Una “nueva época” para Colombia

por Libardo Sarmiento Anzola

l 19 de junio, en votación enconada, la sociedad colombiana decidirá las personas y el programa que guiarán al país entre los años 2022-2026. El análisis estadístico arrojado por los comicios realizados el 29 de mayo permiten afirmar que ninguna de las dos campañas tiene asegurado el triunfo, para lo cual tres son los factores decisivos: las alianzas que concreten, los indecisos y los abstencionistas que se inclinen a su favor. Cualquiera sea el resultado, el país entra en una nueva época. Ante la similitud de los dos programas de gobierno, Gustavo Petro le propone a Rodolfo Hernández realizar un ‘Acuerdo nacional’.

La ciudadanía colombiana votó el pasado 29 de mayo por el cambio, en la primera de dos vueltas para la elección presidencial. A la segunda vuelta pasan dos candidatos, un exitoso empresario de la construcción y del crédito parabancario, outsider político, anti partidos y pro reducción del Estado, cuya bandera central es la lucha contra la corrupción y, el otro, un tradicional representante de la izquierda democrática que lidera la coalición sociopolítica Pacto Histórico con su lema “Cambio por la vida”. El primero, Rodolfo Hernández, concentró el 28,19 por ciento del total de los sufragios; el segundo, Gustavo Petro, el 40,32. La abstención fue de 45,09 por ciento y es la más baja en 20 años.


En lo corrido del siglo XXI se registran dos tendencias históricas en la política del país: de una parte, el ascenso de las opciones alternativas, neodesarrollistas, progresistas o de izquierda; de otra, el incremento en la participación ciudadana en las elecciones y, en consecuencia, la reducción del abstencionismo. Estos dos fenómenos políticos están relacionados (gráfico 1).


La geografía política se partió en dos ante estas opciones de cambio (gráfico 2 y mapa 1). Hernández gana en votación sobre su contendiente en las zonas andinas central y oriental, también en los departamentos de la región de la Orinoquía. La Izquierda democrática es preferida en los departamentos que conforman las regiones del Caribe, el Pacífico y la Amazonia; en general domina todo el Sur del país y la llamada “Colombia profunda”. El único departamento donde ganó la extrema derecha fue Antioquia, por tradición los electores de esta entidad territorial, declarados antipetristas, se inclinan masivamente a transferir su voto al empresario Hernández. El Distrito Capital sigue siendo el principal bastión del Pacto Histórico: Petro se impondría en Bogotá por un 49 por ciento frente a un 39 del ‘Ingeniero’, según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) (1). La contienda y resultados para la segunda vuelta descansan, principalmente, en el juego de las élites regionales, la tradición y las decisiones de la población local aupadas por las maquinarias partidistas; hecho que explica la fragmentación y antagonismo extremos del Estado y la sociedad colombiana.

La fórmula presidencial Petro-Márquez registra una mayor hegemonía y homogeneidad en los resultados globales por departamento: la media simple es de 42,6 por ciento y el coeficiente de variación (desviación estándar/media) de 37 por ciento. El tándem Hernández-Castillo triunfa parcialmente en los departamentos con un menor nivel de votación y con mayor dispersión de los resultados: media de 30,4 y coeficiente de variación de 56,7 por ciento. El mínimo de votación departamental para Petro-Márquez es de 15,8 por ciento y el máximo de 72,4; el mínimo para Hernández-Castillo fue de 7,3 por ciento y el máximo 67,0. Las distribuciones normales para el porcentaje de votación para cada uno de los candidatos por departamento expresa esta superioridad porcentual de la izquierda (sesgo hacia porcentajes más altos de preferencia en el voto) sobre el empresario outsider (cuadro 1 y gráficos 3A y 3B).

No obstante, teniendo en cuenta la debilidad individual de cada una de estas fuerzas políticas para alcanzar la mayoría, necesariamente se llegará a un presidencialismo de coalición, esto es, las alianzas, la negociación del poder y la compra de colaboración de otras fuerzas políticas, legal o ilegalmente. En estas condiciones, lo único claro en este escenario es que la confrontación de los dos modelos de cambio no tiene claramente un ganador asegurado, todo está en manos de las coaliciones de intereses, el cálculo de probabilidades y la eficiencia de las maquinarias políticas. La primera encuesta electoral, realizada por el CNC después del paso de Gustavo Petro y de Rodolfo Hernández a la segunda vuelta presidencial, que se realizará el próximo 19 de junio, revela que entre los dos candidatos hay un empate técnico: cada uno tiene el 40 por ciento de las preferencias; el otro 20 por ciento corresponde, de una parte, principalmente a los ciudadanos que se declaran no alineados con ninguna de las dos campañas (son un 14%) los cuales representan una franja de potenciales votantes que tanto Petro como Hernández buscarán convencer en las menos de tres semanas que quedan para la votación definitiva; de otra, el restante 6 por ciento se refiere a la opción del voto en blanco o no voto por ninguno de los dos candidatos.


Petro/Hernández, similitudes y diferencias programáticas. La demanda por un Estado activo y con presencia fuerte en la economía y la sociedad es una explicación fundamental de la emergencia de líderes con rasgos populistas y carismáticos, con políticas neodesarrollistas o progresistas basadas en el intervencionismo institucional.

Las propuestas de cambio enarboladas por los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta obligatoriamente deben dar respuesta a los resultados catastróficos de medio siglo de gobiernos lumpenoligárquicos y neoliberales (ver recuadro: Lumpenoligarquía, como categoría). No obstante, la discontinuidad existe en la historia pero no como ruptura sino como cambio de dirección de la continuidad histórica.

La acción racional por el cambio solo es posible si la sociedad puede distinguir, por un lado, entre sus condiciones y los medios disponibles que se han de tomar en cuenta y utilizar; y por el otro, los objetivos y fines que han de elegirse y tratar de alcanzar.

En esa senda, para sorpresa de propios y extraños, las campañas enfrentadas tienen visiones similares en las problemáticas por abordar, aunque se diferencian en las estrategias y manera de solucionarlas y, más general, en el modelo de desarrollo y las políticas públicas del ámbito social (Ver recuadro Campañas y programas). Un vacío relativo en los dos programas es que solo cuantifican parcialmente el costo del conjunto de los programas propuestos y las fuentes donde se obtendrán los recursos para financiarlos.


Una limitante para quien obtenga el triunfo en la elección presidencial consiste en que el gobierno de Iván Duque deja las arcas públicas quebradas, al país con una pesada y gravosa deuda pública y la moneda totalmente devaluada: El déficit fiscal crece de manera imparable desde 2018 cuando se inició el gobierno actual, pasando de -4,65 por ciento del PIB en 2018 a -7,1 en 2021; la deuda bruta del Gobierno Nacional Central siguió aumentando, de 54 por ciento del PIB en 2018 a 69 en 2022, en un contexto de tasas de interés al alza en EE.UU.


A su vez, en 2018, la tasa de cambio promedio fue de $2.956 por cada dólar, en 2022 la cantidad de pesos por un dólar de los Estados Unidos ha alcanzado la cifra de $4.100, lo que implica para el próximo gobierno un servicio de la deuda elevado y mayores presiones devaluatorias sobre el valor de nuestra moneda. El monto del servicio de la deuda es el tema más relevante del presupuesto 2022: el servicio de la deuda (abono a capital e intereses) es de $75,1 billones, equivalentes a 21,4 por ciento del PGN, una realidad que estrecha la disponibilidad presupuestal para atender las prioridades del país; esto sin tener en consideración el gravoso y pesado gasto improductivo que significa la frondosa burocracia, el creciente pago a las fuerzas militares y de policía, además de los subsidios a las altas pensiones privilegiadas.


Petro/Hernández, universos paralelos de representación. Los gráficos 4 (A y B) a 9 ilustran los diagramas de dispersión y las regresiones lineales en el estudio de la relación con el porcentaje de la votación obtenida a nivel departamental por cada uno de los candidatos en la elección presidencial de la primera vuelta y los contextos demográficos, sociales, económicos y políticos.

Estos diagramas ilustran sobre el tipo de relación existente entre dos variables. Pero además, un diagrama de dispersión también puede utilizarse como una forma de cuantificar el grado de relación lineal existente entre dos variables: basta con observar el grado en el que la nube de puntos se ajusta a una línea recta. No obstante, la relación entre dos variables no siempre es perfecta o nula; de hecho, habitualmente no es lo uno ni lo otro. (Ver la lectura).


La lectura

Para estudiar la relación entre variables se utiliza la técnica estadística de “análisis de regresión lineal”. El análisis de regresión lineal puede utilizarse para explorar y cuantificar la relación entre una variable dependiente o criterio (Y) y una o más variables llamadas independientes o predictores (X1, X2,…, Xn). La línea recta de la regresión posee la fórmula: Yi= ß0 + ßi Xi dónde el coeficiente ßi es la pendiente de la recta y el coeficiente ß0 es el punto en el que la recta corta el eje vertical.
Conociendo el valor de estos dos coeficientes puede reproducirse la recta y describir la relación existente entre (Y) y (X). El coeficiente de determinación es la proporción de la varianza total de la variable explicada por la regresión. El coeficiente de determinación, también llamado R cuadrado, refleja la bondad del ajuste de un modelo a la variable que pretender explicar. El resultado del coeficiente de determinación oscila entre 0 y 1. Cuanto más cerca de 1 se sitúe su valor, mayor será el ajuste del modelo a la variable que estamos intentando explicar. De forma inversa, cuanto más cerca de cero, menos ajustado estará el modelo y, por tanto, menos fiable será.

El voto en función del tamaño demográfico departamental. El voto por el Pacto Histórico tiende a ser independiente del tamaño de la población departamental (R²=0,0036); sin embargo es mayoritario en las grandes urbes del país y a mantener su nivel de concentración de votos en entidades territoriales densamente pobladas o también de bajo poblamiento. En el caso de la preferencia por el candidato Rodolfo Hernández, sus simpatizantes están ubicados en departamentos escasa o medianamente poblados (gráficos 4A y B).


Grado de ruralidad departamental. La fórmula Gustavo Petro-Francia Márquez, registran un significativo aumento en el caudal electoral obtenido a medida que se eleva el nivel de ruralidad de los departamentos (R²=0,2102). Al contrario, el binomio Hernández-Castillo pierden representación al aumentar el grado de ruralidad, por tanto su voto preferencial es urbano (gráficos 5A y B).


El voto en función de la base juvenil electoral. El ingeniero Hernández claramente es favorito en los departamentos con una población juvenil altamente representativa demográficamente. A medida que aumenta el peso relativo del grupo etario de jóvenes crece significativamente su favorabilidad (R²=0,0406). Hernández es un gran comunicador, con mensajes directos y sencillos, que además utiliza las redes sociales que frecuentan los y las jóvenes. Al contrario, Petro presenta una relación negativa con el grado de juventud de los departamentos; posiblemente se debe a un discurso denso, de plaza pública y a la mala imagen que proyectan algunos políticos provenientes de la vieja política que ingresaron al Pacto Histórico (gráficos 6A y B).


El voto en función del conflicto armado. Las entidades territoriales profundamente afectadas por el conflicto armado tienden a ser más fieles en el voto por el tándem Petro-Márquez. Su postura comprometida con respetar los acuerdos y hacer efectivos los procesos de paz explica esta preferencia por el Pacto Histórico (R²=0,0618). El voto por Hernández no registra ningún tipo de relación con el número de víctimas del conflicto armado en las diferentes entidades territoriales (gráficos 7A y B). Petro insiste en la necesidad de bajar los índices de violencia y que haya garantía de los derechos humanos; también se compromete con hacer realidad los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) en los municipios respectivos y apoyar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).


El voto en función de la riqueza y el nivel de desarrollo. El empresario Hernández registra un gran favoritismo en los departamentos de mayor riqueza (R²=0,1665). A medida que aumenta el valor de la economía generada en relación con el volumen de la población (PIB per cápita), el número de votos que concentra Hernández es significativo. Los grandes empresarios apoyan abiertamente a Hernández. Al contrario, el candidato Petro pierde aceptación electoral con el aumento del PIB per cápita departamental (gráficos 8A y B).


El voto en función de la población viviendo en condiciones de pobreza. Si bien Petro y Hernández representan el cambio en la historia política de Colombia, sus votantes pertenecen a clases sociales diferentes y se ubican en niveles diferentes de la escala socio-económica. A mayor nivel de pobreza departamental la preferencia por Petro es indiscutible; sucede diametralmente lo contrario con el candidato empresario (gráficos 9A y B). Tras haber subido al 42,5 por ciento en el 2020 en medio de la pandemia, el Dane reveló que el porcentaje de personas clasificadas como pobres se redujo al 39,3 por ciento en 2021. Sin embargo, el país todavía cuenta con 2,1 millones de personas en esta situación de pobreza monetaria por encima de las cifras de antes de la pandemia, en el 2019.


Así las cosas, la probabilidad de tener un triunfo asegurado en la segunda vuelta, el 19 de junio, es imposible de calcular. Los dos candidatos pertenecen a universos diferentes. Cualquiera puede ganar la carrera por la presidencia. Si bien hay propuestas comunes y enfrentan los mismos problemas del país, sus cosmovisiones políticas son divergentes al igual que las fuerzas políticas y clases sociales que los apoyan y defienden. Las alianzas y la motivación a votar de los abstencionistas están a la orden del día. El problema es que en política, sumar también resta. La propuesta por el cambio es la ganadora indiscutible –tres de cada cuatro potenciales electores lo desean y apoyan– en Colombia en paralelo con el hundimiento de la extrema derecha, la lumpenoligarquía y sus macabros aliados. ¿Será posible una disrupción en la historia política del país en medio de la quíntuple crisis que afronta el mundo (guerras, enfermedades infecciosas, hambre, estanflación económica y agresivo cambio climático)? En nuestros tiempos, o la humanidad es una o puede ser ninguna.


 Lumpenoligarquía, como categoría

De acuerdo con el filósofo checo Karel Kosík (1926-2003), la lumpenoligarquía es una categoría sociopolítica que caracteriza al capitalismo contemporáneo y revela el peligro que pesa sobre la época actual. Para monopolizar el poder y concentrar la riqueza, ésta no duda ni ante el crimen, la estafa, la mentira, la corrupción, la expoliación o la explotación, la tiranía, la barbarie, ni frente a la asociación con las organizaciones mafiosas, el paramilitarismo o los narcotraficantes. Esta clase crea un clima en el que los estafadores, las maquinarias políticas, las empresas fraudulentas, los criminales y los corruptos pasan por normales y prototipos culturales a imitar. La corrupción del Estado es consustancial a la expansión de la economía criminal. Mientras que lo público y los negocios les pertenecen, al simple ciudadano, víctima de su impotencia, no le queda más que retirarse a la vida privada. La lumpenoligarquía tiene su propia economía, política, legislación, moral y religión, cultura, lenguaje y cosmovisión*.* Kosík, K. (1999). La lumpen burguesía en la transición de Europa del Este. El Rodaballo, revista de política y cultura; año V Nº 9. Buenos Aires, pp. 3-6.

1. Centro Nacional de Consultoría S.A.; persona jurídica que la encomendó: CM&. UNIVERSO EN ESTUDIO: Mujeres y hombres mayores de 18 años, residentes en los municipios de Colombia y con intención de votar en la segunda vuelta de elección presidencial. TAMAÑO DE MUESTRA: 1.200 casos en 43 municipios de Colombia. Margen de error de 2,8% y 95% de confianza. PERIODO TRABAJO DE CAMPO: 30 y 31 de mayo de 2022.

* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde Diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

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