23 Mar

En Tierra, el pájaro olvida cantar

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Published in Libros reseñados    Escrito por eldiplocolombia

 

 

 

Informacion adicional
Autora: Luisa Fernanda Trujillo Amaya 
Colección:   Raffaelli Editore, 2017. 
Edición: 2017 - 100 páginas
 

Descripción:

Si no hubiera guerra, 

ni humo que cubriera

de ceniza el campo

 

No es frecuente que un poemario impacte desde su primera lectura en forma tan profunda y completa como lo hace En tierra, el pájaro olvida cantar de Luisa Fernanda Trujillo Amaya. La poesía, como género, siempre íntima y personal –como debe ser–, vive aquí un gran momento. Trujillo es heredera de la dilatada tradición mística reservada a unos pocos poetas, héroes, religiosos, místicos e iniciados: aquella que los sitúa en diálogo directo con el canto de las aves. Casi en toda cultura histórica existe un personaje, mítico, épico o religioso que logra, a través del sacrificio, la introspección, el ayuno, la oración o la derrota del monstruo, la claridad espiritual para entender el secreto y misterioso canto de las aves y así acceder a la sabiduría más profunda, la que reside en el interior del ser humano.

En el poema germánico de Los Nibelungos, el héroe Sigfrido, tras matar al dragón Fafner, cocina su corazón y durante el proceso, una gota de sangre de la víscera cae en su boca –el dragón hasta entonces ha sido el guardián del anillo de los Nibelungos–; a partir de ese instante Sigfrido adquiere el don de comprender el canto de las aves.

En el catolicismo, san Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila, santa Hildegarda de Bingen, entre muchos de sus místicos más insignes, llegaron a ese estado superior. En el sufismo, el poeta Farid ud-Din Attar escribió el célebre poema, La conferencia de las aves, en diez mil versos donde da cuenta cómo las aves, buscan entre ellas a su propio rey para que dé respuesta a sus más profundos interrogantes. En realidad se trata de una alegoría al conocimiento interior. La respuesta jamás está por fuera del ser humano, es en lo más recóndito de su alma donde puede encontrar solución a sus preguntas más existenciales.

Entre los modernos, Vicente Huidobro, con su célebre poema en siete cantos, Altazor, se inscribe en la misma tradición. El viaje que recrea en la obra culmina con un crípitico (pero hermoso) Canto VII, en donde entra en comunión con el canto de las aves usando el lenguaje de ellas.

Por supuesto, alcanzar esas latitudes, en donde se roza lo sobrenatural, es labor ardua e ingrata. No podría ser de otra forma, mucho menos en épocas modernas cuando todo (el conocimiento, la inspiración y hasta la felicidad) suele estar a un clic de distancia; vivimos la vulgarización de la cultura, el conocimiento y la espiritualidad en el mundo del “ready-made”.

El libro de Trujillo (A terra, l’uccello dimentica di cantare) ha sido recientemente publicado en Italia en una pulida y magnífica edición bilingüe italiano-español por Raffaelli Editore, en traducción de Emilio Coco, un luminoso editor que dedica hoy día su vida a “pescar” grandes voces en español y verterlas al italiano.

Trujillo no ha accedido al don mediante un certificado tras un curso de dieciséis horas un fin de semana o a través de una app descargada en su móvil. Todo lo contrario. Es a través de la más penosa y difícil prueba que pueda vivir el ser humano, el diagnóstico, tratamiento, padecimiento y sufrimiento de un mal artero que arrincona la salud y acecha la vida; así, de manera sombría, ella comulga la gota de sangre del dragón Fafner y la recibe en sus labios, en su lengua, en su boca para entrar al diáfano mundo de los iniciados.

Luisa Fernanda ha tenido que soportar los días que se llueven a pedazos, las mañanas que asedian los refugios de su habitáculo, y la tarde añosa que se bate a ciegas con su propia vida para poder traspasar el umbral de la poesía devenida en canto de aves. Su lucha no es de ayer, es necesario haber prendido el fuego a la memoria, volverla ceniza y hacer de cada paso el bálsamo para recorrer, una y otra vez, todos los meses, para someterse en un ir y venir –quizás no son más de cinco cuadras–, de agonía y penuria, los nefastos, y a la vez, esperanzadores procesos químicos para poder observar el vuelo de las aves que ofrendan sus alas y pierden su canto en los atajos de la vida. El agotamiento, el cansancio, eleva sus peldaños y compacta el mundo en un ladrillo; la vida, tan sólida y tan efímera, se siente cada vez que se pisa el pavimento para recorrer ese infame viaje de ida y vuelta.

Esta poesía dialoga, en cada estrofa, en cada verso, en cada palabra, con la vida y la muerte, recuerda, cual canto del cisne, un mismo y eterno adiós. Esta poesía lamenta al pájaro muerto, aquel que “copulaba con el viento en la mañana”, el mismo que en las mañanas picotea contra la ventana de la poeta, la avecilla que perdió su Norte, y hoy, exangüe, se desvanece en plumas desmadejadas sobre el frío pavimento. Al abrir la ventana, está allí, helada, quemada por el frío de la madrugada; el sereno ha congelado sus ojos, su pico astillado apunta a la ventana, al interior de la vivienda, donde la vida se escapa.

A veces las guerras y las batallas no se libran en campo abierto. A veces, como sucede a la poeta Trujillo, se dan en la más íntima de todas las casas: el cuerpo humano. Un cuerpo que entra en conflicto consigo mismo. La guerra, entonces, ha llegado a ella, como cuando en la noche hay la toma clandestina de un pueblo remoto, en una guerra que no da cuartel y que llega sin anunciarse, justo en el momento de los besos con el amado, justo en el momento en que se apresta ella, la amante, a dormir desnuda en los pastizales.

Y, con todo, la batalla no es solitaria. La guerra no es una sola. Hay otras que ya se han perdido. La guerra es amplia y llega a muchos, incluso al ser más amado, un posible Fermín, y se lo lleva; se lo lleva de la manera más agobiante; aquella que no da confirmación de los hechos, aquella que obliga a la espera, “esperé tanto y por tanto tiempo, que perdí la cuenta de los días”, una espera llena de esperanza, que se achica y se vuelve cada día más pequeña, en donde las veladoras se van apagando sin ilusión y sin tiempo, de la misma forma que se apaga el fuego que alguna vez vivió en los ojos del amor.

¿Es posible respirar bajo la hojarasca, cobijada de humedad? ¿Es posible vivir y ser rastrojo apagado en el canto de las ranas? ¿Es posible sobrevivir el brutal fuego que nos convierte en cenizas cuando se han consumido los recuerdos en secreta complicidad con las hojas? Trujillo afronta estas preguntas con valentía y coraje; mira de frente la vida y la otra vida. El resultado es claro y a la vez, doloroso, ominoso, profundo. El legado que entrega Trujillo, En tierra, el pájaro olvida cantar, es sublime, excelso. 

Las aves, con su canto, abren la puerta a esa dimensión sobrenatural tan esquiva a la racionalidad. Con este poemario tenemos de nuevo, como sucede de tanto en tanto, una respuesta clara a la pregunta: ¿Para qué sirve la poesía? Basta leerlo para encontrar una maravillosa respuesta.

 

Philip Potdevin 

Bogotá, noviembre de 2011

335 páginas

 

 

14 Feb

Desnudo y arte

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Published in Libros reseñados    Escrito por Eli Bartra

 

 

 

 
Informacion adicional
Autora: Eli Bartra
Colección: Feminismos Nuestroamericanos
Formato:   17 x 24 cm
 
Bogotá - Febrero de 2018 - 272 páginas
 

 

Cuando entramos a un museo, o en nuestro mismo andar cotidiano, ¿cuántos desnudos femeninos vemos? Ya lo señaló el colectivo Guerrilla Girls al denunciar en el año de 1989 que en el Museo Metropolitano de Nueva York un 85 por ciento de los desnudos eran femeninos, mientras que solo un 5 por ciento de las obras habían sido realizadas por una artista, situación que no ha cambiado significativamente hasta el día de hoy. ¿Qué quiere decir esto? Que el cuerpo femenino desnudo ha sido plasmado, interpretado y reinterpretado sin cesar, aunque casi siempre desde la mirada masculina.


En su libro Desnudo y arte, publicado en Bogotá por ediciones Desde Abajo, la filósofa feminista mexicana Eli Bartra hace un repaso de distintas representaciones de desnudos femeninos en el arte. Aunque su objeto principal es el arte producido en México en los siglos xx y xxi, también nos presenta algunos desnudos importantes o que llamó su atención de diversas partes del mundo. La autora no buscó hacer un repaso cronológico, sino que indagó acerca de la creatividad femenina, un tema recurrente en su obra, para después nombrar una serie de obras de arte de distintos países y más tarde de México, agrupándolas por ejes temáticos como la maternidad, el erotismo o los cuerpos escindidos, entre otros.


Bartra nombra y repasa algunas obras de una gran cantidad de artistas dedicados/as a la pintura, al grabado, a la escultura, a la fotografía, a la fotografía de performance y al arte popular. Es decir, en este libro no encontraremos solamente la mención de una gran cantidad de obras clásicas, como "El nacimiento de Venus" (1482-1484) de Boticelli, sino que también a artistas que difícilmente accedieron a galerías o museos, como algunas mujeres creadoras que han sido casi ignoradas o algunas artistas populares, quienes en otros casos permanecen anónimas. Por lo tanto, este libro abarca desde obras de arte clásicas, hasta aquellas que muchas veces por considerar como "populares", difícilmente son leídas e interpretadas.


Es tanta la diversidad de obras y de artistas que menciona Eli Bartra, que recomendaría siempre tener un dispositivo con acceso a Internet al lado porque de esta manera la lectura se nutre y se enriquece con la búsqueda de sus biografías e ilustraciones. En lo particular, esto me sirvió para conocer a algunas artistas cuyas obras me parecieron muy bellas e interesantes: Amrita Sher-Gil (1913-1941) de la India, Edith Basch (1895-1980) de Hungría o Flor María Bouhot (1949) de Colombia, por solo mencionar algunas. Sobre México, también nombra a artistas cuya obra no es tan conocida, como Aurora Reyes (1908-1985), Nahui Ollin (1893-1978), María Izquierdo (1902-1955), Cordelia Urueta (1908-1995) o Yolanda Andrade (1950). Por lo tanto, creo que este libro merece, además de la versión impresa, una versión electrónica que permita acceder más fácilmente a las ilustraciones que en él se mencionan.


En este texto surge una vez más una cuestión de la que anteriormente Eli Bartra ya ha hablado: que el arte no es neutro. Es decir, que el arte es creado por personas con características y, por lo tanto, su ideología y su contexto se ven reflejados en la obra. Por el tema a tratar ella se enfoca más al género, el sexo y la sexualidad de las personas creadoras y cómo lo plasman. En este caso la autora también trae a colación que nosotras/os como espectadoras/es tampoco estamos ajenas/os a esto y nuestra mirada también va cargada de ideas, deseos y nociones de género, racialización, edad y nacionalidad, por solo mencionar algunas. En este libro la mirada de Eli Bartra está presente en cada una de sus observaciones y anotaciones.


Aunque la autora hace hincapié en el hecho de que por esencia algo no es femenino o masculino, busca diferencias entre la manera en que los hombres y las mujeres representan el desnudo femenino. Esto se explica, efectivamente, no por la masculinidad o la feminidad de quienes crean, sino por su contexto y aquello que desearon representar: mientras que en la obra de los varones es común encontrar desnudos estáticos, en posiciones eróticos y/o con mirada sumisa en la obra de la mayor parte de las mujeres estas figuras se encuentran en acción e incluso miran fijamente a quien observa la obra. Es decir, es posible ver una construcción del género de las y los creadoras en el arte donde los varones representan una feminidad ideal y las mujeres representan a mujeres activas e incluso subversivas.


Es un enfrentamiento entre cuerpos inertes e idealizados frente a cuerpos activos y diversos. La cuestión es cómo nosotras/os como espectadoras/es interpretamos y nos apropiamos de las imágenes, porque estos cuerpos desnudos también generan ideales y cánones de belleza, papel que, como menciona la autora, cada vez recae más sobre la publicidad y los medios de comunicación. Por otra parte, están aquellos desnudos, casi siempre ejecutados por artistas mujeres, que tienen la intención de enfrentarnos, retarnos y comunicarnos algo: que las mujeres no estamos ahí solo como recipientes de la mirada y el deseo masculino.
Considero que el aporte de este texto es precisamente invitarnos a observar las obras de manera activa: fijar nuestros ojos en la figura representada, notar sus posiciones, su mirada, sus acciones, su contexto y sus colores. Porque consciente o inconscientemente las/os artistas nos están comunicando algo a través de estas representaciones y está en nosotras/os interpretarlos e incluso apropiárnoslos de una manera estética y crítica. Y por qué no, ver cómo se refleja el género y la sexualidad en las obras de arte, si es posible incluso desde la mirada feminista.


Uno de los temas que aborda el libro es sobre la existencia de la creatividad y el arte femenino. Aunque difícilmente esta cuestión pueda tener una respuesta conclusiva, creo que este texto nos demuestra que efectivamente, en las creaciones artísticas la persona que crea sí importa. Por lo tanto, es imprescindible saber en qué época vivieron, en qué sociedad, su sexualidad y su género. Considero que este texto es una propuesta importante para un nuevo entendimiento y estudio del arte de las mujeres –no solo el que crearon, sino también el que las plasma–, tarea que iniciaron historiadoras del arte feministas como Linda Nochlin o Griselda Pollock, quienes afirmaron que no solo era importante rescatar una serie de nombres, sino tener una comprensión más amplia de la historia y de los contextos en los que crearon las mujeres. Justo eso es lo que encontramos en este libro: un importante esfuerzo por comprender cómo nos representamos y cómo se nos representa.

 

Liliana Elvira Moctezuma 

 

 

Bogotá, noviembre de 2011

335 páginas

 

 

Antes de hacer alusión a algunos temas específicos del libro, quisiera poner de presente parte de la vigencia de la vieja Declaración de Morelia, carta de nacimiento de filosofía de la liberación en América Latina, firmada en 1975, por Leopoldo Zea, Abelardo Villegas, Miró Quesada, Enrique Dussel, Dussel, entre otros.

 

La Declaración de Morelia, que dio a conocer la filosofía de la liberación en todo el continente, no fue un manifiesto exclusivamente para América Latina, también lo fue para Asia y África. Fue una Declaración que llamó a una liberación universal, pues la dominación, la opresión y la explotación deberían eliminarse de la faz de la tierra. Hoy, más de 40 años después, y a pesar de las transformaciones de nuestra época, podemos decir que sus postulados conservan una gran vigencia, pues aún no hemos logrado construir un ser humano pleno, digno, libre y solidario, es decir, aún no se ha dado una "afirmación plena del hombre, del hombre concreto".

 

1º. Si la Declaración postulaba "el derecho de todo pueblo a la libertad como autodeterminación", hoy vemos como la intervención en otros pueblos, tomando como excusa la lucha contra el terrorismo y la "guerra preventiva", imponer la democracia, o reestablecerla, como son las pretensiones con Venezuela, niegan justamente ese derecho a la autodeterminación. Las intervenciones de Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea en Medio Oriente, son prueba de que en este punto no hemos avanzado nada.

 

2º. Si la Declaración llamaba a una solidaridad horizontal, hoy vemos que un atentado terrorista en Paris o en Bélgica, genera la solidaridad de los poderosos, del mal llamado Primer Mundo, pero si ocurre un atentado en Turquía o en África, la llamada comunidad internacional puede permanecer calladamente en la indiferencia y en la impasibilidad. Lo mismo sucede con los devastadores efectos del huracán Irma: se habla y hay solidaridad con Estados Unidos, pero nada se dice de Cuba, que durante años ha demostrado una sincera solidaridad con los desastres ocurridos en otros países.

 

Eso se debe a que el mundo actual tiene su propia antropo-geopolítica donde existen seres humanos de primera categoría y otros de segunda, tercera y hasta cuarta categoría o, que incluso, no son tratados como humanos. Son los descartables de la sociedad de los que habla el papa Francisco en sus encíclicas. Esa realidad es un rezago de la llamada división del mundo entre gente civilizada y gente bárbara. Un rezago del eurocentrismo, y del sistema mundo moderno colonial, con sus jerarquías y segmentaciones presentes y vigentes aún en la llamada civilización globalizada.

 

3º. Si la Declaración llamaba a que los derechos y los valores creados por la cultura occidental se extendieran a toda la humanidad, a los seres humanos en general, hoy vemos cómo la igualdad, la libertad, la dignidad, el derecho al trabajo, a la salud, la educación, la alimentación, la vivienda, etcétera, sólo son disfrutados por una mínima parte de la población del planeta. Las cuentes hambrunas en África, la explotación laboral en Asia en manos de las multinacionales, la situación de la vida de los inmigrantes en Europa, lanzados a la vera de la vida; de los ancianos dejados en asilos y abandonados por sus familiares, dejados a los vaivenes de sus últimas soledades... parecen demostrar que sólo el darwinismo social es universal.


En el prólogo a Los condenados de la tierra de Franz Fanon, y en plano proceso de descolonización de África, ya Jean Paul Sartre denunció la hipocresía del falso universalismo de la Ilustración y de los derechos humanos, pregonados por Europa, derechos que en verdad sólo reclamaba para sí.

 

4º. Si la Declaración denunciaba la "Dependencia como realidad" en lo político, económico y cultural, estas dependencias se mantienen vigentes. En gran parte, los países del Norte ejercen una tutoría política sobre los del sur; las economías de América Latina y África siguen subordinadas a Europa o Estados Unidos; incluidas en la llamada fiesta de la globalización, pero incluidas para ser expoliadas; incluidas de manera desigual, desventajosa o asimétrica. En la actualidad, las necesidades energéticas y de crecimiento industrial de Europa, China y Estados Unidos, someten a los países del Sur a costos irreparables. Las multinacionales mineras, energéticas, madereras, etcétera, se apoderan de páramos, ríos, quebradas, bosques, grandes extensiones de tierras, en países como Perú, Honduras y Colombia. Contaminan el agua de las comunidades locales y someten pueblos, como los Wayuu del Caribe colombiano, a morir de sed.

 

En los países de la periferia desigualmente vinculados al mercado mundial, los Estados se han convertido en Estados-policía que protegen los intereses del gran capital y de los países desarrollados. Lo que en el Norte se llama necesidad de crecimiento económico, en el Sur se disfraza de inversión extranjera. Es el Estado-policía al servicio del capital. En realidad, la llamada inversión extranjera en el Sur encubre lo que David Harvey llama acumulación por desposesión o, García Linera, "neoapropiación" por expropiación, lo que en términos simples equivale a la subsunción de la naturaleza, la vida y la corporalidad viviente al capital: acumulan unos a costa de la desposesión de los "medios de vida" de otros.

 

Este tipo de dominación económica, que también causa dependencia tecnológica, está generando daños irreparables en la naturaleza. Es, en realidad, una colonialidad sobre la vida. Es la toma de la vida por el capital. Si la naturaleza es un circuito de vida, la intervención minera, por ejemplo, desarticula ecosistemas, desaparece especies, produce migraciones animales, etcétera, interrumpiendo los circuitos vitales.

 

5º. Si la Declaración de Morelia llamaba a cancelar la dependencia cultural, ésta se mantiene gracias a la época de la publicidad universal y de la sociedad del espectáculo, la subalternidad pervive gracias a los mecanismos y las industrias culturales de lo que José Saramago llamó la Disneylandia global. En últimas, nuestras ideas de progreso, desarrollo y buena vida humanos, se mantienen atadas a la idea de progreso y de desarrollo de las sociedades euro-norteamericanas, que de esta manera imponen sus formas de ver, comprender y estar en el mundo, como si este fuera, para recordar a Leibniz, "el mejor de los mundos posibles", ocultando e in-visibilizando cualquier intento distinto de construir alternativas vitales. Este panorama, descrito de forma incompleta, pone de presente que muchos de los postulados de la Declaración de Morelia son utopías inconclusas y que, como tal, seguirán sirviendo de foco orientador para la praxis social y política de la región.

 

En este marco, la filosofía de la liberación en la versión de Enrique Dussel es uno de los pensamientos más influyentes en América Latina desde la segunda mitad del siglo XX. Su obra, traducida a varios idiomas, es un referente obligado para el pensamiento filosófico latinoamericano. La filosofía de la liberación es un pensamiento crítico y propositivo que le apuesta a la liberación de las víctimas producidas por el capitalismo del actual sistema/mundo/moderno/eurocéntrico/colonial/logocéntrico y patriarcal, que ha puesto en peligro la continuidad de la vida misma.


Es así como los textos recogidos en este libro, elaborados por investigadores peruanos y colombianos, examinan dos importantes aspectos de la filosofía de la liberación: la ética y la política. Son reflexiones expositivas y críticas que examinan el legado de Enrique Dussel para los procesos emancipatorios actuales, textos que se ofrecen al público con miras a discusiones y prácticas que contribuyan a la descolonización epistemológica de América Latina y que, ojalá, se conviertan en pivotes para la construcción de realidades y utopías alternativas.

 

Quiero agradecer a todos los investigadores peruanos y colombianos que participaron en él. De nuestro país, las relaciones planteadas por el politólogo de la Universidad Nacional, Edwin Cruz, entre el pensamiento de Dussel y las influyentes teorías en torno a una democracia radical de Ernesto Laclau son sumamente fructíferas, pues permiten establecer un contrapunto entre sus concepciones.

 

Igualmente, las reflexiones de Luis Eduardo Rico, derivadas de su trabajo de maestría, retoman las recientes elaboraciones teóricas de Dussel en torno a la economía, y la necesidad de replantear y proponer alternativas al sistema económico actual, son altamente fructíferas.

 

Finalmente, agradezco al profesor brasilero Julio Cabrera, quien en un denso texto sobre el holocausto indígena, dialoga con pensadores como Reyes Mate y Hanna Arendt, para rebatir la idea de la singularidad del nazismo y poner de presente que aún falta una des-banalización del mal en torno al genocidio de los amerindios. Ambos fenómenos comparten, al parecer de Cabrera, más elementos en común, que supuestas diferencias.

 

 

* Palabras pronunciadas durante la Celebración de los 40 años de la Maestría en Filosofía Latinoamericana de la Universidad Santo Tomás, septiembre 21 de 2017.

 

 

 

 

 
 
Informacion adicional
Autor: Boaventura de Sousa Santos
Colección: Primeros Pasos
Formato:   11,5 x 17,5 cm
Precio:   $17.000
Bogotá -Mayo de 2017 - 128 páginas

Descripción:

 

Desde la derrota que se concretó con la caída del muro de Berlín en 1989, las izquierdas occidentales entraron en un profundo periodo de reflexión para intentar entender no sólo el porqué del fracaso del proyecto labrado desde mediados del siglo XIX sino también de qué manera se puede ofrecer una opción viable al cada vez más rampante –e injusto– capitalismo en su versión más refinada: el neoliberalismo.

 

Un mapa de pensadores críticos se ha ocupado del tema y por supuesto, existen múltiples hipótesis, intérpretes y periodizaciones de los acontecimientos. El historiador británico, Perry Anderson, por ejemplo, dice que la derrota comenzó a fraguarse con el fracaso de la revolución alemana de 1918-1923. Para otros, la derrota se inició en 1956, con el aplastamiento del levantamiento en Hungría; otros, apuntan a mayo del 68. Keuchyan, en Hemisferio izquierda, un mapa de los nuevos pensamientos críticos1, establece esa periodización entre la segunda mitad de los años setenta, con la crisis del petróleo, el triunfo Reagan-Thatcher, y el descenso de la onda de los “gloriosos treinta” –la bonanza del marxismo occidental de posguerra– hasta la caída del muro de Berlín.

 

Asimilar una derrota nunca es fácil. Se requiere de una porción, no pequeña, de autocrítica y objetividad. En ese sentido, los pensamientos críticos buscan «generar cuestionamientos, juicios y propuestas orientadas a la promoción de cambios y trasformaciones en beneficio de la humanidad» (2) con un común denominador en lo social. En este tipo de pensamiento se inscribe, entre muchos, el reconocido sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos que aboga, como sus colegas, por un mundo más justo, más equitativo que se oponga y supere las huellas y heridas dejadas por el neoliberalismo, en especial, en los más desprotegidos.

 

Las Trece cartas a las izquierdas, publicadas entre agosto del 2011 y agosto del 2015, las acaba de editar en un pequeño volumen Ediciones Desde Abajo (3) y constituyen un manual esencial de reflexión y análisis para aquel que esté dispuesto a repensar el aparato teórico y práctico de las izquierdas tradicionales con el fin de levantar la cabeza y convertir a estas en una opción viable al triunfalismo de la derecha y su modelo económico. Como se menciona en la presentación, titulada “Para repensar la democracia realmente existente” se trata de una «reflexión primordial en momentos en que la democracia […] está quebrada por diversidad de factores, entre ellos la concentración de la riqueza, el autoritarismo desplegado como arma fundamental de las potencias para conservar sus privilegios, la violación de los derechos civiles del conjunto social vía el espionaje abierto de las agencias de seguridad de diversidad de países; el emporio de la desinformación; la corrupción como proceder “legítimo” a la hora de administrar lo público por parte de políticos y gobernantes, etcétera» (4).

 

Las cartas son una hoja de ruta para todo aquel –llámese individuo o colectivo– que crea que existe un futuro para las izquierdas o como dice Žižek, que aún hay lugar para apostarle a la “defensa de las causas perdidas”. ¿Qué entendemos hoy por izquierda? “La izquierda es un conjunto de posiciones políticas que comparten el ideal de que los seres humanos tienen todos el mismo valor, y que son el valor más alto. Ese ideal es puesto en cuestión siempre que hay relaciones sociales de poder desigual, esto es, de dominación. En este caso, algunos individuos o grupos satisfacen algunas de sus necesidades transformando a otros individuos o grupos en medios para sus fines. El capitalismo no es la única fuente de dominación, pero es una fuente importante» (5). Por lo tanto, las cartas están dirigidas a los partidos y movimientos sociales que luchan contra el capitalismo, el racismo, el sexismo, y la homofobia, y a toda la ciudadanía que, sin estar organizada, comparte los objetivos y aspiraciones de quienes se organizan para luchar contra estos fenómenos (6).

 

Las reflexiones y propuestas que traen estas cartas, tienen visión de presente y de fututo; son propositivas. Por ejemplo, avanzan, que para reconstruir las izquierdas hay que recomenzar por aceptar ciertas ideas: 1) Que el mundo se diversificó y la diversidad se instaló en el interior de cada país. La comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo; no hay internacionalismo sin interculturalismo. 2) Que el capitalismo concibe la democracia como un instrumento de acumulación; si es preciso la reduce a la irrelevancia y, si encuentra otro instrumento más eficiente, prescinde de ella. Debido a ello, la defensa de la democracia de alta intensidad debe ser la gran bandera de las izquierdas. 3) Que el capitalismo es amoral y no entiende el concepto de dignidad humana; defender esta dignidad es una lucha contar el capitalismo y nunca con el capitalismo. 4) Que la experiencia del mundo muestra que hay inmensas realidades no capitalistas, guiadas por la reciprocidad y el cooperativismo, a la espera de ser valoradas como el futuro dentro del presente. 5) Que el siglo pasado reveló que la relación de los humanos con la naturaleza es una relación de dominación contra la cual hay que luchar; el crecimiento económico no es infinito. 6) Que la propiedad privada solo es un bien social si es una entre varias formas de propiedad y si todas están protegidas; hay bienes comunes de la humanidad como son el agua, 7) Que el siglo corto de las izquierdas fue suficiente para crear un espíritu igualitario entre los seres humanos que sobresale en todas las encuestas; este es el patrimonio de las izquierdas que ellas han estado dilapidando.8) Que el capitalismo precisa de formas de dominación para florecer, del racismo al sexismo y la guerra, y todas deben ser combatidas. Y, 9) Que el Estado es un animal extraño, mitad ángel, mitad monstruo, pero sin él, muchos otros monstruos andarían sueltos, insaciables, a la caza de ángeles indefensos. Mejor Estado, siempre; menos Estado, nunca (7).

 

Es preciso entender que el neoliberalismo utiliza la desinformación como medio de manipulación social. En ese sentido inculca en la opinión pública la supuesta necesidad de ejecutar varias transiciones, que son nefastas desde todo punto de vista. Estas transiciones son: primero, que hay que trasladar la responsabilidad colectiva a la responsabilidad individual. La idea detrás de esto es que, según los neoliberales, los que tienen éxito es porque toman buenas decisiones o tienen suerte, y quienes fracasan es porque toman malas decisiones o tienen poca suerte; segundo, que la acción del Estado, basada en la tributación debe migrar a la acción del Estado basada en el crédito, esto es perverso pues garantiza la asfixia financiera del Estado; tercero, que hay que hacer tránsito de la idea de la existencia de bienes públicos –como la educación y la salud–, e intereses estratégicos –como el agua y las telecomunicaciones–, que deben ser cuidados por el Estado a la idea de que cada intervención del Estado es un área potencialmente rentable; y cuarto, que hay que pasar del principio de la primacía del Estado al principio de la primacía de la sociedad civil y del mercado. Bajo estos sofismas el neoliberalismo pretende legitimar un terreno para socavar los principios rectores de democracia, del Estado y de las responsabilidades de este frente al individuo (8).

 

De otra parte, mientras la derecha tiene toda una infraestructura para reflexionar y producir pensamiento por parte de intelectuales orgánicos de sus organismos multilaterales, los think tanks y las asociaciones empresariales, la izquierda está desprovista de instrumentos de reflexión abiertos a los no militantes. Esta indisponibilidad para la reflexión es un acto suicida, advierte Boaventura. Adicionalmente, las nuevas militancias y movilizaciones que en algún momento se realizaban desde adentro de las izquierdas, hoy día se despliegan sin ninguna referencia a estas y, en muchos casos, en oposición a ellas. Esto es digno de reflexión y debate. La pregunta a hacerse es ¿en qué momento las izquierdas dejaron de ser un vehículo para estas nuevas militancias y qué debe hacerse hacer para recuperar esa alineación? (9).

 

La izquierdas deben imaginarse, reinventarse, en la lucha contra el neocolonialismo, así como batallar contra la máquina trituradora del neoliberalismo que aniquila, incluso, a los “pequeños” capitalismos nacionales; de igual modo, la democracia liberal, representada por las izquierdas, debe luchar para sacudirse el peso agobiante de poderes facticos como la masonería, las mafias, el Opus Dei, las empresas transnacionales, el FMI y el Banco Mundial, contra la corrupción, el abuso de poder y el tráfico de influencias (10).

 

Dado que el neoliberalismo es una cultura del miedo, del sufrimiento y de la muerte para las grandes mayorías, no es posible combatirlo con eficacia si no se le opone una cultura de la esperanza, la felicidad y la vida. Las izquierdas no pueden repetir el error de reducir la realidad a lo que existe, por más injusto o cruel que sea, sino que es preciso partir de la idea de que la realidad es la suma de lo que existe y de todo lo que en ella emerge como posibilidad y como lucha por concretarse. Si las izquierdas no se percatan de esto, afirma Boaventura, “se sumergirán o irán a parar a los museos” (11).

 

Uno de los más grandes desafíos históricos de las izquierdas es la unidad. Hoy día, como nunca antes, estas se encuentran divididas y atomizadas en decenas y hasta cientos de vertientes. No hay conexión entre las izquierdas europeas y las latinoamericanas, y entre estas últimas tampoco hay consenso ni unidad frente a temas tan críticos como el extractivismo o las formas de crecimiento económico, y persiste el debate entre el corto y el largo plazo. Una vez más, el llamado a la unidad es quizá el imperativo más agudo que tienen las izquierdas si quieren oponerse de manera sólida contra el neoliberalismo (12).

 

Para que las izquierdas tengan futuro, específicamente en Latinoamérica, deben asumir la bandera de los programas de sostenibilidad y convertirlos en políticas públicas. Por decir algunos: asuntos como la defensa de los espacios públicos en las ciudades con prioridad a lo peatonal, la convivencia social, la vida asociativa, con gestión democrática y participación popular, los transportes colectivos, los huertos comunitarios y las plazas sensoriales (para personas con necesidades visuales especiales); la economía cooperativa y solidaria; la soberanía alimentaria, la agricultura familiar y educación para la alimentación sin el uso de agrotóxicos; el nuevo paradigma de producción-consumo que fortalezca las economías locales articuladas translocalmente; la sustitución del PIB por indicadores que incluyan la economía del cuidado, la salud objetiva, la sociedad decente y la prosperidad no asentada en el consumo compulsivo; el cambio de la matriz energética en energías renovables descentralizadas ; la sustitución del concepto de capital natural por la naturaleza como sujeto de derecho; la defensa de los bienes comunes, como el agua y la biodiversidad, que solo permite el uso de derechos de uso temporal; la garantía del derecho a la tierra y el territorio de las poblaciones campesinas e indígenas; la democratización de los medios de comunicación; la tributación que penalice las actividades extractivas a las industrias contaminantes; el derecho a la salud sexual y reproductiva de las mujeres; la reforma democrática del Estado que elimine la pandemia de la corrupción e impida la trasformación en curso del Estado protector en Estado depredador, y la transferencia de tecnologías que atenúen la deuda ecológica (13).

 

De manera paradójica, sorprendente, muchos de los gobiernos de izquierda que han tenido su cuarto de hora en los últimos diez, quince años, se han convertido en los principales violadores de los principios de este pensamiento. La persecución a los huelguistas, la atracción de la inversión extranjera para que se sacie del extractivismo, la concesión de tierras a empresas nacionales o transnacionales, la imposición a comunidades indígenas de gravámenes y servidumbres en favor de las transnacionales, la no garantía de los derechos de pueblos indígenas contra los abusos de la petroleras, son apenas algunos ejemplos que trae Boaventura, con nombre propio, sucedidos en la historia reciente de gobiernos de izquierda; gobiernos y gobernantes que han terminado por violentar a los ciudadanos y principios que los llevaron al poder. Cabe a los militantes de derechos humanos y a los ciudadanos preocupados por el futuro de las democracias en el continente latinoamericano detener este proceso de manera inmediata (14).

 

Y más. Las izquierdas deben luchar por convertirse en una alternativa de poder y no simplemente en alternancia de poder. Para ello, deben transformarse y unirse; ninguna de las dos cosas es fácil en el corto plazo. Las izquierdas deben centrarse en el bienestar de la ciudadanía y no en las posibles reacciones de acreedores como el FMI, el Banco Mundial. Además, las izquierdas deben fortalecerse en torno a lo que históricamente las une: la defensa de un Estado social fuerte, con educación pública, obligatoria y gratuita; con servicio de salud universal y tendencialmente gratuito, con seguridad social sostenible, con sistemas de pensiones basados en el principio de repartición y no en el de capitalización, en bienes estratégicos o monopólicos naturales, como por ejemplo, el agua, nacionalizados, y con una lucha aguerrida para lograr la renegociación de las deudas públicas (15).

 

Si bien la democracia perdió la batalla, podrá evitar perder la guerra si las mayorías superan el miedo, rebelándose dentro y fuera de las instituciones, forzando al capital a volver a tener miedo, como sucedió hace sesenta años, afirma Boaventura. Hay que impulsar la democracia revolucionara o la revolución democrática –en esto no hay que perderse en nomenclaturas– pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en que la profundización de la democracia solo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia, debe prevalecer la democracia real (16).

 

Frente al tema ecológico, las izquierdas deben desarrollar una conciencia y una acción ecológica robusta y anticapitalista para poder frenar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Hay que desarrollar un “ecologismo de los pobres” basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad, y complementariedad (17).

 

En la penúltima de las cartas, su autor afirma que las izquierdas, si bien no tienen una gran tradición de pactos, y pareciera que las divergencias internas fueran parte de su código genético, hay indicios de pactos entre algunas izquierdas. Lo sucedido en países como Grecia y Portugal es notable. Dado que el neoliberalismo es una inmensa máquina de producción de expectativas negativas para que las clases populares no sepan las verdaderas razones de su sufrimiento, y se conformen con lo poco que aún tienen y están paralizadas por el miedo a perderlo, las izquierdas deben transformar ese miedo en esperanza. En la medida que los pactos entre las izquierdas comiencen a rendir frutos, se atenuará el miedo y se devolverá la esperanza a las clases populares, al mostrar, mediante una gestión inteligente, que el derecho a tener derechos es una conquista civilizatoria irreversible (18).

 

Y, por último, Boaventura apela al salto adelante y mira nuestra época desde un tiempo remoto futuro; y en retrospectiva, reafirma el poder de la esperanza, que se logra al reaprender a “realimentarnos de la hierba dañina que el presente intenta erradicar, recurriendo a los más potentes y destructivos herbicidas mentales: la utopía”. Para ello hay que comenzar por unas izquierdas que se rebelen contra ellas mismas antes de querer transformar la realidad. Su ceguera no puede continuar para seguir dividiéndose. Siempre será posible curar las heridas de la carne y el espíritu (19). Transformar la derrota en victoria y al mismo tiempo reinventarse para alcanzar ese sueño irrenunciable de todas las izquierdas, aquel anhelo en la que todas coinciden.

 

1. Keucheyan, Razmig, Hemisferio izquierda, un mapa de los nuevos pensamientos críticos, Siglo XXI, Madrid, 2013.

2. Saladino García, Alberto, citado por Abdiel Rodríguez Reyes en: Pensamiento crítico, rescatado de www.alainet.org.

3. De Sousa Santos, Boaventura, Trece cartas a las izquierdas, Ediciones desde Abajo, Bogotá, 2017.

4. Ibíd., pp. 7-8

5. Ibíd., p. 25.

6. Ibíd., p. 61

7. Ibíd., pp. 27-29.

8. Ibíd., pp. 32-34

9. Ibíd., pp. 37-38

10. Ibíd., pp. 44-46

11. Ibíd., pp 50-51

12. Ibíd., pp. 54-57

13. Ibíd., pp. 63-64

14. Ibíd., pp. 65-67

15. Ibíd., pp. 75-77.

16. Ibíd., p. 90

17. Ibíd., p. 98.

18.  Ibíd., p. 103 

19. Ibíd., p. 124

 

 

Informacion adicional
Autor: Edwin Cruz Rodríguez
Colección: Vértices colombianos
Formato:   17 x 24 cm
Precio:   $25.000
Bogotá - Marzo de 2017 - 294 páginas

Descripción:

El desencuentro entre luchas sociales y las izquierdas en Colombia

 

Caminando la palabra es un esfuerzo de investigación y de análisis que merece ser destacado, leído y valorado. Son nuestras luchas vivas que enseñan y muestran su verdad en el tiempo.

 

Llama la atención una de las principales conclusiones de ese juicioso y detallado trabajo. El autor dice en la parte final del texto: "Mientras la protesta social ascendió en magnitud y alcance desde 2011, tanto en las elecciones locales de 2014 como en las parlamentarias y presidenciales de 2015 se evidenció un marcado retroceso para la izquierda cuyo corolario fue la pérdida de la alcaldía de Bogotá, su bastión durante casi una década" (1).


En otro aparte del libro plantea: "En suma, mientras las organizaciones de la izquierda política electoral y coaligadas en el PDA sufrían una fragmentación, las organizaciones sociales que de ellas dependen, fueron capaces de agenciar el más importante ciclo de acción colectiva de las últimas décadas. En otras palabras, la unidad de la izquierda en lo social no se tradujo en el campo político electoral" (2).


Y finalmente remata: "Así pues, mientras la izquierda social consigue articularse para agenciar grandes protestas, la izquierda política tendió a fragmentarse, de tal manera que le fue imposible "capitalizar" el ciclo de protestas en el terreno político electoral" (3).


El politólogo de la Universidad Nacional, quien es un prolífico escritor y analista de las luchas sociales colombianas y latinoamericanas, usa y aplica en la elaboración de este texto unas interesantes herramientas de investigación y análisis y realiza un importante esfuerzo por reseñar, describir e interpretar la naturaleza de los movimientos sociales que se manifestaron en las recientes luchas agrarias, indígenas, campesinas, mineras y estudiantiles sucedidas en los primeros 7 años de la segunda década del siglo XXI en nuestro país.


El investigador –con el propósito de realizar un análisis integral– aborda tres dimensiones, la estructural, la organizativa y la subjetiva, para lo cual aplica tres instrumentos, la Estructura de Oportunidad Política EOP, las estructuras de movilización y los marcos de acción colectiva. Según mi opinión, con ese método se aproxima de una forma creativa a la construcción de una mirada sistémica y compleja de los fenómenos sociales en el ámbito de la sociedad colombiana.


A lo largo del libro, en la descripción y análisis del paro nacional universitario de 2011, el paro nacional cafetero de febrero de 2013, la movilización y protesta campesina-cocalera del Catatumbo, el Paro Nacional Agrario de ese mismo año y la Minga Agraria, Campesina, étnica y popular de 2016, se identifican tres aspectos que traspasan esas importantes luchas sociales, gremiales y políticas, que son: la política institucional, el conflicto armado y la recomposición de las organizaciones sociales y sus discursos.


Es muy estimulante para los luchadores y activistas sociales que se investigue y estudien las luchas protagonizadas por diferentes sectores de nuestro pueblo, que nunca ha dejado de luchar y resistir, pero que muchas veces no se evalúan en toda su dimensión, como se hace en este libro. Además, es un trabajo hecho "casi en caliente", por cuanto los hechos son recientes, y ello, es muy importante, ya que el análisis sirve para la continuidad de las luchas.


Tenemos que seguir por el camino que nos trazan investigadores como Cruz Rodríguez y otros, y profundizar aún más en el estudio para que ese esfuerzo logre conectar e interpretar la complejidad no-lineal de los procesos sociales y, aprehender y palpar de cerca sus inter, intra, multi y trans-relaciones con el resto de la sociedad. Hay que abordar el conocimiento de la naturaleza misma de las clases y sectores sociales comprometidos en esos movimientos, para conseguir que los factores analizados no aparezcan como si fueran "externos", sino logren ver y detallar la naturaleza interna de los movimientos, su enorme complejidad, las contradicciones intrínsecas, las dinámicas imbricadas, el "verdadero movimiento".

 

1. Cruz Rodríguez (2017). Caminando la palabra - Movilizaciones sociales en Colombia 2010-2016, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, Colombia, p. 259 .
2. Ídem., op. cit., p. 270.
3. Ídem., op. cit., p. 277.

Fernando Dorado

 

17 May

Los nadie

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Published in Libros reseñados    Escrito por Favián Ortiz Reyes

 

 

 
Informacion adicional
País: Colombia
Año: 2016
Dirección y guion: Juan Sebastián Mesa
Actores: María Angélica Puerta, María Camila Castrillón, Diego Pérez Ceferino, Esteban Alcaraz Ruiz y Luis Felipe Alzate.
Duración: 84 min.
 
Descripción:

Los protagonistas de esta película comparten, además de sus familias incompletas, el anonimato y la supervivencia en una ciudad que devora a sus propios hijos. La Mona, cuya madre, como tantos colombianos, vive en el exterior y envía unas divisas que no reemplazan su cariño, vive con su tía, una fanática religiosa, y su prima, una delatora que hace méritos de santurrona; Camilo, 'la Rataʼ, ayuda a la economía doméstica con su trabajo y la repartición de tamales en la moto que fue de su padre; 'el Mechasʼ, su mejor amigo, de quien se sabe poco pero está listo para "las que sea", trabaja a su lado a diario; 'el Pipaʼ, tatuador y vocalista de una banda es el promotor de un viaje por Suramérica por tiempo indeterminado a punta de trabajo y aguante, y 'Manuʼ, la única de clase media, que asiste a la universidad, tiene un papá autoritario y una madre tan parecida a ella, que de seguro será su motivación para alejarse de la estabilidad que proporciona el "hogar".


Los nadie representa la historia de un grupo de muchachos que pueden vivir en cualquier barrio populoso y marginal de cualquier ciudad principal colombiana. Ellos, así como cualquier persona tomaron una decisión de vida que no contempla el futuro como posibilidad; este es inmediato, está en el día a día en las calles y no es la delincuencia. Es el rebusque mediante malabares y actos circenses cuya duración la determina en paso del rojo al verde en un semáforo. A ellos, el fracaso y pésimo ejemplo de los adultos cercanos les sugirieron otro camino, así como a sus "parceros".


La vida misma es supervivencia, para algunos está determinada por su nivel de pobreza o riqueza, por la lotería de vida que les cupo en suerte. Otros, como "los nadie" no se resignan, prefieren otro rol, menos pasivo, predecible, diferente al del crimen, el trabajo convencional o el estudio (bien porque les fue negado o porque no se deciden por él). Nada para ellos está definido, el futuro no es claro, cada día es otra escaramuza y el punk el himno de cada ofensiva.


Sus vidas son puro movimiento: en las calles como lugares de trabajo, aun sin la aprobación de sus familias; en el hecho de esquivar los peligros que cohabitan en los empinados recovecos de los barrios, o los límites invisibles trazados por pandillas y sus mandatos sobre los horarios que como señores del terror imponen a sus habitantes, y en la ocupación diaria de sus propias rutinas, que aunque alternativas también repetitivas. Ese movimiento de búsqueda, igualmente es la posibilidad de escape del espacio de la ciudad: un viaje para reconocer y participar de otras culturas, la meta de ese grupo de jóvenes.


Esta película relata una de tantas historias que no interesan a Colombia, vidas tan indiferentes, a pesar de tenerlas al alcance de la vista, que somos insensibles a ellas, así como hacia el sufrimiento de quienes viven y han visto la violencia como una sombra durante cada día de su existencia. La película quizá no sea taquillera, por lo mismo que no es una comedia ramplona de esas que convoca a la familia y goza del mercadeo sin límite de sus distribuidores; sin embargo, es una historia sencilla sobre aquellos que reman contra la corriente, de quienes no pretenden ser ejemplo de éxito, porque este ha demostrado ser tan huidizo en estos días que es difícil creer en él.

Favián Ortiz Reyes
damasogardel@gmail.com

Bogotá, noviembre de 2011

335 páginas

 

17 May

Ataques de Risa

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Published in Libros reseñados    Escrito por Philip Potdevin

 

 

 
Informacion adicional
Autor: David Betancourt
Colección:   Ríos de Letras
Formato:   14 x 21 cm
Precio:   $22.000
Bogotá - Abril de 2017 - 128 páginas

Descripción:

Un libro para leer, reír y disfrutar

Que un libro de cuentos alcance la tercera edición en menos de dos años es un hecho insólito dentro de la panorámica editorial nacional dado que estamos en una industria reacia a publicar relatos. Además, si el mismo libro ha sido premiado en dos concursos de reconocida reputación en el país, como el de cuento de la Universidad Industrial de Santander y el Jorge Gaitán Durán, de la Gobernación de Norte de Santander, pues tanto más. Ataques de Risa, del joven escritor antioqueño David Betancourt, tiene esta doble cualidad. Por otra parte, las calificaciones del autor son sobresalientes. Su cuento "Beber para contarla" ganó en el 2016, entre más de mil doscientos cuentos, el premio de La Cueva, organizado por ese grupo literario de Barranquilla. La Universidad de Antioquia también acaba de publicar Bebestiario otro volumen suyo de cuentos, encabezado por el antes mencionado, en donde Betancourt se consolida como uno de los mejores escritores contemporáneos de nuestro país. Estamos ante un escritor maduro, pero no muy serio, pues el humor atraviesa toda su obra; un género a veces soslayado por muchos escritores.


Betancourt tiene facilidad para narrar historias, para atrapar al lector en una vertiginosa prosa que está llena de parodias, de ironías, de salidas inesperadas, de dotar a sus personajes de un irreverente desparpajo en la puesta en escena para rayar en lo absurdo y por supuesto en lo risible. No es casualidad que la protagonista de los cuentos de este libro se llame precisamente Risa. A través de los ojos de Risa conocemos los diversos personajes de su familia, su madre, la abuela, la amiga, el abuelo, sus novios, sus novias, sus maestros, su sicólogo.


Lo importante es saludar y darle la bienvenida a las letras nacionales a Betancourt; un aire fresco en la arena literaria, un autor que propone un estilo personal; aquel que sabe, como el mejor juglar, reírse de sí mismo (en gran parte, la iconoclasta Risa parece ser un alter ego de Betancourt, ambos son filólogos –filólogos son aquellos que aguantan filo, dice la misma Risa–) y que hace reír, a veces a las carcajadas, al lector con sus historias y salidas.


El libro contiene diez cuentos de gran factura, aquí abunda la fluidez narrativa, el adecuado manejo de la tensión, los juegos de palabras, las referencias literarias, los guiños y los reconocimientos a autores.


El jurado de uno de los concursos mencionados dijo sobre Ataques de Risa: «Se destaca el uso de un lenguaje ágil e irónico, a partir del cual se construye cierto universo cotidiano no exento de humor y de las situaciones absurdas que envuelven a Risa –personaje protagónico– y a una serie de personajes secundarios, cuyas actuaciones ingenuas y divertidas refrescan un interesante cuadro de costumbres. Ataques de Risa constituye un libro con unidad formal, en el que su autor logra darle valor estético y literario al desparpajo y la mordacidad, a través de la escenificación de hechos comunes».


Para Ediciones Desde Abajo es un orgullo presentar al público lector este volumen de cuentos de David Betancourt. Un libro para leer, reír y disfrutar, sin lugar a dudas; y para estar atentos a la obra que ha de venir de parte de este escritor.

Philip Potdevin

 

 

 

20 Abr

Soñamos que vendrían por el mar

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Published in Libros reseñados    Escrito por Philip Potdevin*

 

¿Ser actor o ser revolucionario? ¿Acaso no es posible fundir los opuestos y convertirse de esa forma en “actor” del conflicto? El dilema hamletiano, ontológico, identitario, atraviesa los personajes de la nueva novela de Juan Diego Mejía, encallados a media travesía entre la ciudad y el monte; y, entre todos, a su protagonista, el narrador, un tal Pável Vlasov, que en realidad no es ese su nombre. Podríamos decir que es un impostor, alguien que esconde (¿o busca?) su identidad en la máscara de los personajes que desea representar. Pável es el nombre de guerra que utiliza un anónimo joven de clase media de Medellín quien a fines de los años setenta se debate entre dos grandes pasiones: la arquitectura y el teatro. Al cabo, parece triunfar su vocación por el teatro, el clásico y también el moderno. Para adoptar su alias se inspira en el personaje de La madre de Gorki, la novela sobre la revolución de 1905 aplastada por el zar, y la no menos célebre adaptación cinematográfica de 1926 de Pudovkin. 

 

Son años de turbulencia los que vive Pável; épocas de dictaduras en Latinoamérica y de democracias militarizadas y de Estado de Sitio en Colombia. El fervor político prende la chispa en la zarza seca de la imaginación de los estudiantes e intelectuales que sueñan con un país más justo, más incluyente. Así, el ambiente universitario de la Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional, la “Nacho”, de Medellín, es terreno fértil para que las semillas revolucionarias germinen.

 

La novela está atravesada por un tono beckettiano de tensión negativa. El grupo de tendencia maoísta formado por un puñado de intelectuales desencantados de la vida urbana está a la espera de un envío de armas proveniente de las Antillas, que intuimos, desde el comienzo, jamás llegará. Hay una desesperanza aprendida de los integrantes del grupo; todo parece conducir al fracaso de la llamada operación seis de diciembre que conmemorará el cincuentenario de la masacre de las bananeras. La espera se hace interminable; el tiempo hay que emplearlo de algún modo, al igual que Vladimir y Estragón, mientras se toma consciencia de lo absurdo que es todo en la vida, incluso el llamado a la lucha armada.

 

Por ello, la novela de Mejía encuentra su mérito en recrear, con un bello lenguaje literario, el camino que va de la ilusión al desencanto; del irrefrenable optimismo a la brutal realidad; de la pasión vocacional al deber social y de vuelta al auténtico llamado personal; del autoengaño a la verdad íntima, soterrada y embozada por los gritos y cantos estentóreos de sirenas seductoras.

 

Hay una generación atrapada en esa coyuntura vital que narra Juan Diego Mejía; jóvenes que desde una cómoda intelectualidad universitaria no quieren permanecer indiferentes a una sociedad que clama la renovación de las estructuras sociales y políticas de un país que parece enquistado en la abulia decimonónica de “laissez faire, laissez passer, le monde va de lui mé-me“. Hay un llamado a la revolución: salir de la ciudad e irse al campo. Pero todavía no es tiempo de levantarse en armas, de irse a la clandestinidad; primero hay un trabajo para hacer con los sindicatos, con el campesinado, con los obreros oprimidos desde siempre. La certeza es que la revolución triunfará solo si hay apoyo popular. Los tiempos llaman a la acción: son cincuenta años de la masacre de las bananeras, son veinte años de la revolución cubana, y también es inminente el triunfo de la revolución sandinista. No se puede esperar más y, a pesar de ello, aún no es la hora; es el cruel y paradójico dictamen de quienes mueven los hilos de los movilizados. Hay que esperar. Como siempre, aparece una izquierda dividida, fraccionada entre mamertos, maoístas, trotskistas, y el recién surgido “eme“ que pone en riesgo, con sus acciones que rayan en lo demencial, todo el andamiaje de la revolución que cada grupúsculo quiere ensamblar a su manera. Mientras tanto, la derecha radical no se queda quieta, olfatea el peligro como fiera amenazada y lanza el latigazo de la represión, la persecución, la cacería de brujas y la justicia por mano propia para ir eliminando uno a uno, a cualquiera que sea pillado desprevenido.

 

Pável tiene todo claro en su espíritu y en su corazón; si bien la racionalidad lo traiciona. No hay placer mayor que interpretar a Calibán en La tempestad –es su amiga Yolanda quien le revela algo que él mismo ha pasado por alto: el verdadero personaje de la obra no es el melifluo Ariel sino el monstruo indómito de Calibán–, pero quien de verdad abre sus ojos para hacerle ver su realidad más profunda es Edipo, que en la tragedia de Sófocles se centra en la más honda pregunta que se puede hacer el ser humano: ¿Quién soy? Las demás obras que monta, tanto en Medellín como en Ciénaga –donde ha sido enviado para preparar el terreno de la revolución– las dirige y representa sin la emoción y el fervor que le inspira lo clásico; aquellas las dirige bajo el mandato de hacer un teatro comprometido, “revolucionario“: Sol subterráneo, Tiempo vidrio, El rehén, y Anacleto Morones, esta última sobre un cuento de Rulfo. Al final, en una larga y emotiva coda narrativa, a la manera de una sinfonía bruckneriana, dirige la adaptación de De ratones y hombres, de Steinbeck: El montaje no es más que el tiro de gracia en la nuca a los sueños marxistas revolucionarios.

 

El grupo subversivo de Pável se diezma lánguidamente. Agoniza. Unos han sido dados de baja por el oscuro enemigo; otros se van a trabajar con las mafias de la droga, otros más se pierden en la bebida y bares de prostitutas; y los demás, como Pável, terminan desertando porque reconocen que tienen una opción: “me la juego por el teatro”. Al final, reconoce que no es un peligro para nadie, su presencia, en la antesala de la revolución es invisible. “No existía. Daba lo mismo si me iba o me quedaba”. Las conversaciones entre ellos son de desencanto, ya no hay razón para seguir: “Convencete de que nosotros vamos a morir de viejos y no la vamos a ver, pelao. No te hagas ilusiones“. En otro momento: “–Es que no tengo alma de esclavo –me dijo./ Esto se acaba si todos nos vamos cuando estemos aburridos./ –¿Y qué?/ –Pues que así nunca vamos a tener revolución“.

 

Concluir la lectura de Soñamos que vendrían por el mar (bello título, paráfrasis de las profecías de los originarios de América sobre la inminente llegada de unos invasores) deja el sabor agridulce de la circunstancia actual colombiana. La metáfora con el presente es inevitable y no parece casual que Mejía se haya decidido a escribir este libro en el momento en que el país vive un proceso de dejación de las armas por parte de los tradicionales grupos armados. ¿En dónde quedaron los sueños revolucionarios de una o dos generaciones? Ya no estamos en tiempos de revoluciones armadas en nuestro continente; el voto libre ha demostrado que es posible llegar al gobierno a través de medios democráticos y pacíficos. También es cierto que hay un país que soñó, y apostó por el cambio. Muchos dejaron sus vidas en el camino; otros volvieron, cabizbajos, llenos de experiencia, de amargura, pero también de ilusiones a jugársela por forjarse otra vida. Es de estos últimos, de lo que se ocupa esta novela y por ello hay que leerla, para entender el momento actual del país y mirar en retrospectiva lo que ha sido nuestra historia reciente. Un libro para recomendar, a todas luces. 

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Le Monde Diplomatique Colombia.

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