Con la excusa de perseguir al terrorismo, países como Tayikistán emiten sospechosos pedidos de captura contra opositores políticos. Mientras Europa se muestra indiferente.
Los países de Asia Central ya no dudan en perseguir en el extranjero a sus ciudadanos exiliados, incluso en países europeos. Esta represión transnacional se basa, en particular, en la emisión de órdenes de
detención internacionales que presentan a los solicitantes de asilo como terroristas o delincuentes. Y a pesar de las reformas anunciadas, las expulsiones continúan.
La represión transnacional hace referencia al conjunto de técnicas que un Estado emplea para perseguir a sus opositores más allá de sus fronteras: asesinatos selectivos, secuestros y actos de violencia
contra familiares que se han quedado en el país. Los regímenes autoritarios también recurren al uso indebido de instrumentos jurídicos, como las solicitudes de extradición. Según el Parlamento Europeo, diez países concentran el 80% de los casos de represión transnacional: China, Turquía, Tayikistán, Rusia, Egipto, Camboya, Turkmenistán, Uzbekistán, Irán y Bielorrusia. Entre ellos se encuentran, por lo tanto, tres Estados de Asia Central, que ocupan el tercer, séptimo y octavo puesto de la clasificación (1).


