Portugal busca situarse a la vanguardia de la modernidad tecnológica en Europa y atraer inversiones de las grandes empresas del mundo digital. Sin embargo, estos capitales no alcanzan para revertir el daño social que infligió el ajuste de la “troika” tras la crisis de 2008.
Cada noviembre Lisboa se convierte en la capital mundial de las nuevas tecnologías digitales. El Web Summit, uno de los principales encuentros del sector tecnológico, se llena. “Al principio, era un encuentro orientado a ‘startupers’. Ahora, es una especie de demostración de fuerza de los Estados en su carrera por la inteligencia artificial”, dice Bertrand Mangano, quien preside la delegación local de la “Mission French Tech”, cuyo objetivo es unir el ecosistema de las startups francesas.



