Dilemas de una democracia que gatea
Georg Baselitz, tomada de: https://flic.kr/p/296EHhQ

La puerta de la Casa de Nariño ya empieza a cerrarse para Gustavo Petro. Los destellos lumínicos que la cruzan, y que filtran brillos entre ventanas y cortinas, permiten verlo en actitud contemplativa al recorrer cada uno de los espacios por los que transcurrieron sus últimos cuatro años de vida. Ahí están cuarenta y ocho meses de intensa actividad política, con altas y bajas; con dulces sabores en los primeros meses de su gestión, traducidos a lo largo de muchas semanas en agrieras e intensos dolores corporales, intensificados de manera inclemente cuando sus vecinos del Congreso tramitaban los proyectos que permitirían un mejor sistema de salud, un mejor régimen pensional, o aplicarles a los opulentos de siempre, esos que nos llevan a ser uno de los países más desiguales del mundo, una más alta tasa impositiva en sus ingresos extraordinarios, como en sus ganancias anuales. 

Aquellos proyectos resultaban y resultan sustanciales para el país, para que la situación de las mayorías pudiera dar un giro, así fuera parcial: menos hambre, menos desempleo, menos gente sin tierra, menos violencia, no solo por el uso de armas sino –y sobre todo– por efecto de un sistema económico que cumple a la perfección con la famosa ley del embudo.

Información adicional

Autor/a: Carlos Gutiérrez Marquéz
País: Colombia
Región: Centroamerica
Fuente: Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº266, Junio 2026
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