Escrito por Carlos Eduardo Maldonado

A comienzos de noviembre de 2021 tuvo lugar en la ciudad de Glasgow, Escocia, la reunión por el acuerdo climático COP26. Después de dos semanas de deliberaciones y encuentros se produjo un documento que, según trascendió, es un auténtico fracaso en términos de entendimiento, enfrentamiento a la crisis climática y políticas de compromiso para salvar a la humanidad de los límites irreversibles que la condenan a la desaparición. Estudiemos qué significa el fracaso de ese acuerdo.

Fabio Manosalva, Tu lo reflejas todo Ana!, 50 x 50 cm (Cortesía del autor)

La de Glasgow fue la primera reunión sobre temas ambientales de gran alcance después de la crisis del covid-19, y en la antesala a un posible mundo post-covid-19. Esta circunstancia es importante para entender el clima, los retos y los alcances del documento final.

Encuentro de rencillas, cobros y problemas menores

Los primeros días de encuentros entre los así llamados líderes fue un escenario de mentes pequeñas, egos y bajos intereses. Unos se aparecieron sencillamente para salir en la foto; otros se encontraron entre sí para recriminarse por cosas pequeñas: la compra de submarinos, acuerdos pesqueros, reproches y sátiras, resquemores y caprichos. Cualquier cosa menos una mentalidad dispuesta a enfrentar el peligro de los límites planetarios (1) y el reloj de los cien segundos de oportunidad que le quedan la humanidad –“para la media noche”– de acuerdo con los científicos (2).

Supuestamente, los líderes mundiales tienen la capacidad de jalonar al mundo hacia su bienestar. Pues bien: un falso supuesto. La política está hecha de sospechas, alianzas de conveniencia, y mucho interés y poder; para nada altruismo, ética, valores universales, paz y vida. Realpolitik.

Las conferencias sobre el cambio climático no son un proceso improvisado. Se realizan sistemáticamente desde 1995 y siempre la agenda de las siguientes conferencias se anuncia con antelación de suerte que los gobiernos, los Estados, las corporaciones y la sociedad civil se prepare suficientemente (3). En este contexto, lo sucedido en los primeros días, lo acontecido durante todos los días que ocupó esta cumbre, y el documento final acordado, es señal de cualquier cosa menos de inteligencia ambiental.

Hay un hecho contundente inocultable: de acuerdo con numerosas fuentes científicas, la información sobre la crisis climática es clara. Los datos son contundentes acerca de la gravedad del asunto. Pero los políticos, los militares y los empresarios, colocando siempre sus intereses mesquinos por sobre los de la humanidad, se caracterizan por un sistemático desprecio de las evidencias científicas. La política no escucha a la ciencia; en la historia de Occidente, casi nunca lo ha hecho (con la muy notable excepción del Proyecto Manhattan, y todo lo que pivota en su entorno, alrededor del planeta). Se trata de dos mundos paralelos que excepcional-mente llegan a tocarse. Ya lo decía Platón hablando del sueño del rey filósofo: un gobernante sabio sucedería sólo epe keine, en griego; que literalmente significa: de milagro.

Nunca como hoy había sido cierto que la grandeza de los gobernantes se reconoce por su capacidad para afrontar los más altos riesgos y peligros.

Existe, manifiestamente, una profunda, sistémica y sistemática crisis alrededor del mundo. No es este el lugar para juzgar sus razones y orígenes (4). Valga resaltar, en todo caso, que de todas sus expresiones, el calentamiento global y todo lo que él significa –desertificación, contaminación del aire y de las aguas duces, deforestación, extractivismo, pobreza y hambre– constituye la expresión más aguda de todas las crisis.

Se habla de prospectiva, de planeación estratégica, de liderazgo de diversos tipos, de innovación, de desarrollo humano, y otros temas próximos y semejantes: pero esa es sólo palabrería –flatus voccis–, a la hora de emprender acciones reales que protejan a la humanidad y a la biosfera. La política está hecha de palabras hueras. Ayer se alimentó de retórica –desde Aristóteles y Cicerón–; hoy se nutre de noticias falsas (fake news). Un panorama desalentador, según todo parece indicarlo.

El documento final de acuerdo

Desde la conferencia anterior, realizada en Madrid en el 2020 –si no antes– la meta propuesta para la de Glasgow 2021 era el compromiso mundial para contener –¡ni siquiera reducir!– el calentamiento global en 1.5 grados. Pues bien, en blanco y negro no se logró nada al respecto. Así: nada. La declaración final de Naciones Unidas es tibia y desabrida (5), por decir lo menos.

La crisis climática debe ser entendida exactamente en el siguiente sentido. Existe una profunda crisis ambiental cuyos primeros diagnósticos se remontan a los primeros documentos del Club de Roma en 1977 y los años siguientes. La metáfora de la Tierra como una nave a la deriva en el espacio en el que no existe un plan B emergió por ese entonces. No hay un plan B para el planeta Tierra. Estamos aquí, vivimos aquí y si no se hacen bien las cosas pereceremos aquí. En blanco y negro.

Pues bien, en orden de complejidad, la crisis consiste en los siguientes niveles:

• Cambio climático
• Calentamiento global
• Crisis climática
• Catástrofe climática

Actualmente nos encontramos en el tercer nivel. La catástrofe climática será literalmente un punto de no retorno. Significará la muerte de la especie humana y de buena parte de la biosfera. En una palabra: la consumación de la sexta extinción –cuyos orígenes comienzan exactamente en 1776 con el desarrollo de la máquina de Watts, y el subsiguiente desarrollo de la primera revolución industrial–. La media noche del reloj de los últimos 100 segundos apuntan exactamente a la tercera fase de esta realidad. Y es allí también donde se encuentran los límites planetarios del Instituto Stockholm, que la humanidad está a punto de cruzar.

Pues bien, el documento de la Cop26 en Glasgow no aporta ningún paso real significativo de cara a evitar el ahondamiento de la crisis, para no cruzar el umbral hacia la catástrofe climática. La pérdida de la biodiversidad tiene ritmos galopantes; la deforestación del Amazonas, permitida por el gobierno de Bolsonaro, es obra del consumo capitalista; la desertificación de África, China y varios otros países no parecen detenerse para nada; hay otros que han entrado ya en una crisis de aguas, nutrición y pobreza que terminan siendo calificados como: países o economías o estados inviables. Es decir, en el actual estado de cosas no importa qué se haga, nada podrá impedir su hundimiento definitivo. Honduras y Haití en América Latina, Madagascar y los países subsaharianos en África. Al mismo tiempo, el agua dulce se agota alrededor del planeta y los océanos sufren una creciente e imparable acidificación. Un diagnóstico que no se agota aquí y que es pesimista por donde se lo mire. Genéricamente hablando, se trata de una crisis de raíces antropogénicas. Occidente nunca supo vivir bien, y se olvidó del saber vivir, del que sí saben otras culturas, pueblos y civilizaciones.

De manera puntual, los países más ricos del planeta rechazaron la propuesta de reunir 100 billones de dólares para ayuda a los países más desafortunados por la crisis climática (6). La realidad es que el documento de Glasgow apenas sí le apunta a la contención de 1.1 grados centígrados. En términos científicos es un fracaso. 0.4 grados puede sonar irrisoria, pero en las dinámicas de complejidad del medio ambiente es demasiado.

En pocas palabras, el documento final, según ha trascendido a través de diversas fuentes, es un enorme retroceso con respecto a las reuniones de Río de Janeiro, Madrid y París.

La política no atiende ni entiende a la ciencia: diálogo de sordos

Existe un consenso claro, indudable: el 97 por ciento de los científicos, incluyendo dieciocho sociedades científicas, diversas agencias gubernamentales y cuerpos intergubernamentales coinciden en señalar que existe una profunda crisis climática como resultado de las actividades productivas (7). Numerosas fuentes pueden aportarse al respecto. Sobre la crisis ambiental, y en el marco de los cuatro niveles mencionados, la ciencia es contundente. Una parte de la sociedad civil mundial así lo ha entendido. Sin embargo, en las esferas más altas del poder lo que impera es negacionismo. (Paradójicamente se escandalizan con el negacionismo sobre el Holocausto, pero son reacios a ver los hechos de la crisis ambiental).

Existe una ciencia del cambio climático (8). Es decir, hay cualquier cosa menos opinión, puntos de vista y pareceres. Hay datos contundentes, estudios de largas series de tiempo, estudios comparativos, estudios sobre los impactos del cambio climático, y existen robustas simulaciones y modelamientos, significativamente, todos comportan enfoques inter, trans y multidisciplinarios.

Los políticos y la política nada saben al respecto; o nada quieren saber sobre esto, lo que para efectos prácticos da lo mismo. Cabe subrayar esto: una política que responde a los criterios, los valores, las estructuras mentales y los intereses de la civilización occidental nada sabe sobre ciencia de la crisis ambiental.

Ciertamente que el reto de la crisis climática es de una envergadura con la que Occidente jamás se enfrentó antes. Numerosas razones explican la situación, entre ellas, desde luego, el impacto de la globalización. En cualquier caso, en toda la historia de Occidente jamás ninguna estructura mental –la religión, los ejércitos, las empresas, los gobiernos, los Estados– ha entendido un planteamiento de corte sistémico como el que plantea la crisis actual. La historia de Occidente ha sido la del fraccionamiento, la división, la especialización; en una palabra: el análisis.

El punto más crítico al respecto consiste en lo siguiente: los centros de poder no creen en la ciencia, y los científicos no tienen la capacidad decisoria sobre empresas, corporaciones, ejércitos, gobiernos y Estados como el que demanda la sexta extinción en marcha. Un desafío fantástico, agónico.
Ante este estado de cosas: o bien la política debe cambiar, o bien el lenguaje y las capacidades de la ciencia deben transformarse. O ambas cosas. Este es el punto crucial de la crisis civilizatoria.

Crisis climática y crisis civilizatoria

Todas las grandes culturas, pueblos, sociedades y civilizaciones que han desaparecido lo hicieron en consonancia –no necesariamente en términos de causalidad– con una profunda crisis ambiental. Numerosos estudios son esclarecedores al respecto (9). En el espectro de la historia de América Latina, el caso más crítico y estudiado fue el de la súbita y rápida desaparición de la civilización maya como resultado de una crisis en la gestión de aguas dulces (10). Análogamente –sin reduccionismos– a como todo gran levantamiento social está acompañado por profundas crisis alimentarias y hambre, asimismo, todo gran imperio, sociedad, cultura o civilización ha desaparecido en relación estrecha con una profunda e irreversible crisis ambiental. La naturaleza se encuentra en la base de las acciones y los procesos humanos, mucho más de lo que las ciencias sociales han estado acostumbradas a reconocerlo.

Sequías, hambrunas, terremotos, huracanes, tifones, incendios de enormes proporciones son algunos de los desastres, con todo y sus consecuencias, que han acompañado la desaparición de numerosas culturas. Pues bien, el caso de Occidente no tiene por qué ser diferente. Sólo que se trata de un reto de envergadura globalizada. La sexta extinción en masa (11) es, dicho de manera gruesa pero sucinta, la obra misma de la civilización occidental, con todo y sus valores, principios, grandezas y miserias.

Los diagnósticos sobre la crisis civilizatoria son cada vez crecientes y numerosos. Y cada vez hay mayor claridad acerca de la inviabilidad del modo de pensar y de vivir occidentales de cara a la naturaleza y al medio ambiente. Occidente se caracteriza por una mentalidad extractivista, cuyos primeros fundamentos se encuentran tanto en el Génesis –escrito hacia 1470 a.e.v–, como en la Política de Aristóteles (en especial, véase el Libro I). La naturaleza es concebida como un medio para los fines e intereses humanos.

Simple y llanamente, toda gran civilización colapsa cuando es incapaz de vivir acorde a la naturaleza debido a que sitúa al ser humano por fuera y por encima suyo. Así las cosas, una gestión de los asuntos humanos es imposible sin una buena gestión de los asuntos de y con la naturaleza (12). Saber vivir, y vivir bien, son una sola y misma cosa con saber entender a la naturaleza y vivir con ella. Sin posturas elegíacas ni románticas. Nuevamente: esto es pura y buena ciencia.

Sólo que la crisis civilizatoria de Occidente no debe, en absoluto, ser identificada con el final de la humanidad como tal. No existe ninguna relación de causalidad. Veamos.

Políticas ambientales desde abajo

Existen numerosas acciones, planes, programas y políticas alrededor del mundo que van en contravía de los modos de vida, estilos y estándares occidentales. Ante nuestros propios ojos, existe una nueva civilización que está emergiendo. Sencillamente, se trata de una civilización que sabe de vida, algo de lo cual Occidente jamás supo. Occidente siempre supo tan sólo de muerte, sufrimiento, enfermedad y violencia; en todas sus formas.

La fenomenología de una nueva civilización en emergencia es creciente y profusa: Un solo hombre siembra 152 millones de árboles para reforestar manglares en Senegal (13); veinte países trabajan en la reforestación de la Gran Muralla Verde para frenar el crecimiento del Sahara (14); China, Filipinas, India, Corea del sur y México emprenden políticas profundas y radicales de reforestación (15). En numerosos países existen comunidades autogestionarias que han abandonado el crecimiento económico, han apostado por el decrecimiento, tomaron distancia fuerte frente al consumo y el hiperconsumo, y han emprendida prácticas de largo alcance de trueque; el abandono de la moneda, por tanto: se trata de sistemas de economía solidaria (16); en Colombia y en la India, en México y en Francia, por ejemplo.

En otras palabras, hay comunidades enteras que le apuestan a la vida, y no a la muerte, al futuro, y no al pasado (17). Sólo que esta información no aparece en los grandes titulares de las multinacionales de la comunicación. Todo lo contrario. Lo que se vende es desasosiego, pesimismo, entrega, alarmismo y mucho milenarismo. Se trata de un miedo estratégicamente diseñado y programado con el cual logran manejar a grandes multitudes, todas mal informadas o desinformadas.

De manera significativa, por ejemplo, en el futuro inmediato el ecocidio será reconocido por la Corte Penal Internacional como un crimen de lesa humanidad, es decir, como un crimen que no prescribe hasta que sea juzgado, acusado el culpable y resuelto el problema. Se tratará, en el futuro inmediato, del juicio a los causantes de la sexta extinción. Todo, mientras otra civilización, pujante y vital, se yergue y teje redes y contactos, todos, por lo pronto, de corte rizomático.

El acuerdo de Glasgow 26 fracasó. Se trata de un paso más en la decadencia de Occidente y el final de esta civilización. De todas las civilizaciones que han existido en la historia de la humanidad, la que menos tiempos habrá vivido. Pero el fracaso del acuerdo de la COP26 también lo es de un modelo en crisis. No el fracaso de la humanidad. Otro tiempo, otra civilización, otras relaciones son posibles, y están emergiendo y consolidándose. 

1. Cfr. https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html)
2. Cfr. https://thebulletin.org/2020/01/press-release-it-is-now-100-seconds-to-midnight/).
3. Cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/Conferencias_de_las_Naciones_Unidas_sobre_el_cambio_clim%C3%A1tico)
4. Cfr. Maldonado, C. E., 2020. Occidente, la civilización que nació enferma. Bogotá: Ed. Desde Abajo.
5. Cfr. https://news.un.org/es/story/2021/11/1499972
6. Cfr. https://www.carbonbrief.org/cop26-key-outcomes-agreed-at-the-un-climate-talks-in-glasgow)
7. Cfr. https://climate.nasa.gov/scientific-consensus/#:~:text=Multiple%20studies%20published%20in%20peer%2Dreviewed%20scientific%20journals1%20show,likely%20due%20to%20human%20activities)
8. Cfr. https://www.science.org.au/education/immunisation-climate-change-genetic-modification/science-climate-change
9. F. Fernández-Armesto, Civilizations. Culture. Ambition, and the Transformation of Nature, New York: A Touchstone Book, 2002; N. Ferguson, Civilización. Occidente y el resto, Madrid: Debate, 2012. 
10. R. B. Gill, Las grandes sequías Mayas. Agua, viuda y muerte, México, D.F.: F. C. E., 2008.
11. R. Leakey, La sexta extinción. El futuro de la vida y de la humanidad, Barcelona, Tusquets, 2012; E. Kolbert, La sexta extinción. Una historia nada natural, Barcelona, Crítica, 2019.
12. N. Ferguson, Desastre. Historia y política de las catástrofes, Madrid, Debate, 2021.
13. https://ecoinventos.com/reforestacion-manglares-senegal/
14. https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza/ibamos-a-construir-muro-verde-8-000-kilometros-largo-15-ancho-que-fue-gran-proyecto-para-reforestar-africa
15. https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/los-7-proyectos-de-reforestacion-mas-espectaculares-de-la-historia
16. https://nasaacin.org/trueque-comunitario-realizaron-las-comunidades-indigenas-de-corinto/;https://www.bbc.com/worklife/article/20200821-the-rise-of-bartering-in-a-changed-world
17. “Aprendizajes del distanciamiento para un mundo postpandemia. Las tecnologías y la vida cotidiana”, en: Le Monde diplomatique, octubre, año XIX, Nº 215, pp. 10-11.

* Filósofo, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.