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Una propuesta de democratización

Una propuesta de democratización

Regresa un escenario para la solución política. Vuelve, tras miles de muertos y un desprestigio del Ejército, la Policía e instituciones del Estado y la justicia. Poderosa, contando a favor con el rechazo ciudadano a las violaciones operativas y humanitarias de la guerrilla, la vía militar oficial, aunque debilitó a la guerrilla, no le puso fin al conflicto. No pudo aun con los ingredientes de ‘aceptación’ y justificación del paramilitarismo en la opinión, de intervención extranjera, de los ocho años de Álvaro Uribe que prometió victoria en sus primeros 100 días, y del ensayo con el “modelo europeo-español” de movilización contra ETA y el IRA. Al parecer, el Presidente planea con 24 meses de plazo.


La fase exploratoria para sentar las bases de un diálogo de paz definitivo entre el gobierno colombiano y las farc, culminó con éxito. La agenda acordada tiene 5 puntos que destacan con toda claridad, que sin perder su identidad, tienen como cuesta arriba las concesiones de cada una de las partes. (ver acuerdo)

Firmes en su contraste, a distancia y con los discursos respectivos del Presidente y de Rodrigo Londoño, Timochenko, esta vez, no hubo “silla vacía” como en enero de 1999 puso Marulanda. La guerra sigue. Todavía en medio del conflicto, no serán, por ahora, el próximo bombardeo o la acción guerrillera, es de suponer que de baja intensidad, las causas que partirán una de las patas de la mesa.

En su alocución, Santos cuidó de remarcar que el temario implica como primer punto o tropiezo, el tema de la tierra en su carácter definitorio de la justicia social y la estructura del modelo económico. La misma cuestión que durante décadas y de miles y miles de discursos en el Capitolio y con más de una decena de Presidentes y sus promesas, no han tenido la “voluntad de paz” para resolver. En la ocasión anterior, una propuesta al respecto del factor económico: el“subsidio al desempleo”, rebotó los ánimos en las élites y, de inmediato, constituyó la presión y el antecedente político para la posterior ruptura formal del diálogo en el Caguán.

La aproximación para conversar tiene una dificultad determinante: la “vía militar” que prima en el Estado, sin admitir que no acumuló los resultados suficientes y necesarios para imponer o exigir en el terreno, y de inmediato, una desmovilización como el callejón indiscutible para la guerrilla. En efecto, con un escenario político diferente en el continente, y una crisis social como alimento, la guerrilla –con una geografía favorable– pudo hacer una maniobra de repliegue forzado, y conserva y amplía un espacio para la agitación urbana.

Hacia un primer invierno en Oslo con portavoces y voceros

Para la guerrilla definir sus enviados no es difícil. Saben que ya no tienen la misma base territorial como la previa al “despeje del Caguán”, para imponerle al Estado y a la sociedad un postulado de manejo en una acumulación militar insurgente. Están en mora de presentar su propuesta mínima en los órdenes militar y sobre el país por construir. Pero al frente, traerán polémica y puja en los factores reales económicos y políticos del poder y el latifundio, temas de discusión obligada y de modificaciones en el quehacer político, como son: el papel y las consecuencias en el reconocimiento de la tierra y sus despojos, de la situación de las víctimas, la reglamentación de las leyes respectivas y los concernientes a la dirección económica en un nuevo sentido que no refuerce privilegios, garantizando su utilidad social y tomando en cuenta los reclamos relativos a la agroindustria y la megaminería.

Asimismo, la determinación de responsabilidades en la desinstitucionalización narcoparamilitar y el papel del gran narcotráfico, en particular, sus brazos para la comercialización y el lavado de dólares y activos, no pasará fácil. Tampoco, la nueva dimensión y función de las Fuerzas Armadas, aspectos que tocarán a la Colombia en acomodo de las ciudades intermedias y metropolitanas, usufructuaria de “las medidas de seguridad”,  pasivas hasta hoy ante la solución de una guerra que no los toca cerca.

En su orilla, así la guerrilla ya no pueda hacer una Conferencia Nacional Guerrillera para definir los planes y la síntesis colectiva de estos años, de inmediato o más adelante, dentro de la discreción pueden ser de titulares las caras de Miguel el sargento Pascuas, de la generación de Marquetalia, con décadas en las primeras líneas de fuego; el médico Mauricio Jaramillo, amigo cotidiano de Bernardo Jaramillo, el candidato asesinado; Pablo Catatumbo, llave y continuador de Alfonso Cano en la dirección del Movimiento Bolivariano, con sus estructuras derivadas; Pastor Alape, de pasos en el Magdalena Medio, todos bajo la orientación de Iván Márquez, Joaquín Gómez y Timochenko.

A la par, todo ello con una radicalización doctrinaria que, bajo la orientación de Alfonso Cano, puso en marcha desde el 2000, junto con medidas de reingeniería en la promoción de un mando urbano mayoritario en el secretariado y los bloques, mediante el ascenso de miembros que en su juventud rechazaron al M-19 como opción estratégica de poder, y que avanzó en una rectificación frente al secuestro, y de debate sobre la prioridad de finanzas en relación con el narcotráfico, que resultaron tardías. Aunque estuvo oculto, durante el diálogo en el Caguán ya Cano fungía como comandante jefe de las farc. En esa condición, sin ‘pedirle autorización’ a Marulanda, que actuó como «comandante fundador», se marchó de la zona un año antes con rumbo a la cordillera central, de despliegue principal; con la intención ofensiva de extender el conflicto hacia el centro económico más sensible, en áreas de los “comando conjunto occidental” y “comando conjunto central” en el Valle, Tolima, Viejo Caldas.

En la actual correlación política, la búsqueda y la conquista de la paz como “avance social”, no como derrota del contrario, demanda concesiones del poder y desde el mismo que significan una “transición” cuyo único seguro es la movilización social, y la aceptación por parte del Gobierno de formas de inclusión y democracia. En un afirmar del piso necesario para el baldosín, en favor y búsqueda de otro episodio, diferente con respecto a la paz, hay aspectos para recordar. La desmovilización de la guerrilla con origen urbano 1989-1992, aún con el resultado en la formulación de una nueva Constitución, sin inclusión total de la realidad urbana y rural, chocó con el asesinato paraestatal que neutralizó su proyección de gobierno.

El asunto no será solo de una «negociación bilateral»

Desde hoy, componer un nuevo escenario y método para la posibilidad de una «solución política» del conflicto, pondrá a prueba la “voluntad de paz” en varios temas, y en la definición y la participación de los actores básicos de la nación. Adquirirán escenario y garantías los nuevos actores políticos sociales, con reivindicaciones mínimas como son las demandas del pueblo Nasa –que intercaló un giro en el camino por la paz–, afín y participante en el Congreso de los Pueblos; las expresiones de las negritudes, de la Marcha Patriótica y de los sectores sociales reunidos en la Comosoc.

Así, debilitada, no cuantitativamente sino con respecto a su vínculo social y la multiplicación de su influencia, la guerrilla ¿por coincidencia o previsión estratégica? en sus decisiones de localización y redefinición de su dispositivo actual, cuenta como presión un factor geopolítico que parece invisible. Los negocios y el comercio de la franja oriental de Suramérica –Venezuela, y en menor medida Brasil que apunta con proyectos en Bolivia y Perú– necesitan la salida terrestre, férrea y fluvial al Pacífico. En paralelo, la disputa y geopolítica del mundo también determinan dinámicas en nuestro continente.

En una inmediata perspectiva, los Estados Unidos ante las fechas y circunstancias de las elecciones en Venezuela y de su propia campaña presidencial, como medida de desinfle contra el discurso antiyanqui de Chávez, necesitan quitar el efecto de una “intervención inminente” que apunta hacia Venezuela y tiene a Colombia como el lugar para el despliegue y avance.

En fin, no desconocer las reivindicaciones políticas irrenunciables como trasfondo, y las garantías de régimen político, jurídico y libertad de organización, es la fórmula para “evitar los errores del pasado” que subraya el Presidente, justo cuando la “vía militar” alza intacta su lógica y se reafirma con los resultados en el conteo de bajas de jefes de guerrilleros.

* Versión actualizada y editada que originalmente publicó Le Monde diplomatique, edición Colombia, septiembre de 2012

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