En medio de una multicrisis que tiene al capitalismo en vilo y también a toda la humanidad, se realizó la Asamblea General de Naciones Unidas en su 80 período de sesiones. Las evidencias de esa realidad, que potencian un cambio en la hegemonía global, saltan a la vista, con manifestaciones económico-financieras, comerciales, políticas, ambientales, sanitarias, militares, sociales.
La ONU, organismo mundial de encuentro, negociación, mediación, cooperación, planeación global y mucho más, creado pos-Segunda Guerra Mundial y que hoy aglutina a 193 países, también vive los coletazos de esa realidad, y hoy, como lo manifestaron varios presidentes y jefes de Estado en sus intervenciones, camina por la cuerda floja de su irrelevancia. Su propio Secretario General advirtió que “en este momento, los principios de Naciones Unidas están bajo asalto como nunca antes” (1), imponiéndose sobre ellos la ley del más fuerte. Esta realidad pone de nuevo a la humanidad ante la creciente del autoritarismo, el militarismo y el armamentismo, procesos que, en el momento de nacer el organismo multilateral, se consideraba que no retomarían vida.
La comunidad global siguió con especial atención esta cita diplomática, toda vez que el genocidio israelí sobre el pueblo palestino despierta la exigencia de diversidad de Estados y pueblos para evitar que prosiga esta debacle humanitaria. De igual manera, que la guerra entre Rusia y Ucrania pase a la mesa de negociación, para evitar su extensión a territorios vecinos. Otras realidades, ‘menores’, también atraen la inquietud de pueblos y comunidades a lo largo y ancho de nuestro planeta para su tratamiento, más allá de las denuncias y las declaraciones formales, entre ellas la persecución, la criminalización, el encarcelamiento y la deportación de migrantes, así como la creciente autoritaria que surca varios países, a la par del imperio de la desinformación.
En ese marco deliberativo, con el paso casi insignificante de uno y otro presidente o jefe de Estado por el atril de las formalidades, con discursos que casi nadie toma en consideración, quedaron refrendadas varias de las tensiones y las disputas que hoy vive la humanidad: globalismo-nacionalismo, autoritarismo-democracia, liquidación del sistema de Naciones Unidas vs. Refundación, unilateralismo vs. multilateralismo.
Con razón, el presidente Gustavo Petro expresó: “Los que no tenemos bombas ni grandes presupuestos no somos escuchados aquí”. Lo dijo, a manera de denuncia, el día 23 de septiembre, cuando fue su turno para subir a la tribuna de los lamentos.
“Este es mi último discurso como Presidente aquí…”, expresó, al brindar sus primeras palabras. Consciente de ello, con la claridad de estar ante su última oportunidad para ventilar ante todo el mundo sus ideas, postulados y propuestas –afanado quizá por convertirse en un referente del debate global que le abra un espacio para actuar políticamente luego del final de su mandato, al tiempo que le insufle aire para la campaña electoral del 2026, ya en curso– puso sobre la mesa varias valoraciones, así como propuestas, unas que atañen a Colombia en su relación con los Estados Unidos y otras que trascienden e implican a toda la humanidad.
Un instrumento de poder, control y dominio
La utilización de la llamada guerra contra las drogas, como instrumento para controlar y someter Estados, merece especial atención, toda vez que desde tiempo atrás así es reconocida tal estrategia, utilizada por otros imperios con igual propósito, entre ellos Inglaterra en su control sobre China, valido del opio. El Presidente lo resaltó con tono fuerte: “La política antidrogas no es para detener la cocaína que llega a los Estados Unidos. […] es para dominar los pueblos del sur en general. No mira la droga, mira el poder y la dominación”. Para lograr su propósito, acuden a la violencia, “[…] necesitan violencia para dominar a Colombia y América Latina” (2).
Se trata de una realidad que se puede leer en el marco de los mecanismos de control y dominio desplegados por un imperio para mantenerse como tal, y que implica pérdida de soberanía de los países que la asumen, política o estrategia con expresiones en los campos militar, agrícola, económico, político, ambiental, militar.
Esa política o estrategia, de alcance global, tiene su aterrizaje local, con clara expresión como política de control social en los territorios rurales y urbanos, atomizando a las comunidades, dificultando su organización colectiva, atizando odios entre familias, potenciando enfrentamientos violentos entre quienes, por ejemplo, controlan los expendios de drogas (conocidos como “ollas”) y quienes se oponen. En ese devenir, según el Presidente, “[…] han caído asesinados un millón de latinoamericanos entre sí mismos, el mayor porcentaje de ellos compuesto por colombianos”.
Las drogas, entre ellas la marihuana y el bazuco –no cocaína, pues esta no es de consumo masivo en los barrios–, son vistas como una oportunidad de acumulación rápida de dinero, y quienes las asumen como mercancía por vender a toda aquella persona que pague por ella, terminan convirtiéndose en ‘reyes’ de la comunidad donde están asentados. Su capacidad de amasar dinero les permite comprar silencios, desterrar a quienes se les oponen, asesinar a sus más abiertos enemigos, pagar defensas penales, hacerse a una cohorte de sicarios dispuestos a todo, pretender a las mujeres que les atraen y mucho más.
Es aquel un poder de efectivo control territorial, multiplicado por la extensión de sus ‘servicios’ a campos como el cobro de ‘vacunas’ por la seguridad prestada a comerciantes y pobladores en general, el préstamo de dinero bajo la modalidad del conocido gota-gota, el comercio de armas de fuego, el hurto, y el desvalijamiento de automóviles y motos.
Estamos ante una realidad padecida en el territorio nacional, con especial realce desde los tiempos de Pablo Escobar, cuando, con su capacidad de atracción, copó todo el Valle de Aburra, atomizando los procesos sociales en marcha, reclutando a miles de jóvenes dispuestos a todo, en la búsqueda de superar el empobrecimiento padecido desde el momento mismo de nacer. La utopía de la revolución fue cambiada por la pragmática resolución de “yo resuelvo por mano propia”. El individualismo se impuso sobre lo colectivo, primer asomo del ideario neoliberal que ya estaba en marcha. Así sucedió también en Cali, en Armenia y otras ciudades, en cada una de ellas bajo el control del patrón de turno, bien Lehder, los Rodríguez Orejuela, Gacha y tantos otros que en su momento coparon la agenda nacional.
Tenemos aquí una realidad prolongada en el tiempo, conocida y padecida en muchos barrios, así como en zonas rurales, pero poco procesada y meditada por las organizaciones sociales. Sin un esfuerzo por reflexionar esta constante y encontrarle solución micro, las propuestas alternativas de vida alcanzarán con dificultad los objetivos que se proponen; un reto aún más difícil de procesar ahora, cuando, por ejemplo, la marihuana es vista como algo sin potencial dañino, consumida desprevenidamente por miles de jóvenes. Ese consumo termina, consciente o inconscientemente, financiando al paramilitarismo, que en buena parte controla, de manera informal o formal, lo hasta acá descrito.
El efecto de esta realidad es tan potente que consumió el ideario y la ética de organizaciones guerrilleras que, ganadas por el pragmatismo del “todo vale”, terminaron controlando, como esfuerzo principal, sembrados de coca y marihuana, dejando a un lado la necesaria labor educativa de sus integrantes y de la población en general. Para muchos de sus mandos, lo fundamental terminó siendo la consecución de dinero, y a ello se dedicaron. Los efectos están a la vista.
Esta política de control social también la viven y padecen comunidades marginadas en Estados Unidos, y con la cual se extendió por sus comunidades barriales el crac, logrando así dividir y minimizar su resistencia (3). Desde hace unos años, la droga para ello ya no es el crac sino el fentanilo, producida de manera legal o ilegal por la industria farmacéutica.
Ese poder de disociar y controlar también se va sintiendo con fuerza en países de nuestra región, a la par de europeos, asiáticos y africanos. Tal realidad es el soporte de lo denunciado por el presidente colombiano en cuanto a los acuerdos logrados entre narcos y la DEA, por medio de los cuales se les permite seguir –a pesar de ser capturados– con sus negocios en Europa, Asia o África, no en Estados Unidos. Cumplen importante papel: son soldados del capital; son sus protectores.
El despliegue cierto de esta política, con los reales propósitos denunciados por el presidente Gustavo Petro, es lo que lleva a los Estados Unidos a desconocer los logros alcanzados por el gobierno colombiano, hasta llegar incluso a descertificar al país en este particular, un sector de la política nacional en la cual, entre los años 2023 y 2024 “[…] fueron los años donde más cocaína se incautó y más de 700 capos del narcotráfico fueron extraditados a Estados Unidos y Europa. Los extradité yo y la cocaína la incautó mi gobierno”.
Esa acción, la de extraditar connacionales, es realzada a pesar del ideario nacionalista, reivindicado durante décadas por los sectores alternativos en Colombia. Sin soberanía judicial ni policiva, y sin malestar político por ello.
Como se puede ver en el artículo de Ricardo Vargas (ver pág. 4), estudioso de vieja data del tema de narcóticos, reconocido como el investigador colombiano más reputado en esta problemática, la decisión de Trump de repotenciar a su país “[…] encuentra, en las narrativas militaristas de la guerra contra las drogas, una contribución para afianzar la violencia simbólica, el chantaje y la coerción, instrumentos para alinear y disciplinar a contrapartes acusadas de ser responsables de ‘amenazas externas’ como la migración y el alto consumo de psicoactivos prohibidos”.
Más adictivo que el fentanilo
En otro aparte de su intervención, el Presidente llamó la atención sobre el avance del cambio climático, posibilitado por la adicción del capital a la gasolina. Y recordó: “Según la ciencia, tenemos 10 años para caer en un punto de no retorno, 10 años, y, donde ya pasemos de ese punto, no se puede hacer nada […] porque será […] irreversible la extinción de la vida, incluida la humana”.
Pese a ello, negando los informes científicos que así lo certifican, la orden desde los Estados Unidos es “taladrar, taladrar y taladrar”, decisión en la cual también están de acuerdo países vecinos como Venezuela, Brasil, México y otros, además de potencias como Rusia, India, China, por no relacionar a todos aquellos países que se destacan como epicentros de la extracción de petróleo y su refinamiento. El capital se impone.
Estamos ante una realidad que deja una sola opción: descarbonizar, lo que implica avanzar por el camino de la transición energética, un proceso aún con mínimo espacio en el sistema capitalista, afanado por encontrar una fuente inagotable de energía. Mientras ello no suceda, el avance hacia el abismo continuará.
Se trata de un reto en el cual, a pesar de lo advertido por el Presidente, aún estamos en pañales en Colombia, país en el cual la ciencia es la cenicienta entre todos los ministerios, un país, por tanto, sin posibilidades de liderar un proceso de cambio en la matriz energética, dependiente para ello de lo que hagan en el campo del saber los países altamente dependientes de la energía fósil. Pero también, un país que hace alarde de los millones de turistas que lo visitan, en su mayoría vía aérea, el sector del transporte con mayor impacto en el cambio climático. No se debe propiciar la producción de la energía fósil pero tampoco impulsar su consumo, sería, en consecuencia, la regla por seguir, para realmente avanzar en la descarbonización.
Gaza y la ineficacia de la ONU
En el plano de los derechos humanos, de la dignidad de nuestra especie, y en la ruptura de la justicia y la convivencia global recogidos por informes de la ONU, un abismo es evidente en Palestina, con epicentro en Gaza. El genocidio padecido por su pueblo le da muchas razones a Petro para hacer énfasis en sus planteamientos: “La humanidad no puede permitir ni un día más de genocidio ni a los genocidas de Netanyahu ni sus aliados en Estados Unidos y Europa […] Cada día de mociones vetadas en el Consejo de Seguridad de la ONU, cada día que pasa, son más los niños bombardeados, cada vez toma más bombas, cada vez toma más muertos”.
En consecuencia, “Una ONU diferente, humana, debe antes que nada detener el genocidio de Gaza. […]. Las Naciones Unidas deben hacer respetar los tribunales internacionales de justicia, el derecho internacional, que es la base de la civilización y de la sabiduría de la humanidad condensada en la historia, y debe hacer cumplir la sentencia de su justicia”.
El emplazamiento pleno de las justas razones esgrimidas por el presidente Petro, a la hora de las proposiciones efectivas quedó superado por concitaciones ilusorias y sin piso real, que, si bien pueden tener buen recibo entre el activismo antiimperialista, no tiene margen de concreción en la comunidad internacional, como el llamado a realizar una votación en la Asamblea de las Naciones Unidas y no en el Consejo de Seguridad, “[…] que vetan”, proposición sin espacio global, como tampoco lo tiene la iniciativa que llama a conformar un ejército multinacional para liberar a Palestina, propósito imposible en la actual realidad global y que le correspondería realizar a un activista pero no a un jefe de Estado, que, al asumir el riesgo de hacerla, cae en el plano de la agitación y del afán de protagonismo.
Al final de su agenda, el 80 Período de Sesiones de la ONU, con las denuncias y las propuestas escuchadas sobre crisis ambiental, descarbonización, hambre y paliativos para que deje de ser un lastre que avergüence a nuestra especie, guerras y necesidad de superarlas, soberanía nacional y regional, con el llamado a que Estados Unidos cese en sus pretensiones de control más allá de sus mares; inoperancia de la ONU y urgencia de reformar sus estatutos; migrantes, racismo y violencia; democracia plena como antídoto contra el autoritarismo, entre otros temas ventilados, todo aquello permite ver, una vez más, un mundo polarizado, con imperios en disputa, y con la inexistencia de un referente político global que concite las mejores energías de la humanidad hacia otro modelo social por construir, con el cual se logre afrontar y superar con magistral vocación de presente y futuro las crisis que hoy agobian a nuestra especie y que la acercan al abismo de la desesperanza. γ
1. Principios de la ONU están bajo asalto como nunca antes: Guterres, La Jornada, 2025/09/23.
2. Intervención del presidente Gustavo Petro en el 80 Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, https://www.presidencia.gov.co/prensa/Paginas/Intervencion-del-presidente-Gustavo-Petro-en-el-80-Periodo-Ordinario-de-Ses-250923.aspx.
3. A no ser que se indique otra fuente, todas las citas de las palabras del Presidente corresponden al mismo discurso.
4. Kornbluh, Peter, “Anatomía de una historia: el crack, los ‘contras’ y la CIA”, revista Folios, Udea, Colombia, 2022.



