Guillermo Hoyos Vásquez (1935-2013) -In memorian-

La academia colombiana está de luto. Y no es para menos. El pasado 5 de enero falleció el maestro Guillermo Hoyos Vásquez, uno de los filósofos colombianos más representativos de los últimos años, y uno de los pensadores más reconocidos en Iberoamérica. A él le debemos la co-introducción de la fenomenología en Colombia, la difusión del pensamiento de la Escuela de Frankfurt, especialmente el de Jürgen Habermas, pero ante todo, sus reflexiones sobre el mundo de la vida, la ciencia, la ética y la democracia deliberativa.

 

Muchos han criticado la llamada “normalización filosófica” en América Latina y en Colombia. Recordemos que la expresión la acuñó en 1940 el filósofo argentino Francisco Romero para aludir al clima apto, al ambiente propicio para pensar en el continente y a la reedición del pensamiento latinoamericano en la época. Pues bien, la crítica a la normalización se ha dado desde varios frentes: el pensamiento postcolonial, los genealogistas foucaultianos y por parte de las nuevas generaciones de historiadores de nuestro proceso filosófico. Para unos, hablar de “normalización” implica una posición marcadamente eurocéntrica, donde Europa es el canon y América sólo “asimila” y “reproduce” esa filosofía; para otros, esa lectura implica necesariamente “comparar” nuestro pensamiento con el europeo desconociendo su específica singularidad; y, finalmente- para no mencionar más- , hay quienes piensan que quienes ubican la normalización en los años 40´s (o en 1946 como en Colombia) son partidarios del liberalismo, que fijando esa cronología, destierran cualquier hacer filosófico que se haya dado en el ámbito confesional o en el periodo conservador anterior.

 

Traigo lo anterior a colación porque en una de sus últimas intervenciones públicas, en la conmemoración de los 90 años de la Facultad de Filosofía de la Universidad Javeriana, el profesor Guillermo Hoyos defendió el “rótulo” de “normalización filosófica” para aludir al proceso de nuestro pensamiento a partir de la fundación del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Y lo hizo para poner de presente- como Romero- ese nuevo clima, el nuevo ambiente, la formación de los docentes, el acceso a una educación más cualificada, etc., que se tuvo a partir de la institucionalización de la disciplina. Lo interesante, al margen de las discusiones sobre si la filosofía nació en Bogotá con la “normalización” o si nació en la Provincia, o si el concepto es adecuado, es que el profesor Hoyos fue partícipe del nuevo rumbo que tomó el pensamiento a partir de los años 40. Antes, a la disciplina sólo se dedicaban aficionados, amateurs, como Luis López de Mesa o Fernando González, pero después de la fundación del Instituto y tras la Violencia partidista y el conservatismo de los años 50, muchos de los profesores de la época, entre ellos, Gutiérrez Girardot, Danilo Cruz Vélez, Rafael Carrillo, después Daniel Herrera Restrepo, también Vélez Sáenz, Ramón Pérez Mantilla, etc., viajaron a Europa y adquirieron una formación filosófica sólida, lo mismo que el dominio necesario de las lenguas para acercarse a ese pensamiento. Si bien los docentes colombianos que permanecieron en el país sufrieron persecuciones, y las posibilidades de la disciplina en la Universidad fueron diezmadas, la actividad filosófica logró mantenerse en espacios como la Revista Mito y luego la Revista ECO.

 

Es en los años 60 cuando lo que Romero llamó normalización filosófica continúa- después de una década de vicisitudes- realmente el proceso de consolidación. En esos años ya se estudiaba seriamente el marxismo (en el grupo de Estanislao Zuleta, por ejemplo), ingresa el estructuralismo francés, los primeros brotes de la filosofía analítica, la fenomenología y ya, a comienzos de los años 70, ingresa la Teoría crítica de la sociedad. Sin duda, el ingreso de la fenomenología en Colombia se lo debemos a los artículos pioneros de Danilo Cruz Vélez, a la obra de Daniel Herrera Restrepo y al profesor Guillermo Hoyos. Igualmente, Hoyos comparte con Rubén Jaramillo Vélez el mérito de haber dado a conocer entre nosotros a los pensadores de la Escuela de Frankfurt, sin desconocer, su especial atención en el pensamiento de Jürgen Habermas.

 

Guillermo Hoyos se inició en la fenomenología. Se doctoró con una tesis titulada “Intencionalidad con responsabilidad. Teleología de la historia y teleología de la intencionalidad en Husserl”, la cual se publicó, debido a su alta calidad, en la colección Phaenomenologica de los Archivos- Husserl en 1976, convirtiéndose en el único colombiano con ese mérito. En esta tesis la intencionalidad ya es responsabilidad, y es responsabilidad del filósofo como funcionario de la humanidad, como aquél que busca la realización de un hombre autónomo y libre. Por eso Hoyos confiesa autobiográficamente: “Llego a la responsabilidad desde la fenomenología” (1). Esta conclusión es la que ha sido ampliada posteriormente con el pensamiento de Kant y de Habermas, cuya Teoría de la acción comunicativa es fundamental para entender su pensamiento. Es por esa razón que la reconocida filósofa española Adela Cortina tituló su nota necrológica sobre Hoyos, en el diario El país de España, como: “Guillermo Hoyos, un filósofo en la estela de Habermas”.

 

Esa reflexión sobre la responsabilidad se articuló en Hoyos con otro tema presente en Edmund Husserl: “el mundo de la vida”, concepto que hace referencia a la vida cotidiana misma donde nos movemos, estamos, pensamos, hacemos juicios, valoramos, caminamos, comemos, etc., pero que no ha sido asumida reflexivamente. Y es aquí donde entra Habermas quien se ocupó in extenso del concepto. En efecto, para Habermas “el mundo de la vida” está regido por la comunicación, es un mundo intersubjetivo, donde el tema de lenguaje es fundamental. De ahí se deriva la importancia que Hoyos le dio al diálogo, a la conversación, a la necesidad de respetar la diferencia y construir consensos y así superar los disensos; el consenso como forma de evitar la violencia y de construir en común, la necesidad de los acuerdos para la convivencia. Y en esa convivencia la necesidad ineluctable de la ética. Sin acción comunicativa, sin consensos, no hay acción, no hay derecho y no hay democracia.

 

La teoría de la acción comunicativa y la ética del discurso contenidas en el pensamiento habermasiano le permitieron a Hoyos fundamentar su teoría de la educación, su crítica al positivismo científico y a la necesidad de interrelacionar ciencia, tecnología y cultura. Para Hoyos, un país no vive sólo de ciencia y tecnología. Se necesitaba además afianzar y profundizar en la cultura, en el mundo simbólico, en el mundo de la vida cotidiana. Sólo de esa manera se completaba la modernidad y se creaba una sociedad más justa, con bienestar y sin violencia. Hoyos, pues, abogada para la construcción de la modernidad a partir de la diada modernización-cultura (2). Esto lo llevó a criticar fuertemente el papel altamente tecnocrático de la educación actual, así como las políticas de Colciencias: “La colonización gradual de nuestro mundo de la vida por la ciencia, la técnica, la tecnología y la innovación nos alerta hoy para que no olvidemos o descartemos las ciencias sociales y humanas y la filosofía, fuentes de la ética y la política, en esa renovada instrumentalización de la educación, ofrecida ahora con ánimo de lucro” (3).

 

Guillermo Hoyos pensaba que el fundamento de la ciencia y de la tecnología se encontraba en el mundo de la vida, en el mundo de los intereses cotidianos. El mundo de la vida también era el horizonte de la ciencia. Por esa razón, el saber científico y la actividad cognoscitiva misma estaban ya mediados por la razón práctica, de tal manera que las ciencias naturales y sociales no son meramente una formulación objetivista pura de la realidad, sino un saber mediado por la vida cotidiana, por los intereses. Es la subjetividad humana la dadora de sentido de la ciencia y la tecnología. Por eso criticó el positivismo que elimina la reflexión sobre el sujeto- el hombre- y que convierte todo en estadística y en dato. Era consciente con Husserl de que “el positivismo, por decirlo así, decapita la filosofía” (4).

 

Pero la Teoría de la acción comunicativa también le sirvió a Hoyos para abogar por una democracia radical, participativa, deliberativa, donde- como en Habermas- los ciudadanos hacen “uso público de la razón” (Kant) y definen sus asuntos, sus instituciones, construyen sus fines comunes, etc. Para esa necesaria participación se requería la educación- otro de sus temas de interés- la cual permitía la formación, el discernimiento, la ilustración, la crítica y la autocrítica, la comprensión del otro y la necesaria “mayoría de edad” de la que hablaba Kant. Así la educación era fundamental e imprescindible para la construcción de la democracia.

 

Es necesario recordar aquí que Kant en la Crítica del juicio, en un apartado titulado “Del gusto como una especie de Sensus comunis” (parágrafo 40), hace alusión a la necesidad de pensar por sí mismo, pensar en el lugar de cada otro (o, mejor, ponerse en el lugar del otro) y ser consecuente. Pues bien, fueron precisamente esos principios (que también seguía al pie de la letra Estanislao Zuleta), los que guiaron la actividad filosófica de Guillermo Hoyos durante toda su vida, principios plenamente compatibles con la “responsabilidad del pensar” que ejerció públicamente, dialogando y dando argumentos, construyendo consensos y luchando por una Colombia mejor.

 

Finalmente hay que decir dos cosas. La primera, que el propio profesor Hoyos era consciente de que su “pensamiento filosófico” era “exiguo en producción de libros aunque prolífico en artículos y en aportes para libros colectivos”. Entre sus publicaciones encontramos “Derechos Humanos, ética y moral” (1996), “Ciencia, tecnología y ética” (2000), “Borradores para una filosofía de la educación” (2007) y “Ensayos para una teoría discursiva de la educación” (2011). Hay que anotar críticamente que Hoyos no fue un filósofo “primario” en el sentido en que Danilo Cruz Vélez entendía esa calificación, esto es, como un pensador original que creaba filosofía (5), pues parte de sus tesis ya se encuentran en la Escuela de Frankfurt, sino más bien, un filósofo que pensó sobre algunos temas fundamentales y que ejerció una labor primordial: el uso público de la razón, el esclarecimiento, la función social como intelectual y la crítica. Por eso sus aportes pueden resumirse en el papel que jugó dentro de la normalización filosófica en nuestro país y en esta precisa descripción que hace “el fundador de la fenomenología en Colombia” (6) (como el propio Hoyos merecidamente lo llamó), su colega y amigo Daniel Herrera Restrepo: “¿Cuáles fueron sus objetivos? Luchar por la reconciliación entre los colombianos, por la democratización del país, por la formación de una conciencia democrática como proyecto prioritario de los procesos educativos…” (7). No hay que olvidar, también, que Hoyos participó en los procesos de paz en 1984 y que se convirtió en un duro crítico del gobierno “nacionalpopulista” de derecha (la expresión es de Hernando Valencia Villa) de Álvaro Uribe Vélez.

 

El segundo aspecto que quiero resaltar es que con Hoyos lastimosamente va desapareciendo una generación de Maestros que tenían una visión amplia y rica de la filosofía, una concepción articulada y coherente del mundo, un sentido crítico innegable, entre ellos, Rafael Gutiérrez Girardot, Darío Botero Uribe, Ramón Pérez Mantilla, Eduardo Umaña Luna, Danilo Cruz Vélez, entre otros. Y esto significa una inmensa pérdida, pues los maestros, dentro del actual terrorismo especialista presente también en los jóvenes Doctores en filosofía, pasaron a ser dinosaurios en vías de extinción, pues como sabemos, y como ya lo denunció Lukács a comienzos del siglo XX, al sistema capitalista le interesa que los especialistas sepan hacer muy bien su tarea, pero también le interesa que no tengan una visión crítica, de la totalidad, de los fenómenos sociales. Guilllermo Hoyos le apostaba a lo contrario, le apostaba, como todo maestro, a una visión amplia y detallada del cuadro, para usar aquí una expresión del joven Nietzsche.

 

Bogotá, enero 17 de 2013.

 

1 Guillermo Hoyos Vásquez, “Homenaje a Guillermo Hoyos Vásquez”, en: Ideas y valores, Nº 136, Bogotá, Universidad Nacional, 2008, p. 128.

2 Guillermo Hoyos, “Elementos filosóficos para la comprensión de una política de ciencia y tecnología”, en: Colombia: el despertar de la modernidad, Foro Nacional por Colombia, 1994, p. 396-451

3 Guillermo Hoyos, Los intereses de la vida cotidiana y las ciencias (Kant, Husserl, Habermas), Bogotá, Universidad Nacional, Colección Obra Selecta, 2011, p. 16.

4 Ibid., p. 31

5 Danilo Cruz Vélez, Tabula rasa, Bogotá, Planeta, 1991, p. 110-111

6 Guillermo Hoyos, Ideas y valores, op. cit., p. 127.

7 Daniel Herrera Restrepo, Por los senderos del filosofar, Bogotá, Universidad de San Buenaventura, 2009, p. 357.

 

*Director Biblioteca Colombiana de Filosofía, Universidad Santo Tomás y miembro del Grupo de Investigación en Teorías Políticas Contemporáneas, TEOPOCO, Universidad Nacional de Colombia. Escritor. damianpachon@gmail.com.

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