Un texto camino. El puente espejo. Ritualizar el tartamudeo

Este libro no es el encuentro de dos mentes, es el encuentro de dos orejas. “Nosotros ponemos las dos orejas, una oreja cada uno”, dice Caístulo. El resultado es un texto moldeado por la escucha: del otro, de los árboles, de los ancestros. En esa escucha se disuelven los roles, el cerco mezquino que divide enunciador y enunciatario: “¿quién habla? ¿quién escribe?” pregunta Zelko. Una escucha profunda requiere invento, tirones en la sintaxis para hacerle decir algo nuevo, como “naturalear”, o “renunciarme”. La voz disputa el sentido cuerpo a cuerpo, trata de correrlo del orden que lo asfixia: “que no haiga palabras terratenientes / sólo palabras árboles”. Ese estado de apertura, de conexión con todo lo vivo hace que el texto tenga una cualidad de sueño lúcido: hablan las ciudades, habla el viento, el deseo, la semilla. “Antes de la palabra dios / no se decía padre / ni hermano, ni amigo, ni primo / todo era colmena” leemos y en un relampagueo de la conciencia, escuchamos el zumbido omnisciente de la colmena, porque ese es el ejercicio que propone este libro: que el lector también escuche, también acerque la oreja al tartamudeo, el tartamudeo que este libro inventa, “para que si hay otro tartamudo / en algún lado / vayamos nadando / hasta encontrarnos en el río / y que el espejo alumbre”. 

Marina Do Pico

Caístulo y Dani Zelko
Eterna Cadencia, Bs. As., agosto de 2025. 

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Autor/a: Caístulo y Dani Zelko
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