Hacia mediados de la década de 1920 cambia el objetivo del movimiento sionista: ya no será la búsqueda de una tierra de acogida segura para el pueblo judío sino la colonización forzada de Palestina. La ideología de “llevar la civilización a tierras deshabitadas” justificó la limpieza étnica que no ha cesado.
A mediados de la década de 1920, el objetivo del movimiento sionista cambió por completo: a partir de entonces, ya no se trataba de buscar una tierra de acogida donde los judíos estuvieran seguros, a resguardo de los atropellos de las grandes potencias imperiales, sino de colonizar Palestina, desplazando a la población originaria. En ese momento, sus dirigentes empezaron a considerar que la única manera de lograr un Hogar Nacional era mediante el despojo.
En 1926, el movimiento sionista subvirtió las convenciones sobre la propiedad de la tierra que estaban vigentes desde las reformas otomanas de mediados del siglo XIX. Estas reformas, incluida la que establecía que las tierras dejaban de ser propiedad del Estado para pasar a manos privadas, permitieron que particulares adinerados se convirtieran en propietarios de grandes extensiones de tierra. En su mayoría, se trataba de personas que ni siquiera vivían ahí –lo que hoy conocemos como “propietarios ausentistas”–, y algunos de ellos eran personalidades palestinas de renombre.



