Descolonizar no es desmodernizar

Libros como el que hoy ve la luz pública nacen de una tarea que se ha prolongado durante años. De hecho, existió un acontecimiento que pudiera mostrarse como el germen de mismo. Se trata del panel central entre el filósofo argentino Enrique Dussel y el filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez llevado a cabo en el marco del XVI Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana celebrado en Bogotá en el año 2015 en la Universidad Santo Tomás (Col.). Desde ese momento, el autor se embarcó en el proyecto de reconstruir y analizar un diálogo crítico entre estos dos filósofos latinoamericanos en torno al problema que rodea la relación modernidad y colonialidad. El resultado, producto de discernimiento entre ponencias, artículos y discusiones en la comunidad académica, es un libro que trasgrede las limitantes que trae consigo la mera presentación de postulados filosóficos. El propósito del libro es mucho más ambicioso, pues hace de la obra filosófica de cada autor un medio a través del cual procura tejer una red de problematizaciones, en las que la crítica, entendida como práctica de tensión, sea la encargada de atravesarlas, pues se sabe que ambos autores formulan sus proyectos desde orillas estructuralmente diferentes. 

El vértice principal del autor es la pregunta por el proyecto de la transmodernidad entendida como posibilidad de trascender las prácticas coloniales, pero sin sucumbir en la delirante trampa de la simetría opuesta de la desmodernización. Esta distinción es clave a la hora de establecer una agenda programática pensada “desde abajo”, y en eso el autor no escatima esfuerzos en analizar con rigurosidad la complejidad que la envuelve. Así, descolonizar no es borrar de un tajo a la modernidad como si fuera posible retroceder en la historia. En la perspectiva en que el autor lo propone, es examinar críticamente las herencias coloniales con el fin de reconfigurarlas desde dentro de las relaciones, desde los mismos márgenes que posibilitan su emergencia. En palabras de Castro-Gómez, que se citan en la introducción: “si hay transformación en la colonialidad, la hay también en la modernidad”. Esta frase, a simple vista obvia, condensa el sentido filosófico que se propone en la discusión del libro a lo largo de sus seis capítulos. 

El andamiaje argumentativo del libro sigue una lógica progresiva que va desde lo más abstracto hasta lo más concreto. En el primer capítulo, el autor aborda el problema de la posmodernidad, en el que Castro-Gómez señala una ironía constitutiva en ciertas líneas de la filosofía latinoamericana de corte liberacionista, ya que pretendían reemplazar el sujeto moderno por el sujeto pobre colonizado, sin llegar a cuestionar la estructura del sujeto. En efecto, se reproduce una lógica posmoderna que no supera, sino que desplaza la totalidad que decían criticar. Por su parte, en el segundo y tercer capítulo se adentran en categorías coyunturales del pensamiento dusseliano, a saber: pueblo, potestas y potentia. En ellos se explora la recepción que Castro-Gómez hace de ellas, de manera enfática en lo relacionado al riesgo de que el ímpetu popular llegue a disolverse en la institucionalidad sin dar lugar al acontecimiento democrático.

Es posible que uno de los episodios significativos del libro sea el análisis de la noción vacío ontológico y su relación con la política. Aquí Camelo-Perdomo expone grosso modo la lectura que el pensador colombiano hace de S. Zizek para sostener que la democracia es una forma política que emerge precisamente de la incomplitud ontológica del sujeto, más no de su supuesta plenitud. Este “giro de tuerca” es clave tenerlo en cuenta, porque desplaza la pregunta por la democracia en términos de institucionalidad en dirección a la hegemonía, aspecto que genera una singular tensión con Dussel, quién insiste en que la representatividad institucionalidad debe mostrar las necesidades del pueblo. La discusión alrededor del “mandar obedeciendo” zapatista hace fricción con el “desobedecer mandando”. Por extraño y paradójico que pueda parecer, este punto de bifurcación roza complejos nudos tanto filosóficos como políticos que son importantes en los contextos latinoamericanos contemporáneos.

Los capítulos finales se ocupan de la interculturalidad y la transculturación como puntos de fuga para pensar la transmodernidad. Mientras que E. Dussel se inclina por un diálogo intercultural analógico que haga posible construir verdades plurales –lo que el autor denomina como contraverdad–Castro-Gómez, por su parte, mira con desconfianza los riesgos de deshistorización que conlleva exigir a los sujetos acatar las medidas establecidas por los marcos normativos interculturales. La apuesta de la transculturación del colombiano, en cambio, hace hincapié en la apropiación mutua entre culturas, lo que le inyecta un poco más de dinamismo al espacio cultural. 

El sexto es, quizá, donde el autor hace su aporte más original. En el análisis que realiza sobre la figura del intelectual en Dussel, Camelo-Perdomo sostiene que la tesis del argentino se entiende en lo que ha denominado subjetivismo creacionista-transformacionista, es decir, el intelectual debe primero recrear su propia conciencia histórica antes de poder generar conciencia crítica en otros. En este punto, Castro-Gómez señala que aquí Dussel estaría incurriendo en un riesgo antropocéntrico moderno que el mismo proyecto transmoderno debe superar. Trayendo a la mesa del diálogo las ideas de W. Mignolo sobre pensamiento fronterizo y las de C. Walsh sobre el posicionamiento crítico de frontera, el libro construye una propuesta propia a la  que llamó intelectualidad transmoderna, o sea una actitud que se mueve en los bordes entre la cultura dominadora y la dominada con el fin de ejercer desde allí un compromiso con la acción liberadora. Esta sería la idea que el autor deja enunciada en el libro y que espera desarrollar con mayor precisión en futuros trabajos, a fin de seguir nutriendo el debate filosófico latinoamericano.

El aporte significativo que realiza Diego Fernando Camelo-Perdomo en su libro al pensamiento filosófico latinoamericano radica en los matices y puntos tensionantes entre los proyectos de ambos autores. De ninguna manera busca presentar una artificial mediación entre Dussel y Castro-Gómez, ni mucho menos tomar partido de manera acrítica por alguno de los dos. En los albores de la primera mitad del siglo XXI, la filosofía latinoamericana sigue trazando una hoja de ruta de cara a los retos históricos propios de toda coyuntura, sin dejar de lado el diálogo con la tradición. 

Desde un punto de vista académico, para quienes dedican su labor a pensar y hacer filosofía política, teoría decolonial o pensamiento intercultural, su lectura no solo es recomendable sino también necesaria. Ahora, desde una perspectiva práctica, los movimientos sociales históricamente han trabajado en la capacidad de organizarse alrededor de la voluntad de poder que trascienda las reivindicaciones temporales y lleguen hasta las transformaciones estructurales. De hecho, en sus agendas programáticas han abordado problemas que se articulan con la labor filosófica. Así, pues, preguntas tales como: ¿De qué manera se puede organizar sin necesidad de reproducir las lógicas de dominación que se critican?, ¿cómo disputar el poder institucional sin que la potentia del pueblo quede absorbida por la potestas de quienes lo representan?, ¿en qué sentido se puede pensar la organización social como una expresión de intelectualidad sin necesidad de centrar la creación de conciencia por ningún sujeto?

De tal suerte que el libro ofrece una serie de herramientas conceptuales rigurosas en esa constante invitación a pensar la modernidad como un escenario de disputa y no como una llana condición histórica. El libro es, en ese sentido, una caja de herramientas conceptuales que fueron forjadas desde la experiencia de la colonialidad y que el diálogo entre estos dos pensadores solo fue el medio para labrarla. La posibilidad de que este libro pueda llegar a manos de quienes militan en organizaciones sociales significa, en cierta medida, reconocer que el proyecto de descolonización también se lleva a cabo en el campo de las ideas. 


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Información adicional

Autor/a: Diego Fernando Camelo-Perdomo
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº266, Junio 2026
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