Las vidas póstumas de Marc Bloch

Torturado por la Gestapo y fusilado en 1944, Marc Bloch fue reclamado después de su muerte por casi todos los campos políticos franceses. De Sarkozy a Bardella, su figura es admirada sin reservas. El problema no es quién lo reivindica sino lo que cada alabanza tergiversa de su trayectoria política real.

Sin duda alguna, ningún historiador del siglo XX es objeto de un culto tan unánime. Y esto incluye a todos los campos intelectuales y políticos. El origen de este entusiasmo parece evidente: como escribió su colega más cercano y amigo, Lucien Febvre, Marc Bloch “no murió tranquilamente en su cama, con su trabajo terminado, en el apacible atardecer de una vida consagrada a la investigación” (1). Él, que ya había combatido durante la Gran Guerra, pero que rara vez hablaba de eso y no le gustaba el espíritu del veterano, puso su vida en juego porque no soportaba la barbarie del nazismo. Habría podido emigrar a Nueva York –la New School of Social Research le había ofrecido un puesto en julio de 1940–, pero prefirió unirse a lo que muy pronto se llamaría la Resistencia. A pesar de padecer reumatismo y poliartritis (secuelas de las trincheras), y de necesitar en muchos casos usar un bastón, se unió a las dos docenas de jóvenes militantes del movimiento clandestino Franc-Tireur y luchó por la liberación de su país.

Información adicional

De la Resistencia al Panteón Nacional
Autor/a: Peter Schöttler*
País: Frances
Región: Europa
Fuente: Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº267, Julio 2026
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