A más de un cuarto de siglo de la caída del régimen autoritario de Suharto, y pese a las fuertes protestas de 2025, hoy en Indonesia el enojo parece haberse disipado sin que nada haya cambiado. Una serie de factores históricos, ideológicos, religiosos y culturales explica la imposibilidad de lograr una verdadera transformación.
En 2025, Indonesia fue testigo de una serie de oleadas de protestas que estallaron en distintas ciudades del país (1). Estudiantes, jóvenes urbanos y trabajadores precarizados se movilizaron contra la corrupción, la inseguridad económica y el creciente autoritarismo del presidente Prabowo Subianto (elegido en 2024). Sin embargo, el movimiento no encontró ningún relevo político capaz de traducir las manifestaciones en reivindicaciones, ni las reivindicaciones en estrategia. El enojo se disipó y todo volvió a la normalidad.
Este episodio puso en evidencia un problema mucho más amplio que aqueja al país asiático desde hace varios años: ¿por qué a más de un cuarto de siglo de la caída del régimen autoritario de Suharto –llamado “Nuevo Orden”
(1965-1998)– sigue costando tanto articular y consolidar organizaciones duraderas capaces de oponerse a las políticas que alimentan el descontento social? Para responder a esta pregunta, es necesario ahondar en las raíces de las formas de organización de la izquierda local y examinar los marcos ideológicos desde los que la mayoría de los trabajadores interpretan los fenómenos sociales.



