La lucha contra el narcotráfico es la excusa de Donald Trump para fortalecer su política de intervención en América Latina. Esta creciente militarización del vínculo de Washington con la región degrada la democracia y pone en cuestión las soberanías nacionales. Además, el resonante triunfo electoral de Lula abre interrogantes a futuro.
“No los necesitamos; ellos nos necesitan”. Así respondió Donald Trump al ser consultado sobre el futuro de las relaciones con América Latina en enero de 2025, al inicio de su segundo mandato. La frase no sólo generó alarma en muchos gobiernos de la región alineados con el líder republicano, sino que además puso al descubierto una realidad de fondo: la creciente irrelevancia de América Latina en los años anteriores. Pero en apenas unos meses la agenda de Washington dio un giro inesperado y, bajo la consigna de seguridad, la misma utilizada en reiteradas ocasiones en el pasado, la región volvió a ubicarse en el radar de Estados Unidos. Sin embargo, detrás de la agenda de seguridad se esconde una estrategia más amplia: convertir la lucha contra el narcotráfico en una justificación para expandir la influencia de Washington y recuperar la hegemonía regional.



