El plan de paz acordado por rusos y estadounidenses para dar fin a la guerra en Ucrania poco contempla los intereses de los europeos. Mientras las negociaciones se estancan, la Unión Europea sigue apoyando a Kiev, incluso con acciones financieras peligrosas, confiscando activos rusos congelados en bancos europeos.
No habrá paz en Ucrania antes del cuarto aniversario del conflicto. La nueva ronda de negociaciones iniciada a fines de noviembre se ha estancado. Por un lado, el Kremlin considera que el Donbass, ya ocupado en tres cuartas partes, es una garantía mínima, y pretende asegurarse de que una forma de reconocimiento internacional y diversas restricciones priven a Kiev de los medios para recuperarlo militarmente (1). Por otro lado, los europeos se oponen a cualquier cambio de fronteras por la fuerza, lo que constituiría un precedente que, en su opinión, animaría a Moscú a continuar su expansión. Por lo tanto, se declaran dispuestos a “apoyar a Ucrania a largo plazo, al tiempo que refuerzan la presión sobre Rusia con vistas a una paz justa y duradera” (2). Pero, al carecer de los medios necesarios, esta anunciada firmeza los obliga a una dependencia cada vez mayor respecto a Estados Unidos, principal proveedor de armas (véanse los gráficos en pág. 23) y pilar de las garantías de seguridad en el marco de un posible acuerdo de paz. Y en circunstancias poco propicias, porque la administración de Donald Trump ha incluido la hostilidad hacia la Unión Europea (UE) en su Estrategia de Seguridad Nacional 2025.



