Las votaciones celebradas el pasado 13 de marzo en Colombia, así como encuestas posteriores, arrojan luces sobre la posibilidad de cambio hacia una democracia plural e incluyente, fundamentada en la dignidad humana, o la continuidad de las maquinarias oligárquicas tradicionales controlando el régimen político colombiano, sobre lo cual su sociedad se pronunciará el 29 de mayo, en primera vuelta presidencial y, posiblemente, el 19 de junio, en segunda vuelta al no haber ganador con más del 50 por ciento en la inicial.

Autoría: Rosennell Baud

El régimen político colombiano funciona en sus formalidades de acuerdo con su estructuración institucional, proyectada en sus líneas maestras en dos de nuestros textos fundacionales: la Carta de Jamaica (1815) y lo redactado en 1821 en el Congreso de Angostura, y cuyos parámetros actuales están reglados en todos los detalles en su Carta Constitucional de 1991. El marco de la misma es la democracia, en su sentido liberal.

De acuerdo con ella, el voto es un derecho y un deber ciudadano (artículo 258, CP). El potencial electoral de Colombia en el año 2022 es de 38.819.901 personas (75% de la población total del país); las mujeres suman 20.031.855 (51,6%) y los hombres 18.788.046 (48,4%). Cinco circunscripciones territoriales (15% de las 33 que integran el espacio político-administrativo nacional), las más densas poblacionalmente, concentran cerca de la mitad de la ciudadanía apta para votar: Antioquia (13,1%), Atlántico (5,2%), Bogotá D.C. (15,4%), Cundinamarca (5,3%) y Valle (9,5%).

El Congreso de la República es la legislatura bicameral de la República de Colombia conformado por el Senado y por la Cámara de Representantes. Corresponde al Congreso de la República reformar la Constitución, hacer las leyes y ejercer control político sobre el gobierno y la administración (artículo 150, CP). Los miembros del Senado (108 en total) son elegidos en circunscripción nacional y los de la Cámara de Representantes (187 en total) en circunscripciones territoriales y especiales (artículos 171 y 176, CP).

En la elección del Congreso, el pasado 13 de marzo, el promedio de votación departamental fue de 45,5 por ciento por las listas del Senado y el 47,2 por las listas de la Cámara de Representante. El rango de votación más amplio es para el Senado con 27,6 puntos porcentuales (p.p.), con un mínimo de 35,0 por ciento (Putumayo) y un máximo de 62,6 (Sucre); para el caso de la Cámara de Representantes el rango es de 24,2 p.p., el mínimo de 37,7 por ciento (Cauca) y el máximo 62,0 (Sucre). El coeficiente de variación (desviación estándar/media, en porcentaje) es ligeramente más alto en la votación del Senado respecto a la Cámara (12,5 Vs 12,2).

En Colombia, por tradición, la votación más alta se registra en la elección del Presidente de la República (gráfico 1); en la elección de 2018 (2ª vuelta) el promedio de participación fue de 50,2 por ciento; no obstante, el rango es más amplio: 33,2 por ciento, con un mínimo de 31,5 (San Andrés y Providencia) y un máximo de 64,7 (Casanare); por tanto, el coeficiente de variación es mayor: 17,4 por ciento. Esta tendencia no se cumple en las regiones Caribe y Amazonía, por la práctica consuetudinaria y masiva de compra de votos por parte de los caudillos, gamonales o caciques locales, particularmente durante las elecciones del Congreso. Sin embargo, es en la votación para el Congreso donde las maquinarias políticas operan con todos sus instrumentos y estrategias: compra de conciencias en dinero o especie, negocios, concertaciones, intimidación y cargos burocráticos, desde el micro espacio del barrio o vereda, hasta la región y nación. La localización del voto es factor determinante de las fuerzas de los partidos.

En la elección del Congreso 2022-2026 la participación efectiva y decisiva del potencial electoral fue de 15,5 millones de personas, esto es, sólo cuatro de cada diez personas son las electoras reales. La abstención (renuncia a emitir el voto en una elección) fue de 55 por ciento tanto en Senado como en Cámara. En blanco votó el 6,5 por ciento de los sufragantes. En promedio, el 4,6 por ciento de los votos fueron nulos y el 2,5 no marcados (mapa 1).

Fuerzas políticas en el Congreso 2022-2026

En Colombia persiste la tradición y la distribución geográfica del voto: liberal, conservador, izquierda. Las afiliaciones locales por partidos, movimientos e ideologías políticas perfilan las regiones electorales. Si bien, a partir de 1974 históricamente (con el acuerdo entre los dos partidos tradicionales –Frente Nacional– que operó entre 1958 y 1974 les permitía a éstos repartirse el poder, el presupuesto y la burocracia, sin permitir participación alguna de terceras fuerzas) el sistema político retorna al multipartidismo (competencia abierta entre partidos) y al suprapartidismo (coalición de partidos y movimientos sociales) abriéndose la posibilidad de terceras fuerzas. El carácter regional o geográfico de la distribución de los fortines partidistas queda claro en la elección del Congreso 2022. Las fuerzas de izquierda, derecha y centro se expresan territorialmente (mapa 2). Son pocas las situaciones de apertura y cambio en los comportamientos políticos, como en el caso de Bogotá D.C., relacionadas con los procesos de modernización y transformación económica y sociocultural.

En Colombia, a pesar del avance histórico y los procesos de modernización, transformación e inserción en el proceso de globalización que domina tanto la economía como la cultura mundial, el comportamiento político es un fenómeno relativamente independiente, y para muchos territorios es posible explicar su comportamiento electoral por fenómenos simplemente políticos. No obstante, en las elecciones para el Congreso del 13 de marzo de 2022 se registró un avance de los partidos, movimientos sociales y coaliciones neodesarrollistas o progresistas, comúnmente llamadas de izquierda; en contraste, los partidos de derecha presentaron una pérdida de electorado. Los partidos de centro, en el marco de la oposición, cosmovisiones y del antagonismo político, mantiene la franja tradicional de favorecimiento de los votantes. Las maquinarias de los partidos del establecimiento conservan su efectividad, de ahí que la mitad de las curules del Congreso les sigan perteneciendo. La izquierda, la más votada en los comicios del 13 de marzo, controla una cuarta parte del Legislativo; la otra cuarta parte de las curules corresponde a los partidos o coaliciones de centro (gráficos 2 y 3).

Contexto y política

La historia política de Colombia se orienta por un decálogo de factores condicionantes y persistentes: i) La violencia clasista, ideológica y sectarista acompaña los fuertes enfrentamientos partidistas y las guerras civiles desde mediados del siglo XIX, época de gestación de los partidos políticos; las guerras civiles han sido consecuencia de las pugnas entre bandos partidistas y no viceversa; ii) los bandos partidistas se configuran alrededor de caudillos antes que por programas políticos; el caudillismo se refiere a la preferencia por la persona que debe gobernar; iii) las fuerzas electorales de los partidos colombianos son tradicionales y locales, reproducidas por la eficiencia de las maquinarias políticas; iv) los caciques o gamonales locales interpretan y median la agregación de intereses, sentimientos, creencias y necesidades de la población y construyen una plataforma política local, controlan los votos y dominan la estructura municipal de poder; el Estado central y los partidos políticos dependen de la construcción piramidal del sistema político por parte de las élites regionales y locales v) los partidos tienen geográficamente repartidas sus fuerzas; el partidismo se mide por la fuerza electoral; vi) la pérdida de legitimidad de los partidos o las pocas diferencias entre las fuerzas conduce al “presidencialismo de coalición”, esto es, las alianzas estratégicas que implica la negociación del poder y el reparto presupuestal y burocrático del Estado; vii) la expresión del voto según circunstancias políticas, cambio de contextos o crecimiento del voto “no cautivo” puede generar el fenómeno temporal del arrastre electoral de un nuevo “líder político”; viii) El Estado y el líder carismático se funden en el imaginario popular como una referencia fundamental para aplicar políticas tanto de integración social como de desarrollo; ix) cuando las bases institucionales de la sociedad son relativamente débiles, la integración nacional y social insuficiente, la demanda de líderes carismáticos es mayor; x) periódicamente el escenario político registra el enfrentamiento entre las fuerzas sociales populares que emprenden la aventura de transformar radical y democráticamente a la sociedad y sus instituciones, de una parte, y las fuerzas reaccionarias, autoritarias y conservadoras, de otra; en el trasfondo de esta dialéctica revolución-contrarrevolución, se han alineado dos sujetos históricos desigualmente armados en medios y recursos: las clases privilegiadas y el pueblo. En Colombia el crónico estado del conflicto armado que afecta a una parte ampliada de su sociedad y territorio, y la consolidación de un Estado lumpen, criminal y corrupto, de alianza entre partidos políticos, narcoparamilitares, terratenientes, grupos cristianos y empresarios han bloqueado los cambios políticos emanados de la Constitución de 1991 y los acuerdos de paz de 2016.

Los gráficos 4 a 10 ilustran los diagramas de dispersión y las regresiones lineales* que permiten profundizar en el estudio de la relación entre los resultados de la elección del Congreso, el 13 de marzo, y los contextos demográfico, político, económico y social según departamentos.

El comportamiento de la elección del Senado está asociado positivamente con la participación en los comicios presidenciales. La relación con el sufragio por la Cámara de Representantes tiende a ser negativa: a mayor participación en la elección de representantes del orden territorial menor es el caudal de votos por Presidente.

La participación en las elecciones de orden nacional como el Senado es independiente de la densidad poblacional regional. El voto por los representantes de las circunscripciones territoriales tiende a ser más alta en las regiones menos densas poblacionalmente.

La elección de las dos cámaras del Congreso presenta un comportamiento urbano-rural contrario: el voto por el Senado es más alto en las ciudades y el de Cámara de Representantes aumenta con el grado de ruralidad. Este fenómeno se repite con el grado de pobreza multidimensional: en las zonas donde ésta es mayor aumenta significativamente la ciudadana en la elección de Cámara de Representantes; para el Senado el menor grado de pobreza incrementa la participación.

La democracia electiva está correlacionada negativamente con la violencia: a mayor número de víctimas del conflicto armado, la abstención crece sostenidamente, tanto en la elección del Senado como en la Cámara Representantes.

La composición etaria es predictor del comportamiento electoral, principalmente en la elección del Senado: cuando el peso relativo de los jóvenes es más alto, mayor es la participación de votantes; en la elección de la Cámara de representantes esta correlación tiende a ser negativa.
El ingreso per cápita departamental influye positivamente en el comportamiento electoral para el Senado y negativamente en la elección de Cámara de Representantes.

Contienda por la presidencia

En la historia política de Colombia, el promedio de abstención en el período 1914-2022 es de 52 por ciento; población que no ejerce su derecho por anomia, ignorancia, desencanto o desesperanza y crítica de la democracia real. A esta cifra se suma el 8 por ciento del potencial electoral que vota en blanco, no marca los tarjetones o los tramita mal; de ahí que la decisión efectiva esté en manos del 40 por ciento de ciudadanos y ciudadanas.

Es un proceso político, de estímulo y desestímulo de la participación ciudadana en el cual la violencia favorece a la extrema derecha; en los períodos de alto conflicto el voto por la izquierda es bajo. En los extremos de la línea de tiempo, principios del siglo XX y lo corrido de la centuria actual, los partidos y movimientos sociales de izquierda han tenido un protagonismo sobresaliente y ascendente en las contiendas electorales; sin embargo, la izquierda enfrenta un “techo de cristal” (se trata de un límite difícil de traspasar, construido sobre la base de rasgos que son difíciles de detectar; por eso no se ve y se llama de cristal) que no logra sobrepasar al 36 por ciento del electorado. Los altos grados de pobreza favorecen a los partidos afines al establecimiento por su capacidad de manipulación ideológica, compra de votos, cooptación y prácticas asistencialistas; una sociedad con mayor bienestar, educación, conciencia crítica y dignidad favorece el voto de izquierda (gráfico 11).

La elección para la presidencia necesariamente será producto de coaliciones. Los partidos de derecha se alinean en un bloque que tiende a no abandonar el poder mediante la estrategia de “todo vale”. Las fuerzas de izquierda, partidos y movimientos sociales, y que hoy conforman el “Pacto Histórico”, para ganar deben dar un salto y conformar un frente político y social abierto, inclusivo, pluriclasista y democrático; un frente difícil de concretar si se avanza hacia el mismo con posiciones éticas no negociables. La balanza la inclina, en parte, el comportamiento del Centro, algunos de los cuales irán a la derecha, otros hacia la izquierda y el resto se mostraran como neutros y promoverán el voto en blanco o la abstención.

Posterior a la elección del Congreso, el pasado 13 de marzo, las encuestas dan luces sobre cómo están viendo los colombianos la carrera presidencial antes de las elecciones de mayo y junio (si hay segunda vuelta) de 2022. Los triunfadores en la elección del Congreso fueron el Pacto Histórico y las maquinarias políticas tradicionales. Por ahora hay ocho aspirantes a la presidencia, pero solo cuatro tienen opciones reales de lograrlo: uno de izquierda (Gustavo Petro), otro de derecha (Federico Gutiérrez) y dos más de centro (Sergio Fajardo y Rodolfo Hernández). La encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC), cuyos resultados se publicitaron el 19 de marzo (la encuesta tiene un margen de error de 2,1 por ciento y un nivel de confianza de 95), muestra a Gustavo Petro en el primer lugar, con un 32 por ciento de intención de voto (esta es más o menos la cifra que ha mantenido el exalcalde Bogotá en diferentes mediciones); en el segundo lugar aparece Federico Gutiérrez con un 23 por ciento de la intención de voto; Sergio Fajardo, el candidato de la Coalición Centro Esperanza, al igual que el exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, andan con el 10 por ciento de las preferencias. En el estudio se destaca que hay un 13 por ciento de personas indecisas (no sabe/ no responde) y otro 5 que afirmó que su voto será en blanco. Con estos datos parece evidente que la carrera, por ahora, se centra entre el exalcalde de Bogotá y el exalcalde de Medellín, o mirado de otra forma: en el enfrentamiento entre fuerzas políticas antagónicas, izquierda y derecha (cuadro 1).

En la historia política reciente esta es la segunda ocasión en que un candidato que abraza reivindicaciones de izquierda tiene, a la luz de las encuestas, tanta posibilidad de convertirse en el primer mandatario de Colombia (en 2018 , en la segunda vuelta, Petro alcanzó el 42% de los votos). En círculos del Pacto Histórico se asegura que la apuesta es ganar la presidencia en la primera vuelta (lo que requiere obtener el 50,1% de los votos válidos): si dejan para la segunda vuelta, estiman que un sector del centro y la derecha podrían unirse y vencer.

El estudio muestra que Gustavo Petro y Francia Márquez, fórmula presidencial y vicepresidencial del Pacto Histórico, se imponen en tres de las seis regiones en las que se dividieron las personas encuestadas: Bogotá (40%), Caribe (39%) y Pacífico (46%). Al Pacto Histórico los favorecen el voto masculino (37%) y femenino (27%); el voto joven con edades entre los 18-25 años (48%) y 26-40 (37%); y los estratos medio (34%) y bajo (32%).

El candidato de las fuerzas políticas de derecha se impone en la región de Antioquia-Eje Cafetero con una intención de voto de 36 por ciento. El ex alcalde de Medellín lidera en el estrato alto (36% frente al 29% de Petro). La intención de voto por Gutiérrez es más alta en la población de 41 y más años de edad. 
En resumen, el decálogo de factores condicionantes continúa mostrando validez al momento de comprender la historia política de Colombia y las elecciones de 2022.

* Los diagramas de dispersión ilustran sobre el tipo de relación existente entre dos variables. Pero además, un diagrama de dispersión también puede utilizarse como una forma de cuantificar el grado de relación lineal existente entre dos variables: basta con observar el grado en el que la nube de puntos se ajusta a una línea recta. El coeficiente de determinación, también llamado R cuadrado, refleja la bondad del ajuste de un modelo a la variable que pretender explicar. El resultado del coeficiente de determinación oscila entre 0 y 1. Cuanto más cerca de 1 se sitúe su valor, mayor será el ajuste del modelo a la variable que estamos intentando explicar. De forma inversa, cuanto más cerca de cero, menos ajustado estará el modelo y, por tanto, menos fiable será.

** Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.