Hace no mucho tiempo, Estados Unidos tenía que apoyar golpes de Estado militares para doblegar a una América Latina rebelde. Hoy, el debilitamiento de la izquierda y el avance del narcotráfico impulsan la expansión de una extrema derecha en toda la región. Al igual que los generales con anteojos negros de ayer, este movimiento se ajusta a los objetivos de la Casa Blanca en su “patio trasero”.
“¿Independientes? ¡No, no!¡Ningún país del mundo puede ser independiente en este momento!”. Abelardo de la Espriella, ganador de las elecciones presidenciales del 21 de junio en Colombia con un estrecho 49,7%, todavía era candidato cuando respondió a las preguntas del pastor Miguel Arrázola (1). En un país en el que el 18% de la población se declara evangélica (2), el influyente fundador de la iglesia cristiana familiar “Ríos de Vida” de Cartagena le pregunta al “Tigre” (el sobrenombre que De la Espriella, “católico ecuménico”, eligió para sí mismo) por la relación que pretende construir con Estados Unidos. Y particularmente con Donald Trump, a raíz de las tensiones que empeoraron las relaciones entre el presidente estadounidense y su homólogo de izquierda Gustavo Petro (3). “Es la primera vez que un presidente colombiano será republicano, –responde con una sonrisa–. Y continúa: Soy republicano en Estados Unidos. (…) Voté por Trump en las elecciones [de 2024]”. Apuesto abogado de 47 años, el hombre ostenta tres nacionalidades: colombiana, italiana y estadounidense. Obtuvo la última en 2023, tras haber vivido diez años en Florida, y se convierte de este modo en el segundo presidente sudamericano en tenerla, después de Daniel Noboa (Ecuador).
De la Espriella proclama alto y fuerte su lealtad hacia Trump. Fiel a sí mismo, este último no dejó de inmiscuirse en la campaña colombiana para indicar a los votantes el nombre del candidato que quería ver escrito en la boleta el 21 de junio, como condición para que Washington mantenga su cooperación (financiera, económica, de seguridad) con Bogotá. En el marco de una política neocolonial de la Casa Blanca con respecto a su “patio trasero”, Colombia es una llave maestra.
“Quiero un plan Colombia II y que las bases estadounidenses vuelvan”, anunció De la Espriella en referencia al plan que, con el pretexto de hacer la guerra al “narcotráfico”, permitió que Estados Unidos desplegara tropas en el país entre 2000 y 2015, particularmente para luchar contra las guerrillas. Durante la campaña, prometió reconstituir la potencia militar nacional, destruir los campos de producción de coca y desmantelar los grupos armados y los cárteles con la ayuda de Estados Unidos y de Israel. Su objetivo: poner fin a la estrategia de “paz total” de su predecesor, la cual fracasó (4).



