La acelerada instalación de inmensos centros de datos para inteligencia artificial tensa en extremo la demanda eléctrica en Estados Unidos. Ante la urgencia, el lobby tecnológico resucita la energía nuclear civil con apoyo estatal, ignorando riesgos y costos sociales. Porque la competencia con China no da tregua.
Grúas, descampados, datacenters y más datacenters en construcción, por todas partes. “Miren ese, es realmente enorme”. Desde su auto, mientras surcamos los condados de Loudoun y Fairfax en Virginia, cerca de la Capital Federal, Washington D. C., Ann Bennett, militante de la organización ambiental Sierra Club, denuncia este avance inmobiliario. “Ahí está, la ‘nube’. Ya ven. Es indescriptible”, se queja.
Tiene razón. El paisaje es distópico. A lo largo de las rutas rectilíneas, detrás de las flamantes líneas de alta tensión, se alinean una tras otra gigantescas construcciones de color gris, crema o azul, sin ventanas. Después, inmensos transformadores eléctricos y zonas en construcción, una y otra vez. Apenas es junio, pero las temperaturas superan fácilmente la marca de los 35° C. En el corazón de este paseo de datacenters (Data Center Alley), en grandes autos con aire acondicionado, los habitantes de las prósperas ciudades de Virginia se dirigen a toda velocidad hacia sus oficinas en Washington o al aeropuerto internacional, que está cerca.



