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Economía nacional. La oportunidad de la crisis

Economía nacional. La oportunidad de la crisis

 

El ambiente de insatisfacción con el ritmo de la economía es palpable en la calle. Es común escuchar la preocupación de personas de todas las clases sociales por esta realidad: “El dinero ya no alcanza para cubrir el día”, “Cada vez gasto más en transporte”, “Ni para el corrientazo alcanza el salario que gano”, “Los negocios están estancados”, “No soporto más impuestos”.

 

Estas opiniones, todas informales y que están en el ambiente cotidiano a lo largo y ancho del país, quedan reforzadas por la más reciente encuesta empresarial que confirma que la confianza del empresariado con la economía prosigue en descenso: “El Índice de Confianza Industrial presentó una caída respecto al mismo mes del año anterior y se ubicó en el nivel más bajo para abril desde 2009”, confirma Fedesarrollo (1). 

 

La percepción espontánea, más la de los industriales, no es casual; es producto de una realidad inocultable: la economía nacional decrece a ritmo constante, hasta bordear la crisis. Los números así lo certifican: en 2015 creció al 3,1%, claramente inferior al 4% logrado en 2014; un raquítico 2% arrojó al cierre de 2016, cifra bastante inferior a la proyectada por la mente ligera del ministro de Hacienda, quien había vaticinado un 4 e incluso un 4,5% de crecimiento. Por si existía la esperanza de que 2017 arrojaría mejores guarismos, los primeros informes servidos por el Dane confirmaron para el primer trimestre un exiguo 1,1% de crecimiento. 

 

Estamos ante un descenso generalizado. En todos sus sectores, los indicadores económicos son adversos: la industria, como en anteriores ocasiones, sigue al piso, con un escaso 0,3% de crecimiento en el primer trimestre de 2017, lo mismo que las exportaciones, que en el lapso 2012-2016 registraron una caída del 49,8%, con un descenso, sólo para 2016, del 13%, al pasar de US$35.690 millones en 2015 a US$31.831 en 2016 (2). El consumo de los hogares se contrae y la desconfianza con el gobierno no cede (3). ¿Cómo finalizará la economía nacional al término de 2017? El Banco de la República, como para no rajarse, ‘predice’ un resultado entre 0,8 y 2,6% (!) Para salir del impase, de nuevo se escuchan viejas recetas: reducir salarios, eliminar garantías laborales, reformar el régimen pensional (Ver César Giraldo, pp. 4-5).

 

La crisis no solamente golpea a Colombia sino que asimismo sus coletazos se sienten por igual en nuestra región, con indicadores negativos en su PIB al cierre de 2016 para países como Venezuela (-8%), Brasil (-3,4%), Ecuador (-2,5%) y Argentina (-1,8%). En otras regiones de nuestro Sistema Mundo, los resultados que cifra la economía también son preocupantes (Europa creció en 2016 un escaso 1,8%; Estados Unidos 1,6%), dejando en claro que la crisis de 2008 no está plenamente superada, pero, además –y esto es sustancial–, que el sector financiero prosigue marcando las pautas de la economía mundial, lo cual no es una bendición para la humanidad sino todo lo contrario, el indicador de que la especulación prosigue a sus anchas, al tiempo que la producción real no levanta cabeza.

 

La reducción de la demanda y el menor pedido de materias primas por parte de las potencias mundiales son manifestaciones de esta crisis, la misma que desnuda la realidad de países como el nuestro, cuya dirigencia, a pesar del paso de los años, “no aprende” lo negativo que es para una visión de Estado la proyección de ingresos, dependiendo en lo fundamental de un solo producto, así como de las indeseables consecuencias desprendidas de la ausencia de un proyecto nacional, que para el caso colombiano no puede estar desligado de la integración regional y subregional.

 

Como es sabido, para evitar que la crisis tomara forma, durante los anteriores dos años el Gobierno optó por un recetario totalmente neoliberal: devaluación del peso, incremento de las tasas de interés –cuyo único beneficiado fue el sector financiero, pues los industriales sintieron el peso de los mayores intereses, al igual que el conjunto social, que debió reducir sus gastos–, feriar o privatizar, en procura de liquidez, el ahorro público (empresas de servicios y otras similares), autorizar nuevos impuestos, que terminaron por afectar a los menos pudientes –en especial el incremento en 3 puntos en el IVA, que por efecto lógico contrajo la demanda efectiva–, congelar el gasto público o alimentarlo de manera insuficiente en un desestímulo evidente para la producción criolla.

 

Son medidas y reformas que propician, todas ellas, que la economía, aun sin tocar piso, extienda ya sus nefastos efectos sobre las condiciones de vida de las mayorías del país, a tal punto que la pobreza extrema, que en años recientes mostraba decrecimiento, vuelve por sus fueros “[…] con un incremento en 60 puntos base de 2015 a 2016” (4). Los hogares no se salvan y su consumo sufre reducción como consecuencia lógica de una menor capacidad de gasto; marco de dificultades que también extiende sus efectos a su capacidad de pago (5); de otro lado, el desempleo, nunca quebrado por debajo del 8 por ciento, pese a que la economía creciera durante varios años, vuelve y trepa por encima de los dos dígitos (6).

 

Los magros resultados no son impedimento para que el Presidente se complazca diciendo que “somos uno de los países que más están creciendo dentro de esta coyuntura tan difícil, nacional e internacional”; tampoco son obstáculo para que el ministro del ramo no dude en afirmar que la economía va bien, y que, con los ajustes realizados meses atrás, al finalizar el año en curso los resultados por obtener serán incluso superiores a los que comportó el país durante 2016.

 

Los dos funcionarios, contrariamente a las necesidades de aquellos para quienes dicen gobernar, toman una y otra vez medidas dirigidas en favor de los más pudientes, como lo comprueban, entre otros factores, los reiterados incumplimientos con los acuerdos firmados a lo largo de este gobierno, con diversidad de comunidades levantadas en procura de mejores condiciones de vida; la negativa a negociar con las insurgencias unas medidas estructurales que rompan las causas de la desigualdad social y de la vulgar concentración del 20% del ingreso nacional por parte del 1% de los millonarios y ricos criollos, lo que hubiera podido constituirse en base real para la paz negociada y en negociación.

 

Son igualmente notables la complacencia oficial con los acreedores internacionales y nacionales (para los cuales destina el 23 por ciento del presupuesto nacional: 51.526 billones de pesos), y la concentración inconsecuente del modelo económico sobre los  ejes turismo, agricultura e industria, sin las reformas que requieren para constituirse en factor de integración social, ni la destinación presupuestal suficiente para que jalonen en el futuro próximo la transformación profunda e igualitaria del país, ejes que dejan a un lado otras evidentes potencialidades del país, además de las medidas contracíclicas ya relacionadas.

 

La administración Santos, entonces, sigue gobernando para los potentados, sin dejar de lado a la clase política, soporte del dominio y control social del territorio, destinando el 9,3 por ciento del presupuesto nacional 2017 para que aquella fauna social aceite sus clientelas territoriales.

 

Otra pata de ese control social y político, la militar, también goza del beneficio de un gobierno que no lee la historia con ojos de proyecto nacional ni escucha las demandas de las regiones: 29.471 millones de millones (13,1%), de un total de 224.422 millones de millones de pesos que suma el presupuesto nacional 2017, garantizan su complacencia con el rumbo que lleva el país (7).

 

Sin proyecto de país

 

Los analistas oficiosos, sin salvedad, afirman que la caída en las cifras responde al desplome en los precios del petróleo. Sí y no. En una lectura de corto plazo tienen razón, pero en una de largo aliento se rajan, por cuanto no atienden a los factores estructurales que permiten que de nuevo se llegue a la dependencia de un producto, como con la quina en el siglo XIX y el café en las primeras ocho décadas del siglo XX. ¿Realidad insuperable? Sí, siempre y cuando la preocupación por un proyecto de desarrollo propio no les conmueva; sí, siempre y cuando las virtudes y potencialidades de nuestra sociedad y del territorio que habitamos no les despierte la imaginación, ni los lleve a soñar con propósitos que parecen vetustos o superados por la globalización: soberanía nacional, integración regional, felicidad de los connacionales.

 

Una crisis por la caída de los precios de los hidrocarburos, sí y no. Más allá de ellos, el creciente descenso de la economía nacional también es fruto de un modelo de ‘desarrollo’ programado para beneficiar al sector financiero, así como a los amasadores y especuladores de la tierra; tanto como de la inocultable corrupción que saquea el erario, el cual, de acuerdo a la Contraloría General de la Nación, alcanza a 20 mil millones de pesos en un solo año. Es un proyecto que no estimula ni despierta la energía ni la participación entusiasta de la mayoría de quienes habitan estas tierras, reducida a consumidora de baratijas, negando la posibilidad y los beneficios de la creación colectiva.

 

Hay una constante histórica en la manera de administrar la cosa pública de espaldas a las mayorías nacionales, que les impide a los gobernantes de uno y otro período de la historia nacional, todos de igual color pese a las distintas siglas de sus partidos, reparar en la potencialidad humana aquí existente: miles de miles con despierta imaginación, capacidad de aprendizaje y disposición para el trabajo, algo evidente en todas las calles y montañas del territorio nacional, repletas de mujeres y hombres, jóvenes y adultos, que desde el amanecer y hasta el anochecer no paran de rebuscarse el pan diario; gente que actúa de manera individualista pero que, de ello no cabe duda, si existieran los estímulos necesarios, dirigiría sus posibilidades en la dirección opuesta. Falta un Estado que acuda a los negados de siempre, integrándolos como factor del cambio que el país requiere, brindándoles para ello todas las posibilidades para que desaten energía, imaginación, esfuerzo, constancia, debidamente amparados y apoyados para ello de las mejores técnicas y recursos creados por el género humano, en pleno proceso de transformación global.

 

No es únicamente esto lo que no ven quienes detentan el poder. Tampoco reparan ellos en este país de regiones, asentado en una envidiable diversidad ambiental y climática, la cual hace del mismo un territorio asombroso que, bien habitado y dirigido, no sólo garantizaría su conservación sino que además, con un buen aprendizaje, sería posible potenciar en todas sus facetas, para así asegurar que los frutos de toda especie garanticen una vida digna para los casi 50 millones de compatriotas que hoy somos, así como para nuestros vecinos, y mucho más allá.

 

Este país de regiones, como parte de un todo que no se debiera irrespetar en sus ciclos y ritmos, abre sus montañas y llanuras, sus sabanas y sus piedemontes, para que no repitamos errores de otros pueblos concentrándonos en megaciudades, destruyendo las mejores tierras heredadas, violentando los ciclos de agua, viento y sol. Ese poblamiento nos llama al mismo tiempo a comprender que, de no definir una política de reproducción responsable con nosotros mismos y con nuestro entorno, en pocas décadas tendremos ingentes problemas por enfrentar.

 

Tenemos estos y otros retos pero asimismo grandes posibilidades para resolverlos. A pesar de habernos perdido en el curso del tiempo como parte de una región que habitamos, al despreciar ese país de regiones que somos; al pretender uniformarnos al ritmo de una producción que no atiende a las necesidades de la reproducción fundamental del ciclo vital, aún es posible redirigir los pasos descentrando núcleos poblacionales como los de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, en nuevos centros urbanos diseñados y proyectados desde sus virtudes medioambientales, para –de acuerdo a ellas– reproducirnos, diseñar planes educativos, estimular la producción, convivir y compartir. Ojalá no tuviéramos ciudades de más de dos millones de habitantes, como un sueño por realizar, y otras muchas incluso de apenas un millón o quinientos mil, lo cual nos estabilizaría, proyectándonos como un país sostenible en lo ambiental, económico y humano.

 

Mirar hacia el futuro

 

Tenemos todo a favor para que así sea. La diversidad y la vitalidad de nuestros territorios lo permite, pero además tenemos el favor de asistir al desarrollo y el despliegue de la más potente revolución tecnocientífica, (re)creada por el ser humano, la misma que nos facilita –si hubiese disposición para ello– superar la dependencia de los hidrocarburos y los motores que alimentan, entrando en una era de aire puro, integración con la naturaleza, equilibrio ambiental, reducción del acelere diario y consumo limpio. Retomar, comprender, estimular, fortalecer los variados saberes históricos que coexisten en esta parte del mundo es fundamental para que una nueva forma de habitar sea abono favorable a la felicidad de los millones que somos y los más que seremos.

 

Todo esto y mucho más es posible, pero nada de ello tiene futuro si no está soportado en una mirada regional-continental-mundial, si somos conscientes de ser parte de un todo con esa integralidad con la cual morir o salir adelante. Se trata de un proyecto para la vida y para el cambio; un proyecto de futuro que debe tener bases bien puestas en el presente, y ello demanda de todos la solución de los problemas históricos que nos han impedido vivir en unidad interior de tierra, trabajo e ingresos. Redistribuir y garantizar estos tres factores fundamentales de nuestra existencia es determinante para salir adelante con una visión de Estado propicia para impedir que el porvenir quede subsumido por el presente.

 

En fin, hay que mirar hacia el futuro con una adecuada visión de la sociedad, de lo público y lo colectivo, encarando el porvenir provistos de una nítida utopía, con la dirigencia que requiere el país, producto de una sabia integración entre trabajadores ilustrados (8), manuales y de la cultura; investigadores de diversas áreas, sembradores y recolectores de vida, todos de diversa estratificación social, de la ciudad y del campo, y de cada una de las coordenadas de nuestro país, que estén dispuestos a “mandar obedeciendo; representar y no suplantar; bajar y no subir; servir y no servirse; convencer y no vencer; construir y no destruir; proponer y no imponer”, según el decir zapatista, lo cual debiera dar paso a una democracia cualitativamente superior a la realmente existente, plebiscitaria y directa por sus nuevas características, soporte y motor de un nuevo poder, el cual deberá estar en manos de las mayorías.

 

Así se pudiera identificar, concitar y desatar la voluntad y la energía contenidas-desperdiciadas en el diario sobrevivir de los millones que desde el alba hasta el crepúsculo ocupan calles y montañas para garantizarse el pan diario, cada uno como si fuera un náufrago que habita una isla desierta, sin mirar ni determinar las necesidades de sus vecinos.

 

Un sueño de esta naturaleza es factible. En una fuerza tal, con ese potencial, insertada en los ciclos vitales-formales de nuestra producción-reproducción, está contenida la savia requerida para resolver la crisis económica y social del presente, más allá de los períodos que caracterizan el devenir del capital. Es ésta una fuerza que demanda atención estatal para potenciar multiplicidad en la producción, respeto y estímulo a nuestra diversidad cultural, saber consuetudinario, fortalecimiento de la convivencia, altivez soberana y disposición a la integración regional en una recuperación del territorio que alguna vez fuimos.

 

La crisis abre las puertas para las oportunidades. No dejemos de aprovecharla. 

 

 

1. “Encuesta de Opinión Empresarial (EOE) abril de 2017”, http://www.fedesarrollo.org.co/encuesta-de-opinion-empresarial-eoe-abril-de-2017/.

2. http://www.dinero.com/economia/articulo/exportaciones-de-colombia-en-enero-de-2016/221092.

3. http://www.elcolombiano.com/colombia/colombianos-desconfian-del-sistema-politico-del-pais-FD6360227. A la par, la popularidad de Juan Manuel Santos alcanzó para marzo de 2016 niveles de aceptación de apenas el 25%.

4. Villamil, Jaime, “El ciclo económico después de la reforma tributaria”, periódico desdeabajo número 235, pp. 8-9.

5. “Los hogares y empresas del país se están dejando ‘colgar’ en el pago oportuno de sus cuotas de créditos con el sistema financiero colombiano. El valor de la deuda en mora (cartera vencida) aumentó en todos los tipos de crédito a febrero, sea comercial, de consumo, para vivienda o microcrédito, en comparación con enero pasado y el segundo mes de 2016”, http://m.elcolombiano.com/crece-la-mora-en-sistema-financiero-de-colombia-superfinanciera-EN6359754.

6. Trimestre (enero-marzo 2017) y año móvil (abril 2016–marzo 2017)
En el trimestre, la tasa de desempleo para el total nacional se situó en 10,6%, la tasa de participación fue de 63,8% y la de ocupación de 57,0%. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-y-desempleo.

7. Sarmiento Anzola, Libardo, “Presupuesto General de la Nación, 2017: finanzas para la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, diciembre 2016, p. 4.

8. Arcila Ramírez, Gonzalo, “Trabajadores ilustrados y cambio social”, 

http://www.archivomarioarrubla.com/uploads/7/0/2/7/70278343/trabajadores_ilustrados_y_cambio_socialgonzalo_arcila_ramirez.pdf.

 

 

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