Con el mayor gasto militar de Europa, Alemania rompe el pacto de 1990 que concedía a Francia el liderazgo estratégico. Berlín aspira a comandar la Otan y reconstruir su poderosa Bundeswehr, alejándose del derecho internacional.
Esta vez sí: Alemania es una potencia occidental como las demás. Y su clase dirigente, liberada de los escrúpulos históricos que le impedían afirmar su dominio sobre Europa más allá de la austeridad presupuestaria y el superávit comercial, se siente de nuevo investida de una ambición propiamente nacional: construir “el Ejército más poderoso de Europa en términos convencionales”. Una prioridad proclamada por Friedrich Merz ya en su primer discurso ante el Bundestag como canciller (14 de mayo de 2025).


