Apuntes para la historia de una Maestra de provincia

El pasado 9 de enero falleció en Bogotá una de las más notables artistas del país. A su obra plástica, no exenta de polémicas por sus connotaciones políticas críticas, supo añadir una acuciosa investigación en la historia del arte colombiano y una atenta labor de curaduría, todo lo cual hizo de ella una figura fundamental en la educación, para un tránsito fecundo al siglo XXI.

No sé qué se escribe en estos casos. La pérdida de una personalidad de la cultura como Beatriz González de Ripoll invita a la grandilocuencia o al ensayo biográfico, cuando no a la diatriba estéril y hasta malintencionada. Quienes tuvimos la inapreciable oportunidad de trabajar y estrechar una relación con ella, más allá de lo puramente laboral, nos encontramos con una personalidad compleja y franca que no se ahorraba la crítica ni se enredaba en la maraña de las engañosas “buenas maneras” capitalinas. Ante el desfile de recuerdos, artículos y videos de todo tipo que han surgido desde su deceso, la sensación que queda es la de un panegírico sin fisuras ni resquicios de ningún tipo. Como si se tratara de una persona distante, aislada en los meandros del arte, la academia y la política cultural. Pero esos homenajes no reflejan sino la parte más conocida de su vida pública, dedicada al arte, con lo cual se deja de lado su vínculo con el museo. 

Información adicional

Beatriz González de Ripoll (1932-2026)
Autor/a: Juan Ricardo Rey-Márquez*
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº262, Febrero 2026
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