Carente de razones serias y de justificación legal, la agresión contra Irán desnuda la debilidad de Europa ante una guerra que compromete su seguridad y amenaza su economía. Esta pasividad resulta más llamativa dado que Washington había roto el acuerdo con Irán negociado por los europeos.
La impotente inquietud de los líderes europeos ante la guerra de Israel y Estados Unidos desencadenada el pasado 28 de febrero contra Irán y el derecho internacional refleja el desconcierto de una clase dirigente formada para ajustarse a un “modelo” estadounidense que se ha vuelto indefendible. Se mezclan el pánico frente a la idea de contrariar a Donald Trump, la preocupación por la escasez energética, la obsesión por la pesadilla de una crisis económica, el temor a una derrota ucraniana por falta de apoyo suficiente de Estados Unidos y, por último, el vértigo ante una recuperación comercial y diplomática de Rusia.


