El fascismo en Francia, el gran malentendido

En el gran juego de los pronósticos sobre el futuro político de Francia, hay uno que se destaca en los debates de izquierda desde hace dos décadas: “¡El fascismo!” –entiéndase: vamos derecho hacia él–. Con su culto a la policía, su obsesión securitaria y su foco puesto en los jóvenes de origen inmigrante –esas “chusmas” a pasar “por la máquina hidrolavadora”–, el ex presidente Nicolas Sarkozy había suscitado a fines de los años 2000 numerosas críticas sobre este tema. Entre los años 2015-2016, los atentados islamistas, la psicosis de “los jóvenes radicalizados” y la ola de refugiados de Medio Oriente convencieron a una parte de la población de la existencia de un “enemigo interior” dispuesto a golpear a la República con la complicidad de sectores de la izquierda. Se dio un paso más con el proyecto del presidente François Hollande de despojar de la nacionalidad a los ciudadanos con doble nacionalidad nacidos en Francia que hubieran sido condenados por un “crimen que constituya un atentado grave contra la vida de la nación”. Con la represión de los movimientos sociales, la banalización mediática de temas antes limitados al conservadurismo más extremo, el avance casi constante de Agrupación Nacional (RN) durante los dos mandatos de Emmanuel Macron y la actitud benevolente de la patronal hacia este partido, la hipótesis se vuelve certeza: el fascismo gana terreno en Francia (1).

Información adicional

Autor/a: Benoît Bréville y Pierre Rimbert*
País: Francia
Región: Europa
Fuente: Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº268, agosto 2026