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Venezuela y Argentina: dos países en tensión con el imperio

Venezuela y Argentina: dos países en tensión con el imperio

Aunque no son iguales y mucho menos idénticos en sus proyectos de gobierno, el de Venezuela y el de Argentina viven en la actualidad unas circunstancias similares que los destacan en la geopolítica regional.

Sus economías atraviesan momentos difíciles: coinciden en sufrir una alta inflación, déficits fiscales que financian con emisión monetaria, pérdida de reservas, salida de capitales y recesión económica. En el caso extremo, Venezuela muestra una estanflación que ubica al país en riesgo de total parálisis, además de cesación de pagos. Las cifras no dejan dudas al respecto: su inflación a noviembre de 2014 rondaba el 63,6 por ciento; el crecimiento económico, por tercer trimestre consecutivo, saldó en negativo, llegando al –2.3 por ciento (1). El contrabando y el acaparamiento, a pesar de lo pretendido, no son controlados de manera efectiva, lo cual impide un efectivo surtido de tiendas y supermercados, así como grandes superficies; la escasez en algunas líneas de productos fundamentales es recurrente, creando/ahondando malestar social en amplios segmentos de la población, pero también dificultando la normal producción de muchos de estos bienes.

Por su parte, en Argentina, si bien no llega a estos extremos, los datos no dejan de proyectar una sombra gris. Su Producto Interno Bruto (PIB) cerró el 2014 con una caída del 1,5 por ciento y las proyecciones de instituciones multilaterales indican que 2015 terminará en rojo con un 0,3 por ciento. En un intento por provocar la devaluación de su moneda, el país enfrentó durante el año pasado una dura especulación contra el peso, así como acciones permanentes de los llamados “fondos buitre” para forzar una oleada de cobros que llevasen al país a la quiebra.

Las dos economías, aunque distintas, portan un factor común en los países referidos: sus exportaciones descansan en buena medida sobre los llamados commodities, para Venezuela el petróleo, y para Argentina la soja y sus derivados.

Como es sabido, el caso venezolano es extremo, ya que el 96 por ciento de sus ingresos proviene del comercio internacional del petróleo. Con una paradoja y una contradicción cada vez más evidentes con el discurso recurrente del régimen: a pesar de que el mismo partido gobierna el país desde hace 17 años, más allá de la propaganda no logra cuestionar, y mucho menos quebrar, el modelo rentístico petrolero, y por esta vía encarar de manera resuelta la diversificación de su producción nacional, rompiendo su dependencia extrema de las importaciones de alimentos y otros rubros, garantizando así una verdadera y efectiva soberanía nacional.

Por su parte, para el país del Cono Sur, aunque también portador de un discurso de cambio mas no de revolución, su relación con la naturaleza ni cuestiona ni rompe con las lógicas de las multinacionales. El agronegocio del llamado ‘oro verde’ –la soja– representa el 5,5 por ciento de su PIB, generando el 26 por ciento de las divisas que le ingresan por concepto de exportaciones, en este caso de soja y sus derivados de aceite y harina (2).

Pero al detallar el conjunto de las exportaciones de productos oleaginosos (3), resulta que el total de sus exportaciones obtuvo en este mismo período un monto de U$D 21.857 millones, sobre un total de U$D 71.935 millones recibidos por sus exportaciones; es decir, el grupo de productos oleaginosos generó el 30,3 por ciento de la totalidad de divisas obtenidas por ese concepto.

Se debe tener en cuenta, en todo caso, que el déficit en cuenta corriente, que resalta desde 2007 en la región, no debe ser explicado solamente por la caída de los ingresos, debida a la vez a la baja en los precios internacionales de las materias primas. También se debe mirar del lado de las importaciones, cuyo comportamiento inelástico obedece a la estructura del consumo, soportado en no poca medida por mercancías extranjeras. Esto permite preguntar hasta qué punto los intentos de cambio adelantados en el continente están centrados realmente en la construcción de un ser humano distinto, que contraste con el tradicional sujeto sometido a los dictados del gasto por el gasto.

Es éste un interrogante pertinente, ya que los desequilibrios macroeconómicos son resultado y no causa de las situaciones políticas. ¿Qué hecho provoca un déficit fiscal o un déficit comercial? ¿Son la deuda y su servicio una herencia ‘odiosa’ del pasado, como en el caso del gobierno actual de Grecia? ¿Si existe dependencia de ingresos inciertos, los gastos son programados teniendo en cuenta ese factor? En fin, salvo cuando las cuentas se heredan u ocurren calamidades imprevistas de gran alcance –incluidas las llamadas sanciones económicas o bloqueos, como es el caso de Cuba–, no resulta pertinente justificar la realidad económica a partir de factores externos. Lo más grave del asunto es que, bien por torpeza, bien por lecturas equivocadas de la realidad, termine facilitándose de este modo la tarea de los enemigos de la construcción de un mundo más simétrico.

No hay que buscar el ahogado aguas arriba. La lógica desarrollista parece seguir representando un papel importante en la justificación de ciertas políticas y eso merece una profunda reflexión, pues, pese a contar con el instrumento teórico del “buen vivir”, lo cierto es que el discurso y las políticas no parecen coincidir. Es cierto que los cambios sociales requieren tiempo y que tal vez sean necesarios rodeos para alcanzar una meta, pero eso nunca genera tantas dudas como las que comienzan a despertar los llamados gobiernos posneoliberales en la región.

En el caso de los dos gobiernos que ahora nos ocupan, la posibilidad de estabilizar en el mediano y el largo plazo sus economías, y de lograr que sus poblaciones no perciban un desmejoramiento de sus condiciones de vida, es cada vez más difícil. Para el caso de la cuna de Bolívar, porque la debacle de los precios del petróleo puede significar una disminución de hasta el 60 por ciento de sus ingresos. “Con reservas internacionales insuficientes (cuantificadas tan solo en U$D 20.000 millones) para cubrir la caída del ingreso petrolero, el país pudiera ver en breve tiempo todavía más deteriorada la economía nacional, dando lugar a una crisis de balanza de pagos (crisis cambiaria) de notable importancia, dada la magnitud de las obligaciones financieras adquiridas durante los últimos años” (4).

Para el país de San Martín, porque durante “[…] los últimos dos años […] los precios de los aceites vegetales cayeron un 27 por ciento […]”. Con una producción récord de 2,6 millones de toneladas de biodiesel durante 2014 –de las cuales exportó 1,5 millones–, pero, además, la crisis de los precios del crudo también la afecta de manera negativa tanto en su producción y mercadeo como proyecciones de exploración.

En ambos casos, a menores ingresos mayor necesidad de salir al mercado a buscar créditos, y China es quien les extiende la chequera. Para Venezuela, sus compromisos con el país asiático ya suman más de U$D 45.000 millones, y para Argentina la cifra ronda los U$D 30.000 millones.

Impulsores de un modelo económico y social diferente del neoliberal, ambos países coincidieron en luchar contra la pretensión estadounidense de imponer un tratado de ‘libre comercio’ sobre toda la región, a lo cual se opusieron, logrando su traspiés cuando corría 2005 en la ciudad de Mar de Plata (Argentina). Buscan soberanía, y tras ésta sus tensiones con los Estados Unidos crecen en tamaño y ritmo, con mayor realce para el poseedor de las mayores reservas de petróleo en el mundo, que ha tenido que sortear todo tipo de presiones y maniobras de la potencia americana por someter a su gobierno y lograr un nuevo control del Estado. Su mayor cercanía a países como China, Rusia e Irán, y otros liderazgos que disputan la hegemonía gringa, tensionan aún más sus relaciones bilaterales.

Pero no ha sido menos para Argentina, empecinada en retomar proyectos estratégicos como el aeroespacial y de energía nuclear, además de estar cada vez más cerca de los BRICS. Por tanto, un ataque certero y el control del país bien pudiera no sólo (re)encarrilarlo por la ruta que le trazara el nefasto Carlos Menen sino que además significaría un golpe a los BRICS, en especial a Brasil y China, dos de sus principales aliados. El golpe significaría, asimismo, cerrarle el paso a la potencia asiática en el continente americano, así como impedir que Brasil avance en su propósito de potencia hegemónica en la subregión.

Los dos países se encuentran en tensión con el imperio que hasta hace pocos años se preciaba de no tener rival en el mundo pero que, poco a poco, ve cómo se cierra y se agota su otrora dominio incuestionable, debiendo reconsiderar prioridades y reenfocar escenarios hasta el punto de afanarse por controlar de manera efectiva y total su entorno territorial. En esta lógica, golpes de Estado abiertos o disimulados –‘blandos’, los denominan ahora– están a la orden del día, y tanto Argentina como Venezuela han sufrido o sufren tales intentonas.

No es extraño, por tanto, que el presidente Maduro denuncie de manera continua complots contra su gobierno (ver Ignacio Ramonet, pág. 17), aportando pruebas sobre el último de los intentos golpistas, de lo cual se deduce el surgimiento o la ampliación de contradicciones dentro de las propias Fuerzas Armadas, principal factor de poder y estabilidad en el país del “socialismo del siglo XXI”, donde –de acuerdo a encuesta de Datanalisis– la popularidad del gobernante, a diciembre de 2014, cayó a un crítico 22 por ciento. La opinión ciudadana no es gratuita. Las largas y continuas colas para comprar cualquier producto acentúan el desespero de la población. Según un habitante de un barrio pobre de Caracas, “si quieres 20 cosas, tienes que hacer 20 filas”, y “quizá las cosas no serían mucho mejores con la oposición, pero el gobierno evidentemente está fallando” (5). Las tensiones y las luchas internas se incrementan y la perspectiva de elecciones legislativas citadas para el segundo semestre de este 2015 las atizará mucho más.

Los constantes complots, excitados desde el momento mismo en que Chávez lideró las transformaciones constitucionales en su país, al tiempo que animaba un giro soberanista en la región, no son extraños, como tampoco lo es quien los estimula política y económicamente. Pero lo que tampoco se puede negar, como afirma el poblador caraqueño, es que “[…] el gobierno evidentemente está fallando”.

Las maniobras desestabilizadoras no se limitan a este país. El gobierno de Cristina Fernández también los soporta, presionada al máximo y en una primera instancia por los “fondos buitre”, y ahora confrontada sin descanso a propósito del suicidio del fiscal Alberto Nisman (6), elevado a mártir de la oposición. En manifestación organizada por los jueces el pasado 18 de febrero, en supuesto repudio por la impunidad, desfilaron todos los candidatos de los distintos partidos de la oposición a ocupar la Casa Rosada, realidad que desnuda los intereses que se mueven detrás de la protesta, no tanto éticos ni de justicia sino de provocar el desgaste del gobierno, de manera que llegue diezmado a la contienda electoral presidencial del 18 de octubre próximo, pasando por las primarias citadas para el 9 de agosto. Como aseguró Sergio Burstein, dirigente de la Asociación 18J (Sobrevivientes, familiares y amigos de las víctimas del atentado contra la Amia), “los que convocan tuvieron una actuación deplorable en la causa” (7).

Enfrascados en período electoral, los dos países sufrirán el incremento de contradicciones internas. La coyuntura electoral, que en otras circunstancias pudiera ser de simple formalidad institucional o democrática, para ambos casos alcanza el rango de fundamental, de un lado porque la oposición interna que los confronta lleva la lucha por el control gubernamental hasta el extremo del desajuste institucional, intentando el total desgaste de los actuales jefes de Estado, sin reparar en las consecuencias derivadas de ello para el país; del otro lado, porque los apoyos recibidos en el nivel internacional para así actuar proceden de idéntica potencia, la cual está obligada a un (re)control y dominio absoluto en la región.

Conspiración, disputa y resistencia. Los proyectos de cambio social en curso en Sur América tienen necesariamente eco continental y la necesidad de trascendencia en el mediano y el largo plazo. Es necesario recordar que, con excepción de Colombia y Perú, los demás países del sur de América han podido ensayar gobiernos caracterizados como de izquierda. Sin embargo, con la excepción de Ecuador y Bolivia, los demás procesos han sufrido fuertes desgastes. El gran temor descansa en que, como en la mayor parte del mundo, ante ese desgaste la respuesta provenga de la derecha, abriendo regresiones que anulen lo ganado en muchos campos. Las oposiciones desde la izquierda son minoritarias, respecto de lo cual es necesario preguntar si no es una obligación moral y política de los gobiernos progresistas que contribuyan a fortalecer sus posiciones frente al asunto.

Su reto es actuar con mente abierta. La crisis que viven estas experiencias invita a un redireccionamiento ante los procesos. Los grupos subordinados tienen la experiencia de etapas en las cuales su presencia no llegaba siquiera a paisaje, por lo que no se debe dudar de que un paso osado hacia adelante significaría oxigenar el proceso y llenar de ánimo incluso a quienes, con diferencias en la concepción política, también abogan por un mundo distinto.

Argentina, Venezuela y Estados Unidos. En la lucha que viven gobierno y oposición en los dos países  suramericanos relacionados, y las maniobras internacionales tras el apoyo opositor, la agenda mediática que cataloga a los presidentes de estos dos países como “dictadores” desinforma sin vergüenza alguna a la opinión pública internacional, exhibiendo una realidad en bicolor (blanco y negro), cuando su obligación sería ofrecerla en policromía, como matices de una realidad que es más compleja y requiere ser comprendida para poder proyectar los posibles desenlaces que sufra la misma en el devenir del año en curso. 

1   Según el Banco Central de Venezuela, “en el segundo trimestre (de 2014) se reportó una caída de 4,9 por ciento, luego de registrar una contracción de 4,8 por ciento en los primeros tres meses del año. De acuerdo con los parámetros internacionales, dos trimestres continuos con contracciones económicas apuntan hacia una recesión”. La estanflación implica, al mismo tiempo, contracción económica e inflación alta.

2   En el caso argentino, el 32,6 por ciento de sus exportaciones está representado por productos manufacturados.

3   Integran este grupo: harina y pellets de soja, poroto de soja, aceite de soja, biodiesel, semilla de girasol, pellets de harina de extracción de girasol y aceite de girasol en bruto.

4   Machado, Decio. “Y llegaron las vacas flacas…”, http://www.aldhea.org. Hay que tener en cuenta que “los impactos de la caída del precio del crudo sobre la balanza de pagos venezolana son realmente dramáticos. En 2012, los ingresos por exportaciones petroleras fueron de U$D 93.569 millones, con un precio promedio de exportación de U$D 103,42 por barril; en 2013, las cifras bajaron a U$D 85.603 millones, habiendo caído en 2014 a U$D 71.500 millones”.

5   “La crisis económica de Venezuela es la peor desde 2002”, http://www.elcolombiano.com/internacional/venezuela/la-crisis-economica-de-venezuela-es-la-peor-desde-2002-CG1118499.

6   El fiscal había denunciado a la Presidenta y su ministro de Relaciones Exteriores, en una inconexa denuncia carente de pruebas y desmentida por la Interpol, de encubrir a los iraníes presuntamente organizadores del atentado del 18 de julio de 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia), que causó 85 muertos y 300 heridos.

7. “Fiscal argentina confirma comunicación entre Nisman y jefe de operaciones de la Side”. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/02/09/fiscal-argentina-confirma-comunicacion-entre-nisman-y-jefe-de-operaciones-de-la-side-5933.html

 

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