“Al hogar de la Palabra, que llamamos escuela o Colegio, ha llegado un competidor formidable: la imagen (1)”, escribió Gabriela Mistral en 1956, cuando la televisión aún no se incorporaba a la vida cotidiana chilena. La televisión era “un augurio promisorio del futuro (2)” y estaba inscrita en el terreno de la experimentación universitaria, tal como había ocurrido con la radio (3).

A diferencia de una parte del magisterio, que recibió con alarma la llegada de este nuevo “huésped”, Mistral reconoció en la imagen una amiga de la palabra y una posibilidad de llevar la enseñanza más allá de los límites que imponía el aula. Esa capacidad contenía al mismo tiempo un problema que se reactualiza cada vez que un medio transforma la escala y el ritmo de la comunicación. Si una voz o una imagen podían viajar, ¿qué hacer viajar con ellas?, ¿quién tendría la palabra?

Información adicional

Máquinas, superpalabras y humanidades
Autor/a: Mia Zorka Dragnic García*
País:
Región: Mundo
Fuente: Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº270, octubre 2026