Panamá, 1826-2015

 

Una nueva Cumbre de las Américas, la VII, sesionará en Panamá durante los días 10 y 11 de abril. Su temática: “Prosperidad con equidad: desafío de la cooperación en las Américas”.

 

El eje de la cita, como se puede deducir a primera vista, recuerda agendas similares definidas por los organismos multilaterales, aceptadas por todos los países de la región, sin que por ello se tornen en hechos de ruptura con las políticas económicas que así lo propician. Es ésta una realidad retomada en sus periódicos informes por los propios organismos e instituciones internacionales, al recordar que la nuestra es una región donde la equidad es simple sueño enterrado por la desigualdad social y por la creciente concentración de la riqueza. Sus declaraciones no dejan duda: “Latinoamérica es la zona más desigual del mundo”, donde “hay pobreza porque hay desigualdad” (1).

 

Con esta realidad ante sus ojos, las delegaciones de los 35 países citados llegarán a esta nueva convocatoria precedidos de una diplomacia en tensión, en la que sin duda alguna resalta el mal momento que viven las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos, realidad que con seguridad copará buena parte de la Cumbre. Las declaraciones de la Unasur, Celac, la OEA y el Alba, en procura de un diálogo directo entre estos dos países, así como los millones de firmas de su población que los venezolanos llevarán a Panamá (2), evidencian que ni en la región ni en Venezuela hay ambiente para una confrontación directa con el coloso del norte. En su opuesto, el paso a la página de los 54 años de cero diplomacia entre Estados Unidos y Cuba destella como un cambio favorable para la región. Sin duda, la exigencia de la superación del bloqueo a la isla será otro de los temas que, aunque no programados, estarán presentes a lo largo de esta cita.

 

Las declaraciones de los diferentes bloques de cooperación, llamando a los EUA a no proceder contra uno de sus vecinos, a respetarlo en su soberanía, resalta de manera positiva el cambio que vive esta parte del mundo, donde el sometimiento pleno ante el Estado más poderoso del mundo está disminuido. La presencia cada vez más fuerte de otras potencias en América Central, el Caribe y el sur del continente, bien China, bien  Rusia, rompe la indiscutible hegemonía mantenida por los Estados Unidos, extendida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.

 

Los antecedentes de la ruptura de este predominio descansan de manera notable en la rebelión contra el Alca liderada por Hugo Chávez, en hechos acaecidos en la ciudad de Mar del Plata (Argentina), en noviembre de 2005, precisamente en medio de la celebración de la IV Cumbre de las Américas, y cuando Estados Unidos pugnaba por hacer realidad la agenda trazada con la conformación (1994, en Miami) de la misma Cumbre americana: un tratado de ‘libre comercio’ que sometiera a su control toda la dinámica comercial de la región, pasando por el predominio de sus intereses en todos y cada uno de los renglones allí implicados.

 

El traspié sufrido por la política exterior de los estadounidenses marcó un hito regional de inmensas proporciones, ya que agrietó de manera indiscutible su dominio regional, estableciendo dos bloques en esta parte del mundo: los deseosos de soberanía integral y relaciones entre iguales, con un comercio respetuoso, y quienes siguen apegados a la agenda y el control de la potencia del monroísmo.

 

Desde entonces, el ahondamiento de la disparidad y la disputa Estados Unidos-Venezuela gana cada día nuevos ribetes. Otros países, como Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y la propia Cuba, no quedan ajenos a esta realidad. Aunque las crisis internas que viven Argentina y Brasil no se pueden achacar plenamente a un complot, sin duda sí integran agendas desestabilizadoras a través del apoyo en dinero a partidos de la oposición, el despliegue de la agenda mediática, y en algunos casos el asesoramiento mismo a los líderes de estos procesos de confrontación interna.

 

Esta contradicción económica, comercial y de política regional ahora tiene márgenes de acción, ya que la disputa por las fuentes naturales alcanza hoy matices distintos de los de la Guerra Fría, pues el principio chino de comercio internacional sin interferencias de lo político permite que países tradicionalmente muy de la órbita norteamericana, como Chile, establezcan fuertes relaciones económicas con la potencia asiática, sin contraprestación alguna en las votaciones de las entidades multilaterales, y sin comprometer su tradicional posición a favor de las tesis de los países del centro capitalista. Otros, como es el caso de Venezuela, pretenden utilizar su relación comercial con igual potencia, como un elemento de su nuevo grito de independencia.

 

Pese a ello, es evidente que el interés del país de los 50 estados por recuperar su pleno dominio en su entorno inmediato es cada vez más inaplazable y creciente, dadas las dificultades que vive en Asia y Europa, donde China y Rusia le ganan terreno, y donde Alemania, Francia, Italia e Inglaterra comienzan a salirse del libreto trazado desde 1945 (3), pero también producto de la insuperada crisis económica y financiera que golpea al mundo occidental desde 2008, que obliga a un reacomodo de las diferentes potencias y países de mayor peso en cada parte del orbe. Esta potencia, que nunca se fue de la región, ahora pone más atención sobre la misma, buscando profundizar su dominio y resguardar todos sus entornos, lo que pudiera llevarla a reaccionar con un discurso conciliador ante las unánimes voces regionales que llaman a retomar la vía diplomática en sus relaciones con el país que gobierna Nicolás Maduro.

 

En estas circunstancias, y ante la realidad de una geopolítica cambiante, podemos preguntar: ¿Será posible que algún día los distintos países de América convivan en total respeto?, pero también, ¿será posible retomar algún día la agenda bolivariana, aquella que impulsó el malogrado Congreso Anfictiónico celebrado en Panamá, como parte de la Nueva Granada, en 1826?

 

Como se recordará, la iniciativa de Bolívar concretaba su visión sobre el liderazgo que debían tener los países recién liberados del yugo español, a lo cual se opuso con miopía el localismo de varios líderes por entonces ascendidos a caudillos, así como la agenda de los ingleses, el imperio de aquella época. La presencia de éste en el magno evento, con seguridad producto del cobro que extendía por los dineros prestados a las excolonias, así como la dotación, pertrechos y asesoramiento brindado para sus guerras, le puso un dique, hasta romper la pretensión del Libertador.

 

Visionario como fue, Bolívar en la Carta de Jamaica (4) resumió la grandeza y las potencialidades de esta parte del mundo, dejando en claro los retos por encarar para poder jugar un rol digno en el mundo de la época. Dos siglos después de su aguda visión, la misma aún está pendiente de concreción.

 

En medio del cambiante mundo en que vivimos, tal sueño tiene muchas más posibilidades de asumir forma, retomando incluso agendas mayúsculas como el levantamiento de fronteras entre nuestros pueblos, dando cuenta de los Estados-nación, diseño territorial del siglo XVIII que no tiene necesidad de continuar siendo. Cualquiera que recorra esta parte del mundo identifica prontamente las artificiales fronteras que separan a unos de otros, donde lo único que resalta son los acentos. Ubicada en una de las regiones con mayor concentración de biomasa, agua y otra serie de bondades naturales, América, zafada del predominio de Estados Unidos y Canadá, puede desplegar y concretar una agenda dinámica de nivel mundial que contribuya a jalonar un cambio de modelo productivo, así como de usos y consumos, que agende como prioridad global salirle al paso al cambio climático.

 

Ese cambio de modelo productivo pasa por el cuestionamiento profundo del extractivismo y el papel subordinado que conservamos en la división internacional del trabajo. La conquista de una verdadera soberanía alimentaria, que surja de la retoma de la producción de los bienes básicos, independientemente de consideraciones meramente mercantiles, debe ser un primer paso. De igual manera, una acción propositiva en el marco del actual concierto de naciones obliga a rechazar la división internacional del trabajo vigente y las lógicas asociadas a ella, pues el propósito que debe animarnos no es el de seguir los pasos y alcanzar las formas de vida de los países del centro capitalista, como llevan los principios inherentes al concepto de desarrollo. Tampoco se trata de aislarnos, o de regresar a tecnologías del pasado, sino de confrontar un modo de vida que tiene hoy al planeta en una seria amenaza de desequilibrio físico.

 

Vender materias primas para comprar artículos que satisfagan el ego del 1 por ciento de los habitantes de nuestra región debe ser una práctica denunciada y puesta en la picota pública, porque no sólo aumenta la inequidad sino que además refuerza el actual modelo predatorio. Una posición digna en el actual mundo global, como la reclamada por el Libertador, pasa por un rechazo firme al antihumanismo encerrado en las lógicas actuantes del capital. Desprenderse, entonces, del carácter ilógico de un sistema que basa su salud tan solo en el crecimiento físico, al interior de un entorno limitado, es una obligación vital en la que América Latina debe jugar un papel fundamental. No es, entonces, pequeña la tarea.

 

Pero también pudiera contribuir y jalonar otras agendas que contribuyan a darle forma a un mundo donde ser humano y naturaleza se tornen en un solo sujeto; un mundo concentrado en superar la creciente brecha que separa a ricos de pobres, haciendo de la equidad, pero también de la justicia, de la igualdad de géneros, de la reciprocidad, de la fraternidad, de la cooperación no mercantil, una verdadera realidad que rompa las cadenas que hoy hacen que estos países, llevados de la mano de sus oligarquías o clases dominantes y sus mezquinos intereses, se confronten entre sí, priorizando en sus agendas ‘tratados de libre comercio’ totalmente injustos, llegando incluso al extremo de las conspiraciones y las guerras para conservar e incrementar su poder.

 

Una era de integración efectiva habrá de llegar, y para ello es necesario que los pueblos tomen en sus manos su propio destino. 

 

 

1   Algunos datos evidencian la inequidad regional: “[…] el 10 por ciento más rico de la población latinoamericana recibe el 32 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 40 por ciento más pobre se beneficia sólo del 15 por ciento”.

En este escenario, 180 millones de habitantes (más de un tercio de su población) vive en la pobreza, y el número de ciudadanos en extrema pobreza alcanza a 66 millones. http://www.voltairenet.org/article177351.html./ La FAO recuerda que 49 millones de ciudadanos en América Latina y el Caribe son víctimas del hambre. Y que el 8,3 por ciento de la población del subcontinente no ingiere las calorías diarias necesarias para llevar una vida sana. http://www.ieco.clarin.com/economia/ONU-advierte-pobreza-desigualdad-America_0_760124071.html./ “[…] la desigualdad se mantiene en áreas muy sensibles como el acceso a la tierra, a la salud, a la educación, al financiamiento y a la tecnología, generando la persistencia de elevados índices de pobreza./ Otra de sus expresiones es la extrema concentración de un activo productivo fundamental como la tierra, cuyo Gini en América latina es mucho peor que el de cualquier otra región del mundo. Supera el 0,70. http://www.vocesenelfenix.com/content/américa-latina-más-desigualdad-más-pobreza./ “Las desigualdades tienen en América latina expresiones pico en términos étnicos y de color. Se estima, así, que más del 80 por ciento de los 40 millones de indígenas de la región está en pobreza extrema. También son muy contrastantes las disparidades entre los indicadores básicos de la población blanca y la población afroamericana. A todo ello se suma, con avances, la subsistencia de significativas discriminaciones de género en el mercado de trabajo, hacia los discapacitados, y en relación con las edades mayores./ http://www.infobae.com/2014/02/26/1546383-desigualdad-la-gran-cuenta-pendiente-america-latina.

2 “Venezuela y Estados Unidos confrontan en la OEA”, http://www.desdeabajo.info/mundo/item/26065-venezuela-y-ee-uu-confrontan-en-la-oea.html.

3 “Alemania, Francia e Italia se unen a un banco asiático creado por China”, http://www.desdeabajo.info/mundo/item/26055-alemania-francia-e-italia-se-unen-a-un-banco-asiatico-creado-por-china.html.

4 “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; […] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración […]”.

 

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