Home Ediciones Anteriores Articulo publicados edición 152 Año 2016: continúan la crisis y la disputa geopolítica

Año 2016: continúan la crisis y la disputa geopolítica

Año 2016: continúan la crisis y la disputa geopolítica

 

Durante el año 2015, la sociedad global, en particular los grupos de poder que la dominan y determinan a través de Estados y multinacionales, por medio de tratados y monopolio de mercados, así como el poder de las divisas y de la fuerza militar, no lograron zanjar sus principales disputas ni superar en su totalidad la crisis económica que desde 2008 mantiene en zozobra a la sociedad mundo; mucho menos, aclimatar la paz en diversidad de coordenadas. El año 2016 hereda, por tanto, un panorama de disputa geopolítica poco halagüeño, que tiene como explicación última la quiebra del dominio unilateral y todopoderoso de los Estados Unidos, enfrentado ahora en diversas partes del mundo por una variedad de poderes emergentes.

 

Bienestar a costa de los demás

 

El modelo de acumulación inaugurado en 1971, cuando Richard Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar en oro, y con ello dio comienzo a la dependencia financiera absoluta del mundo del capital a las decisiones de Washington, da muestras de desajustes importantes respecto de las actuales condiciones materiales de la recreación de la vida. La deslocalización de la producción fabril hacia Asia -que ha terminado por traducirse en una reducción del salario en los países del centro capitalista- y el desarrollo tecnológico que llegan a un exceso de capacidad instalada, han terminado por inducir un proceso deflacionario que dirige lo grueso de la búsqueda de ganancias del capital hacia operaciones de compra-venta de activos y especulación con papeles de renta fija, dando lugar a la configuración de una “economía de casino” ya anticipada por pensadores convencionales como Keynes.

Los incipientes pasos para un desenganche del dólar, ante las crecientes dudas generadas por la economía estadounidense, ponen a este país a la ofensiva, pues sabe que una economía mundial no centrada en su moneda lo obligaría a replantear un modelo de vida basado en el consumo masivo de lo producido más allá de sus fronteras, y que tan solo es viable por ser el emisor de la moneda de curso forzoso en el planeta.

El abaratamiento del petróleo y la revalorización del dólar, estrategias que potencian al consumidor de la gran metrópoli, son quizá los dos hechos que se ajustan a los intentos de recuperación de Estados Unidos. La producción de combustibles fósiles de esquisto a través de la controvertida técnica del fracking ha permitido que la potencia del norte alcance el nivel de producción de mediados de los 70 del siglo pasado, con cotas superiores a los 11 millones de barriles diarios, saturando la oferta y llevando los inventarios de los países de la Ocde hasta los 4.500 millones de barriles -que representan una adición, en el último año, de cerca de 320 millones de barriles-, con el consecuente abatimiento de los precios, maniobra que, además, debilita a Rusia, único antagonista de peso en el terreno militar por su capacidad atómica, y provoca desestabilización social en los países productores, facilitando aún más la manipulación de los mercados. La revalorización del dólar, de otro lado, disminuye el precio de los bienes importados, oxigenando el consumo en la meca del capitalismo, al tiempo que incentiva ilusiones de la recuperación de la principal economía del mundo que, pese a lo anterior, continúa mostrando signos de debilidad.

El camino elegido, sin embargo, tiene su lado oscuro, pues los bajos precios del petróleo ralentizan la inversión en el sector, siendo las explotaciones de combustible fósil no convencional las primeras afectadas. La BP eliminó cuatro mil puestos de trabajo, y muchas empresas de fracturación hidráulica han entrado en quiebra, hasta el punto de que la Agencia de Energía prevé una notable reducción en la producción nacional de 570 mil barriles de petróleo diarios en promedio para 2016. Igualmente, la crisis de las economías rentísticas conduce a reducir la demanda mundial de bienes y servicios, reforzando los excesos de capacidad instalada y extendiendo el período de deflación. La inestabilidad política y las convulsiones sociales emergen, entonces, como nuevas constantes.

Periscopio

 

Oriente Medio y el continente africano se mantienen como el epicentro de la mayor confrontación de intereses geopolíticos. En Siria, Libia, Iraq, Palestina, entre otros países, la guerra conserva diversas intensidades con la emigración constante de miles de sus pobladores, como una de las mayores y más evidentes consecuencias de la misma, el arribo de los cuales a tierras europeas despierta sentimientos xenófobos e islamofóbicos, quebrando el reclamado espíritu de solidaridad que sustenta la vida y la coexistencia humana, y arriesgando, como reflejo inmediato de visiones dispares frente a qué hacer con los recién llegados, la supervivencia misma de la Unión Europea como proyecto posnacional.

Dentro de este mismo visor, el conflicto que enfrenta a Palestina con Israel, que por momentos se extiende al Líbano, prosigue sin solución a la vista, retomando en estos momentos una agenda más diplomática que va cercando y aislando a Israel en el concierto internacional: su decisión de ocupar y enclaustrar como en un gueto al pueblo palestino, negándole todo tipo de derechos, ya no conserva sino un único defensor en el mundo: los Estados Unidos.

Otras disputas e intereses afloran en la región, como las que lidera Arabia Saudita en su propósito de ampliar un incierto liderazgo, confrontando con Irán e intentando en la misma península mantener el control sobre Yemen. La preponderancia de chiitas y sunitas, como expresión nacional, síntesis y reflejo de un territorio organizado y repartido por las potencias de turno a lo largo del siglo XX, explican en última instancia lo que allí acontece. El petróleo, la savia vital del capital, ha sido simultáneamente a lo largo de los últimos tres cuartos de siglo la esperanza y la maldición de una región sobre la cual todas las potencias reclaman derechos de intervención.

La presencia del Estado Islámico a lo largo y ancho de esta parte del mundo proyecta la convivencia de diversidad de intereses políticos, económicos, religiosos, algunos de ellos de trayectoria histórica y otros de reacción y defensa contra las pretensiones hegemónicas que animan a Estados Unidos en la región, así como a la Otan.

Entre África y Asia, varios países también sobrellevan y padecen la prolongación de otras guerras y disputas territoriales. Su epígono es Afganistán, donde los alzados en armas despiden a Obama como otro mandatario estadounidense derrotado en su búsqueda de sometimiento y control de la región, puente o dique –según sea el interés–, con Rusia, China e Irán.
En Euro-Asia, el país vínculo o conexión entre ambas regiones, Turquía, atiza la prolongación de un conflicto, en este caso por el derecho a una patria soberana. Es el caso de los kurdos, que en el Kurdistán asientan sus fuerzas. La guerra extiende sus detonaciones desde acá hasta Iraq y Siria. El globo territorial que abarca es el centro de la confrontación indirecta entre Estados Unidos, diversos países de Europa, Irán y Rusia. En el margen, sin desatender este foco bélico, Israel y China siguen los acontecimientos.

También en esta región, y como reacción ante el avance de la Otan sobre sus fronteras, Rusia tensiona sus fuerzas y alimenta con todo tipo de logística a quienes están de acuerdo con que Ucrania quede de nuevo bajo su tutela. La defensa de una frontera móvil, extendida más allá de la evidente o natural, es el leitmotiv de tensiones y guerras actuales, así como de otras que llegarán en el futuro. Impedir que Rusia sea el complemento ideal de Europa occidental en el suministro de combustibles fósiles y evitar que la continuidad territorial entre Asia y Europa haga de Eurasia el gran mercado del futuro, es uno de los objetivos del gobierno estadounidense, pues su localización al otro lado del Atlántico lo pone en desventaja física cuando la integración comercial es el objetivo.

Como un revivir de la llamada confrontación Este-Oeste, también conocida como Guerra Fría, diversos hilos tensionados por Estados Unidos con apoyo de la Otan, pretenden encerrar a Rusia sobre su territorio, limitando su maniobrabilidad en caso de guerra y ganando para su influencia ampliada a países otrora del concierto ruso. El rearme es su respuesta. Irán –como territorio de tránsito hacia China– también queda en el foco de esta maniobra occidental. El control de diversidad de recursos naturales, entre ellos el petróleo, es sin duda uno de los alimentos principales que subyacen como razón y explicación de este escenario global. Una vez más, como próximo objetivo o como actor de nuevo peso en el contexto global, China resalta en el propósito de la mayor potencia del globo, en busca de bloquear su ascenso y control militar de su frontera inmediata y mediata. Su reforzamiento militar indica que no será fácil realizar estos propósitos.

 

Al otro lado del mundo

 

En América, del lado norte, el conflicto más notorio es el sostenido por el zapatismo, ejército indígena transformado en fuerza civil alzada en autogobierno, que, como referente de autogestión y libertad, proyecta luces de esperanza por todo el mundo.

En la parte sur, las negociaciones de paz que adelantan el gobierno de Colombia y las Farc, con puertas por abrirse con el Eln, son el suceso más destacado. El final de las negociaciones, estimuladas en un primer momento, de un lado, en el afán de los históricos detentadores del poder nacional por atraer nuevos inversionistas internacionales, ganando de su mano un mejor posicionamiento en el epicentro regional y mundial, y, por el otro, la proyección y la dinámica regional de gobiernos progresistas, ahora en retirada y posible dique que puede obstruir por algunos meses la firma final del esperado acuerdo. En medio de ello, el interrogante de quién será elegido el próximo noviembre como nuevo presidente de los Estados Unidos –y, por su conducto, los grupos de poder que lo rodean– también será factor de peso mayor para determinar si la firma de las negociaciones concluye con mayor o menor premura.

Su vecino, Venezuela, transita difíciles momentos que, en medio de una aguda crisis económica, puede terminar en un alzamiento social o en la propia quiebra del gobierno que encabeza Nicolás Maduro. La finitud del rentismo, ahora llegado a su fin como modelo social de prosperidad, integración social y alternativa global, se extiende desde este país por toda América Latina. Brasil, Ecuador, Bolivia, entre otros países, padecen sus límites, en medio de una crisis de exportaciones que desnuda de nuevo la crisis histórica de un modelo que ya en el siglo XIX también había mostrado su debilidad y su imposibilidad para que, por medio de él, llegaran a transitar un camino de soberanía.

 

La nueva bandera

 

La inconformidad social logra variados matices en las diferentes coordenadas del mundo: la concentración del poder y de la economía global, clara expresión de la quiebra de la democracia como referente social de participación, inclusión y justicia, así lo propicia.

En los años finales del siglo XX y comienzos del XXI, tal realidad de inconformidad y deseos de mejor vida se tradujo en la destitución de presidentes en Venezuela, Ecuador y Bolivia. En el siglo XXI, los alzamientos del descontento tomaron forma en África del Norte. Retomando tal experiencia, una bandera legítima, la anticorrupción, ahora ondea en manos de poderes globales que otean el panorama, y lo encauzan allí donde el descontento puede salirse de rumbo. En los últimos meses así sucedió en Guatemala, Honduras y Panamá.

Pero también estimulan, bajo igual insignia, el descontento social en otros países, ocurre ahora en Brasil y pudiera suceder en cualquier otro país. En una sociedad global que está carcomida por el afán de lucro y de acumulación de riqueza, ahora desde el poder global mismo algunos fungen de intachables. De su mano cayó la dirigencia de la Fifa, y otros muchos que ya estén desgastados serán desenchufados. Estas manipulaciones tienen un límite, pues bancos como el Hsbc, lavadores de activos producto de actividades como el tráfico de drogas y de personas, son sancionados con multas irrisorias, concretando una vez más el principio de que los “demasiado grandes para caer” están por encima de la ley.

 

Colores

 

El riesgo y la competencia, principios sagrados del ideario liberal, quedaron en la historia. Año tras año, un menor número de actores económicos y políticos direcciona el espectro de la producción y la reproducción material humana. El reciente informe de Oxfam, según el cual 62 personas detentan la misma cantidad de riqueza que la mitad de la población mundial con menores ingresos, restriega en el rostro de toda la humanidad una cifra obscena que debiera invitar a un cambio radical en la forma de distribución de la riqueza social.

Año caluroso. El de 2015 se registra como el más cálido desde que contamos con mediciones fiables sobre el fenómeno, en una prueba incontestable de que nos acercamos al filo de un abismo sin retorno. Paradójicamente, los bajos precios del petróleo, inducidos como herramienta para reactivar la economía, van a desacelerar aún más la aplicación de energías alternativas, dándole pocas oportunidades a la disminución de los gases de efecto invernadero. El consumo excesivo de unos pocos y la guía exclusiva de la sociedad bajo la égida de la ganancia amenazan ciertamente la vida como la conocemos.

Deflación, altísima concentración del ingreso, guerras locales de impacto mundial, calentamiento global y escasez de materias básicas para la supervivencia -como el agua- son factores que nunca habían convergido en el tiempo, razón de más para preocuparnos seriamente, desdeñar las críticas de quienes ante tales hechos aún hablan de no hacer caso a los catastrofistas, e iniciar procesos organizativos que nos conduzcan a un verdadero cambio en la matriz cultural.

Año 2016, tiempo-espacio en que la explosión geopolítica continuará su curso. El unilateralismo se desploma pero la multipolaridad todavía no afina todos sus matices. Las resistencias sociales continúan su curso, pero la decisión de los poderes globales y locales es la de neutralizarlas en tiempo real o tomando la iniciativa antes que afloren con fuerza sus inconformidades. Los desafíos para los movimientos sociales son enormes pero las razones de la lucha por un mundo distinto nunca estuvieron tan justificadas como ahora, pues de lo que tratamos es de la supervivencia no sólo de la especie humana sino también de millones de criaturas con las que compartimos la vida en el planeta.

 

1 Petrolera BP elimina 4 mil empleos, El Colombiano, 14 de enero de 2016.
2 HSBC pagará la mayor multa en EE UU por lavado de dinero, El País, 11 diciembre de 2012
3 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial, https://www.oxfam.org, 16 de enero de 2016.

 

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