Pese al rechazo a la guerra en Gaza entre sus votantes, el Partido Demócrata se muestra incapaz de enfrentar el poder del lobby israelí y la inercia del establishment partidario. En vez de encarar una renovación estratégica de su política exterior, lleva el debate a ejes menos conflictivos, como el costo de vida o la vivienda.
Tras meses de idas y vueltas, el tradicional informe de “autopsia” que encargó el Comité Nacional Demócrata (CND) para identificar el porqué de la derrota de Kamala Harris en las elecciones presidenciales de noviembre de 2024 finalmente salió a la luz. El documento desató la bronca de una parte de la cúpula del Partido, que le sigue recriminando haber esquivado los temas más sensibles, entre ellos, el negativo impacto electoral del respaldo de la administración Biden-Harris a la guerra israelí contra la Franja de Gaza.
Esta omisión llamó la atención dado que los trabajos preparatorios del CND ya habían puesto en evidencia el costo político del apoyo de Joseph Biden al gobierno de Benjamin Netanyahu. Sin embargo, en la versión final del documento –de casi doscientas páginas– no se menciona ni a Gaza ni a Israel ni a los palestinos. No obstante, la propia Kamala Harris había admitido a fines de febrero que la administración de la cual había sido vicepresidenta debería haber tomado distancia de Netanyahu. De hecho, un sondeo realizado en varios Estados clave antes de los comicios advirtió que por cada votante propenso a castigar un embargo de armas a Israel, otros cinco estaban a favor. En la actualidad, casi dos tercios de los simpatizantes demócratas dicen inclinarse más por los palestinos que por los israelíes, es decir, el triple que en 2013 (1).



