Aliada de Washington y Tel Aviv, la monarquía jordana proscribió a los Hermanos Musulmanes porque su afinidad histórica con Hamas y su creciente peso electoral los convierten en una amenaza que el régimen ya no tolera. Pero tras la represión hay también crisis económica y un islamismo que salió a las calles para defender a los palestinos de Gaza.
Frente al espejo, Fadia T. ata con delicadeza su niqab y cubre con una sobria abaya su vestido palestino bordado con flores. “Para no atraer las miradas”, explica. Esta madre de familia de alrededor de 50 años se está preparando para ir a una reunión de carácter no mixto, organizada regularmente desde hace años por mujeres cercanas a los Hermanos Musulmanes jordanos. Pero desde hace un año esta conducta podría tornarla sospechosa de “promoción de actividades ilegales” según las autoridades. “Solamente leemos el Corán, hablamos de religión pero jamás de política”, justifica nuestra interlocutora: esas reuniones semanales son legales siempre y cuando sus participantes no mencionen “el islam como solución a las crisis”. Es una alusión directa a uno de los primeros eslóganes de la Hermandad surgida en Egipto en 1928 y cuya sola mención constituiría, según el poder jordano, un delito.



