Durante años los regímenes comunistas de la posguerra no hablaron de las limpiezas étnicas de las minorías polaca y ucraniana a ambos lados de la frontera. Todo cambió con la caída de la URSS.
En nombre de la amistad polaco-soviética, durante mucho tiempo los regímenes comunistas de la posguerra prefirieron dejar en la sombra las limpiezas étnicas contra las minorías polaca y ucraniana que vivían a ambos lados de la frontera. Esta historia resurgió a comienzos de los años noventa, prueba de que la memoria colectiva conservó la huella de esa violencia. Durante las tres décadas siguientes, su relato fluctuó al ritmo de las reconfiguraciones políticas que experimentaron ambos países.



