Un presupuesto del Estado con recortes drásticos para todos los niveles educativos, aulas deterioradas, docentes desalentados con bajos salarios y jóvenes cuyo futuro se muestra sombrío, explican la revuelta social en Francia. Las élites en el poder recurren al discurso meritocrático para justificar su desidia y acallar el descontento.
A veces basta con una chispa y un poco de leña al fuego para que todo un país se incendie. Antes de extenderse a otros centros escolares y a algunas universidades, la revuelta que sacude a Francia en el otoño de 2026 partió de una toma de estudiantes de secundaria en Créteil [unos 15 km al sur de París]. Pero los relatos mediáticos de los acontecimientos tienden a soslayar las numerosas señales –consideradas demasiado débiles para tomarlas en serio– que precedieron al estallido…



