En el entretenimiento político quien aburre pierde 

Debemos a Paul Lafargue, yerno de Marx y autor de El derecho a la pereza, aquello de que después de la revolución los políticos podrían cumplir una función útil en la sociedad, en la industria del entretenimiento. 

Con la multiplicación de pantallas y opciones para entregar la atención, vivimos en el reino del entretenimiento, la expansión total de aquel “pan y circo” romano. No se piensa en lo que se vive, no se reflexiona antes de tomar decisiones, todo se ha vuelto entretenimiento de rápido consumo. Y en ese escenario, como dijo el poeta francés René Char, «El que viene al mundo para no perturbar no merece consideraciones ni paciencia». Es lo que le ocurrió al candidato que representaba la posibilidad de continuidad del proyecto de gobierno, que tenía todo a su disposición para sostener el cambio que el país necesita y expresó que quiere desde 2022, que había asumido la responsabilidad de no entregar Colombia a la propuesta de extrema derecha que se le enfrentaba. Pero que se quedó atrincherado en decisiones que demostraron no ser las que le convenía haber tomado, y ante la realidad de los números apeló al reclamo, las denuncias, la reivindicación de su honorabilidad, para finalmente bajar la cabeza y aceptar los resultados.



 

Información adicional

Elecciones Colombia, segunda vuelta
Autor/a: Ángel Beccassino
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº267, julio 2026
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