar en la opinión pública europea la preocupación de que la condonación total o parcial de la deuda de Atenas le costaría a “cada francés”, alemán, español, italiano, eslovaco, etc. (4). Los principales medios de información, incluyendo aquellos que se muestran en general ávidos de prédicas posnacionales, encontraron allí una forma segura de contener un movimiento de solidaridad continental con la izquierda helena. En otra configuración mediática, Grecia habría sido quizás presentada no como un mal pagador susceptible de agravar las dificultades de sus acreedores, incluyendo los más pobres, sino como la vanguardia de un combate europeo contra una política de austeridad que fracasó.

 

El costo para la colectividad de la reducción impositiva de la que se benefician desde hace treinta años los contribuyentes más ricos o el de los planes de rescate de los bancos privados, nunca se calculó –ni criticó–, por cierto, con el mismo empeño, en euros, para “cada francés”, alemán, etc. Y cuando el 27 de agosto los acreedores occidentales, inflexibles en el caso de la deuda griega, aceptaron la condonación de una parte de la deuda de Ucrania, ¿qué gran diario económico analizó lo que este abandono de créditos podría “costarle a cada francés”, italiano, lituano, etc.? ¿Qué canal de televisión se apresuró a recoger, en una de sus heroicas encuestas callejeras, las reacciones de curiosos transeúntes aterrorizados por la expoliación que semejante condonación de deuda significaría para ellos?

 

Los medios y el poder

 

Mencionando en agosto pasado las dificultades de Brasil, preso de una desaceleración de su economía, la caída del precio de las materias primas y numerosos casos de corrupción, João Pedro Stedile, miembro del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) señalaba que “el pueblo observa preocupado por televisión las noticias de la crisis y la falta de alternativas. [...] No logramos hacer que se escuchen nuestras propuestas, inclusive porque los medios de comunicación están controlados por la burguesía”. Y el principal grupo mediático brasileño, Rede Globo, serviría, según él, de “partido ideológico” y de lugar donde se construye la unidad de la “clase dominante” (5). De alguna manera como Fox News se convirtió en Estados Unidos en el refugio y brazo armado del Partido Republicano.

 

Fox News pertenece a Rupert Murdoch. The Sun británico y The Wall Street Journal también. A priori, el vínculo entre un canal de noticias que apasiona a los jubilados estadounidenses, un diario inglés conocido por sus escándalos y sus senos desnudos y el gran periódico neoyorquino del sector de negocios no resulta evidente. Pero el objetivo de Murdoch es construir un poder que se imponga, no imaginar una mera complementariedad editorial al servicio del público. Y además, ¿qué relación existe también entre un diario popular como Le Parisien - Aujourd’hui en France, Radio Classique y Les Echos, si no es la identidad de su propietario común Bernard Arnault? La misma observación es válida para Libération, RMC, L’Express y Bfmtv, controlados actualmente por Drahi. Sin olvidarse de Direct Matin, Canal Plus y CNews (ex i-Télé) que Bolloré dirige con notable dureza.

 

Ahora bien, a falta de una resistencia en las salas de prensa cada vez más nerviosas y silenciosas o de una legislación coercitiva, cada concentración favorece a la siguiente. En mayo pasado, François Morel, presidente de Les Echos, explicó en estos términos la adquisición por parte del grupo de prensa de Arnault de Le Parisien - Aujourd’hui en France: “Recuperé Les Echos, pero eso no basta. Un actor no puede permanecer aislado en un universo en plena concentración; corre el riesgo de estar en peligro. Analizando el mercado, la opción más lógica era la de Le Parisien” (6). Cuatro meses más tarde, Nonce Paolini, presidente de TF1, consideraba por su parte que la “consolidación” de un sector de los medios de comunicación actualmente surcado por mastodontes capitalistas se había vuelto tal que ya nada justificaba que se prohibiera a su empresa pasar su canal de noticias LCI a la TNT gratuita: “Ya no existen grupos aislados y frágiles, solamente actores poderosos que invierten. El temor de ver a algunos actores debilitados por la llegada de LCI no codificado ya perdió vigencia” (7). De hecho, en comparación con la treintena de miles de millones de euros de capitalización bursátil del grupo de Drahi (que acaba de adquirir Bfmtv) o los 9.000 millones de euros de liquidez del grupo de Bolloré (que reafirma su control sobre i-Télé), TF1 será visto pronto como un pequeño artesano pobre. En todo caso, un gobierno poco respetuoso de las vacas sagradas del liberalismo tendría de qué preocuparse enfrentado a tres canales de noticias de este tipo...

 

Arnault, como se sabe, fue testigo de casamiento de Nicolas Sarkozy, a quien Bolloré le prestó su yate poco después de ser elegido presidente (8). Cabe esperar que Drahi, aún poco conocido en Francia, se introduzca rápidamente al igual que Arnault y Bolloré en la esfera política. Dos directores de diarios empleados de su grupo, Laurent Joffrin y Christophe Barbier, deberían ayudarlo, uno de ellos es familiar de François Hollande, el otro de Carla Bruni-Sarkozy. De todas formas, este tipo de relaciones se adquiere sin esfuerzos cuando se dispone de un grupo de prensa respaldado por varios miles de millones de euros. En junio pasado, Xavier Niel (pareja de la hija de Arnault) asistió a la recepción del matrimonio de la directora ejecutiva de su holding personal, Anne-Michèle Basteri, con Pierre Moscovici, ex ministro de Finanzas socialista y actual comisario europeo de Asuntos Económicos. Naturalmente se cruzó allí con el Presidente de la República (9).

 

Ninguna especificidad francesa en la materia. En 2012, un informe oficial sobre los desvíos sensacionalistas de un semanario británico, News of the World, perteneciente a Murdoch, señalaba ya que “las agrupaciones políticas que se sucedieron en el poder y en la oposición tejieron con la prensa lazos incestuosos que poco responden al interés general. [...] Los accionistas, directores y jefes de redacción de los diarios británicos aprendieron en las mejores escuelas a ejercer un lobby sutil en la red de amistades personales y profesionales” (10). Novato en este terreno y poco propenso a transitarlo, Corbyn sabe lo que le espera. Su triunfo fue además festejado por The Sunday Times (del que Murdoch también es propietario) con este título que desborda entusiasmo: “Corbyn desata la guerra civil en el laborismo”.

 

En semejantes condiciones de adversidad ideológica y mediática, ¿cómo esperar que se den a conocer análisis disidentes más allá de aquellos que ya son atraídos, incluso convencidos por el discurso dominante? Resulta tentador responder mencionando los casos espectaculares donde el bombardeo de la propaganda fracasó, por ejemplo, el referéndum francés de mayo de 2005 y el griego de julio de 2015. Durante estas elecciones, la indignación suscitada por la unanimidad de los medios de comunicación dominantes constituyó incluso un instrumento de movilización popular importante, que se sumó al simple rechazo del tratado europeo de 2005 o la exigencia de la “troika” diez años más tarde. Stathis Kouvelakis, uno de los dirigentes de la izquierda griega, considera por ejemplo que “el hecho de que los partidarios del ‘sí’ hayan movilizado a políticos detestados, comentaristas, empresarios y celebridades de los medios de comunicación no hizo más que desatar una reacción de clase favorable al ‘no’” (11). Lo que significa que no librar un combate contra el sistema de información dominante constituye un error de cálculo así como un error intelectual. Más aun cuando la crítica de los medios de comunicación suele servir como punto de ingreso a la política para las nuevas generaciones, tan saturadas de información y comentarios como desconfiadas del periodismo profesional.

 

Una opción independiente

 

Sin embargo, eventuales victorias quedarán sin futuro, y la indignación impotente, sin una reforma radical del sistema de información. En diciembre pasado, Le Monde diplomatique propuso un proyecto que va en esta dirección (12). Hoy es necesario avanzar; nos dedicaremos a hacerlo, contando con nuestra independencia (13). Los problemas del periodismo tradicional se le presentarán rápidamente –ya lo hacen– al periodismo digital. Imaginar que las promesas de internet van a crear otro tipo de información de masas, liberada de las lógicas de dominación que se despliegan en otras partes, constituye en consecuencia una apuesta perdida de antemano. La existencia de un sitio marginal que nos gusta y que nuestros amigos también aprecian no confiere a éste ningún poder particular, ningún impacto adicional, desde el momento en que no somos sino unos pocos los que lo consultamos, lo consumimos. Probablemente los mismos que antes, pero detrás de un teclado. ¿Debe uno entonces escandalizarse y abrumar a todos sus contactos con tuits furiosos? A la larga, el acoso a sitios sulfurosos con comentarios inadmisibles con los que uno se indignará de común acuerdo con sus amigos se vuelve un ejercicio fastidioso y vano.

 

Para preparar sus combates, es mejor tratar de comprender. Con el riesgo de que uno nunca sea comprendido por los profesionales de las tapas sensacionalistas y denuncias altisonantes –Le Point, al que le gustaría asociar nuestra crítica de la Europa liberal con la extrema derecha; Marianne, que parece imaginar que la amenaza yijadista, cuya terrible realidad sufrieron los periodistas de Charlie Hebdo el 7 de enero pasado, será conjurada con sus llamados de trompeta contra el Estado Islámico y los poderosos análisis de Pascal Bruckner (14).

 

Pero nuestra singularidad parece encontrar algún eco. Desde 2009, recurrimos cada año a nuestros lectores para que sus donaciones y sus suscripciones consoliden nuestra independencia. En 2014, ambas crecieron simultáneamente. Con 296.000 euros (contra 242.000 euros el año anterior), las donaciones que recibimos a través de la asociación Presse et pluralisme representaron cerca del triple de nuestros ingresos publicitarios. El número de suscriptores, por su parte, registró una suba del 8,7% entre agosto de 2014 y agosto de 2015. Finalmente, la venta de ejemplares también se reactivó estos últimos doce meses.

 

Es probable pues que 2015 marque la primera recuperación de nuestra difusión desde 2008. Estos resultados, si se confirman, serían tanto más alentadores cuanto que se inscriben a contrapelo de una tendencia general (15). El mes próximo, publicaremos nuestras cuentas, pero digámoslo de entrada: gracias a su movilización y a sus donaciones, nuestra situación financiera ha mejorado. Su apoyo constante nos permitirá a la vez iniciar nuevos proyectos –a partir de este mes, nuestro sitio se renueva; pronto dispondremos de una base de archivos multilingüe y esperamos mantener en 2016 el precio al mismo nivel que hace tres años–. Su apoyo nos brindará también los recursos necesarios para incrementar nuestro esfuerzo editorial, incluso para analizar el terreno que tiembla a nuestro alrededor.

 

Disponemos de escasos medios, pero alimentamos grandes ambiciones. Cuando se manifiesta todo tipo de furia, la cultura de la velocidad, del chisme, del más o menos puede responder a razones comerciales y servir a los intereses industriales, pero conlleva inmensos riesgos, políticos y sociales. El desmantelamiento del Código de Trabajo con el pretexto de favorecer el empleo, los muros contra los inmigrantes con el pretexto de mantener la cohesión nacional, una nueva expedición militar con el pretexto de contener la guerra... En un clima ideológico tan pesado, un diario independiente no está de más. Se dirige a lectores que reclaman una toma de distancia, que están hartos de ser bombardeados con información sin importancia y emociones destinadas a ser consumidas, digeridas, olvidadas. Alienta las resistencias allí donde tantos otros se dedican a aplastarlas. 

 

1 Bernard Arnault, Serge Dassault, Patrick Drahi, François-Henri Pinault, Vincent Bolloré, Xavier Niel, respectivamente. Fuente: Challenges, París, julio de 2015. 

2 “The rich list: Drahi debuts at N°1”, Haaretz, Tel Aviv, 12-6-15. 

3 Véase “L’art et la manière d’ignorer la question des médias”, www.homme-moderne.org

4 En Francia, la campaña fue lanzada por Le Figaro el 8 de enero de 2015 (“Chaque Français paierait 735 euros pour l’effacement de la dette grecque”) y retomada luego por la mayoría de los demás medios de comunicación, especialmente (el 26 de enero) por los dos principales canales de televisión franceses, TF1 y France 2.

5 Entrevista a João Pedro Stedile, “Au Brésil, les classes dominantes ont abandonné le pacte d’alliance passé avec Lula et Dilma”, Mémoire des luttes, 4-8-15, www.medelu.org 

6 Le Monde, 28-5-15.

7 “TF1 défend un nouveau projet pour le passage de LCI en TNT gratuite”, Le Figaro, París, 15-9-15. 

8 Véase Marie Bénilde, “M. Sarkozy déjà couronné par les oligarques des médias?”, Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2006.

9 Véase Marie Bordet, “La gardienne de l’empire Niel”, Le Point, París, 10-9-15.

10 Le Monde diplomatique publicó extensos pasajes de este informe en su edición de enero de 2013.

11 Entrevista a Stathis Kouvelakis, “Greece: The struggle continues”, Jacobin, 14-7-15, www.jacobinmag.com

12 Pierre Rimbert, “Projet pour une presse libre”, Le Monde diplomatique, París, diciembre de 2014. 

13 Véase “‘Le Monde’ et nous”, Le Monde diplomatique, París, junio de 2010. 

14 El 28 de noviembre de 2013, Le Point ubicó a Le Monde diplomatique en el bando de los “Neoconservadores a la francesa” (título del dossier), y luego en el de “La izquierda Zemmour”, el 30 de octubre de 2014. El 28 de agosto de 2015, Marianne estimó por su parte que la misión de este periódico era “ennoblecer al Estado Islámico”...

15 Entre julio de 2014 y junio de 2015, la prensa paga de circulación masiva registró una caída del 5,4% de su difusión.

 

*Director de Le Monde diplomatique.

 

Traducción: Gustavo Recalde¡

 

Ante la inexorable caída de las ventas de los diarios en papel, la opción digital se vio como una panacea, pero su modelo de negocio resulta insatisfactorio y poco viable, ya que los únicos beneficiarios son los intermediarios como Google o Facebook, que se llevan la mayor parte de la torta publicitaria.

En noviembre de 2014, el Parlamento y el Senado de Irlanda decidieron crear una comisión para investigar la crisis bancaria desatada en 2008 con la implosión de la burbuja inmobiliaria. Su objetivo era "investigar las razones que llevaron a Irlanda a sufrir una crisis bancaria sistémica, en particular los factores políticos, económicos, sociales, culturales, financieros y comportamentales, así como las decisiones que contribuyeron a la crisis". En este contexto, los parlamentarios convocaron, en marzo de 2015, al investigador canadiense Julien Mercille para que disertara sobre la responsabilidad de los medios. Este es un fragmento de su intervención.

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