De manera breve se aborda en este artículo qué es la ilustración oscura, para lo cual se retoma la encíclica “Magnífica humanidad” del Papa León XIV, documento en el cual el Pontífice reflexiona sobre el tema de la Inteligencia artificial (IA) y sus efectos sobre la persona y la sociedad y que bien puede ser considerada como una crítica directa de la ilustración oscura y algunas de sus apuestas.
Hace unos años Javier Milei dijo en un programa de televisión que el Papa Francisco era “el representante del maligno en la Tierra”, además de tildarlo de defensor del comunismo. Al respecto uno puede preguntarse: ¿fue esta declaración producto del delirio de un loco, de un desquiciado? ¿Fue un lapsus ocurrido en medio de la euforia en una entrevista? O ¿tiene la declaración una connotación más seria, más profunda?, ¿estaba anclada, en verdad, en el sistema de creencias del entonces candidato? En efecto, no fue un lapsus ni nada parecido. La declaración de Milei se inscribe, de hecho, en toda una filosofía, un sistema bastante abierto y heterogéneo en el que se mezclan anarcocapitalismo, libertarismo, aceleracionismo, transhumanismo y el deseo de destruir la democracia y corporativizar el Estado. Esta corriente se conoce hoy, a partir del libro del filósofo inglés Nick Land, como la “Ilustración oscura” (1). Milei comparte varios presupuestos de esa corriente, entre ellos, la necesidad de desregularizar el capital, la crítica del Estado, la crítica de la justicia social, la cual es considerada por el presidente argentino como “una aberración”, y la aversión por los controles democráticos. Las palabras virulentas de Milei contra Francisco se entienden, entonces, si comprendemos que ese Papa abogó por el control estatal de la economía, la responsabilidad tecnológica, la defensa de la justicia y, desde luego, el vehemente llamado a“cuidar la casa común” (2), llamado que fue en su momento una especie de ecología radical.



