El chantaje de la Unión Europea a los Balcanes

La integración a la Unión Europea suele ser presentada como la única perspectiva de futuro para los países de los Balcanes. ¿Pero cuál es el costo para ser admitidos? La firma de acuerdos entre países como Italia y Albania para la recepción de migrantes “indeseables” prefigura algunas de las condiciones.

El futuro de la Unión Europea y su proceso de ampliación se juegan acaso en Gjader. Esta modesta localidad situada al norte de Tirana, la capital de Albania, ya casi no tiene habitantes. Hay un café, cuyos módicos precios sin embargo disuaden a los jubilados, que prefieren compartir una cerveza en el almacén de al lado. En las épocas de Enver Hoxha [Primer Ministro entre 1944 y 1985], los “camaradas chinos”, últimos aliados de Albania entre 1961 y 1979, construyeron aquí un aeropuerto militar. Ahora, hay un cuadrilátero de muros altos alambrados sobre la antigua pista, rodeando unos módulos prefabricados de 12 metros cuadrados vigilados en forma permanente. El campo también tiene una unidad penitenciaria y prefigura la nueva política migratoria de la Unión Europea promovida por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.

 En una carta dirigida a los líderes de los países miembros de la Unión Europea, Von der Leyen describió a la política migratoria como “un ejemplo de reflexión al margen de las normas tradicionales, basada en un reparto equitativo de responsabilidades con los terceros países”. La presidenta de la Comisión aboga desde hace tiempo por la externalización de los procedimientos de asilo. Ya en 2020, había propuesto abolir el Reglamento de Dublín, que distribuye las solicitudes de asilo entre los países europeos, para sustituirlo por un “nuevo sistema europeo de gestión de la migración”. La red Migreurop denuncia la voluntad de sustituir “una Europa solidaria en el recibimiento” por “una Europa solidaria en el alejamiento de las personas exiliadas” (1). 

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