Alfonso Quijano Acero, “La cosecha de los violentos”, 1968, xilografía iluminada; 65 x 93,5 cm. Museo Nacional de Colombia (Una de las piezas censuradas, 14 de octubre 2026).
Alfonso Quijano Acero, “La cosecha de los violentos”, 1968, xilografía iluminada; 65 x 93,5 cm. Museo Nacional de Colombia (Una de las piezas censuradas, 14 de octubre 2026).

Interrumpida por la victoria de Lula en Brasil, la cadena de gobiernos de derecha en América Latina parece responder a una estrategia imperial. Cada país, sin embargo, debe ser analizado en su especificidad. Es el caso de Colombia.

Es curioso que en un país como Colombia, donde se han respetado tanto las “buenas maneras” y se busca siempre guardar las apariencias; donde se ha rendido culto a la “cultura” (Bogotá, la “Atenas suramericana”) y a la buena oratoria y se precian de hablar el mejor castellano de América y España; allí, en la “democracia más antigua de América”, donde el orden jurídico siempre ha hecho explícita su fundamentación en los Derechos Humanos, y dice respetarse el “estado de derecho”, haya llegado a la Presidencia una figura estrambótica y grotesca, que, haciendo gala de su machismo ordinario y su protuberante ignorancia, en un lenguaje básico y hasta procaz, promete conseguir, mediante la represión militar, la seguridad, el retorno a los “valores tradicionales” y sobre todo la libre empresa. La misma fórmula de gobernanza que se ha aplicado, uno tras otro, en la mayoría de los países de América Latina, lo cual, sin embargo, no nos dispensa de intentar una interpretación específica.

Información adicional

Autor/a: Héctor-León Moncayo S.**
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº271, noviembre 2026
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