En Kazajistán, el 68 por ciento de las exportaciones depende de los monogorods, ciudades industriales y mineras con reservas geológicas excepcionales. Diseñados por la Unión Soviética, estos espacios se están deteriorando por el saqueo de a rapaces, mientras las condiciones de trabajo son muy peligrosas.
A intervalos regulares, la alarma aúlla en la sala de los convertidores metalúrgicos. Después llega ese silbido ensordecedor, el del oxígeno pulverizado en grandes hornos llenos de metal líquido. “Estas máquinas operan día y noche”, afirma Erbol Ismailov, director de la fábrica. Contenedores de ocho metros de altura, transportados por la incansable cinta transportadora, vierten sin pausa un flujo incandescente de hierro fundido. Algunos obreros se apresuran en este espacio de dimensiones colosales, entre ráfagas de humo grises y amarillas, y el olor acre de la pintura industrial. Aquí se restaura, se repara. “Acabamos de reemplazar 50.000 m² de techo…”, señala Ismailov. El complejo metalúrgico de Temirtau –vendido en 2023 por ArcelorMittal a Qarmet– no ha cambiado realmente desde aquella época en que fue uno de los centros siderúrgicos más grandes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Pese al deterioro del lugar, sigue siendo el mayor productor de acero de Asia Central, y exporta a China, Marruecos y Medio Oriente.


