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El senador Iván Cepeda y la paz de los militantes: “Colombia está frente a una nueva situación política”

El senador Iván Cepeda y la paz de los militantes: “Colombia está frente a una nueva situación política”

Diferente a otras latitudes, la paz en Colombia tiene adjetivos: justa, del status quo, completa, milagrosa, de La Habana, entre otras. En todo caso, hacen falta territorios, inclusión y tiempo, para avanzar de manera cierta en esta desafiante creación colectiva.

 

Su rol como facilitador en un proceso de paz con inocultables complejidades, y poderosos adversarios, releva la importancia de la palabra de Iván Cepeda para comprender esta fase decisiva y apasionante de la historia de nuestra vida colectiva. Su confirmación de la cita para conversar sobre la coyuntura que atraviesa el país es sin titubeos. Cuando nos encontramos, no le doy tiempo para calmar la sed, y pronto le pregunto: ¿Cómo comprende lo alcanzado en los acuerdos de paz?, y él, sin reparar en el refresco que aún no sirven, responde: “Para mi el proceso de paz con las Farc no es simplemente el acto de la firma de un conjunto de acuerdos sino, sobre todo, la irrupción de un nuevo momento político en Colombia.

“Creo que es evidente que la implementación de los acuerdos, pero también el estado anímico producido por la derrota de los sectores de ultraderecha que pretendían hacer fracasar el proceso de paz, es sin duda alguna un poderoso aliciente para que se produzcan cambios políticos. No debemos subvalorar el significado de la derrota de la ultraderecha en Colombia, de los sectores que nos han querido anclar en un pasado de confrontación violenta y exterminio. Estas fuerzas han sido derrotadas desde el 2014, y ahora nos enfilamos a unas nuevas elecciones decisivas para el desarrollo de los acuerdos y la democratización del país.

“Si no percibimos y tenemos en cuenta esta secuencia, corremos el riesgo de no comprender el cambio político que está aconteciendo. Y no podremos, entonces, participar en la tarea de que ese cambio se concrete de la manera mas consciente y dinámica posible”.

 

Su respuesta trae a mi memoria la entrevista realizada a Estanislao Zuleta sobre La responsabilidad social del intelectual (1). Lo que puede hacer un ser de estudio e ideas en una realidad social enrevesada y golpeada sin tregua por diversas formas del poder durante siglos. ¿Qué puede venir ahora?

 

“Vamos a entrar en un periodo muy intenso de actividad política que traerá muchos cambios; debemos estar en actitud de apertura mental para poder estimular esas variaciones.

“Asistimos ahora a la presencia, en el escenario público, de sectores políticos que por efecto del conflicto armado estaban silenciados, marginados, censurados. Vamos a asistir a la transformación de la guerrilla de las Farc en una organización política y social, y vamos a ver erigirse de una manera mucho más definida el campo y las alianzas de los sectores políticos y sociales por la paz.

“La campaña del plebiscito mostró que los partidarios de la paz están ubicados mucho más allá de las organizaciones y los partidos políticos, y de las propias organizaciones de paz y de derechos humanos. Es un espectro ciudadano mucho más amplio.

En este escenario de cambios políticos, una de las fechas o de los momentos decisivos es el despegue de las campañas electorales hacia el 2018. Y de toda la reforma política que debe ambientar unas elecciones en condiciones de posacuerdo”.

 

El necesario Acuerdo político nacional

 

Como colectividad hemos sido enmudecidos con la barbarie. Miedo y llanto contenido han sustituido la palabra. Anhelamos que profundice en este atisbo de variación largo tiempo deseado que ahora se vislumbra. ¿Contempla usted alguna otra variación importante en el escenario político inédito?, le pregunto.

 

“La perspectiva de una Asamblea Constituyente. Creo que es una posibilidad cierta. Hay que recordar que el acuerdo de paz plantea un acuerdo político nacional.

“Quiere decir que después de la derrota de los partidarios del No, en vez de asumir una actitud arrogante, hay que abrir la posibilidad de que se integren a la construcción de este proceso, respetando los acuerdos, respetando lo que hemos avanzado en estos años.
“Y desde esta perspectiva el escenario podría ser, así lo creo, el de una Asamblea Nacional Constituyente.

“Esa Asamblea dependerá del nivel de consenso político. La misma no debería ser el espacio para dejar libres las contradicciones políticas, sino el resultado de un acuerdo. No llegar a discutirlo todo, sino identificar claramente cuáles son las reformas requeridas en este momento del país para la consolidación de la paz, para el afianzamiento de los cambios que están en proceso, y para atraer a sectores que no han llegado todavía al acuerdo del proceso de paz; el Ejercito de liberación nacional, entre otros, por ejemplo”.

 

La disputa que viene

 

Hay un alud de cambios posibles que deben desencadenarse. ¿Cuál es su su visión sobre la implementación de los acuerdos de paz.

 

“Hay varios asuntos que es fundamental destacar. Uno de ellos es que los acuerdos se deben aplicar de manera inmediata y simultánea. El éxito en la construcción de la paz radica en que las reformas de carácter social, que contemplan los acuerdos, especialmente aquellas que tienen que ver con el escenario rural, no pueden ser diferidas a un futuro incierto.

“Debe haber una política seria para cumplir el primer Acuerdo. Sin que se ejecuten los planes contemplados en el punto uno, va a ser muy difícil que la Colombia rural, la que ha vivido el conflicto armado de manera directa, pueda dar el paso a otra etapa. Y nosotros esperamos que esto provenga de la voluntad política y del compromiso del Estado y del Gobierno.
“Pero también, sin lugar a dudas, esto también tiene que ver con el compromiso y el grado de movilización de las organizaciones sociales.

“Los acuerdos se deben cumplir si o si. No hay posibilidad de incumplirlos. Partimos de esa premisa, lo que significa que la Cumbre agraria, étnica y popular debe tener un protagonismo central en todo este proceso. Este es un primer asunto estratégico.

“Esa reforma rural incluye el tema de la sustitución de los cultivo de uso ilícito. El primero y el cuarto de los acuerdos están ligados. Son parte de un mismo acuerdo. Para que se le quite piso a esa constante acusación de los enemigos del proceso, afirmando que lo hecho por éste es fomentar el narcotráfico. Tiene que haber una política seria para la sustitución de cultivos de uso ilícito.

“En segundo lugar el tema de la reforma política, de los compromisos del Gobierno, que tienen que darse y que ahora están en proyecto por ser presentados, como el Estatuto de la oposición, la reforma del régimen electoral.

“Sin lo anterior será muy difícil la participación en términos democráticos en las elecciones del 2018, o una Constituyente.
“Así como también, lo que atañe a todos los procesos que tienen que ver con las víctimas. Es necesario, cuanto antes, que Colombia entre en un proceso de esclarecimiento, en un proceso de rendición de cuentas ante el Tribunal de Paz. De actos de reparación y de perdón. Y también de desmantelamiento de las estructuras paramilitares. Esto es fundamental.

“Y es fundamental que la reincorporación de los combatientes sea exitosa. Es nodal que se den las condiciones económicas y sociales, para que los que antes fueron guerrilleros, y hoy tienen el carácter de actores políticos, puedan desenvolverse en un nuevo escenario”.

 

Sabemos que las utilidades del narcotráfico han desembocado en formas del poder político en diversos lugares del mundo. Pese a muchos intentos, no ha sido posible detener los dineros que arroja a una cadena de beneficiarios. ¿Qué podría pasar, que no haya pasado antes, con relación al narcotráfico? ¿Qué puede variar en este momento con relación a esa enconada problemática?

 

“No se pueden resolver viejos problemas utilizando los mismos métodos, decía Einstein. Es necesario utilizar distintos métodos.

“El nuevo método está en producir una política nacional sólida en materia de sustitución de cultivos de uso ilícito, progresiva, concertada, que debe tener recursos. Insistir en fumigar, es volver a errar. Las recetas están en el Acuerdo. ¿Si hay cooperación para el desminado, porque no puede haber para sustitución de cultivos?”.

 

La crisis humanitaria es inmensa. Mientras conversamos decenas de millares de niñas y niños enfrentan la violencia del hambre, el abandono y los abusos. No se remedia de la noche a la mañana una crisis humana de estas dantescas proporciones, menos con un Estado que fue estructurado para la guerra y que ha permanecido atrapado en los límites inmovilistas de una cultura política corrupta y clientelar.

 

“El Estado cumple los acuerdos, o la movilización social los impone, porque son compromisos. Nosotros no somos espectadores pasivos. Somos organizaciones políticas y sociales con capacidad de movilizarnos y de exigir.

“Este no va a ser un proceso automático, sencillo. Desprovisto de contienda. Una de las cosas que debe ocurrir es que seamos capaces de generar un cambio político. Un cambio que nos permita comenzar a dejar atrás el Estado clientelar, el Estado antidemocrático.

“El proceso de paz debe ser una revolución democrática. Un proceso que nos lleve a construir un Estado diferente, un concepto de vida política y social diferente. Y parte de esas premisas están dadas en los acuerdos. Pero no se agota en ellos. Por ejemplo, el desarrollo de la protesta social debe darse en condiciones distintas. Todo lo que atañe con el cumplimiento de la participación de los movimientos sociales debe traer unas condiciones distintas, sociales y culturales.

“Ahora se desata un proceso en el que va a haber nuevos jugadores, nuevas relaciones. Vienen nuevas relaciones de fuerza y de poder político. El primer cambio es que se acabó la coartada de que se puede reprimir y perseguir a los movimientos sociales bajo el pretexto de que son parte de una organización armada”.

 

Pero durante estos días hemos visto caer asesinados líderes sociales; no puedo evitar que el comentario brote de los labios. Y el Senador aclara: “Siguen existiendo asesinatos de líderes sociales, pero se ha producido un decrecimiento general de la violencia”.
“Hemos contemplado unos cambios en las Fuerzas Militares. Mandos militares abogando por los acuerdos, explicándolos. Oponiéndose a sectores que quieren que los militares sigan pagando el costo del extremismo y el radicalismo de la extrema derecha de este país. Es necesario pensar si estamos ante el surgimiento de una nueva mentalidad en las Fuerzas Militares. Hay signos que nos deben llevar a pensar esto”.

 

Imaginación, muchas imaginación

 

Por momentos las reflexiones de Iván nos entusiasman, pero no da brega recordar el lamentable escenario de la izquierda electoral, con liderazgos consagrados a servir sus apetitos y vanidades, líderes atrapados en rencores y rivalidades que les impiden ser un horizonte de esperanza y aliento para la ciudadanía que soporta una vida social engendrada por la incompetencia y el desamor de muchas décadas. ¿Qué pasará en ese escenario de la izquierda?, es el interrogante que ahora le presento.

“Ahora vamos a tener otras condiciones para una nueva etapa de las contradicciones políticas en la izquierda y en los movimientos sociales.

“Cuando digo que hay que tener la mente abierta a los cambios, hago un cordial llamado a todos los sectores políticos y sociales que están inscritos en una posición progresista o de izquierda popular, o como queramos llamarla, para que examinen, para que reflexionen seriamente sobre su comportamiento, sobre su visión política de cara a lo que está ocurriendo.

“El cambio está llamando a nuestra puerta. Tenemos que pensar la realidad de una manera distinta. Y el que no esté sintonizado con lo que está ocurriendo corre el riesgo de quedar desubicado, entonces que los hechos lo rebasen políticamente.

“Yo diría que para la izquierda hay un reto esencial: comprender la centralidad del proceso de paz, y profundizarlo, buscar que el Eln se incorpore a la paz, a aplicar los acuerdos, a buscar una coalición política que tenga la suficiente consistencia y fortaleza para lograr esos objetivos que van más allá de la izquierda.

“El proceso de paz, no es una píldora amarga que hay que tragar para seguir con las cosas supuestamente importantes. Quien piense así, puede servir a los intereses de quienes intentan que el cambio que vivimos no se produzca.

“Quien no comprenda esto, y quien siga creyendo que puede seguir pensando la realidad y actuando como si no hubiera ocurrido nada en este país, incurre en el riesgo de anacronismo.

“Y si la izquierda en su conjunto, la izquierda política, no está a la altura de este momento, vamos a ver lo que ha ocurrido en otros países, y es que surgen fuerzas ciudadanas, movimientos nuevos que dejan a un lado todo lo tradicional, lo rebasan políticamente.
“Por ejemplo, hubo fuerzas que no entendieron el cambio de la Constitución de 1991, y quedaron por fuera del campo político. Fueron rebasados por un momento histórico.

“Es necesario escuchar a la ciudadanía: la gente está hastiada de la corrupción, hastiada de los manejos turbios, hastiada del sectarismo político, hastiada de las viejas y tradicionales formas de la política. Si eso no lo entienden sectores de la izquierda, pagará las consecuencias.

“Por nuestra parte vamos a tejer la más amplia alianza para acompañar el proceso de paz, y a ser consecuentes con nuestra distancia absoluta de viejas prácticas clientelares y fenómenos de corrupción.

“Hay que abrir campo en la izquierda, junto a los batalladores de largo aliento, a nuevos liderazgos que pueden no provenir de la política tradicional. Son muy, pero muy interesantes las emergencias de liderazgos juveniles, políticos y sociales en Colombia”.

 

Una de las cosas asombrosas arrojadas por el plebiscito fue la variedad de fuerzas que vimos militando en el campo del Sí, fuerzas sociales y políticas muy disimiles. ¿Podría haber con ellas un acuerdo para curar los estragos de la guerra y la miseria? ¿Para laborar de manera conjunta en construir una prosperidad no fundada en la destrucción de la naturaleza y de los seres humanos?

 

“Si es para mantener y desarrollar los acuerdos, podrían comunicarse y actuar de modo conjunto. Incluso se podría con las fuerzas que hoy están ubicadas por fuera del espectro de quienes queremos la paz. En distintos grados, por supuesto. Con la extrema derecha, tenemos muy pocos temas posibles, pero incluso con ellos podrían darse acuerdos en materia de reglas de juego.

“Y con los sectores que ejercen el gobierno y el modelo neoliberal hoy, podríamos identificar puntos de coincidencia en algunas reformas. Tal vez no vamos a poder coincidir con ninguno de esos sectores en torno al modelo, en torno al aspecto social de la problemática que hoy enfrentamos en Colombia.

“Entonces, tendremos que examinar los puntos de encuentro y las alianzas en cada uno de esos niveles, para ver hasta dónde podemos avanzar en entendimientos. Y lo que no pueda ser objeto de entendimientos, será objeto de debate y confrontación en el escenario de la lucha política democrática”.

 

Llega el tiempo de concluir nuestra conversación, y el interrogante es por su evaluación del proceso que condujo a los acuerdos de paz, y antes de la despedida confiesa:

 

“Haber resuelto en cuatro años la complejidad de los problemas que había es un extraordinario logro que nos demuestra que, contrario a lo que ha ocurrido en Colombia, sí se puede construir juntos realidades políticas. Lo alcanzado revela que el diálogo político sí puede obtener resultados. Y demuestra que muchos ciudadanos que durante largo tiempo han creído y han bregado por la paz, conquistan ahora un invaluable comienzo para su edificación. Es el éxito de una construcción colectiva. Hemos logrado hacer algo juntos, sin perder de vista nuestras diferencias de clase y de visión política.

“Hubo momentos muy difíciles, como el acuerdo en materia de víctimas, la definición del momento del cese de la confrontación, en los que hubo que hacer uso de mucha imaginación política para poder llegar al final.

 

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