Cuanto más transgrede Estados Unidos el derecho internacional, más se intensifica la narrativa que acusa a China de representar una amenaza. Esa lectura invertida también ocurre con el conflicto en Irán: provocado por Washington y Tel Aviv, es presentado como si fuera Pekín quien “mueve los hilos” y da libre curso a sus ansias imperiales.
Algunos análisis parecen autorretratos: al revelar los presupuestos que los sustentan, se deja al descubierto la postura de quienes los formulan. Así ocurre con gran parte de las explicaciones occidentales sobre las ambiciones chinas en el contexto de la guerra entre Estados Unidos e Irán. [Pekín] “pretende aprovechar el conflicto para debilitar el poder de Estados Unidos […] y torpedear el orden internacional bajo dominio estadounidense”, aseguran dos expertos en Foreign Affairs (1). “¿China se prepara para dar el golpe de gracia?” se pregunta, por su parte, el académico Phillips O’Brien, mientras que, en Le Parisien, el periodista François Lenglet detalla las razones por las que “Pekín va a ganar la guerra de Irán” (2).


