El “otro romanticismo deKierkegaard”

La famosa expresión Omnes viae Romam ducunt (Todos los caminos conducen a Roma) puede aplicarse, en cierto modo, a la relación de Kierkegaard con el Romanticismo. Siguiendo esta analogía podría expresarse bajo la siguiente sentencia: “Interesarse por Kierkegaard conduce, de una u otra forma, a interesarse por el Romanticismo”. En mi experiencia personal tengo claros al menos tres caminos distintos de este vínculo; en primer lugar, mi interés por el filósofo danés me llevó a conocer su contexto cultural e histórico; de ahí surgen de inmediato figuras importantes como la de Hegel, Sócrates, y Lutero, también entra en ese horizonte histórico el contexto de Dinamarca, lo que se ha llamado la época dorada en la cultura danesa, su ambiente cultural y universitario, la situación de la iglesia danesa, y también algunas personas muy cercanas a Kierkegaard como Regina Olsen, su padre Michael Pedersen, el obispo Mynster, el profesor Poul Martin Møller; de igual manera, en este contexto histórico surge de forma natural la importancia que el Romanticismo tuvo en esa primera mitad del siglo XIX en buena parte del mundo occidental de la que Copenhague no fue una excepción. En segundo lugar, al profundizar en algunos temas kierkegaardianos surge una y otra vez la referencia al Romanticismo, por ejemplo, al comprender la importancia de la estética en la comunicación indirecta y el proyecto de los seudónimos; o la ironía, tan importante en Kierkegaard, que fue redescubierta por el Romanticismo y que suscitó una polémica filosófica sobre la interpretación de la ironía socrática, tema que Kierkegaard escogió para desarrollar en su tesis para obtener el grado de Magister; el Romanticismo también aparece reflejado en el estilo literario-filosófico de su primera gran obra Enten-Eller (O lo uno o lo otro) de 1843, o en la crítica que le hace a Hans Christian Andersen en Af en endnu Levendes Papirer (De los papeles de alguien que todavía vive), al considerar que su novela Kun en Spillemand (Apenas un músico) no está a la altura de la Bildungsroman, sino que estaba reducida a una pobre caricatura de ese paradigma literario. El tercer camino que me condujo de Kierkegaard al Romanticismo fue la lectura de sus primeros diarios, especialmente los comprendidos de 1835 hasta 1841, en donde hay frecuentes referencias a lo romántico. Realmente llama la atención que en esta época universitaria este tema sea uno de sus intereses intelectuales, haciéndose preguntas y diversas reflexiones sobre su significado y el papel que juega en la interpretación del mundo, la estética y, en general, la cultura de su tiempo.

El libro de Fabio Bartoli, El “otro romanticismo” de Kierkegaard. La concepción de lo romántico en los primeros diarios, es un magnífico estudio de este tercer camino que he señalado. Cada uno de sus capítulos tiene un interés singular. En la introducción presenta diversos aspectos que permiten contextualizar el interés de Kierkegaard por el Romanticismo, desde la influencia alemana en la cultura danesa, o cómo el Romanticismo tuvo un papel privilegiado en el abanico de interlocutores de sus propias ideas. Por otra parte, el autor resalta la importancia de estos diarios tempranos, escritos en su época de estudiante universitario, pues ahí podemos encontrar “semillas teóricas que darán sus frutos en sus textos de madurez”; este símil de la semilla que usa Bartoli es adecuado para entender que, si bien lo romántico va disminuyendo de forma explícita y paulatina en sus obras publicadas a partir de 1843, lo romántico queda en la raíz y se hará presente en su desarrollo intelectual y sus obras a lo largo de los años. No porque lo romántico sea «el tema» o el único tema del pensador danés, sino que su influencia se filtra y alimenta, aunque sea de forma secundaria, tanto en su estilo literario-filosófico-religioso, como en la imagen que tiene de su época, o ciertas categorías que incluirá en sus obras más importantes.

La tesis que sostiene Bartoli sobre la importancia y, al mismo tiempo, los límites que tienen los diarios de Kierkegaard para un estudio hermenéutico de su pensamiento me parecen muy relevantes. Los diarios nos permiten conocer la época de gestación de su pensamiento a la que de otra manera no tendríamos acceso; también nos introduce de una manera muy fresca a sus preocupaciones intelectuales y la forma como algunos conceptos van evolucionando. La naturaleza misma de un diario escapa al formalismo de un escrito publicado, y de esa manera, como si entráramos al taller donde está trabajando un maestro del pensamiento, podemos ser testigos de cómo se fueron gestando sus ideas sobre el Romanticismo y cómo estas tuvieron un desarrollo, cómo hubo ciertos cambios de opinión y algunas precisiones. Por otra parte, el libro de Bartoli nos permite reflexionar sobre la importancia hermenéutica de los diarios pero también sus límites, para no mitificarlos, como si éstos fueran una fuente clara, precisa e invariable de su pensamiento; nos hace ver, por el contrario, que la auténtica riqueza de su contenido consiste en prestar atención en su carácter de fragmentario, de ideas que tendrán su evolución hasta quedar plasmadas en alguna de sus obras editadas, o reflexiones que servirán como semilla oculta de otros temas, o como ideas que fueron modificadas o incluso desechadas como parte de su madurez intelectual.

Teniendo en cuenta el contexto cultural y los criterios hermenéuticos de los diarios, los últimos capítulos del libro son un buen estudio de las reflexiones del pensador danés acerca del Romanticismo. Primero aborda el problema de su definición sin poder llegar a una formulación satisfactoria. Y aunque no pueda capturar en una sentencia la esencia de este movimiento, sí va dando piezas sueltas sobre su naturaleza bajo dos criterios: la contraposición de lo antiguo con lo romántico y la contraposición de lo cristiano con lo romántico. En la primera de ellas, a partir de actividades artísticas o situaciones humanas muestra esta diferencia: en los juegos, en la representación dramática, en el ropaje que se pone en estatuas y pinturas o en la inquietud, todos estos ejemplos nos muestran lo decisivo que es lo romántico como cambio de paradigma cultural, como un cambio de una época histórica a otra. La reflexión que hace sobre lo cristiano y lo romántico se basa, no ya en aspectos temporales, de cómo se entendía el juego en una época y cómo se entiende ahora, sino en el parámetro esencial del cristianismo: «lo absoluto», en contraposición del parámetro subjetivo del romanticismo «el individuo». El primero halla su fundamento en la naturaleza divina, mientras que el Romanticismo se basa en la relatividad de la individualidad humana. Esta concepción de lo cristiano llevó a Kierkegaard a uno de sus conceptos más relevantes, «el humor», que no es otra cosa sino la capacidad de medir o comparar lo contingente desde la perspectiva de lo absoluto, la seriedad de la vida se vuelve algo cómico desde la perspectiva de la eternidad. Relacionado con el humor, pero a la vez distinto de este, en los primeros diarios encontramos algunas reflexiones sobre la ironía; no se trata de la comparación entre lo eterno y lo temporal, esto es el humor, sino el contraste entre la idealidad perseguida como individuo y la precariedad del mundo y la sociedad, que es el caso de la ironía.

En sus conclusiones, Bartoli realiza una hipótesis muy interesante desde el punto de vista hermenéutico: después de revisar el interés y las reflexiones de Kierkegaard sobre lo romántico en sus diarios, podemos observar dos formas distintas en las que se manifestó su influencia en sus obras posteriores; en primer lugar de una manera más canónica y siguiendo los criterios universitarios, realizó su disertación académica para desarrollar sus intuiciones sobre el Romanticismo; pero unos años más tarde, nuestro pensador danés, en un aire de mayor libertad académica y bajo la impronta de su capacidad creativa, desarrolló en sus obras seudónimas muchos de los aspectos positivos que él encontró en lo romántico. Esto es lo que Bartoli llama el «otro romanticismo de Kierkegaard», que da título a este libro, una reflexión más libre, menos academicista. En concreto, señala cómo Kierkegaard coincide con la postura romántica en que privilegia la acción y la apropiación existencial de los fenómenos, a diferencia de la visión objetivista del conocimiento; pero también, el poder de la poesía para expresar la apropiación existencial de la verdad, y la creación de nuevos mundos alternativos. A partir de este «otro Romanticismo», Bartoli pone interesantes ejemplos de las obras seudónimas y de algunos textos románticos que pudieran haber sido la base para su inspiración existencial-literaria, sin que todo esto hubiese distorsionado su finalidad de pensador religioso.

Estas y otras muchas ideas están contenidas en este pequeño libro, que supone un aporte relevante para el análisis de la impronta romántica en Kierkegaard. No se trata solamente de un estudio puntual de los diarios, que sí lo es, sino además una reflexión que se anima a sugerir hipótesis nuevas de interpretación.

Luis Guerrero M.

Fabio Bartoli
Casa de Asterión Ediciones, Colombia, 2025. 
128 páginas.

Información adicional

Autor/a: Fabio Bartoli
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