Aunque en Brasil mejoraron los niveles de empleo, la inflación se mantiene controlada y el hambre ha sido erradicada, el triunfo de Lula en las elecciones presidenciales no está asegurado. El aumento del endeudamiento de las familias y la fuerza que aún conserva el bolsonarismo auguran una elección disputada.
Lula lanzó su campaña 2026 en el estadio Primero de Mayo de Vila Euclides, en São Bernardo do Campo, en el ABC paulista. Allí, en 1979, les había hablado a miles de personas subido a una mesa de bar que habían tenido que pedir a modo de escenario. Lideraba una huelga contra la dictadura en la que se pedían mejoras salariales pero también la redemocratización del país. No había tarima, ni micrófono. “Yo tuve que hablar para ustedes y cada uno iba repitiendo lo que yo decía para atrás. No sé qué mentira llegó al final. El dato concreto es que la huelga fue un éxito”, bromeó Lula cinco décadas después, en el inicio de su última campaña presidencial: el final es en donde partí.
Economía: logros y percepciones
El mercado laboral brasileño acumuló un saldo de cinco millones de nuevos empleos formales desde enero de 2023, cuando Lula regresó al poder. De acuerdo con datos de la Ocde, Brasil lideró ampliamente el ingreso de inversión extranjera directa en la región, con 76.877 millones de dólares durante 2025, casi duplicando a México.



