El debate parece cerrado: Ucrania debe ingresar a la Unión Europea apenas termine la guerra con Rusia. En Polonia, mientras las élites apoyan esa adhesión, cada vez más ciudadanos la rechazan, alarmados por las consecuencias económicas y sociales, y también indignados por la arrogancia de Kiev en materia de memoria histórica.
“Espero no ver la adhesión de Ucrania mientras viva, y espero vivir mucho tiempo”. Así es como expresa su preocupación Jerzy Plachta, un agricultor de Pińczów, una ciudad polaca situada en el voivodato de Santa Cruz, 80 kilómetros al norte de Cracovia. Su esposa Renata, a cargo de la gestión de la explotación de cereales y leguminosas de la familia, aclara su punto de vista: “No tenemos nada en contra de los ucranianos, que se han adaptado bien. En 2022, nos ofrecimos como hogar de acogida para refugiados y donamos dinero a organizaciones benéficas o para la compra de drones. Los apoyamos, pero su país es peligroso para la agricultura polaca”.



