Ilusiones y realidad. Setenta decretos prometió en campaña firmar en su primer día de mandato quien hoy preside la dirección del país, como evidencia de la “nueva sangre y energía” que entraba a habitar la Casa de Nariño. Promesa rota por la realidad: el 7 de agosto de 2026, luego de ser investido en sus funciones, las horas no le alcanzaron para expedir más que media docena de estos, todos de procedimiento, entre ellos uno con el cual nombró a su equipo ministerial y otro para designar al secretario jurídico de la Presidencia.
Esa misma realidad, tan tozuda, no fue quebrada al día siguiente, con lo cual las expectativas por conocer –a pesar de ser predecible todo ello– lo que traerían esos decretos siguió intacta. Al tercer día, bajo los escombros del terremoto que sacudió a gran parte del país, también quedó esta promesa de campaña. Este inesperado suceso aconsejaba congelar por algún tiempo los propósitos que cada una de las siete decenas de decretos traerían, permitiendo ver de un solo golpe las pretensiones de darle al país el giro soñado por quienes resaltan que es el empresariado el verdadero motor del país, de su desarrollo, la doctrina neoliberal –la guía económica política y cultural– por implementar, y los Estados Unidos el aliado principal e indiscutible por conservar.



