La muerte de un joven de extrema derecha tras un enfrentamiento con grupos antifascistas en Lyon reavivó las acusaciones de violencia contra la izquierda. Este hecho, condenable, no debe ocultar la ejecución de métodos violentos por parte de grupos nacionalistas que fomentan una lectura racial de las tensiones sociales.
¿Cómo es posible que un militante del movimiento neonazi lionés, muy comprometido en sus actividades y que publicaba en X mensajes como “Apoyo a Adolf”, “Habrá que desenterrar y fusilar a [Gisèle] Halimi” o “Total Nigger Death” (“Muerte total a los negros”), haya sido merecedor de un minuto de silencio en la Asamblea Nacional y que, incluso, se haya exhibido su retrato en la fachada de la sede del gobierno regional de Auvernia-Ródano-Alpes? Esta es una de las preguntas que han surgido tras la muerte de Quentin Deranque ocurrida el 14 de febrero de 2026 durante un enfrentamiento con antifascistas (1).



