Home Ediciones Anteriores Artículos publicados Nº148 Son nuestros hijos. Carta a Yayi Bayam Diouf, mi hermana

Son nuestros hijos. Carta a Yayi Bayam Diouf, mi hermana

Son nuestros hijos. Carta a Yayi Bayam Diouf, mi hermana

 

Doscientos conciudadanos tuyos y casi otros tantos míos están entre los ochocientos muertos del naufragio del 18 de abril de 2015, frente a las costas de Sicilia. De muchos de ellos ya no se habla, de muchos no se hablará jamás, sepultados en esas fosas comunes en que se han convertido el desierto del Sahara y el Mediterráneo.

 

Tu hijo único (1) partió un día hacia Europa junto a otros ochenta y nueve jóvenes de Thiaroye (Senegal), a bordo de una embarcación que fue tragada por el mar. Nos conocimos porque en mi país, otras madres de emigrantes desaparecidos que no quieren olvidar ni bajar los brazos, me interpelaron: “No volvimos a ver a nuestros hijos, ni vivos ni muertos. El mar los mató. ¿Por qué?” Ellas tampoco sabían nada de ese mar asesino, puesto que nuestro país no tiene salida al mar.

 

Siempre recordaré, valiente Yayi, aquel momento compartido de recogimiento y  comunión que acabará por ser el “Círculo de silencio”, que organizamos juntas en el Foro Social Mundial (FSM) de Dakar, en febrero de 2011. 

 

Esperábamos que nuestras alocuciones, nuestras movilizaciones y nuestras iniciativas con mujeres de las bases, en nuestros pueblos y barrios, iban a contribuir significativamente a conjurar ese destino que la globalización neoliberal inflige a tantos y tantos seres humanos de todo el mundo. Miles de kilómetros de muros se están levantando, para separar a los pueblos, alzándolos a unos contra otros, cuando podrían vivir con verdadera empatía, fraternidad y solidaridad, si se supieran triturados por la misma aplanadora. Pero a los europeos heridos por el capitalismo globalizado y financiarizado, los que especulan con el miedo les dicen que África recibió ayuda en vano. El paisaje político europeo acaba por transformarse. Las extremas derechas que allí se arraigan ganan terreno y desafían a las demás formaciones. Las derechas, y –colmo del horror– una parte de la izquierda que no quiere quedar afuera de la carrera de la “protección” de los europeos contra los “bárbaros”, encubren el saqueo de las riquezas del continente, las injerencias y las guerras por codicia. 

 

Se responderá con “humanidad” a los inmigrantes amparados por la ley sobre el asilo, y con “firmeza” a los catalogados como inmigrantes económicos. Estos son, en su mayoría, subsaharianos y negros. “¿Europa tiene capacidad de escucha?”, preguntamos, la escritora Nathalie M’Dela Mounier y yo, en “Le monologue européen (El monólogo europeo) (2)”. Hasta el momento, lo dudamos. 

 

Querida Yayi, vivimos un gran momento de develamiento de la naturaleza y las intenciones ocultas de este poderoso vecino, a través de su gestión de la cuestión migratoria y la crisis de la deuda griega. Este punto crucial es una oportunidad histórica para comprender a Europa en lo que efectivamente ha devenido, y no en lo que deseaba aparentar, en este año 2015 que ella proclamó “año europeo del desarrollo” -lo cual pudo ser otra operación de comunicación, para dar la imagen de ser el mayor contribuyente a la ayuda para el desarrollo. Son muchos los ciudadanos europeos que no avalan el proyecto de los padres fundadores, en la pulseada que los enfrentó con el pueblo y el gobierno democráticamente electo de Grecia, hasta que estos ceden. Esta persiste así en el “horror económico”. Al igual que en Grecia, en Malí, Senegal y otras partes de África, el “coraje de las reformas dolorosas” consiste, para los dirigentes democráticamente electos, en imponer a sus pueblos medidas asesinas, en nombre de una deuda exterior contraída sin su conocimiento para gastos que no corresponden, en la mayoría de los casos, a sus necesidades prioritarias.

 

Yo te estoy agradecida, así como a Demba Mouss Dembélé (3), por haber venido a debatirlo con nosotros en Bamako, en la jornada de reflexión del 11 de julio de 2015, que el Foro para otro Malí (Foram) dedicó al siguiente asunto: “La justicia, la paz y la seguridad humana, ¿hacen buena pareja con la dictadura de los acreedores?” “¡Indudablemente no!”, concluimos luego de haber pasado revista a las consecuencias del anclaje del franco CFA en el euro, a los acuerdos comerciales (Unión Europea – Países de África, el Caribe y el Pacífico – ACP), a los acuerdos de sociedad económica, a los acuerdos migratorios y los acuerdos militares impuestos a nuestros países.

 

Dado que la opacidad es la principal característica de los acuerdos firmados por nuestros países, el arbitraje que el primer ministro griego Alexis Tsipras solicitó a su pueblo, frente a la intransigencia de los acreedores, es algo que no podía pasar desapercibido bajo nuestros cielos.

 

“Firmeza” es la palabra clave de la Unión Europea, tanto en su gestión de la crisis griega como en la de los flujos migratorios por el Mediterráneo. ¿Cuántos griegos se fueron del país en estos últimos seis meses, y cuántos emigrarán en los próximos meses? ¿Qué formas de violencia pueden esperarse en ese país cuya juventud, a diferencia de un sector de la de Francia, Bélgica y el Reino Unido, no se siente atraída por el yihadismo? ¿Por qué los que pretenden luchar contra este último fenómeno no piensan que ciertos proyectos migratorios abortados pueden impulsar a los jóvenes a radicalizarse? Yo me hago esa pregunta, Yayi, en relación al norte de mi país, donde algunos de los que ya no pueden ir a trabajar a Libia se convirtieron en pasadores, yihadistas o narcotraficantes.

 

De la cumbre extraordinaria del 23 de abril de 2015 en Bruselas, no esperábamos ningún milagro. Pero ahora, dado que se ha favorecido la opción militar, tenemos más motivos de preocupación. El operativo “Navfor Med”, impulsado por la Unión Europea, será ineficaz y sobre todo, peligroso para los inmigrantes. Se trata de un operativo de vigilancia de las costas europeas, mediante patrullas y servicios de información -a falta del aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para destruir las lanchas de pasadores. Según la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, “los blancos no son los inmigrantes, sino los que ganan dinero con sus vidas, y muchas veces, con su muerte” (22 de junio de 2015).

 

A modo de respuesta, Diawori Coulibaly de Didiéni, quien también perdió un hijo en un naufragio, dice lo siguiente: “Hagan algo para que nuestros hijos puedan trabajar y vivir aquí dignamente.” ¿Y qué cosa distinta dices tú, Yayi Bayam, cuando ves que el saqueo de las aguas rebosantes de peces de Senegal desbarata la vida de las comunidades de pescadores? Tú señalas que antes, con sólo alejarse cien metros de las costas, accedían a los peces que garantizaban su alimentación y un ingreso digno. Actualmente, ciertos “acuerdos de pesca” desequilibrados e injustos permiten que unos barcos-fábrica pasen meses frente a las mismas narices de los pescadores, para tomar y enlatar el pescado antes de levar el ancla (4).

 

¿Qué hay de asombroso en que unos pescadores empobrecidos y desamparados, como algunos campesinos sin tierra y comerciantes, arruinados por los productos subsidiados que inundan nuestros mercados, o unos inmigrantes humillados, se conviertan en pasadores? La oferta de estos últimos responde, por lo demás, a una demanda incontenible de una partida que se parece en todo a una fuga, con la esperanza de volver más adelante a vivir mejor entre y con los suyos. Pero todos los caminos están cerrados, Yayi, como tú lo recuerdas: barcos, helicópteros y aviones sobrevuelan las costas para que aquellos que ya no tienen los medios para ganarse la vida en casa tampoco puedan emigrar. A las injusticias y frustraciones generadas por esos acuerdos de pesca se agregan la asignación a una residencia y la humillación, ligadas a unos acuerdos migratorios injustos y deshumanizantes.

 

Al final de nuestra jornada de reflexión, uno de los jóvenes participantes se dirigió a ti en estos términos: “Querida mamá Yayi, yo también soy hijo único. Seca tus lágrimas. El mar te quitó un hijo; piensa que todos nosotros somos tus hijos.” Tengo esa íntima convicción, querida hermana. Por ese motivo, con el Centro Amadou Hampaté Ba de Bamako y el Foram, decidimos promover el concepto de “madre social”. A los valores guerreros del capitalismo globalizado y financiarizado, opongamos valores pacifistas y humanistas. Las figuras femeninas –madre, tía, hermana mayor– que los encarnan, suelen jugar un papel central en la preservación de la cohesión social y la solidaridad. Malí necesita desesperadamente ese basamento cultural que constituye una fuerza interior de cambio y de progreso.

 

La Universidad ciudadana que acordamos crear en el último FSM de Túnez, en marzo de 2015, nos dará el marco para esa educación ciudadana. Según Susan George, “el conocimiento siempre es un antídoto contra la manipulación y el sentimiento de impotencia. Sin él, no podemos hacer nada. No es un fin en sí mismo, sino más bien un preámbulo de la acción (5)”. Eso mismo es lo que nosotros pensamos, lo que decimos y lo que da un sentido orientador a nuestro compromiso y nuestra lucha. 

 

1 Yayi Bayam Diouf es la madre de Alioune Mar, 26 años, quien se ahogó en 2006, cuando intentaba llegar a España junto a otros jóvenes senegaleses. 

2 Cf. el Foro por otro Mali, www.foram-mali.org

3 Director del Foro africano de las alternativas.

4 NDLR. Véase Jean-Sébastien Mora, “Ravages de la pêche industrielle en Afrique”, 11-2012.

5 Susan George, Les Usurpateurs. Comment les entreprises transnationales prennent le pouvoir, Seuil, París, 2014.

 

*Ex ministra de Cultura de Malí. Autora, en particular, de L’Afrique humiliée, Fayard, “Pluriel”, París, 2011. 

Traducción: Patricia Minarrieta

 

 

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